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El concilio de los árboles, de Pierre Boisserie y Nicolas Bara

El concilio de los árboles

El concilio de los árbolesHay títulos que tienen un atractivo especial y, para mí, El concilio de los árboles es uno de ellos. Solo con verlo (y la ilustración de la portada también ayudó, no lo niego), tuve que leer la sinopsis de esta novela gráfica de Pierre Boisserie y Nicolas Bara, a ver si el contenido parecía tan sugerente como el título insinuaba: «Perdido en mitad de un oscuro bosque, un viejo hospital infantil es, desde hace días, el escenario de fenómenos extraños. Todas las noches, a las doce en punto, sus jóvenes pacientes entran en trance, como poseídos por una fuerza exterior, y comienzan a bailar una extraña danza en los tejados del edificio. Enviados por el Ministerio Público de Asuntos Privados, Casimir Dupré y Artémis D ‘Harcourt, dos agentes especializados en asuntos paranormales, tendrán que llevar a cabo la investigación con el fin de comprender las razones de estos inquietantes acontecimientos. Unos sucesos cuyo origen parece ligado al inmenso bosque en el que, varios siglos atrás, aconteció una horrible tragedia…».

¿Oscuro bosque? ¿Viejo hospital infantil? ¿Pacientes en trance? ¿Horrible tragedia? ¡Vaya! Este libro tenía los elementos que suelen llamar mi atención. Así que allá que fui a leer esta novela gráfica de estética gótica, ambientada en el siglo XIX. ¿Y qué me encontré? Pues a una pareja protagonista carismática, personajes que no son lo que parecen, mucho humor, giros imprevistos, buenas ilustraciones y ese halo oscuro que lo cubre todo. Vamos, que me lo leí de una sentada y lo disfruté muchísimo.

Tanto me gustó que me supo mal que fuera tan corto. El concilio de los árboles tiene tan solo sesenta y cuatro páginas, y aunque en esa corta extensión a sus autores les da tiempo a despertar nuestro interés por el misterioso fenómeno paranormal y a mostrar de forma efectiva las personalidades de los protagonistas, la resolución de todas las incógnitas es demasiado precipitada. Estos dos investigadores deben ser los mejores en lo suyo, porque es asombrosa la velocidad con la que llegan al intríngulis del asunto, sin necesidad de dar rodeos. Pero como me fue tan fácil sumergirme en la atmósfera gótica creada por Pierre Boisserie y Nicolas Bara y conectar con los personajes, enseguida les perdoné que hubieran resuelto todo con extremada sencillez y solo me quedó la pena de que la aventura fuera tan breve.

No tengo ni idea de si los autores tienen previstos nuevos misterios para el tándem formado por Casimir Dupré y Artémis D ‘Harcourt, aunque, desde mi punto de vista, el final de El concilio de los árboles deja abierta esa posibilidad, cosa que me alegra. Tal vez estén esperando ver la aceptación del público antes de arriesgarse a iniciar una serie, no sé. Así que no le deis demasiada importancia a lo que he dicho sobre la rápida resolución del misterio, fallo que podrían subsanar en las siguientes entregas, y leed El concilio de los árboles, por dios, que Boisserie y Bara sepan que merece la pena continuar. Hacedlo por mí, aunque sea, que quiero vivir junto a estos dos agentes especializados en asuntos paranormales más aventuras.

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Equatoria, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Equatoria

Equatoria“Corto me enseñó a soñar con una existencia febril e incierta”, del prólogo de François Busnel

Siempre vuelvo a Corto Maltés, como a Harry Potter, los libros de Roald Dahl o las películas de Billy Wilder. Perdonadme aquellos no que compartáis mis referencias, son una extraña mezcla generacional, lo sé.

Pero volvamos a Corto. Una o dos veces al año, cojo uno de sus álbumes al azar y empiezo a leer. Normalmente empiezo de pie, delante de la estantería, y acabo sentada en el suelo, en la alfombra, o en el primer sitio que encuentre. He leído los álbumes de Hugo Pratt decenas de veces, pero no me los sé de memoria. Creo que en eso tiene algo que ver el característico caos artístico de Pratt, que empezaba a dibujar sin saber hacia dónde iban sus historias. Y, al menos en su caso, demuestra que a veces saber el final es lo de menos.

