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Vinilos, de varios autores

Vinilos

VinilosVinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.

Se trata de un trabajo muy minimalista, en el que los autores —los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout— han tenido muy claro lo que querían ofertar al público. Así, con una simple división en dos apartados, «fotografía» e «ilustración», se exponen ante nosotros un total de 242 portadas —que en muchos casos van acompañados de sus contraportadas, casi por obligación artística— sin que haya un orden aparente. Ni falta que hace.

Hablamos, como digo, de casi doscientas cincuenta portadas, recogidas bajo la atrevida denominación de “las mejores portadas de discos de la historia”. Y aquí se es obligada la pregunta impertinente de todas las listas de este tipo: «¿realmente son las mejores?» No seré yo el que lo afirme o lo desmienta. Por supuesto que me han faltado unas cuantas de mis favoritas en esta recopilación—ejem, Abbey Road, ejem, Is this It?—, pero al mismo tiempo me alegro de no haber visto otras muchas hasta el momento de encontrarlas en las páginas de este libro. Porque yo, que apenas viví la época en la que la primera referencia que uno tenía de un grupo era la portada del disco que se iba a atrever a comprar, he podido experimentar la sensación de sentirme seducido por algunas fotografías e ilustraciones realmente maravillosas, de las que luego he podido descubrir que contenían música de muy diversa calidad (lo siento, Roxy Music, pero soy más de vuestras portadas que de vuestros temas).

Como explicaba al comienzo de la reseña, además del prólogo y de los dos artículos que abren las secciones, los textos son muy escasos en este libro y se limitan a repasar la biografía de algunos de los fotógrafos e ilustradores más importantes de la historia reciente de la música. Y creo que esto es algo que en el fondo hay que celebrar. De todas las épocas y estilos musicales que están recogidos en este trabajo se han hecho fenomenales reportajes y ensayos; Vinilos, en lugar de entrar en esta pugna, deja que sean las propias portadas las que hablen. Y es complicado explicar el placer que se siente al admirar con detenimiento y en buen tamaño y calidad portadas como  la de From the inside, de Alice Cooper o la de Appetite for destruction, de los Guns and Roses.

Por todo ello diría que estamos ante un libro (o no exactamente) que merece la pena disfrutar lentamente, página a página, disco a disco, con paradas imprescindibles en las estaciones de servicio de YouTube o de Spotify para comprobar tranquilamente qué hay detrás de esos envoltorios tan trabajados e impactantes. Vinilos es, por desgracia, un reflejo del pasado de la música, en la que era tan importante trabajar el continente como el contenido. Por eso hay que guardarlo a buen recaudo, porque sus páginas contienen un tesoro al que no debemos renunciar: el de la convivencia del arte estético con el musical.

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La fábrica de canciones, de John Seabrook

La fábrica de canciones

La fábrica de cancionesHay libros con los que casas nada más empiezas a leerlos y este en concreto lo consiguió por la anécdota que cuenta al inicio. Seabrook comienza hablando del choque generacional que todos hemos vivido a la hora de escuchar música. Ya saben, lo normal es que te encante unas canciones que a tus padres les horrorizan y que a tus hijos les aburrirán soberanamente; lo contrario es raro, nos pongamos como nos pongamos. En el caso del autor de este libro es especialmente llamativo, porque para un amante de la música popular clásica, en la que los artistas componían y tocaban en directo sus canciones, la contemporánea, en la que lo habitual es que los cantantes sean productos de marketing tan bien diseñados como distanciados de la música que interpretan, le pilla muy a contrapié. Por ello se esfuerza en descubrir cuándo y cómo cambió la forma de producirla. El resultado de su investigación, bautizado como La fábrica de las canciones, es, en mi opinión, un trabajo soberbio a muchos niveles.

Para empezar porque Seabrook no se deja llevar por lo habitual en este tipo de libros, que es elaborar un ensayo en el que sobresalgan sus opiniones personales. En lugar de ello el redactor del New Yorker se decanta por desarrollar un trabajo periodístico con mayúsculas en el que su biografía y sus convicciones intervienen sólo como pequeños paréntesis dentro del auténtico meollo del trabajo, que es explicar la nueva forma de fabricar éxitos musicales. Así, si bien en su narración deja sumamente claro que no es partidario de un escenario en el que los conocimientos musicales y la destreza con los instrumentos se sustituyen por el trabajo en cadena y el empleo masivo de hooks (ganchos) para dopar al oyente, mantiene una neutralidad más que meritoria al repasar las últimas décadas de una industria tan golpeada por las tecnologías —y por su negativa a adaptarse a ellas—.

Otra de las grandes virtudes que tiene este libro es la gran capacidad que tiene el autor para poner las canciones por escrito. Tanto a la hora de explicar cómo se van introduciendo los diferentes sonidos y recursos como a nivel de léxico es realmente sublime su técnica. De hecho, recomiendo leer primero sus descripciones y escuchar posteriormente las canciones de las que habla para comprobar su calidad narrativa.

En cuanto a la propia narración de la evolución de la música desde que, allá por los años noventa, a un dj sueco conocido como Denniz PoP le diera por convertir la música en un negocio más, aun si, como en mi caso, no se es fan de este tipo de canciones, es inevitable interesarse por lo que cuenta Seabrook. Pese a ser un libro extenso, las píldoras en las que lo divide el autor y su forma de ir introduciendo poco a poco nuevos protagonistas en escena, hacen que se convierta en un texto muy adictivo. De esta manera el periodista americano consigue que el proceso que va desde la aparición de los New Kids on The Block a Rihanna o Kesha sea atrayente y entretenido a partes iguales. La prosa de Seabrook es como una gran canción pop: con ganchos constantes, con un ritmo atractivo y con estribillos atrevidos y bien colocados para que no puedas dejar de leer. Eso no quita que este sea, por encima de todo, un trabajo de investigación y de síntesis muy concienzudo, en el que el autor no tiene problema en retrotraerse a los inicios de la música para contextualizar y explicar su posterior evolución.

