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Te están robando el alma, de Ian Svenonius

Te están robando el alma

Te están robando el alma¿Qué es alienación? Dices mientras bebes tu café de Starbucks sobre una mesa sueca de nombre impronunciable y lees extasiado en tu iPod lo felices que son los trabajadores de Google? ¿Qué es alienación? ¿Y tú me lo preguntas? Alienación… eres tú.

Me disculpo por este inicio tan pedante y facilón, pero tenía que llamar tu atención. Al fin y al cabo, de eso va Te están robando el alma: de lanzar llamativas proclamas para provocar una reacción en el lector, la que sea, pero una reacción al fin y al cabo. Y es que este es un texto pretendidamente provocador, que se inicia con una irónica loa a la censura para abordar poco después algunos temas realmente reprochables, como el trato de favor que da el mainstream a las obras con mensaje vacío (o, peor aún, idiotizante) o como la prensa ha dejado de lado los intereses informativos con los que nació en favor de los puramente económicos e ideológicos.

Pero si algo hay que valorar en este ensayo son los puntos de partida tan novedosos como chiflados que pone sobre la mesa. Dicho de otra forma, jamás en mi vida hubiese pensado en el twist como en un arma estatal para la introducción del individualismo y de la pasividad en la sociedad. O que lo que hizo que Al-Ándalus resistiera tantos años, hasta la consumación de la reconquista por parte de los Reyes Católicos, fue el azúcar. Ojo, no lo digo yo, lo dice Ian Svenious, un veterano músico estadounidense reconvertido en gurú antisistema.

Explícito, directo y malhablado, pero con un lenguaje cuidado y pulcro, Svenious realiza en su exposición una de esas extrañas combinaciones narrativas que tan atractivas se me suelen hacer como lector. Formula un tótum revolútum, retrotrayéndose en muchos casos a épocas muy antiguas (con fuentes, por lo general, desconocidas) para dar validez a sus argumentos. Esto es algo a valorar, aunque en ocasiones estos esfuerzos sólo sirvan para despistar al lector del núcleo de su discurso. Pero todo ello forma parte del atractivo de este escrito, en el que su autor es capaz de mezclar arquitectura, pornografía e Ikea en una misma idea y que el resultado suene hasta coherente. Al fin y al cabo, este ensayo no es sino una crítica extravagante y paranoica a la sociedad contemporánea.

El antiguo componente de grupos como Nation Of Ulysses, Make-Up o Weird Waredica dedica también mucho tiempo a plantear una batalla encarnizada contra ciertas multinacionales que generalmente tienen buena fama, como Google, Ikea o Wikipedia. Pone especiales esfuerzos en desacreditarlas, al exponer que no son más que otra pata del capitalismo más inhumano, aunque con una capa de maquillaje muy bien repartida. Pero donde se muestra especialmente lúcido y cómodo el autor es en los capítulos en los que toca el tema de la música, lo cual no deja de ser lógico. En este terreno tampoco deja títere con cabeza; para él, la industria discográfica busca sofocar cualquier intento de insurrección moldeándolo a su gusto hasta dejarlo con un aspecto tan perfecto como vacío de contenido. Seguro que a más de un grupo indie le pitarán los oídos.

Svenious, en definitiva, carga contra todo lo que aborrece de la cultura popular. Y aunque en muchas de sus aseveraciones es hartamente difícil coincidir (y en otra buena parte es hasta complejo elaborar una opinión, ante lo críptico de su argumentario) uno no puede evitar disfrutar con su manera trabajada e irónica de lanzar dardos cargados de odio a diestro y siniestro. No obstante, el autor también escupe (creo que es la forma más objetiva de definirlo) críticas muy lúcidas, como la que lanza contra la costumbre de dejar propinas a los trabajadores del sector servicios y el servilismo que esta práctica lleva consigo.

Creo, repito, creo, que la intención de Svenious con Te están robando el alma no es que nadie adopte su particular forma de ver el mundo. Parece más una invitación a pensar por uno mismo, a dejar de adoptar el discurso único y plantearse por qué las cosas son como son. Y, tal y como está el patio y a pesar del riesgo de empezar a sospechar de todo lo que nos rodea, bienvenida sea esta iniciativa.

 

 

 

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El apocalipsis de nuestro tiempo, de Vasili Rózanov

El apocalipsis de nuestro tiempo

El apocalipsis de nuestro tiempoEl apocalipsis de nuestro tiempo no es un libro fácil de reseñar, su autor, Vasili Rózanov, es un brillante polemista y el texto es el que puede uno imaginar de alguien que piensa que, efectivamente, su tiempo, su vida, está siendo destruida. El autor da rienda suelta a su contundente verbo, que luce desatado y reparte culpas a diestro y siniestro. Y es cierto que su mundo acababa, el texto está escrito en los inicios de la revolución rusa, a la que el autor era notablemente desafecto y son los protagonistas de la misma junto con el cristianismo los responsables a sus ojos de ese apocalipsis que considera que está viviendo.

Preguntémonoslo otra vez: ¿de qué muerte estamos muriendo? Intentemos de una vez expresar en una sola palabra y hacer converger en un solo punto las razones de nuestra muerte. Morimos por una sola y fundamental razón: haber perdido el respeto por nosotros mismos. De hecho nos estamos suicidando.

Todo el mundo es responsable, desde los escritores por escribir sobre falsos valores al pueblo ruso por su carácter displicente, por dejar que sean judíos y alemanes quienes trabajan y hacen dinero mientras ellos se dejan llevar. Y el nihilismo. Y el socialismo. Y el cristianismo (aunque no la religión). No es fácil seguir a Rózanov en sus diatribas, además de contundentes son vertiginosas y usa tal despliegue de munición (desde Dostoievsky o Nekrasov al antiguo testamento o los evangelios) que ciertamente aturde, además de que su impulsividad le lleva a citar erróneamente en ocasiones. Pero es todo un espectáculo.

Probad a crucificar al sol,
y ahí veréis quien es en verdad Dios

No sé si El apocalipsis de nuestro tiempo debe leerse como un ejercicio intelectual por sus implicaciones históricas y filosóficas, o si por el contrario es más apropiado acercarse a él como ejercicio retórico, bucear en el discurso y dejarse llevar por él. Por sus momentos brillantes, que los hay, o por los abiertamente exagerados o inexactos. Incluso por sus cambios de opinión, como la que le merecen los judíos. Lo único que uno no debe hacer es buscar coincidencias, no se trata de si tiene razón o no, sino certificar de que en cualquiera de los dos casos es brillante. Y eso me hace sentir cierta envidia por épocas pasadas: convulsas y sangrientas, es cierto, pero ya me gustaría a mí reconocerle hoy día esa brillantez en el error, o incluso en el acierto, a muchos de los protagonistas de nuestra vida pública. Sin hacer paralelismos, que lo nuestro no es un apocalipsis.