Por todo esto que os cuento, me hace tan feliz que Norma haya decidido, ya hace unos años, continuar la obra de Pratt de la mano de unos pesos pesados como son Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Así puedo ir sumando álbumes y tengo la ilusión de poder leer historias nuevas.

Hoy vengo a hablaros del último álbum de Corto Maltés que han creado Díaz Canales y Pellejero: Equatoria.

Esta nueva aventura se sitúa en la África colonial de 1910 y empieza con el marino en Venecia, con intención de regresar a Malta en busca del espejo del Preste Juan, un objeto del que se dice que tiene poderes mágicos. Pero el barco en el que viaja Corto no puede detenerse en la isla debido a una epidemia de cólera y sigue hasta Alejandría, donde la comunidad griega, a través de su amigo Cavafis, el poeta, le dará pistas sobre el lugar en el que se encuentra el espejo.

Por el camino, se cruza con la reportera Aïda (basada en Ida Treat), con la que tiene una escena memorable jugando a las cartas, y con Ferida Schnitzer, hija de un famoso explorador alemán que vuelve a África en busca de su padre desaparecido. Estos personajes femeninos, junto a la monja Lise, una antigua esclava africana de quien no sabemos el nombre hasta las últimas viñetas e incluso la isla de Malta, personificada como una silueta de mujer, llevan las riendas de la historia. Incluso llegan a arrebatarle el protagonismo a Corto, como hicieran, por otro lado, Pandora Groovesnore o Venexiana Stevenson en otros álbumes. La misteriosa africana, a la que encuentran en medio del mar (¿os suena?), es el personaje que me ha parecido más fascinante.

En Equatoria, como en todos los álbumes de Corto Maltés, viajamos. Nos trasladamos a Alejandría, Zanzíbar, el lago Victoria y el sur de Sudán, que perteneció, con el nombre de Equatoria, al Imperio Otomano. De ahí el nombre de álbum.

Antes de irme, querría hablaros del dibujo. En las entrevistas, Pellejero dice que ha creado su propio Corto, que no podía limitarse a imitar el dibujo de Pratt. Y no sabe cuánto me alegro de que haya sido así. Porque con sus lápices ha logrado crear una sensación de continuidad que siempre me sorprende. Cuando pones uno junto a otro La balada del mar salado, y Equatoria, ves que el personaje ha ido cambiando, ha evolucionado mucho a lo largo de sus cuarenta años de historia. Y no podía ser de otro modo. Corto sigue siendo Corto porque el marino ya es un personaje mítico, un amigo. Y, como ya os dije de Bajo el sol de medianoche, la capacidad que tienen Díaz Canales y Pellejero de continuar la línea de Pratt, tanto narrativa como gráficamente, sin renunciar a su estilo personal me parece alucinante.

Cuando, a lo largo de este año, coja alguno de los álbumes de Corto, recordaré con cariño mi lectura de Equatoria e incluso puede que desvíe un poco la mano del azar para acabar leyendo de nuevo esta última aventura del marinero maltés.

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La casa dorada de Samarcanda, de Hugo Pratt

La casa dorada de Samarcanda

La casa dorada de SamarcandaLa muerte de un grande del arte suele recibirse con grandes lamentaciones sobre la gran pérdida que ello representa y bla bla bla. Pero la muerte de un grande grandísimo nos ofrece un cruel consuelo: el de saber que podemos morirnos tranquilos sabiendo que tras nosotros no se publicará una nueva obra. Así de consolado me hubiera sentido yo, por lo menos, si en 1995, año del fallecimiento del grande grandísimo Hugo Pratt, este nombre hubiera significado algo para mí.

La obra de Hugo Pratt, que servidor descubrió tarde, pero todavía a tiempo, está a caballo entre el tebeo de Hergé y la novela gráfica de Eisner o Spiegelman. Cuando las historias de Tintín dejan de satisfacernos, y nos convertimos en un joven rebelde, hastiado y desencantado, en un romántico al que le tira el cinismo, o en un cínico de melena despeinada al sol del atardecer, podemos acercarnos a una taberna del puerto. Allí, con un poco de suerte, quizá podamos dar un día con el capitán de barco Corto Maltés, uno de los últimos grandes aventureros del siglo XX y una de las mayores creaciones del cómic de todos los tiempos. No creo exagerar si digo que su primera aparición, crucificado en medio del mar, en La balada del mar salado, es una de las imágenes icónicas de la historia de la novela gráfica.

