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Polar. Surgido del frío, de Víctor Santos

polarrrr

polarrrrPuede que se me tache de oportunista. Y lo soy. Es cierto. En este caso, al menos. Y aunque también es cierto que ya conocía estos cómics (creo que van por el tercer tomo por ahora) y que siempre me han llamado la atención, no ha sido hasta que se ha anunciado (esta vez sí que sí) que se iba a hacer la peli, protagonizada por ese elegante Hannibal o Le Chiffre que es Mads Mikkelsen, que he me he decidido de una vez por todas a tirar todas las lecturas pendientes por el hueco del ascensor, sin erótico resultado, y hacerle un hueco a la obra que un español, Víctor Santos, se guisa y se come él solito. Como un señor.

Lo primero que llama la atención es el formato apaisado. No es muy corriente esa orientación para un cómic, pero debo decir que las veces en las que se ha elegido así (ahora mismo me viene a la cabeza el estupendo Estamos todas bien) se ha acertado de pleno, y en esta ocasión también.

Lo segundo puede que sea lo primero para otros, porque también se intuye en la portada: Miller. Frank Miller. El puto Frank Miller. El puto crack Frank Miller. Se ve, se respira, se nota, no hace falta ser ningún experto para asociar estilos: la escala tricromática del blanco, el negro y el rojo para “esos momentos”; planos y panorámicas en ocasiones rebuscados, la escasez de diálogos (que a veces recuerda al cine mudo) y la rotundidad tan noir de estos cuando los hay, un personaje duro que te cagas y no precisamente joven y con parche a lo Nick Furia, y mujeres sugerentes, hermosas y peligrosas.

Pero más allá de la influencia o el homenaje al creador de Sin City, Polar. Surgido del frío es una obra puramente visual y estética. (Ya lo dice otro grande, Brian Azzarello en la portada: “Toda una hazaña de la expresión visual”). No puede ser de otra forma. La trama importa, por supuesto, y está bien llevada, pero no es una trama que brille por la originalidad e incluso, en el fondo no importa mucho porque es el dibujo el que te arrastra por la historia. Es para lo que hemos cogido este cómic: para disfrutar con el arte que nos entra por los ojos página a página. Una historia simple en la que prima la forma más que el fondo: Black Kaiser es un espía y letal asesino ya entrado en años al que unos matones intentarán liquidar. ¿Pero quién quiere acabar con él?  Así de simple y así de clásico. Porque a veces, lo más simple, como lo clásico, es lo mejor y no hay porque complicarse la vida cuando lo que quieres es un vehículo para mostrar el talento a los lápices y a la hora de componer (y muy bien compuestas también) las páginas.

Nacido como un webcómic sin diálogos Polar. Surgido del frío es puro cine negro. (Como curiosidad aclaro que “polar” es el término para referirse al cine policial/negro francés de la década de los sesenta y setenta. Eso, y la nieve presente explican el título). Una aventura gráfica de las de “o matas o te matan” llena de acción, que tiene un ritmo trepidante, y que no concede respiros, aunque hay veces que cuesta identificar alguna forma y hay que pararse para observar y entender los detalles.

Un cómic para disfrutar una y otra vez del arte de Víctor Santos, que gustará a quienes les gusten las pelis clásicas de espías (no las de James Bond) y tíos duros y curtidos como, por ejemplo, las que protagonizaba Charles Bronson y a quienes quieran disfrutar de un grafismo peculiar y muy currado del que se ve poco.

Una maravilla y una muestra de la maestría brutal de Víctor Santos en solitario.

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BCN Noire, de VV.AA.

bcn noire

bcn noireLo negro en formato cómic y en píldoras. ¡Irresistible combinación! Tenía que caer y más después de haber ojeado los diferentes estilos y los cantos de sirena de la cuidada edición de Norma. Lo de que todas las historias estuvieran ambientadas en Barcelona era lo de menos. Toda ciudad tiene sus historias negras. Absolutamente todas. Barcelona tiene, además, el atractivo de su particular encanto urbano modernista y de sus gentes y, además, el haber sido declarada en 2016 por la UNESCO Ciudad Literaria, por su presencia continuada en el mundo literario, (aunque eso es lo de menos). Así que venga, va, compro la idea. De cabeza.

El germen de todo esto ha sido Raule (Jazz Maynard), guionista y experto en esto de la negrura. Su idea era escribir historias del género, ambientadas en la Ciudad Condal, escritas por autores que debían llevar muchos años viviendo en ella (aunque no hubieran nacido ahí), y que no fueran historias futuristas o históricas – la última se ha colado porque se le olvidó avisarlo–, ser profesionales del cómic y tener experiencia.

El resultado es una mezcla total de estilos que no hacen sino corroborar la gran salud del género. Veintitrés pildoritas que son veintitrés perlas que pueden leerse sin orden y que da igual por donde se abra el cómic, porque hacerlo, atraparte en su lectura y obligarte a seguir con la próxima y luego con la siguiente y la siguiente es todo uno.

Historias de echadores de cartas, videntes, carteristas que dan el palo y vuelven a su casa a cenar como si hubieran vuelto de su jornada laboral, taxistas, redes de prostitución, drogas, venganzas por chorradas, venganzas dormidas que despiertan tras un reencuentro inesperado, enchufismos en las mafias, sexo, skins, homófobos, detectives borrachos, envidias profesionales, más putas, malos tratos, más venganzas, Ferdie Mer-curie y su ayudante, paquistaníes que dejan su país para ganarse la vida vendiendo cerveza en las calles, noches de lobos, traiciones en la banda, trapicheos con un sofá, corrupción policial, fracasos y penitencias… Todo esto, y mucho más, puebla las páginas de BCN Noire.

Como dice Cristina Fallarás acertadamente en su prólogo, “Este volumen excelente es un compendio de drogas, sangre y putas. Las cosas por su nombre.” Y hablando de nombres BCN Noire en origen iba a llamarse Puta Barcelona, desechado por poco comercial, y después Barcelona viste de negro, título que tuvo que cambiarse (al igual que la gran ilustración de Pasqual Ferry que iba a ser la portada) tras el atentado del año pasado para evitar confusiones.