Nos dimos al culto de una religión de la infelicidad.
¿Por qué asombrarnos, entonces, de que seamos tan infelices?

Quisiera finalizar con un detalle menor, una anécdota, si me lo permiten. En un texto de esta fuerza, de la profundidad que pretende y la gravedad que transmite, resulta ciertamente curioso comprobar cómo al principio de algunos fascículos el autor hace referencia a la subida de las tasas postales lo que le obliga a él a subir el de la suscripción. Porque lo publicó en fascículos y se los enviaba él mismo a los suscriptores. No sé si El apocalipsis de nuestro tiempo es ciertamente la crónica de un apocalipsis o simplemente la de un ocaso, en cualquier caso es el relato triste de un tiempo que termina y de un autor que lo reconoce así, pero se resiste a dejarlo morir en silencio.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Mientras embalo mi biblioteca, de Alberto Manguel

Mientras embalo mi biblioteca

Mientras embalo mi bibliotecaHace unos días formé mi primera biblioteca. Mi primera biblioteca en serio. Porque hasta ahora lo más parecido a una era el suelo de mi habitación. Compré las tablas, las monté y por fin pude darle una habitación sin cuarta pared a mis libros. Mientras colocaba todo lo que tenía desperdigado y sin ningún orden más que el de a medida que los iba leyendo y apilando unos sobre otros, iba fijándome en los títulos, recordando las lecturas; los iba abriendo, releyendo lo que subrayé a lápiz, lo que anoté en ellos, disfrutando de la sensación que me transmitían, como cuando te pones una canción que escuchabas hace años y te trae el recuerdo de lo que sentías en aquel momento. Fue acabar de montar mi biblioteca y encontrarme con este libro, en el que Alberto Manguel cuenta, a través de diez digresiones, el proceso contrario, el adiós paso a paso a una biblioteca propia.

Mientras embalo mi biblioteca, publicado por Alianza en traducción del inglés por Eduardo Hojman y una edición cuidadísima con funda de cartón, es la versión “mangueliana” del famoso ensayo de Walter Benjamin surgido de la experiencia de desembalar su biblioteca. ¿Y es que quién no ha sentido lo mismo que ellos al hacerlo? Si te gustan los libros, si sientes pasión por ellos, si crees que es necesario y obligatorio que ocupen un espacio en tu casa, estoy seguro de que tú también has sentido lo mismo que ellos, y que a ti también se te ha ido la cabeza en otros pensamientos mientras tenías cualquiera de tus libros en las manos. Una cita que subrayaste, un dibujo que hiciste, una nota que dejaste, o incluso un papel firmado por alguien que encuentras dentro, una carta, un tíquet, un billete, un carnet. Cosas que te hacen preguntarte quién puso aquello allí, quién fue el que leyó aquel libro. Porque estás seguro de que puede parecerse mucho a ti, pero que aquel no eres tú.

Lo que hace aquí Alberto Manguel es contarnos adónde le ha llevado a él todo este proceso. Eso sí, claro, creo que los lugares a los que su mente se desplaza son un poco más interesantes que los nuestros, o por lo menos que los míos, o por lo menos será que lo sabe contar muy bien. A través de estas diez digresiones, en las que cada una se divide en dos partes diferenciadas por la tipología de la letra, Manguel nos habla de temas como el oficio de escritor, la necesidad humana y animal de interacción y comunicación, nos habla de Kafka, de Benjamin, de su maestro Borges, de los poetas griegos y romanos, de diccionarios, de bibliotecas, del lenguaje, de los sueños, de Literatura.

Mientras embalo mi biblioteca, que Manguel define como una elegía, es la demostración de cómo alguien puede vivir solo por y para los libros. Con anécdotas de la historia que te obligarán a subrayarlas, experiencias personales, datos curiosos a la vez que admirables, propuestas de mejora y reforma de nuestro sistema educativo, cultural, social, este canadiense argentino consigue que no te sientas raro al preferir en muchas ocasiones un libro que una persona, al pensar durante todo un día en el momento de reencuentro entre tú y el libro, al enamorarte de un personaje, al querer vivir en la historia que cuentan unas páginas, al querer convertirte en libro y perdurar, y no volar como la palabra dicha sino permanecer como la palabra escrita. Verba volant, scripta manent. Un libro más para la colección.

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Los hijos de Atenea, de Nicole Loraux

Los hijos de AteneaCuando le comenté a un amigo que iba a reseñar este libro, me dijo: “tú sabrás dónde te metes”. Y tenía razón, hasta cierto punto. Como otros de los libros que he reseñado aquí, este no es un ensayo para leer justo antes de dormir, cuando estamos agotados y queremos algo que nos relaje y aleje de los problemas del día (algunas lecturas geniales para ese momento aquí, aquí y aquí). No, Los hijos de Atenea, el primer ensayo publicado en los años 80 por la genial Nicole Loraux, es una lectura de mañanas, con luz, con la mente despejada, y todos los sentidos puestos en el libro.

Y a mí leer así me encanta.

Conocí la obra de Loraux a través de otro de sus libros, Las experiencias de Tiresias, también editado por Acantilado. Para que os hagáis una idea, fue un libro que cogí de la biblioteca y a los dos días tuve que devolverlo y comprarlo porque el ejemplar de la universidad estaba en serio peligro de ser anotado y subrayado hasta la muerte. ¿Por qué me gusta tanto Loraux? Porque una de las razones por las que estudié Filología Clásica fue para comprender y poder profundizar en libros como los suyos, que analizan el mito griego desde una perspectiva antropológica y política y nos ayudan a ver mucho más allá de la narración, del cuento. Los libros de Loraux, como también los de Vernant o Detienne, nos acercan al mundo antiguo, a sus relaciones sociales y de poder, sin caer en anacronismos ni prescindir de una parte tan importante de la sociedad antigua como el mito.

Y sí, Los hijos de Atenea hace exactamente eso. Este ensayo que, por cierto, ha sido traducido por la Dra. Montserrat Jufresa, quien fue profesora mía en la Universitat de Barcelona, habla de los mitos de autoctonía y fundación de Atenas y de las contradicciones que presentan y resuelven para la ciudad.