La fábrica de las canciones es toda una demostración de que se puede hacer un trabajo serio sobre el presente de la industria musical, incluso cuando el autor no está nada conforme con el camino que esta ha seguido. Y es que, nos guste o no, hoy en día quienes escriben el futuro de este arte son productores como Dr. Luke o Max Martin y artistas como Pitbull o Kate Perry. Y puestos a sufrirlo, mejor que haya escritores que nos sepan explicar bien los porqués.

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Lingo, Guía de Europa para el turista lingüístico, de Gaston Dorren

Lingo

LingoAquellos maravillosos años en que acababas el instituto y tenías que decidir rápidamente qué carrera querías estudiar, a qué profesión te gustaría dedicarte, ¿los recordáis? Había gente tan perdida que no tenía nada claro. Normal, pídele tú a alguien con diecisiete años que piense en su futuro y la mayoría de estos adolescentes se pondrá blancos. Siempre ha habido gente con ciertas inclinaciones: que si ciencias, que si letras, que si a mí lo que me va es el artístico. Y luego está el grupo de muchachos que, a pesar de la edad tan mala para elegir sobre su futuro, tienen muy claro a qué (a grandes rasgos) le gustaría dedicarse.

Yo estaba en el último grupo. Lo mío estaba tirado: era de letras incondicionalmente (demasiado cazurra para los números) y además me encantaban los idiomas, así que tenía más o menos claro que yo quería dedicarme a los idiomas. Sopesando entre la poca oferta de carreras relacionadas con los idiomas, al final me decanté por estudiar Traducción e Interpretación en la Universidad de Granada. Y no me arrepiento para nada (y me salen rimas porque soy poeta).

Durante mis años de instituto siempre estudié inglés y francés. También ofertaban portugués, pero ya no me dejaban coger más idiomas. Durante la carrera, elegí el francés como mi primer idioma, después el portugués y de tercero inglés. Durante los años de carrera estudié, unas pinceladas, de catalán y gallego. Y si por mí fuera, me gustaría aprender muchos idiomas más. El italiano lo tengo muy presente para dedicarle más tiempo en cuanto pueda.

En fin, después de esta súper introducción, para nada personal, creo que ya podéis haceros una idea de por qué elegí Lingo, Guía de Eruopa para el turista lingüístico como lectura. Habiendo dejado claro mi amor por las lenguas, no os sorprenderá que me llame la atención una guía que está llena de datos lingüísticos sobre Europa. Una guía conun montón de datos interesantes sobre un continente en el que se hablan más de sesenta lenguas.

Lo que Gaston nos propone aquí es un viaje por Europa a través de sus lenguas. Algo muy original e interesante.

Gracias a este libro-guía, podemos aprender un montón de datos curiosos como por qué, para los extranjeros, los españoles hablamos como metralletas; o que el islandés es el único idioma europeo que apenas ha evolucionado (tiene mucho que ver con su situación geográfica); o por qué los noruegos necesitan un diccionario noruego-noruego para poder entenderse entre ellos.

Un libro escrito por un holandés lingüista y periodista que además de apasionado por las lenguas es políglota (neerlandés, inglés, español, alemán, francés y limburgués). El autor mantiene además un blog sobre lenguas y curiosidades lingüísticas. Un auténtico freak de los idiomas.

Me han gustado todos los capítulos, porque conservan un ritmo maravilloso que atrapa al lector. De estas veces que te encuentras diciendo “sólo un capítulo más” y acabas enganchando otros siete seguidos. Se nota que Gaston Dorren ama lo que hace y esa pasión se transmite y percibe durante todo el libro.

Además, al final de cada capítulo aparecen curiosidades relacionadas sobre los préstamos lingüísticos de unas a otras lenguas y una palabra de otro idioma que no tiene traducción, como por ejemplo la ya conocida “saudade” portuguesa o algunas más raras como “swjatok”, que en sorbio quiere decir “ese rato amable y gozoso al final del día de la jornada de trabajo” o “merak”, que en serbocroata quiere decir “el placer derivado de actividades sencillas, como pasar el tiempo con los amigos”.

Un libro muy interesante para los amantes de las lenguas y que también recomiendo a los lectores más curiosos.

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Cinco Esquinas, de Mario Vargas Llosa

Cinco Esquinas

Cinco EsquinasAl periodismo, también conocido como el Cuarto Poder, tal vez se lo debería rebautizar. En este mundo híper conectado, el poder de los medios de comunicación es tal que para bien o para mal, con buenas o malas intenciones, tumba gobiernos, desprestigia personas, sube y baja la bolsa de valores y, sobre todo, crea opinión y le da un producto listo para ser consumido y repetido a todos aquellos que toman la decisión de no pensar por propia cuenta. Más que Cuarto Poder, en muchas ocasiones el periodismo es El Poder.

El mismo autor de Cinco Esquinas, Mario Vargas Llosa, debió sufrir la persecución de la versión más pobre del periodismo (que tiene versiones muy dignas), la denominada prensa amarilla o del corazón, en relación con su nueva relación con Isabel Preysler, tras su separación. Y justamente el Premio Nobel de Literatura acabó de escribir su libro mientras la prensa se regocijaba con todas las historias personales relacionadas con su nueva situación sentimental.