La verdad es que, para mí, como fan de la novela negra y de los cómics, me ha sorprendido gratamente el conjunto. Tal vez hay un par de historias que no me gustan del todo, pero el conjunto es soberbio, tanto por la enorme calidad del dibujo como de los argumentos. Historias sórdidas, realistas, con finales sin perdices en su mayoría, cruentas algunas, pero que te las crees, porque la realidad cada vez más supera la ficción y la vida es muy puta y hay gente como la que aparece en estas viñetas, que lo pasan jodidamente mal. Y eso no nos gusta. Parafraseando una vez más a Cristina Fallarás, “me gusta que no me guste”. Eso significa que el cómic ha reflejado fielmente cosas de nuestra sociedad que están ahí, pero no deberían. Y quién sabe sí, llegado el caso, no actuaríamos también como muchos de los personajes de estas historias si la situación nos empujara a ello. Si la vida, perra y puta otra vez, nos quisiera poner a prueba, –y, realmente lo hace muchísimas veces a diario y en pequeños actos que son, a su manera, semillas de novela negra que logramos controlar para que nuestra vida siga siendo una novela costumbrista y no pase de ahí a los periódicos–, ¿sabemos de verdad cómo somos? ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer? Todos somos personajes en potencia de una novela de este género. Absolutamente. Y eso es algo que se reafirma tras la lectura de esta colección de historias.

Andreu Martín, Enrique Sánchez AbulíJorge Zentner y Joan Mundet, Natacha Bustos, Hernán Migoya, Diego Olmos, Oriol Hernández, Jordi Lafebre, Roger Ibáñez, Homs, Enrique Corominas, Cristina Bueno, Pedro Espinosa, Sagar, Danide, Marcos Prior, Francisco Sánchez, Josep Busquet, Josep Maria Polls, Danide, Manolo Carot, Ernest Sala y así hasta un total de 48 autores, algunos viejos conocidos, otros, descubrimientos a los que seguir la pista.

Comenta Raule que, si las ventas acompañan, podría hablarse de un segundo tomo. Esperemos que acompañen porque merecen mucho la pena estas historias de la Barcelona negra y criminal. De la Barcelona sucia, pero en realidad de todas las ciudades y de todos nosotros.

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La vampira de Barcelona, de Miguel Ángel Parra, Iván Ledesma y Jandro González

la vampira de barcelona

la vampira de barcelonaComenta en el epílogo Marc Pastor (autor de La mala mujer, libro que trata el mismo tema que el de este cómic), que supo con asombro de la existencia de la vampira del Raval en un programa radiofónico de noche en 2003. Tanto le atrajo la mezcla de rumores, confesiones, maldad, leyenda, ficción, las diferentes versiones de una misma mujer (¿prostituta?, ¿psychokiller?, ¿aristócrata?) y el misterio en torno a los cómplices que no fueron identificados, que buscó material, solo por curiosidad, y acabó escribiendo una novela.

Yo, en cambio, la conocí más recientemente. Concretamente en un episodio de la segunda temporada de la estupenda serie española El Ministerio del Tiempo. Es posible que hubiera oído el apodo la vampira de Barcelona alguna vez. O más de dos. Pero siempre se quedaba ahí, en el nombre.

“Todo país europeo que se precie –continúa Pastor– merece tener su leyenda negra”. Está claro que Enriqueta Martí, el nombre real de la secuestradora de niños, forma parte de la de España más oscura. Se la acusó de secuestrar, prostituir, sacrificar y descuartizar niños y además de obtener su sangre y su grasa para ungüentos y prácticas de curanderismo que vendía a la burguesía catalana (en esto último es comparable al caso del sacamantecas Romasanta).

“…con grasa de criaturas

hace ungüentos para unturas…”

El cómic que nos ocupa comienza con la desaparición en febrero de 1912 de la niña de cinco años Teresita Guitart. Sin embargo, no fue esta la primera desaparición que se producía en el Raval, aunque sí fue la gota que colmó el vaso. Ya no valía con culpar a los gitanos y quemar sus chabolas para calmar al populacho. Por fortuna, poco tiempo después se encontró a la niña y se detuvo a Enriqueta. A partir de aquí lo que vemos son los hechos que marcan la investigación: la búsqueda de pruebas incriminatorias, las continuas contradicciones de la acusada y los intentos de), a los que no se sabe si se llegó a juzgar alguna vez.

Pruebas que desaparecen, corrupción, poder, dinero… Por desgracia, lo que vivimos a diario en este país no es algo nuevo, ya viene de antiguo, y de serie en algunos ejemplares.

La vampira de Barcelona no ha querido hacer una versión femenina del hombre del saco, ni conferir una imagen vampírica, a pesar del apodo, (al menos no en su concepto literal) ni cosas sobrenaturales ni cuentos metemiedos para asustar a niños o viejas. Se ha despojado de leyenda y se ha querido ceñir a la hemeroteca, documentos policiales, actas judiciales y conversaciones en la celda. Investigación pura y dura.

Me parece además un acierto que los responsables no se hayan decantado por ninguna opción y hayan dejado el final abierto para que el lector sea quien decida su verdad. (Hay que recordar que ni siquiera la muerte de Enriqueta está clara y no se sabe si la lincharon en la cárcel, si murió por un cáncer de útero,…)

En cuanto a la forma, sorprende mucho el hecho de que visualmente el dibujo tenga una estética limpia, unos colores cálidos y una luminosidad que podría chocar a la hora de ambientar una historia tan tétrica como esta, –ya que lo esperable sería justo lo contrario–, pero que da muy buen juego, precisamente por ese contraste entre lo real de lo cotidiano y lo terroríficamente real. (Aunque es cierto que en algunas viñetas los ojos de Enriqueta son tan negros y grandes que parecen tiburoniles y provocan escalofríos).

Pero es que además, la guinda es la riqueza plástica que se ve en el vestuario de la época, la recreación de los interiores, las calles, los rostros, el equipo de bomberos… No solo ha habido documentación en lo puramente narrativo, sino que también ha ocurrido lo propio a la hora de empaparse de fotos de la época.

La vampira de Barcelona es un cómic excelente basado en unos hechos horribles, que ahonda en las miserias de unos tiempos de oscuridad y de podredumbre en donde también se vislumbra una luz esperanzadora de racionalidad y dignidad, tratado con un gusto exquisito.

Buen ritmo narrativo, gran dibujo y un misterio aún sin aclarar del todo.

¡Pero qué pedazo de autores (e historias reales) tenemos en España, pardiez!