¿A quién no le suena el mito en el que Atenea y Poseidón se disputan el patronazgo de Atenas y acaban casi casi llegando a las manos? Sí, ese en el que la diosa entrega a los atenienses el olivo y Poseidón hace brotar una fuente de agua salada. Si visitáis la Acrópolis, todavía podréis ver el lugar en el que se dice que el dios clavó su tridente para hacer surgir la fuente, y también os hablaran de dónde nació el primer olivo, el regalo de Atenea. En Los hijos de Atenea, Loraux analiza este y otros mitos fundacionales para hablar de cómo funcionaba la ciudad, no en el terreno de las instituciones o de las leyes, sino en uno más profundo, en el del pensamiento y en la manera de entender el mundo de sus habitantes.

Y estos mitos le llevan a hablar de temas muy diversos. Como, por ejemplo, la relación entre los sexos y la exclusión de las mujeres como parte de la ciudadanía en Atenas. Loraux no nos descubre nada nuevo cuando nos cuenta que la ciudadana ateniense no existe, que en Atenas las palabras “ciudadano” y “mujer” son casi una contradicción, pero lo que sí que hace la autora es intentar explicarnos cómo el mito procesa y justifica esa exclusión política femenina, como las historias que cuenta un pueblo hablan de su realidad.

También habla de la contradicción entre las divinidades femeninas y la situación de la mujer en la ciudad. Por ejemplo, gracias a Mary Beard todos tenemos en mente ese fragmento de la Odisea en el que Telémaco, apenas adolescente, hace callar a Penélope, su madre, argumentando que es solo una mujer y no tiene derecho a hablar en público. Esta imagen de mujeres sin voz, más cercana a la realidad, contrasta con divinidades como Atenea, Afrodita o Hera, diosas con una mala uva equivalente a la de sus congéneres masculinos. Loraux, en Los hijos de Atenea, intenta aclararnos esta contradicción.

Habla larga y tendido también de otro mito de autoctonía ateniense, ese que cuenta que la “raza de hombres” (solo hombres) de los atenienses, surgió de la tierra. Pero entonces, se preguntará el lector, ¿de dónde salen las mujeres? Pues para resolver ese pequeño problema, el mito introduce a la “raza de las mujeres”, representada por Pandora, cuya historia también tiene mucha relación con Atenea.

Porque, por supuesto, Loraux habla, y mucho, de Atenea, diosa mujer, pero virgen, sin madre, que rechaza el matrimonio y la maternidad. Diosa que rechaza las funciones de las mujeres en la Atenas antigua, pero que mantiene el orden en la ciudad y protege el matrimonio (de las demás, claro). Diosa mujer, pero de los hombres, que acompaña a los héroes (a Ulises, por nombrar al más representativo), que protege a la polis y al ciudadano. La autora dedica capítulos a analizar esta figura y su contraste con otras, por ejemplo Ártemis, diosa también virgen, pero de las mujeres, que protege en los partos.

De estos temas y de muchos otros habla Loraux en Los hijos de Atenea. Siempre hilvanando su discurso de manera clara y eficiente, sin caer en tópicos (perdonadme en los que haya caído yo en esta reseña) y transmitiendo una pasión por la Grecia antigua y el mito que hace que leerla sea como leer una novela, algo densa, sí, pero absorbente y apasionante.

Recomiendo este libro a todos los que queráis alejaros de los topicazos de la Grecia antigua que se estudian en el instituto (que sí, que sí, por falta de tiempo) y que vemos en algunas novelas y películas (soy fan de 300 pero, por los dioses, cada vez que me cruzo con alguien que cree que Esparta era eso, me entran ganas de mandarle al abismo de una patada en… ya me entendéis). Lo recomiendo también a los que os guste la mitología y queráis verla desde una perspectiva diferente. Y a los que, cuando leéis una tragedia, siempre pensáis, pero, ¿por qué el prota hace eso? Loraux aquí, y en todos sus ensayos, intenta darnos respuesta a estas preguntas, acercar nuestro pensamiento al pensamiento antiguo. Y lo consigue.

Laura Gomara

@lauraromea

 

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Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel

bikinis futbol y rock & roll

bikinis futbol y rock & roll«Los viejos rockeros buscaron otra verdad

se burlaron de la tradición.

Guitarra y vaqueros sembraron libertad

nos dieron la música

como una nueva forma de luchar».

Canción: Los viejos rockeros nunca mueren (1979), de Miguel Ríos.

 

Esta estrofa de Miguel Ríos podría ser el resumen más corto y, a la vez, perfecto de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel. Pero olvidaríamos los bikinis y el fútbol, que también forman parte importante de esta historia.

¿De qué historia? De la nuestra, claro. La de la España de la segunda etapa del franquismo. Quizá muchos no la hayamos vivido, pero la vivieron nuestros padres. Así que sí, es la historia de todos. Porque las transformaciones sociales que se fraguaron en esos años, y lo que se quedó enquistado también, conforman lo que es hoy en día nuestro país.

 

«Todos hablando de hombres ilustres

y de Elvis Presley nadie habla jamás».

Canción: Presumida (1961), de Teen Tops.

 

Adrian Vogel no nos cuenta por enésima vez nuestra historia en versión NO-DO, ni tampoco con el mismo enfoque económico y político de los ensayos y libros de Historia. No, Vogel prefiere hablarnos de esas turistas que se saltaron las reglas de la moral y la decencia bañándose en bikini en la playa, de los quebraderos de cabeza del Régimen cuando la selección de fútbol española tenía que jugar contra la URSS o de los intentos de sabotaje a los Beatles durante su visita a Madrid en 1965.

La crónica de Adrian Vogel se centra en el aspecto popular, en los gustos y aficiones de la gente de a pie que, con sus pequeños gestos, abrieron el camino a grandes cambios. Porque cuestiones como el bikini, el fútbol o el rock & roll, que hoy en día vemos como pasatiempos intrascendentes, supusieron un soplo de aire fresco para la constreñida sociedad franquista. Dejarse llevar por esas modas que llegaban del extranjero fue el acto subversivo de toda una generación. Y es de eso de lo que nos habla Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977): cómo se resquebrajó esa mayoría social que se había identificado tanto con el franquismo que lo había convertido en una forma de vida.

La exposición de datos que realiza Adrian Vogel es profusa: conferencias, exposiciones, festivales, películas, artistas de moda, fichajes estrella de los equipos de fútbol, campeones de liga, entradas y salidas de miembros en las bandas de rock & roll, listas de éxitos musicales desde los años 40 hasta los 80 para ver la evolución de gustos de los españoles… Esto puede provocar dos reacciones en el lector: que esté encantado porque reconozca esos nombres y hechos y le haga recordar algunos que había olvidado; o que se abrume con tantísima información. En mi caso, reconozco que la lectura de algunos capítulos se me ha hecho demasiado densa. Hubiera agradecido menos enumeraciones, datos y cifras, y más narración de acontecimientos y de anécdotas del propio autor, que estuvo presente en varios eventos significativos de la época.

