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Equatoria, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Equatoria

Equatoria“Corto me enseñó a soñar con una existencia febril e incierta”, del prólogo de François Busnel

Siempre vuelvo a Corto Maltés, como a Harry Potter, los libros de Roald Dahl o las películas de Billy Wilder. Perdonadme aquellos no que compartáis mis referencias, son una extraña mezcla generacional, lo sé.

Pero volvamos a Corto. Una o dos veces al año, cojo uno de sus álbumes al azar y empiezo a leer. Normalmente empiezo de pie, delante de la estantería, y acabo sentada en el suelo, en la alfombra, o en el primer sitio que encuentre. He leído los álbumes de Hugo Pratt decenas de veces, pero no me los sé de memoria. Creo que en eso tiene algo que ver el característico caos artístico de Pratt, que empezaba a dibujar sin saber hacia dónde iban sus historias. Y, al menos en su caso, demuestra que a veces saber el final es lo de menos.

Por todo esto que os cuento, me hace tan feliz que Norma haya decidido, ya hace unos años, continuar la obra de Pratt de la mano de unos pesos pesados como son Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Así puedo ir sumando álbumes y tengo la ilusión de poder leer historias nuevas.

Hoy vengo a hablaros del último álbum de Corto Maltés que han creado Díaz Canales y Pellejero: Equatoria.

Esta nueva aventura se sitúa en la África colonial de 1910 y empieza con el marino en Venecia, con intención de regresar a Malta en busca del espejo del Preste Juan, un objeto del que se dice que tiene poderes mágicos. Pero el barco en el que viaja Corto no puede detenerse en la isla debido a una epidemia de cólera y sigue hasta Alejandría, donde la comunidad griega, a través de su amigo Cavafis, el poeta, le dará pistas sobre el lugar en el que se encuentra el espejo.

Por el camino, se cruza con la reportera Aïda (basada en Ida Treat), con la que tiene una escena memorable jugando a las cartas, y con Ferida Schnitzer, hija de un famoso explorador alemán que vuelve a África en busca de su padre desaparecido. Estos personajes femeninos, junto a la monja Lise, una antigua esclava africana de quien no sabemos el nombre hasta las últimas viñetas e incluso la isla de Malta, personificada como una silueta de mujer, llevan las riendas de la historia. Incluso llegan a arrebatarle el protagonismo a Corto, como hicieran, por otro lado, Pandora Groovesnore o Venexiana Stevenson en otros álbumes. La misteriosa africana, a la que encuentran en medio del mar (¿os suena?), es el personaje que me ha parecido más fascinante.

En Equatoria, como en todos los álbumes de Corto Maltés, viajamos. Nos trasladamos a Alejandría, Zanzíbar, el lago Victoria y el sur de Sudán, que perteneció, con el nombre de Equatoria, al Imperio Otomano. De ahí el nombre de álbum.

Antes de irme, querría hablaros del dibujo. En las entrevistas, Pellejero dice que ha creado su propio Corto, que no podía limitarse a imitar el dibujo de Pratt. Y no sabe cuánto me alegro de que haya sido así. Porque con sus lápices ha logrado crear una sensación de continuidad que siempre me sorprende. Cuando pones uno junto a otro La balada del mar salado, y Equatoria, ves que el personaje ha ido cambiando, ha evolucionado mucho a lo largo de sus cuarenta años de historia. Y no podía ser de otro modo. Corto sigue siendo Corto porque el marino ya es un personaje mítico, un amigo. Y, como ya os dije de Bajo el sol de medianoche, la capacidad que tienen Díaz Canales y Pellejero de continuar la línea de Pratt, tanto narrativa como gráficamente, sin renunciar a su estilo personal me parece alucinante.

Cuando, a lo largo de este año, coja alguno de los álbumes de Corto, recordaré con cariño mi lectura de Equatoria e incluso puede que desvíe un poco la mano del azar para acabar leyendo de nuevo esta última aventura del marinero maltés.

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Bajo el sol de medianoche, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Bajo el sol de medianoche

Bajo el sol de medianoche“Cuando era niño me di cuenta de que me faltaba en la mano la línea de la fortuna. Entonces cogí la navaja de afeitar de mi padre y, ¡zas!… Me hice una a mi gusto”.