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Rick y Morty: Volumen 1, de Zac Gorman, CJ Cannon y Ryan Hill

Rick y Morty

Rick y Morty

Para poder explicarte cómo es este cómic de Rick y Morty, la primera pregunta que te tendría que hacer es: ¿conoces la serie? Si has visto la serie, sabes qué te vas a encontrar en estas páginas, y puedo decirte que el cómic sirve para quitarse el mono de las aventuras de Rick Sánchez y Morty mientras esperas a que salga la siguiente temporada. El tono es un poco distinto al de los capítulos emitidos en TV, algo más suave (menos tacos, menos violencia), pero explora otros aspectos de las historias de los personajes del universo Rick y Morty, complementando a la serie, dándonos una ración de dosis de las que vamos tan escasos (yo llevo meses esperando la tercera temporada).

Si no conoces Rick y Morty, lo primero que te aconsejo es que la veas. La productora tiene los capítulos en abierto en su propia web (al menos mientras escribo esto), y seguro que hay a tu alcance otras formas de ver la serie. Los capítulos son cortos, de unos 22 minutos, con una animación desenfadada y muy colorista. Los protagonistas son Rick Sánchez, un científico loco al estilo de Doc, de Regreso al Futuro, pero mucho más deslenguado, egoísta y genial a la hora de crear cualquier artefacto que le permita salirse con la suya, sea lo que sea, y por otro lado su nieto Morty, un chaval de 14 años con las inquietudes propias de cualquier adolescente americano del montón, simple, que se preocupa por su familia y por los demás como cualquiera, pero que puede parecer una persona de grandes sentimientos si lo comparas con la codicia y el egoísmo habituales de su abuelo.

Las tramas son bastante absurdas, llenas de humor ácido y mucha violencia, verbal y física. La serie y el cómic tienen un tono que no gustará a mucha gente, pero si te va este estilo, es de lo mejor que hay. La prepotencia de Rick y su inteligencia sobrenatural sirven de hilo conductor de muchas de las historias, aunque a veces se pone tierno y no puede evitar sentir predilección por su nieto, Morty. Su hija, Beth, cirujana de caballos, y Jerry, el fracasado publicista que está casado con ella, le dan a la serie el toque ácido con un matrimonio que se mantiene unido por los pelos, con sus disputas y diferencias cuando el amor ya se ha terminado.  Summer es la típica adolescente que no sabe lo que quiere, con una mala relación con su hermano Morty y que también se ve involucrada en muchas de las aventuras con su abuelo. Y Morty, que a pesar de su su escasa inteligencia (o precisamente gracias a eso) resuelve en multitud de ocasiones los embrollos en los que Rick envuelve a todos los que tienen a su alrededor.

Una serie y un cómic para los que buscan un humor poco mainstream y que quieren ir más allá de lo de siempre.

 

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Archie conoce a los Ramones, de Álex Segura y Matthew Rosenberg

Archie conoce a los Ramones

Archie conoce a los RamonesHey! Ho! Let’s go! ¿Cuántas veces habré berreado esto en los bares? Cientos, miles, millones de veces y no me cansaré nunca de hacerlo. Es un grito de rebeldía, de oposición a lo establecido, de diversión cuando se es joven porque es cuando hay que aprovechar para divertirse. Esa es la meta, no dejar nunca de divertirse. Los Ramones, además de ser el grupo cuyo logo luce en las camisetas más vendidas de las tiendas H&M o el grupo Inditex (lo siento por haber tenido que hacer mención a esto, es muy manido, casi ridículo, pero también es un hecho) fueron una revolución del punk rock neoyorquino, una bomba de oxígeno para la juventud de la época que se juntaba en el bar CBGB para escuchar nuevas bandas con muchas ganas de tocar las narices a unos cuantos y hacernos divertir a los jóvenes. Bueno, a mí, de Móstoles y nacido a mitad de los ochenta todo esto me pilló algo lejos, pero el mensaje y la música de los Ramones me han llegado con la misma intensidad. Y sí, las camisetas también, pero la mía es de las buenas, del rastro madrileño.

En Libros y literatura puedes leer una de las reseñas dedicadas a la figura del batería de la banda, Marky Ramone. Aquí voy a comentar un cómic, otro clásico americano, que une en este número a dos pesos pesados de la cultura pop estadounidense: los Ramones y el pelirrojo más conocido de los cómics, Archie. Y como título, pues algo sencillo, que deje claro la intención de la historieta. Esto es Archie conoce a los Ramones.

Archie y sus amigos han formado una banda de rock, o eso creen ellos. Se están preparando para la batalla de bandas del Instituto Riverdale, pero sus dotes para tocar dejan mucho que desear. No tienen ritmo, están desafinados y la coordinación entre ellos brilla por su ausencia. En fin, lo suyo no es el rock. El hartazgo y las discusiones entre ellos van en aumento así que su amiga, la bruja Sabrina, les va a echar un cable a modo de conjuro. Le regala a Archie el primer elepé de los Ramones para que aprenda de ellos. Cuando pone el disco, fruto del embrujo de Sabrina, Archie y sus amigos viajan en el tiempo a Nueva York, a la puerta del mismísimo CBGB donde se encontrarán con los originales Ramones. Ellos les invitan a tocar como teloneros, pero siguen sin saber tocar. Así que el propio Joey Ramone les insta a realizar una serie de pruebas para aprender a tocar. Durante las páginas se suceden continuos guiños a las canciones de los Ramones; acceden al Rock and Roll High School, tienen que encontrar un tesoro en un cementerio de mascotas o viajan en autostop hacia Rockaway Beach. Todo con tal de aprender a afianzar las relaciones como banda, primer paso para tocar en un grupo, y después, como les recomendará Marky Ramone: «tocar muy rápido». Deberán demostrar su aprendizaje en una batalla de bandas en el mítico local CBGB antes de regresar a su tiempo. ¿Lo conseguirán?

Archie conoce a los Ramones tiene los destellos de humor y argumento ligero y amable que caracterizan a las historias de Archie. La gracia recae en los homenajes a la banda, con viñetas dedicadas a su puesta en escena en pleno directo tocando el «Bliztkrieg Bop» y la reproducción de lugares tan especiales como el CBGB, el local que catapultó a Blondie, Patti Smith o The Jam además de a los Ramones. Las páginas finales de esta edición de Norma contiene las distintas portadas que se lanzaron en Estados Unidos realizadas por varios artistas, síntoma de la importancia que allí se tiene de esta colección y entre las que se incluye la de mi dibujante favorito Francesco Francavilla. Una lectura amena para pasar un rato agradable y entretenido leyendo y escuchando, por supuesto, los discos de los Ramones.