Es que, en Cinco Esquinas, la prensa amarilla peruana de los años en los que la Dictadura de Alberto Fujimori gobernaba, juega un papel principal; y no porque Vargas Llosa haya querido crear una novela de color para evitar hablar de la Dictadura, sino todo lo contrario, porque la misma Dictadura fue original al utilizar a la prensa de sociales como arma para atacar, desprestigiar y hundir en los abismos a aquellas personas que no se mostraban afines al Poder impuesto.

Rolando Garro, periodista del semanario Destapes, aparece como uno de los principales personajes y a través de él podremos ver la influencia que genera en la sociedad el desprestigio (real o inventado) hacia diversas personas y cómo la prensa se deja sobornar por el poder en una relación sucia en las que ambos sectores salen beneficiados; uno porque vende más y el otro porque aísla a los adversarios políticos o a aquellos que aparecen como una piedra en el zapato de, en este caso, la Dictadura reinante.

Alberto Fujimori, presidente de Perú en aquél entonces, aparece como uno de los protagonistas secundarios, aunque el que más presencia tiene es el que por aquél entonces era su asesor del Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos Torres, quien insólitamente, era la sombra detrás del poder y el que marcaba hasta los titulares de las exclusivas de “destapes” y quien dirigía y financiaba la edición, además de, por supuesto, marcar a dedo a quién o quienes debía desprestigiar la prensa. Y lo más increíble de todo, es que ocurrió de verdad.

Cinco Esquinas no es una novela compleja, sino todo lo contrario; sus 22 capítulos cortos se leen de forma amena y no requieren del esfuerzo mental que sí requerían sus novelas más famosas; es, hay que decirlo, una novela divertida, fácil y que nos mantendrá divertidos, pero no es ni de lejos una de sus obras maestras. Pero, como siempre ocurre con el escritor peruano, la estructura es sólida y hace que el resultado final sea el de una novela que cumple con su cometido. La historia de la Retaquita, una de las periodistas del semanario “Destapes” y la relación erótica entre dos mujeres (Marisa y Chabela), junto con el abanico de historias que demuestran las diferencias entre las clases sociales y los sufrimientos por los que deben pasar ambos sectores, son alicientes que, junto a la historia principal, hacen de cinco Esquinas una novela interesante.

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Pablo Escobar, In fraganti, de Juan Pablo Escobar

Pablo Escobar In Fraganti

Pablo Escobar In FragantiNo podemos elegir dónde ni como nacemos, ni cuáles serán nuestros familiares, pero es bueno saber que desde el primer momento en que tenemos uso de razón y la suficiente edad para ser independientes, podemos elegir qué hacer con todo aquello que el destino o las casualidades o los ADN hicieron de nosotros. A mí me tocó nacer en una ciudad de clase media baja en el oeste de la capital de Argentina, pero me podría haber tocado llegar al mundo en medio de África o bien al norte del mundo, allá por Noruega; después, mis elecciones (eso es lo que somos, nuestras elecciones) me llevaron al presente, ese que me tiene frente a un ordenador, en Inglaterra, tratando de escribir la reseña del libro de Juan Sebastián Marroquín Santos, más conocido como Juan Pablo Escobar, o aún más conocido como el hijo del que fuera el narcotraficante más buscado del mundo en los 80: Juan Pablo Escobar. Cambiar depende de nosotros, pero a veces la herencia que recibimos es tan grande que vale la pena conocer la historia de ese cambio.

Pablo Escobar, In fraganti es el segundo libro que escribe Juan Sebastián Marroquín; su debut literario fue con Pablo Escobar, mi padre, que vendió más de 150 mil ejemplares y en él se dedica a contar la historia del que fuera el número uno del Cartel de Medellín. En este nuevo libro, en cambio, siente que quedaron muchas historias que contar y agregar a las interminables vivencias de su padre y es así cómo comparte con nosotros , a lo largo de 13 capítulos, diversas anécdotas personales o vividas por otros junto al “Patrón”

Pese a haber contemplado in situ el terror de las narco-mafias, o tal vez justamente por eso mismo, Sebastián Marroquín se convirtió en pacifista y concretó así el diálogo, la reconciliación y el perdón con los hijos de las víctimas de la violencia ejercida por su padre en los años ochenta y noventa. Es por eso que desde que cambió su nombre y se fue a vivir a Argentina, donde la justicia lo absolvió de toda duda y no lo culpó por portación de apellido (“El hijo de”) se dedica a viajar por el mundo dando conferencias en las que aboga por la paz.

En Pablo Escobar, In fraganti, que se subtitula “Lo que mi padre nunca me contó”, Marroquín investiga la historia de su padre y de todo lo que causó en Colombia, más allá de lo que su padre alguna vez le había contado, sino sobre todo intentando descubrir aquello de lo que nunca había sospechado; es por eso que a lo largo de casi 250 páginas, podremos encontrar historias más que interesantes como “El rastro de Barry Seal”, “La ruta del tren” o un relato detallado de las últimas 72 horas de la vida de Pablo Escobar; Marroquín dialoga con una decena de personas que hasta ahora no habían querido dialogar con él y así se va enterando de detalles ocultos y nunca conocidos hasta ahora; unos de los capítulos, llamado “anecdotario” permite presenciar el poder del dinero a través de la historia en la que Sebastián Marroquín recuerda el momento en el que le pidió a su padre que le trajera a Michael Jackson a su fiesta de cumpleaños y “El patrón” consideró hacerlo, aunque también un posterior secuestro del famoso cantante y bailarín. Desopilante y atroz.