No obstante, es indiscutible el valor de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), tanto por la cantidad de información cultural que aglutina en un solo volumen como por su reivindicación de prestar atención a lo popular para entender el verdadero sentir de una generación y un país.

Porque por mucho que algunos se empeñen en menospreciar la cultura, siempre ha sido y será la herramienta por excelencia de comunicación universal. Esa capaz de traspasar fronteras y unir a pesar de las diferencias. Esa que se instala en la cabeza de la gente corriente y, de pronto, hace que vean la vida desde otro punto de vista.

Es probable que esos que hacen de menos a la cultura teman su poder silencioso, por eso se esfuerzan tanto en que el resto no la tomemos en serio. Así que no les hagamos caso. Leamos Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977) y recordemos la fuerza que tienen los pequeños hombres y sus pequeños gestos para cambiar nuestra sociedad.

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Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen

Cartas de amor de músicos

Cartas de amor de músicosEl enorme talento de músicos de la talla de Mozart, Beethoven, Haydn, Puccini y un largo etcétera, y todo cuanto nos han legado, parece obra de hombres que no pueden ser sino de otro mundo. Casi divinidades. Una suerte de mitos modernos que, desde finales del siglo XVIII y hasta el siglo XX, han dejado su huella en la historia universal de la música a través de unas composiciones geniales. Pero todas estas obras, en realidad, pertenecen a hombres profanos, hombres con miedos, alegrías, inseguridades, caprichos. Hombres terrenales que, tras las puertas de sus dormitorios, se desnudaron en cuerpo y alma hacia un sentimiento, este sí, divino: el amor.

Cartas de amor de músicos, editada por el musicólogo Kurt Pahlen, recoge entre sus páginas la correspondencia que mantuvieron estos músicos con sus amadas, muchas de ellas, inspiradoras de sus enormes creaciones musicales. Un elaboradísimo trabajo de documentación en la que el autor nos transporta a la época de cada uno de los músicos y nos abre esas puertas de sus dormitorios para encontrar al hombre temeroso, enamoradizo o lleno de celos que se esconde tras las notas de los pentagramas. En cada una de las cartas o fragmentos de diarios personales descubrimos la personalidad de cada uno de ellos y el tipo de relación que mantenían con su correspondiente amada. Así, en Mozart se aprecia la ingenuidad y la siempre buena actitud, aun en momentos de enfermedad, que demostraba hacia su querida Konstanze. Entre su correspondencia nunca faltaban palabras llenas de cariño infantil, reflejo de su amabilísima personalidad, con ingenuos juegos léxicos que entre ellos inventaban:

«Pesca por el aire… vuelan 2.999 besitos y medio míos que esperan ser cazados. […] y abrimos y cerramos los morros, cada vez más y más para acabar diciendo: es por Plumpi-Strumpi».

Frente a las críticas siempre escrutadas hacia la joven Konstanze por muchos historiadores, Kurt Pahlen defiende su persona por ser, en gran medida, la causante del buen estado de ánimo de Mozart y aquella que le propició crear sus grandes obras como Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.

En este repaso epistolar por la historia de la música, el autor nos presenta la situación personal de cada músico y de este modo contextualiza tanto el tiempo que viven como la relación mantenida con la amada. Con una amena introducción para ponernos en situación, Kurt Pahlen nos da las claves de cada músico y nos hace conocer su biografía y la época que les tocó vivir. Nos menciona el modo en cómo llegaron a conocerse las felices parejas y nos acompaña, casi a hurtadillas, hacia los rincones íntimos donde el músico escribía bajo la luz de una lámpara. A través de sus escritos podemos apreciar la impronta que dejó en ellos el Romanticismo, de ahí que sus cartas llegaran a poseer un carácter literario muy elevado y exaltado en figuras como la de Carl María von Weber, en las que en sus primeras misivas queda patente su profundo amor juvenil hacia su querida Karoline, mientras que en las últimas se refleja la tragedia y la desesperación del músico por regresar junto a los suyos.

Mención aparte merece la correspondencia de Beethoven. Es, sin duda, el relato del amor más elevado y distinguido entre sus homólogos. De una profunda emoción, sus palabras están llenas de sentimiento. Se desconoce la identidad de la destinataria, aunque Kurt Pahlen intenta esbozar, contrastando datos, fechas y localizaciones, la persona a quien el genial músico de Bonn dedicó las más emotivas palabras de amor recogidas en esta antología. Ella, su amada, recibe la sonora denominación de «amante inmortal», un noble título que no puede más que engrandecerse aún más con el arranque de tan romántica carta: «Mi ángel, mi todo, mi yo…».

Se trata de una carta triple, o tres cartas simultáneas, en las que el músico declara su leal amor por ella y, siendo un hombre tumultuoso de carácter, su creciente temor y desazón que le provoca el sentir que pueda perderla. Una suerte de Goethe se adivina en sus palabras. Tras la lectura de esta carta, uno se pregunta si todavía existe alguien que, llevado por la emoción del amor, escribe así. Me encantaría pensar que la respuesta es un sí rotundo, si no, ¿qué sentido tiene enamorarse?

«Solo puedo vivir o enteramente contigo o por completo sin ti. ¡Ninguna otra poseerá nunca mi corazón, nunca, nunca! ¡Oh, Dios, por qué hay que alejarse de lo que tanto se ama?

Si en Beethoven se refleja el influjo romántico de Goethe, en Héctor Berlioz destaca la figura del primer amor platónico que sintiera Dante hacia Beatrice. En el caso del músico, su pasión le conduce siempre hacia su primer amor, Stella Montis. Otras mujeres pasaron por su vida, pero siempre en sus pensamientos y su corazón late la esencia del regreso a ella. Es en su vejez donde consiguen reencontrarse y a través de la correspondencia mantenida. Otra de los grandes capítulos de este libro es el que recoge las cartas del músico español Enrique Granados, siempre dirigidas a su mujer y madre de sus seis hijos. El tono infantil recuerda a Mozart y en algunas de sus cortas temporadas de separación es donde el músico le escribe con enamoradizo fervor:

«Recibirás la carta el martes y el miércoles en vez de carta tendrás a tu Quique al ladito para decirte cosas ricas».