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The Legend of Zelda: A Link to the Past, de Shotaro Ishinomori

the legend of zelda a link to the past

the legend of zelda a link to the pastSoy de los que miden la calidad de un libro por el influjo que ha ejercido sobre mí; por la capacidad de éste para incrementar mi, ya desmesurado, don para evadirme del mundo real. Y es que algunos libros parecen tener una suerte de hechizo que me mantiene atrapado en una profunda ensoñación tiempo después de haber cerrado el libro. Pensando. Fantaseando despierto. Atascado en los recuerdos de las situaciones ficticias que me ha hecho vivir. Atolondrado. Reflexionando sobre los personajes memorables que han trascendido de la tinta impresa hasta lo más profundo de mis neuronas, las cuales fueron coaccionadas a reír, a llorar o a emocionarse. Bueno, tampoco las veréis lamentarse por tal trago. Para que nos vamos a engañar.

Ese tipo de magia absorbente no solo la he percibido con libros o cómics, algunos videojuegos también me han hecho alcanzar niveles de desconexión narcotizantes. ¿Qué mejor droga que una buena historia? Porque juegos como The Legend of Zelda: Ocarina of Time son capaces de crearte recuerdos de una vida alternativa; una vida que has vivido y que recuerdas perfectamente. Unos recuerdos, de tu yo en un mundo paralelo, que asaltan tu mente y embargan tu pecho, induciendo similar agitación que la que produce el reencuentro con un viejo amigo. Recuerda cómo te inundó la sorpresa al conocer a Navi, el hada que te acompañaría a lo largo de esa aventura que te convertiría en el único nexo de unión entre un pasado lleno de promesas y un futuro oscuro y devastado. Y todo a ritmo de la extraordinaria ocarina que a través de la música pondría la magia a nuestra disposición. Música que sonaría tiempo después de acabar con Ganondorf, el villano del juego, y que con el poder de su sonata y con la invocación de nuestra agridulce nostalgia seguiría transportándonos a un mundo de vivencias ilusorias.

Pero antes de que Ocarina of Time, a finales de los 90, dejara a jugadores con la boca abierta (y con la cartera vacía) y a la crítica especializada repartiendo elogios a diestro y siniestro, a principio de esa misma década era otro videojuego de la misma franquicia el que marcaría las particularidades que harían famosa a esta saga. Un videojuego que poco después vería su adaptación al cómic de la mano de uno de los grandes del manga. Ahora, por primera vez, y gracias a Norma Cómics, podemos disfrutar de esa adaptación en castellano. Prepárate, nos vamos a buscar la espada legendaria y la Triforce. Por el camino recogeremos todas las rupias necesarias. Verdes, azules y rojas. ¡A ver si te piensas que en las tiendas de artículos nos van a fiar! Prepárate para cruzar bosques frondosos, parajes desérticos y mares de lava. Prepárate para rescatar a la princesa Zelda. Prepárate para el cómic The Legend of Zelda: A Link to the Past.

Ocarina of Time, Four Swords, Oracle of Ages, etcétera; todos los títulos de la saga Zelda han sido adaptados por el dúo de mangakas Akira Himekawa. Así pues, que The Legend of Zelda: A Link to the Past fuera publicado en castellano era casi de obligada necesidad. El cómic nos va a contar más o menos lo que ya pudimos jugar en el videojuego. Y digo más o menos porque Shotaro Ishinomori añadió algunas situaciones nuevas para, no solo hacer la aventura algo más extensa sino también para que los jugadores de aquella época encontraran algunas novedades. Si de lo contrario eres de los que hace mucho que jugaron al juego, o de los que tienen memoria de pez, puedo explicarte de forma pormenorizada de qué iba la historia.

Link es un muchacho que un buen día despierta debido a una voz que pide auxilio. Lo extraño es que ésta le habla directamente a su mente. Cuando se lanza en pos de la persona que pide ayuda descubre que ella es una princesa y que él, por casualidades de la vida, ahora es el elegido. En su camino se topará con seres mitológicos o mágicos: como dragones, hadas o brujos. Y sus pasos lo llevarán hasta todo tipo de castillos o mazmorras en los que deberá superar pruebas o resolver acertijos para poder continuar con su aventura y alcanzar al fin al villano que retiene a la princesa. The Legend of Zelda: A Link to the Past no deja de ser una de tantas historias de fantasía en las que el destino se cruza en el camino de un muchacho normal y corriente para que haga cosas inimaginables. Un cuento de hadas con un héroe que salva a una princesa. ¿Cuento? Perdón, quería decir leyenda.

Tras esta adaptación encontramos al que fue discípulo aventajado de Osamu Tezuka: Shotaro Ishinomori. No es de extrañar por ello que sus dibujos tengan cierto parecido con los del “dios del manga”. Trazos básicos, rostros pueriles, parajes simplones que gracias a un colorido elemental pero de precisa elaboración les hace ganar enteros y un diseño cuidado y espectacular en lo que se refiere a los monstruos. Como Trínex, el dragón tricéfalo que escupe fuego o hielo por viñetas de gran envergadura y de colores bermellones; el brujo Agahnim, dueño y orgulloso poseedor de portentosas guaridas de colores fríos que pegan perfectamente con el sombrío mundo de las tinieblas; o el propio Ganon, con su pinta de orondo y beligerante cochino ibérico, que parece haber decidido instruirse en el arte de guerrear y conquistar mundos a la fuerza para no acabar convertido en un delicioso jamón de Jabugo.

The Legend of Zelda: A Link to the Past de Shotaro Ishinomori es un clasicazo. Un manga a todo color que se sustenta sobre los cimientos de un videojuego que a día de hoy es de culto. Por este motivo creo que es de obligada compra para todo aquel fan de la saga que quiera volver a Hyrule, que busque deleitarse de nuevo con las melodías que compuso Koji Kondo o que desee liarse a mandobles con los cucos en Kakariko Village.