También vale destacar, en tiempos en los que las series y novelas sobre la vida de Pablo Escobar pululan, un capítulo dedicado a contar qué hay de verdad y qué de mentira en Narcos, una de las series más vistas del momento sobre la vida del histórico narcotraficante. La edición del libro, prolija, viene acompañada con una serie de fotografías de alto valor documental, que ayudan a “ver” las historias contadas.

Siempre es bueno seguir los ejemplos de los padres, pero hay casos, como este, en el que desobedecer la historia legada es la mejor opción posible, por el bien del mundo y de la paz.

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Woody, la biografía, de David Evanier

Woody, la biografía

Woody, la biografíaNo soy una persona fanática, pero reconozco que tengo mis debilidades. Woody Allen es una de ellas. Creo firmemente que Woody es un genio, alguien con una mente tan brillante y privilegiada que me fascina. No recuerdo cuál fue la primera película suya que vi, pero con dieciséis años ya había visto toda su filmografía (hasta la fecha) y su humor y forma de ver el mundo me han acompañado desde entonces. También tengo que decir que me siento un poco identificada con él, al menos con su hipocondría, sus neuras, fobias y esa forma de enmascararlo todo mediante un humor muy fino y a la vez muy punzante. Soy una joyita, sí.

No sólo me gustan sus películas, también he leído muchos de sus artículos, cuentos y novelas y me fascinan igualmente. No sé cómo lo hará, pero todo lo que Woody Allen hace, lo hace bien. Incluso ser, aparentemente, un completo desastre. Eso se le da de lujo. Pero claro, tras ese personaje público que todos conocemos, se esconde una persona muy polifacética que ha dirigido más de cuarenta y cinco películas, que es actor, escritor, cómico y músico de jazz, que ha sido nominado veinticuatro veces a los Oscar (sin asistir en ninguna ocasión a recoger el galardón) y que ha recibido numerosos premios. Woody es, sin duda, el director de cine estadounidense más prolífico de su época.

Esta biografía es la más personal y actualizada. David Evanier, su autor, no quería simplemente hacer una biografía más sobre el director y lo ha conseguido. En Woody, la biografía, Evanier nos muestra no solo la obra de este genio, sino también su vida, sus miedos, sus pensamientos sobre el sexo, el amor y el judaísmo. Aunque Woody no quisiera participar en su elaboración, sí que contestó a algunos de los mails que el autor le envió durante el proceso de escritura y que aparecen en la biografía. Además, David Evanier pudo reunirse con su ídolo en una ocasión. Y es que se nota el amor y la adoración que el escritor siente por Woody Allen, por eso creo que esta biografía es tan buena, porque es objetiva, pero también está llena de pasión.

Con una infancia atípica, el Woody más pequeño prefería retirarse al sótano de la casa de sus padres, comer solo, ensayar sus trucos de magia y tocar el clarinete. Una buena forma de transformar el dolor en arte. Desde pequeño fue consciente de su talento. Uno de sus amigos comenta que, ya con doce años, tenía mu y claro cuál era su objetivo: la comedia. Escribir comedia, hacer comedia y estar en el mundo de la comedia.

Desde una edad temprana, Woody encontró la forma de ganarse la vida escribiendo guiones cómicos para otros humoristas. Se matriculó en la universidad de Nueva York en la especialidad de cine, pero apenas asistía a las clases y acabaron expulsándole. Probó a hacer un curso de producción audiovisual y volvieron a expulsarle. Lo intentó con un curso de escritura teatral y otro de fotografía pero no fue a ninguna de las clases. Woody detestaba y detesta la educación tradicional. Lo cual me hace pensar en nuestro maravilloso sistema educativo. Una persona como Woody Allen, que es un auténtico genio y que ha conseguido triunfar en la vida, no asistía a las clases y no obtuvo ningunos estudios y ahí está, ¿no? Hay veces que hacemos las cosas muy mal.

Cuando consiguieron convencer a Woody de que tenía que ser él quien representara sus propios monólogos el mundo se le vino un poco encima. Era algo que detestaba, pero consiguió hacerlo y durante una época fue uno de los humoristas más conocidos de Estados Unidos. Después de participar en su primera película y ver el desastre en que resultó, Woody decidió tomar las riendas. Él escribiría y dirigiría sus propias películas, no quería que nadie más pudiese decidir sobre sus películas, y así ha sido hasta hoy. Ese personaje con gafas de pasta, un clásico perdedor judío, lleno de lujuria y con aparente escaso éxito con las mujeres, es una metáfora del propio Woody Allen, de sus propias ansiedades.

Obviamente, no podían faltar en Woody Allen, la biografía sus relaciones con las mujeres y sus varios matrimonios con, entre ellas, Diane Keaton o Mia Farrow. Y por supuesto todo el intolerable proceso judicial en que se haya envuelto desde que Mia Farrow acusara al director de abusos sexuales a la hija que ambos adoptaron tras descubrir que Woody mantenía un romance (que dura hasta hoy) con la hija adoptada de ésta y un antiguo matrimonio. Un lío de narices en el que la señora Farrow no sale muy bien parada y que ha intentado desprestigiar, una y otra vez, a Woody Allen.

Yo he disfrutado muchísimo con este libro, sinceramente. No solo porque me encante Woody Allen, sino porque está maravillosamente escrito. Es objetiva, es íntima, apasionada y verdadera. Un ejemplo de cómo deberían ser todas las biografías.