Cartas de amor de músicos es un romántico repaso por la historia musical de los más grandes compositores que sirve para conocer su psique, sus profundos anhelos y donde, al margen de estar dedicado en exclusiva a las cartas de ellos, también se aprecia el poder y fuerza de algunas mujeres que se convirtieron en reflejo de modernidad ante su época —léanse los capítulos dedicados a las amadas de Chopin o Franz Liszt— y que, en definitiva, el amor hacia ellas inspiraron sus grandes piezas musicales.

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La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo

La puta de Babilonia

La puta de BabiloniaEste es un libro difícil. No malo, difícil. Lo es por el delicado tema que abarca, cuyas hipótesis pueden dañar muchas sensibilidades, y por la abrumadora cantidad de datos ofrecidos. Aunque más que por las hipótesis vertidas, por el tono burlón con el que desmitifica cada uno de los asuntos relacionados con la Iglesia de Roma, La puta de Babilonia.

El autor colombiano Fernando Vallejo escribió, con gran rigor histórico y académico, un elaborado trabajo que desenmascara una fe dogmática que durante más de mil setecientos años ha derramado en su nombre la sangre de hombres y animales de la forma más cruel posible. El título es toda una declaración de intenciones de lo que encontrarás en su interior. De este modo denominaban los albigenses a la Iglesia de Roma según la expresión del Apocalipsis, y le sirve al autor, de viperina y mordaz lengua, para describir con todo tipo de detalles las obscenidades y despropósitos de una falsa fe que ha conseguido aglutinar a millones de fieles en el mundo.

Un inciso para el lector que considere no ahondar en este libro por chocar con sus ideas: el autor no pretende faltar el respeto ni lastimar a nadie por sus creencias, tan solo aporta sus opiniones y críticas hacia la Iglesia, basándose en datos históricos que contrastan con la buena intención que profesan. Todo en clave de humor, un humor no siempre muy bien acogido por su alta dosis satírica.

En una charla sobre los límites del humor, conferenciada por uno de los creadores de la revista Mongolia, se empleó la lectura de este ensayo de Fernando Vallejo para contextualizar el coloquio. Si en algún momento has tenido oportunidad de leer dicha revista, habrás comprobado el humor negro y afilado que le caracteriza y las enemistades que eso le ha granjeado. Si resulta cómico u ofende moralmente es un asunto del todo subjetivo. A mí no me hace gracia, pero comprendo su sentido satírico. En la lectura de este libro, sin embargo, sí he encontrado y entendido el tono burlón de quien lo escribe. Empleando un riquísimo léxico de nuestra lengua española, Vallejo pone a caldo a cada uno de los papas de Roma, a los que tacha de travestis purpuradas y asesinas. No es gratuito. Cita muchos de los episodios de asesinatos y confabulaciones que rodeaban al papa de turno, y que han llenado páginas y páginas negras de libros de Historia. Resulta casi abrumador la cantidad de datos que recoge el autor para comentar con entretenida prosa las conspiraciones y los tejemanejes de los hombres que, hablando en plata, iban a Dios rezando y con el mazo dando. Tampoco perdona su falta de humanidad. Los critica duramente por su nulo valor de oponerse a crueles dictadores asesinos o, en muchos casos, por su relación directa con estos a un lado y a otro del mundo, en diversos momentos del tiempo. Corrupción, favoritismo, engaños, asesinatos, homosexualidad… pocos son los asuntos escabrosos que destapa su autor sobre ellos.

Tampoco deja atrás la falta de rigor en los escritos bíblicos. Argumentando su dudosa credibilidad al haber sido manipulada en el propio interés de quienes la manejaban, manifiesta los garrafales errores geográficos expuestos en los Evangelios así como el baile de fechas que no llegan a dejar muy claro la veracidad de los textos. Como en su crítica hacia los papas, la lluvia de datos estudiados por su autor y su sentido humorístico hacen que tengamos una nueva forma de mirar a esos dos mamotretos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, que bien pueden tomarse como una gran novela de fantasía.

Para Vallejo no solo la Iglesia de Roma es diana de sus dardos envenenados, la musulmana también recibe lo suyo. Entre otras cosas por considerar a su profeta, Mahoma, como un ser que desprecia a los animales (cuya principal causa del autor es su amor y defensa hacia ellos) y no se apiada de la muerte de estos. La descripción que le dedica es la siguiente:

«[…] este asaltante de caravanas que resolvió proclamarse el Mensajero de Alá. Cruel, traidor, taimado, mentiroso, rencoroso, inescrupuloso, lujurioso, torturador, impostor, bellaco, inhumano, sanguinario, deshonesto, innoble, abyecto, asesino, polígamo, pederasta, déspota, puso a rezar a sus secuaces prosternados hacia La Meca cinco veces al día con el culo al aire».

He querido incluir este fragmento para que descubras el poder descriptivo de Vallejo y su peculiar discurso narrativo. Esta inagotable fuente de adjetivos, marca registrada de este escritor, es la clave principal que me enganchó en su lectura. Una perfecta musicalidad y un cuidado trato que dedica a las palabras; que no las deja caer sin más; que todas tienen un ritmo y una estructura en el texto casi medida. El libro arranca con una página y media de apelativos dedicados a la iglesia. Una página y media de gloriosa lectura en la que podrías marcar el ritmo con los nudillos de la mano sobre la mesa según la lees como si de una canción se tratase.

La puta de Babilonia, la católica, la apostólica, la romana, la jesuítica, la domínica, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes con Fernando Vallejo desde su infancia y aquí se las va a cobrar.

 

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¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas, de Doc Pastor

Hasta el infinito y más allá Pixar a través de sus películas

Hasta el infinito y más allá Pixar a través de sus películasFijaos en la portada de este libro. Apuesto a que la mayoría de los que leéis estas líneas reconocéis esas siluetas. Y es que Pixar lleva veintidós años creando personajes memorables que, a través de sus historias, nos hacen ver la vida desde otro punto de vista: el de los juguetes que no quieren que su niño les abandone; el de los monstruos que necesitan de los gritos infantiles para vivir; el de la rata que está harta de comer basura; el del robot solitario que vive en un mundo arrasado por los humanos; el de las emociones que bullen en la cabeza de una niña camino a la adolescencia…

También habrá algunos que no las reconozcan, claro. Seguramente nunca se hayan interesado por una película de Pixar porque piensan que son demasiado mayores para ver dibujitos. Craso error. Pixar es mucho más que cine infantil, es cine para todos los públicos, pero del de verdad. Sus películas están hechas para que tanto mayores como pequeños salgan del cine con una sonrisa, gracias al buen rato que han pasado y a los valores y al buen rollo que la película les ha transmitido. Y es que Pixar tiene mucha miga, como demuestra Doc Pastor en ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas.