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Sherlock Holmes y el legado de Moriarty, de Sergio Colomino y Jordi Palomé

sherlock holmes y el legado de moriarty

sherlock holmes y el legado de moriartyTodo buen holmesiano sabe que Sherlock Holmes es un detective de lo más singular, sigue cualquier pista hasta dar en el clavo. Sherlock Holmes, es el único y genial. Sherlock Holmes, como él no hay otro igual ¿Ya estás cantando? ¡Te pillé! Sí, esa fue mi primera toma de contacto con el detective consultor. Una serie de dibujos animados, coproducida por Japón e Italia y con el gran Hayao Miyazaki de por medio, en la que los personajes que Conan Doyle imaginó eran animales de aspecto antropomórfico. Los casos tratados en la serie se basaban muy vagamente en la obra de Doyle, por no hablar además de todos aquellos medios de transporte anacrónicos, que poblaban las calles de una Londres victoriana y que parecían sacados directamente de las novelas de Julio Verne.

Visto ahora en retrospectiva, conociendo más profundamente al personaje, al autor y a su obra, podría afirmarse que aquella serie de dibujos se pasaba bastante por el forro las normas, no escritas pero implícitas, a la hora de contar algo sobre el detective con sede en el 221B de Baker Street. Puede que el anime de Sherlock Holmes no hiciera honor al canon holmesiano que Conan Doyle confeccionó a lo largo de 40 años, dando como fruto cuatro novelas, 56 relatos y una cantidad incalculable de fans; pero sí consiguió que a una generación de chavalines se nos abriera el apetito de casos más complicados, de misterios en apariencia irresolubles, de personajes menos caninos pero con los mismos instintos de caza, asimismo igual de carismáticos; en definitiva, ganas de buscar los orígenes de aquellos personajes perrunos. Ganas de Sherlock Holmes.

Sergio Colomino y Jordi Palomé también se nutrieron de esa serie; por lo menos así afirma uno de ellos. Y ahora, guionista y dibujante respectivamente, son los que nutren con historias del detective a una nueva (y a la veterana también) generación. Su primera obra, de título Sherlock Holmes y la conspiración de Barcelona, consiguió que aprobaran cum laude ante una de las instituciones más rigurosas de la literatura: los fans de Sherlock Holmes. Si no que se lo digan a Doyle, que tras matar a su personaje, y ante las presiones ejercidas por los fans (entre los que se encontraba la casa real o su propia madre) se vio en la obligación de resucitarlo. Es que lo que no consiga una madre… Pero hasta que Sherlock no reapareciera vivito y coleando en el caso de La casa vacía pasarían tres años ficticios. Ese periodo de tiempo sería popularmente conocido como El Gran Hiato.

Es durante ese hiato que, de la mano de Sergio Colomino y Jordi Palomé, Sherlock visitaría Barcelona, desentrañando una conspiración perpetrada por el Coronel: un criminal implacable experto en organizar complots de gran envergadura. Pero sus caminos no eran la primera vez que se cruzaban, pues tiempo atrás, en una Rusia decadente que mantenía una tensa relación de tiras y aflojas con Inglaterra, sus destinos ya habían colisionado. Un villano que, por dinero, está dispuesto a todo contra un detective que, tras ser dado por muerto, se convierte en agente secreto. Comienza el juego en Sherlock Holmes y el legado de Moriarty.

Algo que me gustó mucho de Sherlock Holmes y la conspiración de Barcelona fue la capacidad que tuvo Sergio Colomino para introducir una aventura del detective en la Ciudad Condal, sin que nada chirriara y sin que por ello tuviera que alterar el contexto histórico. Ficción histórica de primera calidad. Con este nuevo cómic logra lo mismo. Transporta al lector a esa Rusia que le quedaban pocos años de zarismo y muchos de cambios duros y forzosos. Una Rusia impecablemente dibujada por Jordi Palomé, el cual ya nos deleitó la vista con una Barcelona gótica, oscura, de sombras pronunciadas y claroscuros, y que ahora nos muestra la grandeza arquitectónica rusa a través de sus calles, de palacios como el de Moika o con lugares emblemáticos como la Plaza Roja. De hecho llega a representar tan bien todos esos lugares que, en algunas ocasiones, los escenarios le roban protagonismo a Sherlock Holmes o a Irene Adler. Sí, la mismísima Irene Adler. ¿Es que acaso hay otra? La Mujer. Ella fue la única persona que logró vencer a Sherlock Holmes y ahora será su consorte de aventuras.

Irene Adler no será la única que se una al detective. El Coronel o Mijail Strogov (antiguamente “correo del Zar” y ahora revolucionario), serán algunos de los personajes en los que se irá centrando el foco de la acción para que poco a poco, como si de una matrioska que va mostrando sus muñequitas ocultas se tratase, el caso se resuelva. Y es que la aventura de Sherlock por tierras rusas resulta ser de narración mucho más compleja (más dura de leer) que la que acaeció en Barcelona; no en vano también lo es el contexto histórico. Por ello es una de esas obras que con una segunda lectura se captan al completo los intríngulis de la historia. Pues hay tramas que se entrecruzan, historias inconclusas (que Sergio Colomino cerrará con una novela titulada Sherlock Holmes y el enigma de las muñecas rusas) y un epílogo abierto que podría (ojalá) servir de inicio de una tercera obra.

Pero mientras esa tercera obra llega, leed Sherlock Holmes y el legado de Moriarty pues es un cómic altamente cuidadoso con el canon holmesiano, algo que no le impide aportar su dosis de originalidad y gozar de su propio carácter. Marca de la casa; marca Colomino-Palomé. El cómic rinde además un solemne homenaje a la literatura y a la música, y nos muestra (¡por fin!) qué pasó entre Irene y Sherlock tras su encuentro en Escandalo en Bohemia. Todo ello en un tomo editado por Norma Editorial al cual no se le puede sacar ningún pero.

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Modigliani, príncipe de la bohemia, de Fabrice Le Hénanff y Laurent Seksik

Modigliani

ModiglianiMi madre es pintora y lleva muchos años impartiendo clases. No sé si lo he contado ya, porque me enrollo mucho y mis reseñas empiezan a parecerse a un diario, pero bueno, ahí va el dato. Supongo que por eso me gusta el arte en general y la pintura en particular. Hay varios pintores que me fascinan especialmente: Marc Chagall, Salvador Dalí, Tamara de Lempicka, Gustav Klimt y una lista que podría alargar mucho más. Entre mis favoritos, sin duda, está también Amadeo Modigliani. Los retratos de mujeres de este pintor italiano, tan estiradas, tan lánguidas y ensimismadas siempre me han emocionado de una forma especial. No puedo deciros por qué, no sé qué es lo que tienen, pero supongo que eso es lo que hacen los buenos pintores: conmoverte. Además, Modigliani y yo compartimos día de cumpleaños y recuerdo que cuando vivía cerca de París, visité su tumba en el Cementerio de Père-Lachaise. (Yo iba a ver la de Jim Morrison, como buena veinteañera atormentada que era).

