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El infinito en un junco, de Irene Vallejo

El infinito en un junco

El infinito en un juncoNo es la primera vez que vengo a mostrarles lo que un ensayo ha provocado en mí como lectora, y no tanto por lo que haya aprendido, que en este caso ha sido muchísimo, sino porque normalmente en estas reseñas les hablo de literatura y sobre todo de los sentimientos que lo leído han despertado en mí. Pues bien, Irene Vallejo con su libro El infinito en un junco, me ha hecho sentir todo lo que un amante de la lectura y la literatura le puede pedir a un libro.

He compartido con la autora vida y experiencia lectora, he aprendido mucho sobre historia clásica, pero sobre todo me ha hipnotizado la forma en la que me ha adentrado en la historia de los libros, y cómo me ha llevado a Alejandría, recordándome ese insuperable relato de Lawrenze Durrell, El cuarteto de Alejandría, que me ha llevado, a su vez, al recuerdo de aquellos días en que compartía estas lecturas fundamentales con mis queridas amigas Icíar, Esther, Dolores…, esas que tanto han aportado a mi experiencia como lectora.

Como les decía, y como pasa siempre que escucho o leo a Irene Vallejo, he aprendido historia clásica, sí, mucho sobre el gran Alejandro, o sobre Ptolomeo, pero con Irene haces mucho más que leer y aprender, alguien como ella te hace amar la literatura y te lleva a lo fundamental de autores como Borges,  Stefan Zweig o Coetzee, y cierras los ojos para recordar aquellos libros o autores y autoras  a los que menciona, o te esfuerzas para completar esa cita a la que se está refiriendo en un momento determinado. Y todo ello enlazado y trenzado como solo una gran maestra como ella puede hacer, moviéndonos por sus páginas como si tuviese en su manera de unir las palabras una máquina del tiempo.

Irene Vallejo ya me tenía ganada desde hace tiempo, de hecho ya les había hablado de ella en alguna otra ocasión, he leído sus libros y he acudido a alguna de sus conferencias, pero este del que hoy les hablo ha hecho que me emocione profundamente, porque para escribir un libro así, al que ha debido dedicarle muchos años y mucho esfuerzo, y mucha maestría, ha tenido que poner también el alma y el corazón, y sobre todo el profundo amor y respeto que siente por la literatura, porque solo quien se entrega de esta manera a su labor puede hacer que incluso a alguien que crea que no le interese leer un ensayo, si se decide a ponerse manos a la obra con este, desde las primeras páginas se va a sentir irremediablemente atrapado entre sus palabras. Poco importa que seas un gran o mediano lector cuando quien te habla te lo cuenta desde su vocación de ser transmisora de un gran legado.

Dentro de poco voy a ir a escucharla a una conferencia y me gustaría que me firmase mi ejemplar de El infinito en un junco, muchos pensarían que no procede que un libro que ha quedado en estas condiciones tras su lectura pudiese presentarse ante la autora para ser dedicado…

Supongo que en él no podrá poner el tópico de “espero que te guste” o “que disfrutes con él”. Ella podrá ver como ha quedado su libro, ese que hoy ya puedo decir que he hecho mío y que pasará a formar parte de esa zona de mi biblioteca en la que están esos tesoros que sigo releyendo de vez en cuando, o a los que acudo cuando después de leer ciertas cosas necesito reencontrarme con la literatura, es algo así como lo que me pasa cuando releo los versos de Machado y me reencuentro con la poesía española tradicional.

Les podría hacer una reseña de más de cinco mil palabras y no poner ni un fragmento del libro, tal es el cúmulo de emociones que ha despertado en mí esta autora con este libro…, que por cierto no me ha extrañado en absoluto que sea Siruela, la editorial que se ha llevado el gato al agua ¡Qué gran visión siempre para hacerse cargo de la mejor calidad en este tipo de obras!