En las primeras páginas, Doc Pastor nos cuenta lo que supuso para él ver Toy Story. Con el paso de los años se daría cuenta de que esa película no solo le había deslumbrado a él como espectador, sino que también había revolucionado la industria del cine de animación. La película protagonizada por Woody y sus amigos era la primera hecha íntegramente por ordenador, y su éxito hizo cambiar el chip a Disney, que andaba de capa caída, y abrir camino a nuevos estudios de animación, que contribuyeron a innovar un sector lleno de posibilidades creativas.

A Toy story le siguieron Bichos: una aventura en miniatura, Monstruos, S. A., Buscando a Nemo, Los increíbles, Cars, Ratatouille, Wall-e, Up, Brave, Inside out y El viaje de Arlo; a las que hay que sumar las segundas y terceras partes de algunas. De todas ellas y de las que están por llegar nos habla Doc Pastor en este libro, plagado de ilustraciones y bocetos; de anécdotas sobre el proceso creativo; de los tiras y afloja con Disney; de las acusaciones de plagio a muchas de sus películas, así como los plagios descarados que también se han hecho de estas; de las numerosas referencias que sus historias hacen a clásicos del cine y al propio universo que Pixar ha creado (con cameos de personajes de unas películas en otras); sin olvidarse de mencionar sus cortos, otro de los tesoros del estudio, y la teoría que conecta en un solo hilo argumental todas las películas, que aunque haya sido desmentido oficialmente, no deja de ser curiosa.

En definitiva, ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas es una carta de amor de Doc Pastor al trabajo de este estudio de animación y un regalo para todos los que somos seguidores de Pixar: aquellos que crecimos con sus películas y aquellos que se han unido más tarde a su legión de animadores, de la mano de sus hijos.

Merece la pena leer este libro para disfrutar de nuevo con las películas de Pixar. Volver a verlas para fijarnos en esos detalles que nos habían pasado desapercibidos y en esos guiños que constantemente nos hacen a los espectadores fieles. Dejarnos llevar una vez más por esa sensibilidad tan especial que ha caracterizado a Pixar desde sus comienzos y por la frescura de sus personajes y sus historias. Porque a veces unos dibujitos son el recurso perfecto para redescubrir el mundo en el que vivimos y a nosotros mismos. Y, por supuesto, para azuzar nuestra imaginación. Esa es la magia de Pixar que ha cautivado a millones de personas desde 1995. Esa es la magia de las buenas historias.

 

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El hombre razonable y otros ensayos, de Joaquina Pires-O’Brien

El hombre razonable y otros ensayos

El hombre razonable y otros ensayosMe gustan mucho los libros que permiten descubrir plenamente al autor. Ese tipo de libros que, cuando los lees, tienes la sensación de estar tranquilamente tomando café con el autor, dialogando con él sobre sus ideas. Eso es lo que me ha ocurrido con El hombre razonable y otros ensayos. No solo he disfrutado la lectura, sino que he tenido el placer de poder conocer en profundidad la opinión de la autora sobre ciertos temas. ¿No es maravilloso ese diálogo que puede llegar a establecerse entre autor y lector?

Pero para los que aún no habéis tenido la oportunidad de conocer a la autora, os la presento. Joaquina Pires-O’Brien es brasileña y ha estudiado tanto en Brasil como en Estados Unidos e Inglaterra. Ha publicado reseñas y ensayos en la revista Contemporary Review y desde 2010, publica en PortVitoria, una revista electrónica de actualidad centrada en la cultura ibérica y que ella misma fundó. Podéis echarle un ojo en el siguiente enlace.

El hombre razonable y otros ensayos fue publicado en 2016 en formato eBook en Amazon y más tarde en formato papel. La propia autora nos explica en el prefacio que su primer libro, este libro de ensayos, haya quizá tardado más de lo que debería en acabarse y publicarse. Hace más de veinte años que decidió comenzar a escribir sobre su visión acerca de temas atemporales y actuales con el fin de poder entenderlos, pero no ha sido hasta hace poco que el libro ha visto la luz. Supongo que todo tiene su momento y probablemente éste fuera el idóneo para que este libro viese la luz.

¿Qué vamos a encontrar en  El hombre razonable y otros ensayos? Pues, como os he dicho antes, éste es un libro de ensayos sobre temas que  Joaquina Pires-O’Brien ha decido escoger para profundizar en ellos, con el fin de poder comprenderlos mejor. Planteamiento que me parece más que interesante, pues creo que enfrentarse a un tema sobre el que queremos ahondar a través de la escritura es una de las formas más inteligentes de hacerlo.

El ensayo El hombre razonable, nombre que da título al libro es bastante curioso. Resulta que en la ley inglesa y del País de Gales se utiliza el concepto del “hombre razonable” para una determinada expectativa de comportamiento. Dicho de otro modo, en un crimen de negligencia en dichos países, basta mostrar que las precauciones esperadas de un “hombre razonable” no fueron empleadas. Es una especie de conducta uniforme a tener en cuenta a la hora de aplicar las leyes. Curioso, ¿verdad? Daos cuenta entonces la importancia que adquiere este concepto para el buen funcionamiento del Estado y de la sociedad. Aunque no es una idea nueva, ya aparece desde la Antigüedad en filósofos como Platón, Sócrates o Aristóteles.

Entre los ensayos que podemos leer en este libro, aparecen temas tan dispares como el concepto de pasaporte, la voz del pueblo, el aprendizaje a lo largo de la vida, la utopía, el postmodernismo o preguntas y respuestas sobre el 9/11. Como veis, la autora trata sobre temas de lo más variados, que a simple vista pueden parecer inconexos entre ellos y que, aunque no deja de ser así, la autora consigue hilar con muy buenos resultados.

Además de estos ensayos, aparecen también en el libro algunos capítulos dedicados a personajes tan relevantes como Friedrich Hayek, Canetti, Stefan Zweig, George Orwell, Rousseau y Hobbes.

Lo cierto es que es un libro que he disfrutado bastante leyendo, no sólo porque, como os decía, es una forma muy grata de “conversar” con el  propio autor, sino también porque El hombre razonable y otros ensayos es un libro con el que aprender, descubrir y plantearse muchas preguntas a uno mismo. Todo un reto hoy en día.

Por ponerle una pega, y puesto que es mi profesión, la traducción que han hecho del portugués al español contiene muchos errores bastante visibles. Así que ahí lo dejo, por si quieren corregirlos para la próxima edición.