Por otra parte, también he comentado ya en alguna ocasión que no he leído muchos cómics ni mangas y que para mí ese mundo es bastante desconocido. Sin embargo me gusta. Así que os dejo que me recomendéis algunos. Cuando la editorial Norma publicó Modigliani, príncipe de la bohemia no pude resistirme. Tenía que gustarme sí o sí. En cuanto eché un vistazo por encima me emocioné, pero emocionarme de quedarme con la boca abierta, ¿eh? Este libro trata sobre un artista, pero el cómic en sí es ya una obra de arte. A lo mejor los entendidos conocéis al dibujante: Laurent Seksik. Para mí era un auténtico desconocido, pero he alucinado con sus dibujos. Cada viñeta (¿se dice así?) me parece una auténtica maravilla, un cuadro perfecto y conmovedor. (Mamá, quiero ser artista).

El guion es obra de Fabrice Lé Hénanff. El cómic se centra en la vida de adulto de Modigliani. De origen italiano, Modigliani o Dedo, como le llamaban en su familia, se traslada a París en 1906, ciudad de la vanguardia por excelencia. Allí es donde desarrolla su carrera artística principalmente. Como os decía, el cómic se sitúa en aquella época en la que un Modigliani ya adulto e instalado en París se dedica a recorrer los suburbios de la ciudad de bar en bar. Era un guaperas algo derrochador y algo alcohólico. Como muchos otros artistas, no obtuvo demasiado éxito en vida, pero posteriormente su obra comenzó a ser apreciada y a venderse a precios desorbitados. También, según vemos en el cómic, tenía un carácter algo difícil que traía de cabeza a su representante y a su siempre fiel Jeanne Hebuterne. Enfermo de tuberculosis y debido a su mala vida, su médico le recomienda que se aleje de París y de su mala vida y, casi obligado, se traslada una temporada con Hebuterne a Niza. En esa época,  hablamos de 1919, Modigliani y Hebuterne tienen una hija que se llamará Jeanne.

Finalmente, acaban por regresar a París, donde el artista, muy deteriorado,  continuará con sus antiguos vicios. Tras varios días de desaparición y una noche de excesos (con pelea incluida), Modigliani, afectado por una meningitis a la que su tuberculosis no ayuda, fallece el 24 de enero de 1920 a la edad de 35 años. El final es terriblemente trágico. Su mujer, embarazada por segunda vez, se suicida el día de su funeral lanzándose al vacío desde un quinto piso.

Un historia conmovedora y trágica de un artista que se movía perfectamente en el complicado mundo de los excesos. Modigliani, príncipe de la bohemia, es un cómic fiel al espíritu del artista y una auténtica maravilla para nuestros sentidos. Ya os digo, una pequeña joya a la altura del pintor.

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El caso de Charles Dexter Ward, de Lovecraft y Culbard

El caso de Charles Dexter Ward

El caso de Charles Dexter Ward«Se lo volveré a repetir: no evoque nada que no pueda dominar». Si este imperativo lo ubicas en el primer tercio del siglo XX, en una granja de Providence donde un joven con inquietudes por las ciencias oscuras y la nigromancia se dedica a realizar conjuros que escapan a toda comprensión humana, el relato no puede pertenecer a otro que a H. P. Lovecraft. Y de él es este siniestro caso de desaparición dentro de un cuarto cerrado; el clásico enigma policíaco que tanto gustaba a escritores como Gaston Leroux, Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe.

El caso de Charles Dexter Ward cuenta la historia de un suceso oscuro que se remonta a un pasado muy lejano y que ahora ha despertado. En un manicomio de Providence, Rhode Island, un peligroso paciente internado desaparece de su celda misteriosamente. El último hombre en haber tratado con el paciente es el Dr. Marinus Bickwell y ahora tiene la obligación de contar la verdad que rodeaba a este siniestro hombre. Lo que duda es que el mundo esté preparado para aceptar los hechos de cuanto consiguió investigar acerca del desaparecido Charles Dexter Ward tal y como sucedieron.

Es este uno de los relatos escalofriantes de Lovecraft que se desarrollan con paciencia, desgranando poco a poco el entramado que incluye varios personajes en los que él mismo se veía reflejado en sus lacónicas y existenciales vidas, y a lo largo de diversas generaciones para enredar el asunto. Los elementos que caracterizan los relatos de Lovecraft se manifiestan en la narración a través de conjuros de indescifrables lenguas extraídos de los oscuros libros del Necronomicón para invocar de una larga letanía bestias desterradas. La influencia de Poe en el desarrollo policíaco y la ambientación también están presentes. Todo envuelto en una atmósfera tétrica, en un frío páramo donde los pocos vecinos cercanos escuchan alaridos de ultratumba y extrañas luces procedentes de una de las granjas. Dentro del género de intriga, el relato va dejando pistas a lo largo de sus páginas que hacen que intuyas por dónde pueden ir los tiros. La misión de los médicos del manicomio es descubrir la extraña desaparición de Charles Dexter y será su médico personal quien narre los terribles episodios que investigó sobre él. Hechos que se remontan a sus primeras sesiones en casa de Charles donde le reveló un cruento descubrimiento que afectaba al linaje de su familia; las misteriosas noches que su paciente se aislaba y asustaba a sus padres por extraños rituales que preparaba en soledad; la revelación que padeció en primera persona de eso que tanto aterraba a su paciente.

Como ya me ocurriera con Reanimator, otro gran relato de Lovecraft (sí, este hombre tiene más historias aparte de ese pulpito tan «salao» que es Cthulhu), El caso de Charles Dexter Ward lo he descubierto gracias a esta adaptación en cómic que ha editado Norma. El dibujante Culbard adapta este clásico del terror en cómic con un dibujo que a mí me recuerda mucho a las tiras de periódico. Nada criticable, por supuesto. Creo que ha sido una elección como dibujante excepcional. No es un gran arte estético o excesivamente expresivo pero sí muy efectivo que, a mi parecer, hace más fluida la historia con viñetas muy narrativas que en ningún momento despistan y te sacan del argumento, y con una estructura básica de cómic de 3×3. Un argumento que tiene sus enredos temporales y trucos clásicos de novela de intrigas en la que se intenta mantener el suspense hasta el desenlace final.