Nos cuenta la autora que al conocerse el catálogo de Calímaco, que fue el primer atlas completo de los libros conocidos, los griegos se sintieron sobrepasados, nunca una persona sería capaz de leer todos esos rollos (libros) guardados en la Biblioteca de Alejandría… Nunca nadie lo sabría todo. “Cada vez más, el conocimiento de cada uno sería un archipiélago mínimo en el inconmensurable océano de su ignorancia”… Y así ya desde entonces como nos dice Irene Vallejo, los lectores vivimos con la ansiedad de conocer las listas de esos libros que todo ser humano debería leer durante su vida. Aquellos que nos dedicamos a estos menesteres de hablarles de libros y de autores sabemos muy bien que nuestras listas de libros pendientes siempre serán interminables y que con cada aportación que se nos hace sigue y sigue incrementándose…

Hace muy pocos años, Peter Boxall, nos indica Irene Vallejo, publicó una lista de esos imprescindibles que alcanzaba esa cifra tan literaria de mil un libros imprescindibles…, imagino que cuando este escritor y catedrático ingles lea El infinito en el junco seguramente deberá regalarle otra larga noche a Sherezade.

Les dejo otra cita del libro que no olvidarán:

Lean El infinito en un junco, lean sobre la historia de los libros y de las bibliotecas, disfruten de su lectura, saboreen el pasado y el presente, y el amor que desprenden sus páginas por la literatura y por la vida y que todo ello les proporcione toda la felicidad que yo les deseo a todos  ustedes.

 

4 comentarios en “El infinito en un junco, de Irene Vallejo

  1. Susana me has emocionado con tus palabras. Este libro esta claro que debe ser leído. No sé si tendré la oportunidad de que algún día me lo firme. Un abrazo

    1. Seguro que disfrutarás de él, porque habla de libros y de bibliotecas, y bien sabemos que tras ellos está todo, está el mundo entero y el ser humano en todas sus vertientes.. Era imposible no acordarme de tantas personas con las que he compartido muchísimas lecturas… Era imposible no recordarte! Un gran abrazo!

  2. ¡Dios! ¡Ya sabía yo que no debía venir! ¿Qué pasa cuando a alguien algo le produce nostalgia y sin embargo no existiendo impedimento real de peso para recuperar aquellos hábitos que ahora recordándolos le produce nostalgia, no lo hace? pues que es tonta, ¿no? jajajaja. ¡Tengo que ponerme firme!
    Maravillosa reseña, Susana, muy viva, y encima cuentas muchas cosas que me gustan. Todo ese repaso de lo antiguo me recuerda al libro de “Viajes con Heródoto”, ¡maravilloso!, y ¿qué decirte del cuarteto de Alejandría? A mí me quedó un regusto de esos parecidos a un amor no terminado. El caso es que no hace mucho intenté leer el segundo, el de Baltasar, que era el del personaje de la Cábala, un sujeto que ya me intrigó en Justine. Lo dejé y no porque no me estuviera gustando, porque me estaba encantando, pero lo pospuse por algo, y cuando te das cuenta han pasado un par de años.
    Creo que este libro me va a gustar, me gustan este tipo de ensayos, y valoro mucho que la escritora le haya dedicado tanto tiempo, y encima están toooodos esos nombres ….. ¿es que has puesto en la reseña a Coeetzee para martirizarme? Jajajaja.
    En fin, un abrazo, y que sepas que el objetivo de animar a la lectura lo tienes más que alcanzado.

    1. Jajajaj, cómo me divierten siempre tus comentarios!! Y sí a todo incluso a poner a Coeetze para traerte de nuevo al redil lector!! jajajaj
      Si hay algo que me alegra es saber que tú pienses que si mi objetivo es animar a la lectura lo he alcanzado, porque sobre todo con libros como este, un ensayo muy interesante pero también muy accesible, tengo asegurado el beneplácito de quien ha seguido mi recomendación. Un gran abrazo, amiga!

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