Ya sabéis, si queréis una lectura con la que aprender y que os haga cuestionaros vuestros propios conceptos e ideas, El hombre razonable y otros ensayos es el libro perfecto para ello.

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¿Cómo nos metimos en este desastre?, de George Monbiot

Cómo nos metimos en este desastre

Cómo nos metimos en este desastreTal vez muchos no se acuerden, pero en un principio el periodismo consistía en decirle a la gente lo que le pasaba a la gente. Sin muchos mayores filtros que el contraste de las informaciones y la selección de los temas que más podrían llegar a interesar al conjunto de la sociedad. Pronto los intereses económicos y políticos comenzaron a complicar el trabajo del profesional de la información, que vio cómo su primera batalla la tenía que vivir en su propio escritorio. «Cada mesa un Vietnam», como le gusta decir a Enric González. Muchos fueron los periodistas que se vieron obligados a modificar su modus operandi, a relajar su inquietud investigadora o, simplemente, a comenzar a trabajar para el que pone los billetes sobre la mesa. Sin embargo, también han quedado unos cuantos periodistas valientes y comprometidos con la verdad. Y George Monbiot, como puede leerse en sus artículos recogidos en el libro ¿Cómo nos metimos en este desastre?, es uno de ellos.

Monbiot es una de esas escasas voces críticas e indignadas que han conseguido sobrevivir a la gran crisis del periodismo global y que se esfuerzan por sacar a la luz las perversidades e injusticias del sistema. No debemos pensar que es un ser extraordinario en ese sentido; en nuestro país contamos también con comunicadores con un perfil similar al suyo, aunque rara vez tienen la visibilidad de este autor. Y es que el británico lleva años denunciando las injusticias desde su columna en el prestigioso periódico The Guardian. Una visibilidad y un poder que le ha llevado (o eso se afirma en este libro) incluso a alterar proyectos de ley con sus artículos.

El estilo de Monbiot es puramente periodístico, en el mejor de los sentidos: claro, conciso y muy directo. Además, es de los autores que sorprende por la precisión de sus sentencias. Prácticamente cada una de las ideas que recoge en sus artículos está acompañada de la fuente de la que procede, ya sea dentro del texto o con una nota a la enorme sección de referencias bibliográficas que cierra el libro.

Lo que sí que diferencia a este autor de otros periodistas críticos es que tiene una opinión propia de prácticamente cada tema, que en no pocos casos dista de lo que cabría esperar de él. Sus ideas tienen denominación de origen Monbiot y, si bien en su gran mayoría podrían ser subscritas por lo que antaño solíamos denominar la izquierda, otras tantas, sin embargo, se salen de los esquemas habituales. Por ejemplo, su defensa de que el pastoreo constituye un peligro medioambiental y económico para Reino Unido, su preferencia por la energía nuclear frente a otras que considera más perjudiciales o su apoyo a limitar el gasto público en subsidios a la agricultura por considerarlos un despilfarro.

Pero si algo sobresale en este compendio de artículos es la especial fijación de Monbiot en el medio ambiente. El uso de combustibles fósiles, la preservación de la fauna, la utilización de los suelos o la sorprendente relación directa entre el uso del plomo y la criminalidad son algunos de los asuntos a los que dedica sus esfuerzos divulgativos. Ello no evita para que haya una gran variedad temática, que escapa en varias ocasiones de lo puramente político y nos acerca aspectos como la obsolescencia programada o el dudoso y lucrativo negocio de las revistas científicas.

¿Cómo nos metimos en este desastre? reafirma una de las ideas que llevo defendiendo bastante tiempo, que es la de que cuando uno quiere enterarse con cierta rapidez de lo que está ocurriendo a su alrededor no debe buscar a los grandes intelectuales, sino a los buenos periodistas, como George Monbiot. Es bien seguro que su respuesta no será tan minuciosa y trabajada como la de los primeros, pero el profesional de la comunicación nos ahorrará la labor de síntesis, de contraste de las informaciones y de poner las mismas dentro del contexto necesario para entenderlas correctamente.

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Tengo, tengo, tengo, de José Antonio Millán

Tengo, tengo, tengo

Tengo, tengo, tengo“Una, dole

tele, catole,

quile, quilete,

estaba la reina

en su gabinete;

vino Gil,

apagó el candil,

candil, candilón,

cuenta las veinte,

que las veinte son.”

 

Seguro que todos habéis oído esta cantinela, ¿verdad? Nuestra lengua está repleta de este tipo de rimas. Las utilizamos para jugar, aconsejar, trabajar, memorizar, hacer rabiar e incluso para sanar. El ritmo es fundamental y este tipo de cancioncillas, refranes y retahílas están presentes en todas las lenguas del mundo.

El objetivo de José Antonio Millán es el de explorar estos aspectos de nuestra lengua. Para ello, el autor realiza un ejercicio de búsqueda desde las rimas más antiguas, hasta las creaciones más recientes y se dirige a los lectores que, como, yo, disfrutamos reflexionando sobre nuestra lengua y aprendiendo cosas nuevas. Es un lujo poder aprender de la mano de José Antonio Millán, todo un referente de divulgación en el ámbito de la lingüística con libros como De dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y qué historias cuentan.

Tengo, tengo, tengo está dividido en diez partes y treinta y seis capítulos. Que dicho así suena a mucho, pero no os asustéis, el libro está perfectamente condensado en sus casi trescientas páginas y en mi opinión ni le falta ni le sobra nada. Cada apartado se centra en un determinado aspecto que el autor desarrolla a lo largo de las páginas de una forma precisa y muy entretenida. En la primera parte, por ejemplo, se explica qué entendemos por ritmo en la lengua, en la segunda se analiza la función de las palabras inventadas que usamos en los juegos infantiles y en otras, como en la sexta, se estudian los procedimientos orales que sirven para acompasar las acciones de los hombres. Aunque sea cierto, como se explica en la nota previa, que cada capítulo del libro podría haber dado lugar a uno o varios libros, el autor ha hecho un gran esfuerzo de síntesis y de relación.

Para los lectores que sientan curiosidad por saber más sobre este tema, pueden encontrar al finalizar el libro una amplia bibliografía y, además, en la siguiente página web  encontramos las fuentes utilizadas y en esta otra página, una Lista de medios con ejemplos ilustrativos de algunos de los fenómenos expuestos en el libro. Como veis, el trabajo que ha realizado José Antonio Millán para Tengo, tengo, tengo es de diez.