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La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril

La Grieta

La GrietaLo malo de los muros es que no te dejan ver más allá del ladrillo. No te dejan ver el mar ni los cuerpos que, si hay suerte, no llegarán a tus costas en verano. Se los tragará el agua, como nos los tragamos nosotros, en algún lugar de nuestras cabezas donde no incomoden en exceso. No. Lo que tienen los muros es que no te hacen más libre, ni más seguro. De hecho, te doblegan ante ciertas palabras. El miedo es una de ellas. Hablamos de él con cierta ligereza, con la frivolidad del rico nuevo que le dice al hambriento lo duro que es pasar hambre. Y se lo decimos a ellos, que huyen del terror. Porque de algún modo hemos construido vallas a nuestro alrededor que nos protegen, nos aíslan y nos encierran en nosotros mismos, ensimismados. Después, un día nos despertamos y somos incapaces también de reconocer la existencia del otro y de su dolor.

Pero los muros, por suerte, además tienen grietas. Recodos por donde se filtra algo de luz, aunque también de oscuridad, que nos dejan mirar, como una mirilla, el reverso del mundo que conocemos. Como esta novela gráfica, que es más bien una fusión entre fotolibro o fotoperiodismo y cómic, y que lleva por título, precisamente, La grieta. En ella, el periodista Guillermo Abril y el fotógrafo Carlos Spottorno recogen su experiencia a lo largo de tres años recorriendo las fronteras de Europa. Un viaje que empieza en Melilla en 2014 y termina en Estonia y su frontera con Rusia ya en 2016, dando fruto a una base documental de más de 25.000 fotografías y 15 cuadernos de notas.

La grieta es el resultado de este trabajo, una adaptación de los reportajes que realizaron sus autores por encargo de El País, que nos acerca de primera mano a la cuestión burocrática, las tensiones políticas, las dificultades que rodean a los periodistas en su intento de conseguir información y, su variable más constante, al drama de los refugiados, la mayor crisis humanitaria ya dese la II Guerra Mundial. De fondo, los movimientos migratorios en las Balcanes o las misiones de rescate en el Mediterráneo, por cuya cobertura a bordo de una vieja fragata, Spottorno obtuvo el Premio Word Press Photo en 2015.

Así las cosas, en su afán por llegar a todas partes, La grieta encuentra en el cómic, a partir de sus fotografías sometidas a un tratamiento cromático, el medio idóneo para transmitir su mensaje y llegar a un público más amplio. Bien es cierto que, a tramos, da la impresión de que le falta algo de color, como si pasara demasiado rápido por algunos escenarios. Pero no importa. La intención es la del mejor periodismo comprometido, y su relato es claro y directo. Una interesante reflexión sobre las fisuras del sueño europeo, que nos devuelve su rostro más inhumano y menos empático. Y es que, a través de estas grietas, por las que sus autores nos hacen partícipes de la convulsa situación de Europa y recorren los últimos movimientos que se han producido en el continente, vislumbramos además los grandes rotos y parches que atraviesan nuestros muros. Aquellos que empiezan a resquebrajarse y que, si no tenemos cuidado, terminarán por caerse y aplastarnos.

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La casa del lago, de Thomas Harding

LA CASA DEL LAGONo es normal que yo empiece una reseña hablando del autor, pero en este caso, y teniendo en cuanta que este libro del que les estoy hablando es un ensayo, creo que es lo más justo.

Thomas Harding es un escritor británico nacido en 1968, estudió antropología y ciencias políticas, trabajó en televisión y parece que el mundo del periodismo le atrapó, supongo que por esa curiosidad que hay en él y que es trasversal en todo lo que le rodea. No es de extrañar que sus inquietudes le llevasen a la literatura periodística de investigación.

También les digo ya, adelantándome a lo que luego les pueda contar, o no, que el libro es muy ameno, no sea que lo dicho hasta aquí les pudiera hacer pensar en otra cosa, que es lo que se suele pensar cuando se empieza a hablar de un ensayo, que muchos son duros de leer pero eso es solo por la falta de habilidad del autor, y solo esos, casi de forma exclusiva, pudieran resultar no atrayentes para el lector de ficción. Ya les repito que no es el caso y que está divinamente narrado.

Dicho lo anterior les puedo contar, porque así lo cuenta él en el libro, que es descendiente de judíos alemanes que como ya imaginarán, porque él está en este mundo, sobrevivieron al Holocausto. Mejor dicho, lo vieron venir y tuvieron la posibilidad, no solo económica, que también, sino sociopolítica de poder dejar Alemania y marchar a vivir casi toda la familia a Inglaterra.

Antes de hablarles de La casa del lago, tengo que adelantarles, y otra vez por si no lo hago más tarde, que no deberían dejar de leer, después o antes de éste, otro de sus libros titulado Hanss y Roudolf. El Judío Alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz, que esta misma editorial publicó al inicio de 2014. Un libro que fue galardonado, en Estados Unidos sobre todo, con un gran número de premios. Todos, desde mi punto de vista de humilde lectora, muy merecidos.

La casa del lago, es su historia familiar, la historia de su propia saga familiar, la de la casa de su familia, una casa de recreo o fin de semana y vacaciones en la que llegó a vivir su abuela, de hecho el autor viajó con ella en 1993 hasta la propia casa que un día debió abandonar. Pero la historia de la casa de los Alexander junto al lago, como todos ustedes podrán comprobar, se convierte ante nuestros ojos, casi sin darnos cuenta, en la historia de Europa de una gran parte del Siglo XX.

