
Es perfectamente comprensible por qué cada novela de Andrea Camilleri es un superventas en Italia y en buena parte de Europa. La explicación no está en unas tramas muy complejas y que desafíen la inteligencia y el ingenio del lector -no es así-, ni en un estilo bellamente labrado y de grandes cualidades literarias -tampoco-, ni en personajes que impresionen y resulten inolvidables por su realismo -idem de idem. Pero, por otro lado, no encontramos tampoco ninguno de los ingredientes habituales con los que se cocinan muchos superventas de leer y olvidar: no hay mucha acción, ni descripciones que alienten el morbo o satisfagan la sed de contenidos escabrosos, ni sexo explícito, ni polis duros viciosos y/o depresivos que exudan testosterona y una de cuyas cada dos palabras empieza por P. Así pues, ¿qué tienen las novelas de Camilleri para enganchar tanto?