Personalmente, disfruto mucho con estos matices y curiosidades de nuestra lengua y soy de ese tipo de personas que le encantan los juegos de palabras y las rimas y conocer y descubrir más sobre sus orígenes y usos. Así que he disfrutado mucho con este libro tan curioso y didáctico en el que las palabras y las rimas son más protagonistas que nunca.

Si a vosotros, lectores, también os fascina la lingüística y os gusta aprender sobre nuestra lengua, estoy convencida de que Tengo, tengo, tengo os va a encantar.

 

 

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Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, de Mark Yarm

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grungeEl pasado 18 de mayo la escena musical de Seattle perdió a una de las voces del rock más portentosas y que ha acompañado a toda una generación desde finales de la década de 1980. Chris Cornell ha sido la última víctima de una época que nos la han pintado gris, mugrienta, y que surgió de los suburbios de esta ciudad. Se suma de este modo a otros amigos y compañeros de aquella época como fueron Andy Wood, de Mother Love Bone, Kurt Cobain, de Nirvana o Layne Staley, de Alice in Chains. Y solo por mencionar a algunos de los más célebres, porque fueron muchos los que cayeron en el camino. A priori parece que la etiqueta de etapa triste y oscura no se la consigue quitar de encima, pero ante todo la escena cultural de Seattle fue una época de una creatividad sonora inusual. Porque Seattle fue mucho más que grupos de amigos que tocaban en sótanos, con actitud punk-rock o metaleros, enganchados a la heroína o la cerveza y cuyas letras denotaban una actitud pesimista y existencial ante la vida. De hecho, sus letras jugaban más con el humor negro. Seattle fue mucho más que camisas de franela y botas Doc Martens. Seattle fue mucho más que la cuna del grunge.

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, del periodista Mark Yarm, es el fruto de entrevistas con todos aquellos que germinaron la escena musical de Seattle, que hicieron que eclosionara y se convirtiera en el movimiento cultural más grande de su época. Desde su origen hasta los días finales del movimiento, aquellos que tan gráficamente ilustran mencionando un cartel de un escaparate de ropa en el que citaba: «REBAJAS DEL 70% EN CAMISAS DE FRANELA», cada uno de los miembros de aquella etapa, músicos, agentes de discográficas, promotores, roadies, periodistas, fotógrafos, narran sus vivencias en la ciudad de Seattle. Un reflejo fidedigno de la creatividad e imaginación de unos jóvenes que apostaron por una cultura novedosa que rompió moldes y arrasó el mundo entero.

Craso error resumir todo el movimiento de Seattle en cuatro bandas de rock multimillonarias y un disparo de escopeta en el 94. Por mi edad, la muerte de Cobain no me supuso en su momento un mazazo como a la gente de mi entorno que eran mayores que yo y seguían su música. La de Cornell, sin embargo, sí. Cuando salió la noticia de que se había ahorcado me surgieron un gran número de preguntas y entre ellas la de no haber llegado a conocer en profundidad sus orígenes, el porqué de ese despertar cultural y el cómo creció toda esa bola desde unas desmadradas fiestas adolescentes en un sótano y llegó a extenderse por todo el mundo. Este libro no es un libro más que cuenta anécdotas de rockeros de Seattle; este libro es la biblia de Seattle.

El título del libro pertenece a un verso de una canción de Mudhoney que cita: «Todo el mundo nos adora / Todo el mundo adora nuestra ciudad / por eso últimamente he pensado / que este es el momento de marchar». En esta letra se percibe el sentimiento de la juventud de esta ciudad. Lo suyo era crear música por el placer de hacerlo, en aquello que se convirtió o que algunos quisieron convertirla, no era su intención. Y es que de entrada ya dejan claro en el libro que, pese a tener como subtítulo Una historia oral del grunge, aquella palabra, grunge, por todas las connotaciones estéticas que tiene, no la quieren ni en pintura.

El modo elegido para narrar la historia desde sus inicios es sin duda la labor más interesante de este libro. Fragmentos de conversaciones con cada uno de los miembros de la época que le contaron al entrevistador sus impresiones acerca de todos los detalles más íntimos que formaron parte del legendario del grunge. Un trabajo duro de documentación muy bien enlazado en la que la lectura se convierte casi en una reunión con colegas contando batallas y recuerdos de su juventud. Todo con un tono irreverente, punk, muy en la línea de sus profundas personalidades.

A Bruce Pavitt, cofundador del sello discográfico Sub Pop que dio a conocer a los primeros grupos que surgieron en Seattle cuando apenas sabían tocar, se le podría aplicar aquella cita del poeta romano Virgilio que decía: «La fortuna sonríe a los audaces». Porque lo suyo fue una apuesta arriesgada en la que se vio al borde de la quiebra en más de una ocasión, pero que ha permitido que a día de hoy el mundo haya conocido a tal cantidad de bandas llenas de talento: Soundgarden, Green River, Mudhoney, Nirvana, TAD… En palabras de Chris Cornell:

«Recuerdo haberme encontrado a Bruce Pavitt a la salida de un concierto allá por 1988 y comentarle que de repente parecía haber una eclosión de talento en Seattle y que Sub Pop estaba lanzando cantidad de discos increíbles. Bruce me pasó un brazo por los hombros, con una curiosa expresión de seguridad en la mirada, y me dijo: Seattle va a conquistar el mundo».

Y, ¿no ha sido así?

Todo el mundo adora nuestra ciudad es un libro esencial para conocer en profundidad la atmósfera de Seattle, que estaba basada en la independencia, en el «hazlo tú mismo» y el afán por cuidar y proteger a toda la comunidad musical. Porque eso fue el grunge, una comunidad de amigos que quisieron hacer lo que más les gustaba y, sin darse cuenta, arrasaron más allá de su ciudad. Tras su lectura, muchos son los grupos que desconocía y ahora no dejo de escuchar; muchas son las anécdotas que me han hecho reírme y asombrarme por igual ante las extrañas situaciones en las que se vieron envueltos; las opiniones de Courtney Love y lo que de ella opinan los demás no tienen desperdicio;  la fragilidad, nobleza y actitud divertida de Andy Woody frente al tono ceñudo de los Soundgarden, la profesionalidad de Pearl Jam frente a las fiestas locas que organizaba Buzz Osborne, cantante de los Melvins, el grupo favorito de Cobain. Aunque nunca llegue a comprender en totalidad por qué Andy Wood, Kurt Cobain, Layne Staley o Chris Cornell terminaron así sus vidas, sí puedo decir que les conozco un poco mejor y me siento más agradecido por cuanto nos han regalado. Sí, definitivamente, adoro esta ciudad.

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