He leído bastantes relatos de Lovecraft. El intruso o El grabado en la casa son de mis favoritos por su destreza descriptiva y ambientación que, con el léxico de este escritor, casi puedes sentir palpitar la historia según acaricias las páginas. Es un detalle sensorial que solo puedes descubrir en su apogeo leyendo sus relatos originales. Las adaptaciones, por norma general, te alejan de esos elementos sensoriales por cuestiones de espacio y fluidez narrativa. Para eso emplean los dibujos como útil para el desarrollo. Me he encontrado el caso en este cómic de dar con un leal adaptador de cuentos. Cada viñeta, cada texto que la acompaña y cuando solo el dibujo narra el relato, han conseguido poseerme de tal modo que me sentía dentro de ella, dentro de esa granja donde se sucedían las siniestras evocaciones. Una formidable opción para leer y acercarse al vasto universo lovecraftniano.

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Inyección, de Warren Ellis y Declan Shalvey

Inyección

Inyección“La ciencia proviene de la magia. Y la magia es, ni más ni menos, que una manera de entender y alterar los sistemas y procesos invisibles del mundo.”

Tengo que reconocer que nunca he sido demasiado fan de los cómics y las novelas gráficas. Siempre he sido más de novela y teatro y, cuando he entrado en una librería, nunca me ha llamado la atención ni siquiera el pasarme por esa sección. No sé si ha sido por desconocimiento o por falta de interés, pero he estado muy equivocada hasta ahora. Creo que es necesario que, como lectores, abramos nuestra mente a nuevas experiencias literarias, ya que solo así podremos conocer por nosotros mismos si nos interesa o no, o si hay algo en ellas que nos pueda aportar algo positivo y de lo que poder aprender.

Así es como descubrí el apasionante mundo del cómic y continúo descubriéndolo gracias a obras brillantes como Inyección. Lo primero que me llamó la atención de este fue, además de su magnífica y oscura portada, su mezcla entre la ciencia y el suspense del mundo real con la ciencia ficción y los fenómenos inexplicables. Pero vayamos a la trama. Este libro comienza con un grupo de cinco ambiciosos científicos que, aburridos en sus respectivas vidas, deciden jugar con las leyes de la naturaleza y crean un sistema de aprendizaje inconsciente con el objetivo de instalarlo en internet y cambiar el mundo que los rodea. Sin embargo, este experimento no sale como ellos esperaban y ahora deben pagar un precio…

Esto está presente en cada una de las páginas de este libro, pues está dividido en pasado y presente, siendo el pasado el tiempo en el que este grupo de cinco personajes creó la Inyección y, el presente, todos los problemas y complicaciones que genera este experimento para cada uno de ellos. Y recalco para cada uno de ellos, pues el sentimiento de culpabilidad, ese “precio que deben pagar”, está presente en cada una de sus vidas del presente, si es cierto que en distinta medida dependiendo de quién se trate…

Por este y otros motivos, es muy fácil empatizar con estos protagonistas, sin importar su edad o sexo. En nuestras vidas, todos hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos. O, si no lo hemos hecho, es muy posible que en algún momento lo hagamos. Todos cometemos errores. Esto es algo que humaniza a los protagonistas de esta historia y los hace cercanos al lector. Además, es fácil llegar a entenderlos, puesto que la ambición y la necesidad de conseguir algo que cambie nuestro mundo a mejor es algo que todos o casi todos tenemos en nuestro interior.

Pero en este libro no todo es tan fácil de entender. Los fenómenos extraños y el terror se respiran en cada uno de los capítulos y convierten este cómic en una lectura no apta para todas las edades. Y, sin embargo, es una de las cosas que más me ha enganchado de él, junto con el suspense y ese juego contra las leyes de la naturaleza y de la ciencia, que está tan presente y lo hace tan interesante. Hablando de interesante, sería demasiado guay ver esta historia en los cines… Ahí lo dejo caer.

Por último, en cuanto al lenguaje científico que se precisaba en esta historia, creo que está muy bien llevado por parte de los autores, puesto que es fácilmente entendible por todo tipo de personas, incluso para aquellas que, como yo, no tienen ni idea de ciencia. Esta es una de las cosas que más me preocupaban antes de comenzar con este libro y creo que han sabido llevarlo muy bien.

Inyección es de ese tipo de libros que enganchan de principio a fin, que sabe mantener la intriga en cada una de sus páginas y que te obliga a seguir leyendo para descubrir qué es lo que sucederá al final. En tan solo dos días he acabado con el libro y, aún así, siento que quedan más incógnitas por resolver que cuando lo empecé. ¡No puedo esperar para tener el siguiente volumen entre mis manos!

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D, diario de un no muerto, de Ayroles, Maïorana y Leprévost

diario de un no muerto

diario de un no muertoSupongo que a estas alturas de la película decir que me gustan los buenos libros, cómics y cintas de vampiros es algo redundante, como lo es insistir en que con buenos me refiero a vampiros de verdad, lejos de crepusculitos que brillan y van al mismo insti al que también van hombres lobo. No. Vampiros de verdad de la buena, de los sanguinarios, de los que acojonan, de los que de niño hacían que por la noche te taparas bien el cuello en la cama aunque fuera verano y sudaras mares.

Y, por supuestísimo, el rey de los vampiros siempre ha sido, es y será Drácula, que es además uno de los pocos libros que he leído más de una vez (del que Coppola hizo una buena versión y de cuyo cartel incorporé desde entonces para mi firma la “D”) y el origen de toda la mitología que vino a posteriori. Y lo que vino y sigue viniendo fue de todo. Cosas muy buenas y cosas horrendas que han hecho un daño incuantificable al género. Por eso tengo que ir con pies de plomo cuando me cruzo con algo vampírico y no ilusionarme ni mucho ni muy rápido.

Y hete aquí que veo este D, Diario de un no muerto, con una “D” roja que no se parece a la de Coppola pero me la recuerda mucho, y una portada que parece sacada de El retrato de Dorian Gray. Una edición lujosa de Norma en la que se recopilan en un tomo único los tres álbumes de la trilogía francesa aparecidos en 2009, 2011 y 2014. Y leo la sinopsis. Y hojeo el cómic. Y me tengo que sentar, pero no hay sillas en la librería. Y el dibujo es muy bueno, trazo simple y dibujo con gran detalle y una buena elección de colores. Y me digo a mi mismo: ¡Mío, mío, mío!