 Allá donde haya guerra y una posibilidad (cuanto más remota, mejor) de hacerse con una fortuna, va nuestro héroe, de carácter apátrida y descreído, pero al mismo tiempo, de gran dignidad y reprimido idealismo. A este respecto, mencionemos, sin ir más lejos, la encendida defensa que hace de los armenios frente al genocidio turco en la obra que hoy nos ocupa, La casa dorada de Samarcanda.

Corto Maltés se encuentra en Rodas, donde, siguiendo unas oscuras referencias literarias, las memorias del barón Corvo, espera encontrar un manuscrito que le ayude a encontrar el legendario tesoro del Ciro el Grande que Alejandro Magno enterró en algún lugar remoto del Asia Central. Estamos en 1921, y en Asia todavía se perciben con enorme virulencia las sacudidas provocadas por esos terremotos que fueron la Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Ingleses, italianos, turcos, rusos y armenios, entre otros, pululan fusil en ristre por un territorio donde se libraba una partida más del Gran Juego, como llamó Rudyard Kipling a la disputa que, desde hacía décadas, enfrentaba a rusos y británicos por controlar el Turquestán y Afganistán. Entra en juego también Enver Pachá, el general turco, antiguo aliado de los bolcheviques, que ahora se enfrenta a ellos al frente de un ejército panasiático musulmán. Un escenario bien calentito, como veis, en el que no puede faltar Rasputín, el odioso y entrañable asesino que siempre acompaña a nuestro héroe y que sirve de contrapunto a su nobleza.

Aparte del carisma de sus personajes y la creatividad y calidad artística de sus páginas, la obra de Hugo Pratt se caracteriza sobre todo, como podéis ver, por la exhaustiva investigación histórica que el autor llevaba a cabo antes de emprender una nueva obra. Leer una obra de Corto Maltés no es sólo sumergirse en una inolvidable aventura de sábado por la tarde en la tele (hablo de  sábados de los de antes, por supuesto), sino también asistir a una clase magistral de historia, literatura y hasta etnología.

Cualquier reedición de la obra de Hugo Pratt es motivo de celebración. Cuando, además, la editorial Norma acompaña esta edición de La casa dorada de Samarcanda con un extraordinario y divagador prólogo y unas preciosas fotos de Estambul, la celebración se convierte en una auténtica fiesta para el lector.

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Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, de Hajime Isayama

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of Levi

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of LeviNo suelo ver animes, pero a veces me hablan de alguno que pica mi curiosidad. Por ejemplo, Death Note: ¿qué pasaría si con solo escribir el nombre de una persona en un libro, mientras visualizas su cara en tu mente, esta cayera muerta al instante? ¿Lo harías? ¿Contra quién? ¿Se podría utilizar para que el mundo fuera mejor? No me digáis que no es una premisa sugerente. Yo disfruté mucho con esta serie, compuesta solo de dos temporadas, si no recuerdo mal, pero quizá no me habría animado a verla si antes no hubiera conocido Ataque a los titanes.

Ataque a los titanes, de Hajime Isayama, nos muestra un mundo donde los últimos habitantes de la tierra viven en un perímetro dividido en tres ciudades concéntricamente amuralladas para protegerse de los titanes, gigantes que un siglo atrás casi aniquilaron la especie humana. Por supuesto, la distribución no está hecha al azar: en el centro se refugian el poder político y el económico, y la gente de a pie, como tú y como yo, se aglutinan en la ciudad más expuesta, con solo un muro que les separe de los peligros del exterior. Aun así, han vivido en paz cien años, hasta que un nuevo titán, más grande e inteligente, rompe el muro y se adentra en la ciudad, sembrando el caos y comiéndose a todo aquel que se le cruza por delante. Más o menos eso es lo que pasa en el primer capítulo de la primera y, por ahora, única temporada de este anime, que vi hace ya dos años.