La primera vez que leí esta frase tenía trece o catorce años. Me acompaña desde entonces. Para los que no la conozcáis, se la dice Corto Maltés a Pandora Groovesnore en La balada del mar salado, el primer álbum en el que aparece el marinero creado por Hugo Pratt.

Recuerdo que la gente mayor te preguntaba qué te gustaba más, si Tintín o Asterix, y yo respondía que a mí me gustaba Corto Maltés. Supongo que era una niña rara. Con él, con Jack London, Conrad, Stevenson y muchos más descubrí los peligros y placeres de la vida de aventura y conocí un mundo, el de finales del siglo XIX e inicios del XX, que cada día quedaba más lejos.

Pero volvamos a Corto. Hugo Pratt, su creador, escribió las historias de Corto Maltés durante más de veinte años, de los sesenta a los ochenta y, poco antes de morir, dijo: “no me desagrada la idea de que alguien pueda algún día retomar Corto Maltés”. La última historia de Pratt, en la que el marinero llega al reino de Mu, en el océano Pacífico, fue publicada en 1988 y sus herederos tardaron más de veinte años en poner atención al comentario del historietista italiano y animarse a traer de vuelta a Corto.

Yo no sabía que esto se podía hacer, quiero decir técnicamente. No sabía que alguien pudiera resucitar a los muertos. Pero es lo que han hecho Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero en este nuevo volumen de Corto Maltés.

Ni Díaz Canales, al guion, ni Pellejero, a los pinceles, necesitan presentación. Estos dos maestros han hecho lo imposible: han recuperado al mítico marinero en Bajo el sol de medianoche y, sobre todo, lo han hecho de manera excepcional. Porque Bajo el sol de medianoche es Pratt pero no es Pratt. Y ahí está la gracia. Los autores han logrado continuar con la colección, ser absolutamente fieles al personaje y al mismo tiempo poner su sello en el trabajo.

¿Cómo lo hacen? Para empezar Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero han escogido el momento histórico perfecto. En vez de continuar con la vida de Corto, algo que podía haber levantado muchas ampollas, usan un recurso que ya utilizó Pratt varias veces y rellenan un hueco cronológico que el creador dejó sin explorar. Como ellos mismos dicen, “aún queda mucho que contar sobre Corto”, pero al mismo tiempo aprovechan al máximo todo lo que ya está contado y en esta aventura aparecen Rasputín, por supuesto, pero también Jack London, e incluso la mismísima Pandora Groovesnore, aunque no os voy a desvelar nada sobre este asunto… Prefiero que lo descubráis vosotros mismos.

Como todas las buenas historias de aventuras, Bajo el sol de medianoche no solo cuenta las peripecias de Corto. También habla de temas como el racismo, los derechos de las mujeres, la guerra o el daño que puede causar lo que algunos llaman progreso y en realidad es una carrera frenética para sacar el máximo beneficio de una situación sin tener en cuenta lo que nos estamos llevando por delante.

Para crear Bajo el sol de medianoche, los autores también se han documentado extensamente sobre la época en la que está situada la historia y, al igual que Pratt, introducen personajes históricos como Waka Yamada, defensora de los derechos de las mujeres y activista contra la trata de personas, o Matthew Henson, explorador estadounidense ignorado durante años a causa del color de su piel.

Todo bañado por el humor insolente y caballeresco de Corto Maltés y por sus inevitables gaviotas atravesando el cielo azul. En Bajo el sol de medianoche encontraréis nuevos y viejos amigos, espías, boxeo, barcos balleneros, auroras boreales, inuit, empresarios sin escrúpulos, fusilamientos, osos, prostitutas armadas… una ilustración cautivadora y un guion de esos que no puedes evitar citar:

“—De alguna manera Dawson me recuerda a Venecia…

—Qué curioso. ¿Se parecen?

—En nada. Para ambas ciudades están levantadas en un lugar inhóspito por un puñado de locos.”

Algunos libros te hacen sentir en casa. Para mí, los comics de Corto siempre han sido uno de esos libros. ¿Sabéis que hice cuando terminé Bajo el sol de medianoche? Lo que se hace con todas las buenas historias: volverla a empezar.

Laura Gomara @lauraromea

 

 

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