Los terrenos junto al lago eran de un noble, los Alexander, una familia judía adinerada adquieren una parcela en la que construyen su casa con un camino que lleva hasta el lago, cuando debieron salir de Alemania, se instaló en ella un famoso compositor, que si bien en un principio parece algo escrupuloso con los nazis, termina como todos, mirando hacia donde más le conviene… Y así se sucederán una familia tras otra, hasta que nuestro autor la encuentra años después en un estado deplorable y se interesa por toda la historia que ahora nos cuenta.

Bien documentada, y salpicada de fotografías en las que podemos ver, no solo la casa sino a muchos de sus habitantes, la historia se nos hace cercana y real. No está novelada pero es tan cuidadosa su forma de narrar que casi lo parece.

La casa existe ahora restaurada gracias a la insistencia de esta familia… Como Alemania, también restaurada, ya sin muro, un muro que por cierto pasó muy cerca de la casa. Alemania quiere y debe recordar… Como todos, todos debemos mirar, ver lo que se nos viene, reconocer que los muros no solucionan los problemas del mundo, ni los de un país, ni los de una casa. Lo importante es la gente, las personas, la vida.

Y recordar la historia una y otra vez es imprescindible, dejar legados que nos recuerden que el ser humano debe controlar su espíritu egoísta, y los miedos que “los otros” nos pueden producir… LEER y LEER y VIAJAR y VIAJAR, y todo con los ojos y el corazón bien abiertos.

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La vuelta al mundo en 80 autores, de Xavi Ayén

La vuelta al mundo en 80 autores

La vuelta al mundo en 80 autores«Este libro es un canon de la mejor literatura de nuestro tiempo, a través de la voz de sus creadores». No le falta razón a esta primera frase de la sinopsis. Y es que nos llega de la mano de Xavi Ayén y Libros de Vanguardia (La Vanguardia Ediciones) la posibilidad de citarnos con los mejores escritores de nuestro tiempo en La vuelta al mundo en 80 autores. Ayén, al cual presentan como uno de los periodistas literarios más importantes del país y que muchos conoceremos por su extensa carrera profesional en La Vanguardia, nos trae aquí sus encuentros con la gran mayoría de los nombres que copan nuestras estanterías: Isabel Allende, Paul Auster, Ken Follet, Carlos Fuentes, Michel Houellebecq, Karl Ove Knausgard, Javier Marías, Juan Marsé, Patrick Modiano, Haruki Murakami, Philip Roth, Enrique Vila-Matas o Gao Xingjian. Y así hasta 80.

Organizado por fecha de nacimiento, empezamos con el egipcio Naguib Mahfuz, nacido en 1911, y acabamos com Zadie Smith, nacida en 1975. Entre estos dos nombres, 78 más que le hablarán a Xavi Ayén de sus vidas como escritores, como personas, de sus libros publicados y los que están publicar pero, sobre todo, que le hablarán de la vida vista a través de los ojos del que escribe. Ayén vuelca aquí sus conversaciones mantenidas a lo largo de estos años con tantos y tantos autores e inmortaliza sus confesiones, anécdotas, opiniones y reflexiones acerca de todo lo que envuelve al libro y a su creador. No son conversaciones realizadas expresamente para el libro sino que es un recogida de todas las que ha tenido el periodista con los escritores. Quizás debería mejor usar en este reseña la palabra autores en vez de escritores ya que por ejemplo nos encontramos al director de ópera Daniel Barenboim o al famoso ajedrecista Garry Kasparov, aunque ambos también como artífices de algún que otro libro sobre su campo.

Xavi Ayén nos desplaza en el tiempo – ya que conversamos en vida con autores como García Márquez, Saramago, Matute, Umberto Eco o Doris Lessing – y también en el espacio, viajando con él a lugares incómodos tanto para escritor como para periodista como es la Abeokuta (Nigeria) de Wole Soyinka, El Cairo de Naguib Mahfuz o el Estambul de Orhan Pamuk; y otros no tan incómodos como el Estocolmo de Steig Larsson, la casa de México de Elena Poniatowska o el apartamento en Manhattan de Toni Morrison. Algunas de las conversaciones son entrevistas puras y otras son la experiencia dejada tras una jornada, o varias, con el escritor; algunas ocupan un par de páginas y otras se pueden acercar a la decena; algunas te empapan del autor y otras te dejan el sabor en la boca de ser una simple excusa de promoción. En poco más de 500 páginas recorremos el mundo a través de las voces, algunas comprometidas y otras no, que llenaron o que llenan las hojas en blanco con tinta hipnotizante. Paseamos por la novela, pero también por el ensayo, la crónica, la poesía, el cuento: paseamos por la Literatura.

Siempre he creído que uno de las características mágicas que tienen los libros es la de inmortalizar a sus autores, y estas líneas lo demuestran. ¿Qué diferencia hay entre la conversación con Günter Grass y la mantenida con Vargas Llosa? ¿Quién está vivo y quién no? ¿Qué importa eso? Nada importa en la edad cuando se habla de literatura porque en ella el tiempo no pasa. El tiempo en los libros se para cuando se cierran y vuelve a reanudarse, siempre vigente y en eterno retorno, cuando unos ojos curiosos los vuelven a abrir. Es eso, la curiosidad, lo que hace falta para adentrarse en La vuelta al mundo en 80 autores. ¿La sientes?