Se rumorea que la segunda temporada está al caer, pero como se están haciendo tanto de rogar, la versión manga está sacando bastante material sobre lo que sucedió antes de ese fatídico acontecimiento y sobre personajes que se presentaban como secundarios, pero que ganarán protagonismo a medida que la historia avance. Ese es el caso de Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, el manga que acabo de leer. En él se cuenta cómo Levi, un buscavidas de la ciudad subterránea, acaba en el cuerpo de exploración, es decir, el ejército encargado de hacer expediciones periódicas al exterior para luchar contra los titanes. Para mí, la ciudad subterránea es un nuevo descubrimiento (si se mencionaba en el anime, no lo recuerdo, ¡ha pasado tanto tiempo!), que me confirma la mala espina que me da ese mundo. Se trata de una ciudad bajo tierra en la que intentan sobrevivir los pobres y delincuentes, hombres y mujeres abandonados por la monarquía años atrás. A medida que conozco más detalles de la estructura y la forma de vida de este último reducto de la raza humana y de los titanes, más claro tengo que, pese a lo que les hayan hecho creer a lo largo de décadas, el mayor peligro acecha dentro de esos muros en vez de fuera de ellos.

Ojalá la segunda temporada de Ataque a los titanes se emita este año, tal y como están anunciando, porque esta historia dará para muchos capítulos y estoy segura de que me sorprenderán gratamente. Mientras tanto, tendré que enterarme de otros animes interesantes o leerme el material extra que Norma Editorial nos ofrece para hacer más amena la larga espera.

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El rey Pelé. El hombre y la leyenda, de Eddy Simon y Vincent Brascaglia

El Rey Pelé. El hombre y la leyenda

El Rey Pelé. El hombre y la leyendaLa primera imagen que se me viene a la mente de Pelé no es precisamente halagadora hacia el ídolo brasileño. Como tantos y tantos jóvenes me he criado viendo dos capítulos de los Simpson diarios durante años, así que es inevitable que venga a mi memoria el episodio en el que la familia amarilla va a ver un partido de soccer y antes de que éste dé comienzo aparece Pelé para saludar al respetable y ya de paso promocionar una marca de papel para el horno, tras lo cual un hombre trajeado le entrega una bolsa cargada de dinero. Por suerte también he tenido la oportunidad, a partir de algunos vídeos recopilatorios, de comprender la magnitud de su figura; si hoy en día alucinamos con lo que son capaces de hacer Leo Messi o Cristiano Ronaldo —dos jugadores que están, aún hoy, a mucha distancia del resto de los mortales—, no quiero ni imaginar lo que suponían aquellas gambetas, esos cambios de ritmo explosivos y esa calidad para definir de cara a puerta en una época en la que este deporte era tan distinto al actual.

El rey Pelé. El hombre y la leyenda hace honor a su nombre, ya que escarba en las dos magnitudes del bautizado como Edson Arantes do Nascimiento. Así, además de hacer un repaso por su carrera futbolística desde sus primeras pachangas en Três Corações hasta su (última) retirada en el Cosmos de Nueva York, este cómic profundiza bastante más de lo que esperaba en su vida fuera de las canchas. Siempre he creído que una biografía no es tal si sólo se centra en el ámbito laboral del protagonista, por muy interesante y apasionante que éste haya sido; si no nos aporta una visión de la persona, con sus luces y sus sombras, sus buenas y sus malas decisiones, no deja de ser una caricatura. Y en este cómic, para mi sorpresa, se atreven a bajar al ídolo al barro, tocando aspectos tan peliagudos como sus frecuentes infidelidades o sus momentos de depresión. También creo que es muy oportuna la decisión de los autores de combinar la narración de la vida de O Rei con la evolución política y social de Brasil, ya que ayuda a meterte en el ambiente y a comprender algunas de las decisiones del futbolista, especialmente durante la etapa de la dictadura militar.

Con todo, a nivel general este es un libro en el que predomina lo positivo, con muchos colores cálidos y unos dibujos que priorizan ser agradables antes que ser realistas. En los recuadros superiores que acompañan a la mayoría de las viñetas se van dando datos biográficos, mientras que las ilustraciones y los bocadillos están dotados de mucha mayor libertad, por lo que juegan con el humor en no pocas ocasiones. No sé hasta qué punto todos los datos que se aportan están contrastados —como los que se refieren a los primeros amores del delantero— pero los autores consiguen construir un relato muy completo y ameno.

