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¡Qué ordenado!, de Emily Gravett

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que-ordenado¿Eres de esas personas que tienen que tenerlo todo absolutamente recogido? ¿Todo controlado? Pues quizás, aunque os parezca raro, ¡Qué ordenado! no sería sólo un libro para niños y sí para personas de todas las edades. Pero es cierto, todo parece indicar que lo que tenemos entre manos es literatura infantil. Pero, ¿acaso no os da la sensación de que, hoy en día, muchos de esos libros que convierten la literatura en algo divertido para ellos, para los más pequeños, nos enseñan a nosotros, los adultos, muchas de las cosas que estamos haciendo mal? Supongo que esa es una de las razones por las que la literatura tiene ese poder en mi vida. Porque lo mismo puede hacer que mi sobrino dibuje una sonrisa como que yo cierre un libro reflexionando sobre aquello que estoy haciendo en el día a día. Recuerdo que, hace tiempo, una persona me dijo lo siguiente: “intentar controlarlo todo es la mayor forma de descontrol que hay”. Y cuento esto porque este libro me lo ha recordado y me ha hecho entender que aquello que somos, aquello que intentamos controlar, a veces no necesita tenerlo. Porque, al fin y al cabo, lo mejor que nos puede pasar es estar en un cierto desorden y, simplemente, vivir lo que se nos ofrece. Eso es lo más complicado que aprendemos así que, ¿no está genial que eso pueda aprenderse desde pequeños?

Dante es un tejón que tiene que tener todo ordenado. Hasta el punto de que termina convirtiendo un bosque en algo tan ordenado que no se puede vivir en él. Por eso, cuando se da cuenta de lo que ha hecho, tiene que dar marcha atrás y convertir todo aquel orden en lo que la vida, la real, ha puesto en su sitio por algo.

Me encanta la literatura infantil. Tengo treinta y un años, me considero una persona adulta, con sus obligaciones y sus derechos, pero en ocasiones sigo sacando ese lado infantil que no quiero dejar escapar y abro un álbum ilustrado para disfrutarlo como si mi cuerpo y mis ojos fueran los de un niño de seis años que está aprendiéndolo todo por primera vez. ¡Qué ordenado! me parece una lectura perfecta por varios motivos: porque nos enseña algo real, algo de verdad, y no se centra únicamente en la fantasía sin proporcionarnos ningún mensaje; porque a la vez me parece tan divertido como estimulante para que los niños puedan identificarse con su protagonista y seguir sus aventuras y, por último, porque ser niño, tener la posibilidad de leer estas historias, es una suerte que no volvemos a repetir cuando nuestro trabajo y otras cuestiones nos ahogan con su rutina. ¿Por qué no abrir esta historia de Emily Gravett y poder descubrir lo que se siente de nuevo?

Nos han enseñado que todo tiene que estar perfectamente controlado, que la espontaneidad, que el desorden, es algo negativo. Que hay que guardar unas formas, que hay que seguir unas normas, un camino. Pero eso no es totalmente cierto. Lo bueno de ¡Qué ordenado! es que invierte ese mensaje y lo hace con total diversión, con naturalidad, con ese gesto que la literatura infantil produce y que parece fácil, pero que no lo es en absoluto. Porque recuerdo muchas escenas de mi vida en las que un libro, un libro como éste, hace acto de presencia de día o de noche, y se convierte en un amigo inseparable del que ya no te puedes despegar. Y que eso, tiempo después, pueda volver a suceder es algo que, por mucho que lo intente, no puedo explicar con las palabras adecuadas. Pero si esta reseña sirve para explicarme, bienvenida sea. Ahora sólo os falta descubrirlo por vosotros mismos – y con vuestros pequeños -.

 

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