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Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá

Los últimos. Voces de la Laponia española

Los últimos. Voces de la Laponia españolaExiste en España una realidad de la que muchos, me atrevo a afirmar, no tenemos constancia. Y yo soy el primero que asume esta falta, que no es otra que el desconocimiento de lo que se ha venido a llamar la Serranía Celtibérica. Esta región no reconocida engloba territorio de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castellón, con una extensión que dobla la de Bélgica, pero poblada por poco menos de medio millón de valientes (habitantes) en el total de 1355 pueblos que la componen. Esto arroja una densidad de población de 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado, dato que comparado con los 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado de Madrid o los 15.000 de Barcelona desvela una dura realidad. Esta Laponia del Sur es el lugar más deshabitado de Europa, solo igualado por la verdadera Laponia nórdica, con la que solo comparte el frío reinante, pues mientras que la región septentrional de Europa lleva años instalada en esas cifras, la despoblación de la Serranía Celtibérica crece a pasos agigantados, con casi la mitad de sus pueblos por debajo de 100 habitantes, y eso siendo generosos y respetuosos con los datos del padrón.

Con esta realidad como aliciente, el periodista Paco Cerdá inicia un viaje de 2.500 kilómetros por estas duras tierras para dar voz a sus habitantes y hablar de ese concepto que ya se empieza a acuñar en su seno, el de la ‘demotanasia’, la muerte lenta y silenciosa del modo de vida rural. Cada uno de los diez capítulos está dedicado a una de las provincias de esta Serranía Celtibérica. En todos ellos encontramos una concatenación de números y estadísticas, un frío baremo que refleja el auténtico drama que se vive año a año. Pueblos abandonados, moradores únicos en villas sin corriente eléctrica ni servicios básicos, colegios cerrados ante la falta de niños… esta es la verdadera cara de gran parte del mundo rural, que lejos de acercarse al tópico medieval del locus amoenus se convierte en un infierno, sin saber claramente en qué momento la pasividad gubernamental y el capitalismo voraz dejaron descolgado a estos territorios que en unas décadas pueden crear un agujero negro y vergonzoso en mitad de nuestro país.

Además de números, en Los últimos encontramos testimonios que reflejan lo que es vivir en estas condiciones. Testimonios tan valiosos como Marcos, ese quijote riojano de El Collado que lucha por el resurgimiento de su pueblo junto a otros tres vecinos, que obtienen la luz eléctrica gracias a placas solares. O la conversación mantenida con Moisés, el prior del monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos, buscando los causantes (de pensamiento, palabra, obra y omisión) de la situación actual. O el neorruralismo que empieza a instalarse en Maderuelo (Segovia), con unos habitantes de los que seguro se sentiría orgulloso el escritor Henry David Thoreau. O la rocambolesca historia que ha llevado el rico patrimonio de un Grande de España a la pequeña localidad soriana de Bretún. Este es un libro lleno de personajes valientes que tienen en “Los últimos de Filipinas” un espejo en el que mirarse, mientras suenan, recordando viejos tiempos, acordes como el célebre Resistiré que tantos años lleva cantando El Dúo Dinámico.

Sin embargo, el poso que dejan lecturas como esta (o como La España vacía que tanto éxito le está dando a Sergio del Molino) es desolador. La Serranía Celtibérica mira hacia el futuro con gallardía, pero sabiendo que el espejo le devuelve una imagen poco halagüeña que lleva escrita, con frío y nieve, una palabra; la Nada.

Y no viene mal terminar recordando los célebres versos de Antonio Machado, que quitando el componente guerracivilesco que guarda, refleja claramente la situación a la que se ha llegado. “Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón“. Por eso se tiene que conseguir que esa otra España, alejada de los focos urbanos, no termine helándose. Ni helándonos. Porque esa otra España habla de nosotros, de nuestro pasado, nuestras tradiciones y nuestra cultura. De nuestro corazón. Y si ella muere, morimos todos.

La puerta con el número 16, junto a la cual había un bastón apoyado, se cierra. Dentro queda Faustino. Afuera, la nada. Aflige saberlo solo en la larga y oscura noche de Tobillos. Y así mañana. Y al otro. Y al otro. Y ahora mismo. Y así hasta el final de Tobillos.

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Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero

Ética de los medios de comunicación

Ética de los medios de comunicaciónOcurrió un incidente curioso mientras estaba leyendo este libro y creo que no está de más comentarlo. Seguro que muchos todavía os acordaréis (si es que para cuando se publique esta reseña el individuo al que voy a nombrar no ha preparado un show aún más bochornoso bochornoso): Juan Torres, catedrático de Economía, acudió al programa televisivo La Sexta Noche para presentar su último libro. Ante las acusaciones y las interrupciones continuadas de Eduardo Inda, periodista y desde hace no mucho tiempo propietario de un diario digital, el economista tuvo que abandonar el plató, ante la sorpresa del presentador, que no entendía por qué no se quería someter a ese juego. Minutos antes Inda había puesto en duda el testimonio del padre de uno de los militares fallecidos en el accidente del Yak-42, había banalizado sobre las responsabilidades de la Guerra Civil y había menospreciado a un compañero de profesión en repetidas ocasiones llamándole Copérnico cada vez que éste le interpelaba por la forma en la que sus reporteros hacían su trabajo. Y todo ello en menos de tres horas. ¿Cómo no va a estar en duda la legitimidad del periodismo cuando se permiten prácticas como estas semana tras semana? Sobre ello precisamente, sobre el papel de los medios, habla Ética de los medios de comunicación, el ensayo de la doctora en Filosofía y periodista chilena María Javiera Aguirre.