Y, –sí, otra frase que empieza por “y”–, no me equivoqué. La historia es muy buena. Es una trama clásica de vampiros. Huele a Drácula, huele a Carmilla y huele a tantos otros buenos relatos de este tipo con ese aroma tan inconfundible a gótico no muerto.

Estamos en un Londres victoriano, en pleno auge de la revolución industrial y en una época en la que las expediciones al continente negro y las noticias sobre tribus y animales desconocidos eran noticia en los periódicos. Richard Drake, nuestro prota, es uno de esos exploradores que vuelven de África, que ya está pensando en buscar financiación para volver, y que, a pesar de su rudeza, siempre ha encajado bien en los elegantes salones de té de la aristocracia londinense.

En uno de esos bailes pijos que se organizaban entonces cada dos por tres, Drake descubre a Catherine Lacombe y se dispone a hacerla su presa como si estuviera en la selva, pero ante sus mismísimas narices se las quita un tal lord Faureston, un chulito tenebroso que nadie sabe bien de donde ha salido.

Poco después conocerá a un esmirriado cazavampiros y la rueda ya ha comenzado a girar…

La historia va alternando con retazos de un diario escrito por un tal D, en el que el lector puede ver indicios de que se trata de Drácula, pero no olvidemos que los personajes por esa época no habían oído semejante nombre y puede que ni siquiera de la figura del vampiro.

Poco a poco, con muchísimo interés e intriga, la trama va avanzando y complicándose también. No todo es tan sencillo como podíamos imaginar al principio; es un argumento mucho más elaborado de lo que parece y hay unas cuantas sorpresas, sobre todo al final, que hacen de D, Diario de un no muerto, una lectura aún más grande, atractiva y hermosa.

El dibujo es exquisito, es gloria pura; la ambientación, el detalle en el vestuario, y los colores elegidos… Todo combina con el sabor de esta historia. Como digo otras veces, aquí también hay páginas que serían para enmarcar. Sinceramente, no esperaba que fuera a gustarme tantísimo como para quedarme sin elogios.

Por otra parte, me ha parecido muy original la explicación sobre el porqué de que alguien se convierta en vampiro.

En resumidas cuentas, un fantástico cómic de vampiros (de los buenos), con un gran formato y una edición cuidada que ningún fan de los chupasangres puede dejar escapar. Estaríais locos si lo hicierais.

Un cómic majestuoso con una historia bien tejida e impregnada de lo mejor de los clásicos.

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Harrow County 2. Doble narración, de Cullen Bunn y Tyler Crook

Harrow County 2. Doble narración

Harrow County 2. Doble narraciónEl catálogo de las librerías donde se exhiben cómics de terror tiende, por norma general, a llenar sus estantes de cuentos cuyas páginas rebosan escenas sangrientas y sucias que te dejan el estómago del revés. Auténticas carnicerías para expresar con imágenes un miedo a algo muy chungo que acecha a los personajes de la historia. Parecen necesitar valerse del poder de la sugestión mediante macabras escenas que, según qué público, puede causar cierto recelo a continuar leyendo. ¿Porque les da miedo? No. Asco, más bien. Existe un modo más sutil de mostrar el miedo en las narraciones sin necesidad de convertir aquello en la sección de carnicería del Mercamadrid. Un modo añejo, hogareño y mágico. Un embrujo que ya hacían los antiguos al calor de un fuego: contar leyendas sobre seres imposibles que se esconden en los bosques.

Esta fue la premisa con la que surgió Harrow County, el cómic de Cullen Bunn y Tyler Crook nominado al Premio Eisner 2016 a Mejor Serie que, en su segundo número, Harrow County 2. Doble narración, continúa desvelando detalles de esos mitos que rodean esa inhóspita población sureña de Estados Unidos. Y tanto el subtítulo como la portada nos dan pistas de por dónde van a ir los tiros en esta entrega.

Situémonos; la joven Emmy descubrió en Harrow County 1. Innumerables seres un oscuro secreto que rodeaba la historia de su pueblo y los habitantes de allí. Además de tener que enfrentarse a una serie de peligros y conocer, muy a su pesar, su verdadera identidad. Todo ello plasmado con unas ilustraciones que reflejaban con fidelidad la atmósfera que se respiraba en esos bosques. La conexión que consiguió establecer con los seres que habitan entre los pantanos y el follaje del pueblo hizo que la normalidad y tranquilidad regresara a Harrow County. Pero una visita inesperada se presenta en el pueblo en un elegante Rolls Royce negro conducido por un chófer siniestro. Su pasajera no resulta menos agradable.

Para el segundo volumen de este cómic, el autor ha querido ceder más protagonismo a la ingente cantidad de seres escondidos. Uno de los más aterradores habita en un pantano y cuando veas el modo en cómo ha sido dibujado lo entenderás. Inquietante como lo son muchos otros moradores del bosque, almas muertas que pululan a lo largo y ancho de Harrow County. Un excelente trabajo de creación de escenarios y personajes por parte del dibujante Tyler Crook que vuelve a ser la parte más destacable de esta serie que, en el tomo que edita Norma, incluye cuatro números americanos acompañados de unas notas sobre los bocetos en las páginas finales.

El guion también ha mejorado con respecto al primer tomo. Una historia más compacta y mejor desarrollada. De un modo amable, sin entretenerse en diálogos eruditos ni complicaciones argumentales que despisten al lector, se mantiene fiel a su cometido que no es otro que el de relatar un cuento de mitos y folclore por el placer de contar historias. Si en el primer tomo la impresión que me dejó fue de haber corrido mucho a partir de cierta parte de la historieta, en Harrow County 2. Doble narración todo queda mejor relatado. La historia queda completa y mantiene el mismo ritmo narrativo durante todas sus páginas. Además de desarrollar algo más a sus protagonistas y sobre todo, lo que más disfruto con esta historia, el enorme imaginario de sus creadores para dar vida a leyendas extraídas de bestiarios y viejas narraciones de abuelas que, seguro, contaban a sus nietos y los niños de las aldeas para hacerles temer los peligros que se esconden en los oscuros recovecos del bosque.

Gracias a ellas, las criaturas perviven entre nosotros en los cuentos, en los cómics, en el calor del fuego. Solo si estás preparado para escuchar su siseo entre las hojas y las ramas de los árboles podrás llegar a disfrutar de tan espeluznante embrujo.

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