Por todo esto, creo que pese a estar elaborada en formato cómic, El rey Pelé. El hombre y la leyenda es una biografía con todas las letras, ya que su nivel de detallismo y de profundidad es lo suficientemente alto como para que el lector pueda conocer mejor a uno de los jugadores más destacados de la historia del deporte rey.

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El gran libro de los artefactos de Harry Potter, de Jody Revenson

El gran libro de los artefactos de Harry Potter

El gran libro de los artefactos de Harry PotterSon muchas las cosas que me fascinan de J. K. Rowling pero una de las que más me ha sorprendido siempre es la habilidad que tiene de conectar todos y cada uno de los detalles de sus historias. Hace tiempo vi la película titulada Más allá de las palabras que contaba los inicios de esta escritora. A mí me impresionó ver lo duros que fueron sus inicios. Realmente Harry Potter estuvo siempre dentro de su cabeza y en un momento dado de su vida, empezó a verlo por todas partes. Como si fuera una señal que le estaba dando a entender que tenía que plasmar en papel todas aquellas ideas. En esa película se ve cómo ella va en un tren muy parecido al Expreso de Hogwarst y aparece una anciana con un carrito de café. Al instante, la anciana se convierte en una bruja con un gran sombrero y dentro del carrito empiezan a surgir ranas de chocolate y todo tipo de dulces que bien podrían haber salido de Honeydukes. En otra escena, se ve cómo ella va al banco a pedir un crédito y el señor de la ventanilla —nada amable y que se niega a ayudarla— se convierte en un duende gruñón, como aquellos que se encargaban de cuidar los tesoros ocultos en Gringotts.

Absolutamente todo lo que cuenta en sus libros tiene una explicación, todo tiene una razón de ser. Y eso a mí, que he intentado más de una vez crear una historia más o menos larga, me parece admirable; ya que es muy sencillo que las historias (y más concretamente los detalles) se pierdan por el camino y no se le den la importancia que merecen. Podemos encontrar detalles en el primer libro que están directamente relacionados con el quinto. Y esa es la tónica que sostiene durante los siete libros de la saga. Yo la he leído dos veces y estoy segura de que cuando la vuelva a releer (tarde o temprano acabaré haciéndolo) encontraré más detalles que había pasado por alto.

Así que no es de extrañar que Jody Revenson haya optado por crear una serie de enciclopedias que desgranen al mínimo esta maravillosa saga. Con la obra que nos ocupa, El gran libro de los artefactos de Harry Potter, van cuatro, ya que anteriormente publicó las enciclopedias referentes a los personajes, a los lugares y a las criaturas. Lo primero que impresiona es su tamaño, ya que más o menos es tan grande como un folio. Y, lo segundo, es la calidad del papel con el que está hecho. Las fotografías y los dibujos, a todo color, tienen un brillo y un tacto que enamorará a cualquier amante de los libros. Y, por supuesto, a cualquier seguidor incondicional de la saga.

El gran libro de los artefactos de Harry Potter reúne en sus doscientas páginas todos los cachivaches, objetos e inventos que salen en la saga original. Y, como no podía ser de otra manera, el primer objeto del que nos habla es, ni más ni menos, la carta de acceso a Hogwarst con la que todos hemos soñado alguna vez. Yo la estoy esperando desde que cumplí los once años. Quizá algún día llegue. También habla del giratiempo, por supuesto, explicando su funcionamiento con el más mínimo detalle. También hay un hueco para las varitas e incluso para las escobas. Y así, recorre todos y cada uno de los objetos que nos son tan familiares, dando a conocer sus orígenes, el material con el que están hechos y multitud de datos que cualquier friki de Harry Potter debería saber. ¡Es que incluso nos habla de la publicidad que aparece en El Quisquilloso! Lo que os decía, hasta el más mínimo detalle.

No puedo terminar esta reseña sin mencionar que, al final del libro, hay un pequeño sobre cuyo contenido no voy a desvelar. Yo no lo sabía hasta que lo vi, así que imaginaos qué sorpresa me llevé. Estoy más que contenta de que esta saga no se deje en el olvido y que sigan saliendo libros como este, que me hagan viajar de nuevo a Hogwarst, el sitio que fue un hogar para mí cuando más lo necesité.

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