Es un libro que me ha hecho regresar mentalmente a mis todavía no muy lejanos años de universidad, ya que la gran mayoría de los pensadores que la autora chilena toma como referencia para construir su texto son muy habituales en las aulas de periodismo. Eso sí, he agradecido poder leer las aportaciones de autores como Castells, Habermas o Tocqueville sin tener que memorizarlas a toda prisa y con litros de café de por medio. Estoy seguro de que por eso he podido no solo comprender mejor sus ideas, sino también interiorizarlas. Y hasta disfrutarlas, por qué no decirlo.

Lo que sí que hay que dejar claro es que esta obra está muy enfocada a personas si no vinculadas, sí al menos enormemente interesadas en la profesión. Es un texto con una fuerte carga teórica, en el que la autora se esfuerza en destacar las diferencias entre las premisas con las que nació la prensa y los intereses que la mueven hoy en día. Romero busca remediar los vicios en los que ésta ha caído aplicando reformas éticas a tres niveles: el periodista individual, la empresa periodística y el sector profesional. Las propuestas de la autora no pueden catalogarse como milagrosas ni excesivamente originales, pero tampoco lo pretenden; de hecho, el valor de este ensayo, en mi opinión, se encuentra en comprobar cómo adoptando una serie de medidas coherentes —como puede ser la aprobación del Estatuto del Periodista Profesional, que tantos años lleva parada y que dotaría de base legal a la profesión— se podría avanzar en la recuperación de un oficio que ha sufrido crisis de todo tipo en los últimos años, pero que sin duda debe priorizar en reconquistar el prestigio perdido ante la opinión pública.

Ética de los medios de comunicación, en definitiva, es un ensayo bien estructurado y que recoge con sencillez y precisión los aspectos más importantes para entender cómo ha llegado el periodismo a la situación en la que se encuentra, cuáles fueron los pilares en los que fundamentó su papel y qué pasos hay que dar para que esta bella profesión pueda recuperar su sitio. Y episodios como el que he narrado al comienzo de este texto me dejan claro que la necesidad de tomar medidas es realmente alta.

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José Saramago, en sus palabras, de Fernando Gómez Aguilera

José Saramago en sus palabras

José Saramago en sus palabrasEl paso del tiempo hace que todo se olvide y ponerse a pensar en que dentro de una o dos generaciones tras nuestra partida pocos se acordarán de nosotros, es entrar en un terreno del cual uno no puede menos que salir angustiado. Para ser recordados por largo tiempo, muchos seres humanos intentan sobresalir en diversas actividades; así, disfrutaremos de por vida la música de Beethoven, los cuadros de Picasso o los goles de Maradona. En todas las formas posibles del arte, los artistas buscan el paso a la eternidad. Saramago, para quienes lo leímos, lo leemos y lo leeremos, es y será inmortal, tal vez no porque haya buscado en vida esa eternidad, sino, sobre todo, por haber vivido y honrado la vida sin pensarla como un camino a transitar para llegar a lo que, dicen, viene después, sino por haberla transcurrido con una responsabilidad terrenal y cotidiana que lo llevó a comprometerse más allá de las cómodas quejas desde el sofá.

José Saramago en sus palabras es una recopilación de centenares de frases, pensamientos y declaraciones en la prensa que el Nobel de Literatura hizo desde la segunda mitad de los años setenta hasta comienzos de 2009. De esta manera, no solo podremos ir recorriendo su pensamiento a lo largo del tiempo, sino sobre todo confirmando algo que los que lo conocemos no necesitamos ratificar: su capacidad crítica, inteligencia, lucidez y libertad a la hora de decir lo que sentía, sin censuras y poniendo siempre el eje en la defensa de los excluidos y la reivindicación de los derechos humanos.

Fernando Gómez Aguilera, poeta, ensayista y filólogo, fue el encargado de recolectar las palabras del genio portugués y es digno de destacar su trabajo, que, a lo largo de más de 500 páginas, nos ofrece un panorama completo acerca de los valores éticos de Saramago. El libro en sí, está estructurado en tres grandes capítulos (Quien se llama Saramago, Por el hecho de ser escritor y El ciudadano que soy) que a su vez se dividen en decenas de temas que abarcan todo el mundo opinable del autor, entre los que podemos destacar los dedicados a Dios, el pesimismo, la muerte, la literatura, la historia, el comunismo, Europa o Sudamérica.

Particularmente, no pude despegarme del libro en el apartado “novela” en el que se recopilan todas las declaraciones de Saramago sobre los diferentes libros que fue publicando y que me permitieron descubrir muchos datos no conocidos sobre el “detrás de escena” de la creación de sus publicaciones. “Lanzarote”, donde cuenta su relación con esa isla española en la que residió hasta el final de sus días, es también muy interesante, porque narran el dolor que le causó tener que dejar su país, pero al mismo tiempo el hecho de, a una edad avanzada, encontrar un lugar en el mundo y volver, de alguna manera, a comenzar.

Disfruté del libro tanto como sus mejores novelas y a medida que iba leyéndolo, reconocía una vez más que la línea entre escritor y ciudadano, en Saramago, no existió nunca, ya que en la vida no ficcionada mantenía los mismos valores y el mismo compromiso con el mundo que, en forma de parábolas, mostraba en sus grandes éxitos literarios.

Recomiendo Saramago en sus palabras a todos aquellos lectores del mundo que, al menos, haya leído cinco o seis de sus novelas, ya que este libro actuará como un excelente complemento para su obra literaria y al mismo tiempo como un buen compendio de su enorme y eterna sabiduría.