
Una de las cosas que siempre me han impresionado más de los libros es la capacidad que estos tienen para revelarte cosas que hasta ese momento creías distintas o incompletas. Solemos llenarnos de conocimientos parciales y pocas veces profundizamos en alguno de estos. Sabemos un poco de todo pero no sabemos mucho de algo. Y un claro ejemplo soy yo. Me encanta la música en español, soy un ferviente seguidor tanto de nuevos grupos como de bandas y cantantes ya consolidados y vivo pegado a mis auriculares. Y hasta hace unos días creía que podía defenderme si alguien me preguntaba sobre la movida madrileña. Hoy, gracias a Esto no es Hawaii, no es que pueda defenderme, es que incluso puedo atacar. Y gracias a un libro, el que cuenta «la historia oculta de la movida», de Efe Eme.
Esto no es Hawaii es como una biblia de la movida madrileña. En este libro, Jesus Ordovás, periodista musical y creador del programa ‘Diario Pop’ de Radio3 (con la sección ‘Esto no es Hawaii’ encabezada por la canción homónima de Loquillo y Los Trogloditas), nos ofrece una mezcla de recuerdos personales mezclados con las entrevistas que él mismo hizo en esos años a todas las bandas que despuntaban. Hablo de despuntaban pero debo decir que si lo hacían era en gran parte gracias a Ordovás. Y es que él era quien descubría a todos estos grupos nuevos y los mostraba al público a través de su programa. Loquillo y Los Trogloditas, Kaka de Luxe (con Alaska, Carlos Berlanga, Nacho Canut, «El Zurdo», Manolo Campoamor y Enrique Sierra), Nacha Pop, Radio Futura, Tequila, El último de la fila, Almodóvar y McNamara o Siniestro Total son algunos de los grupos que pasaban día tras día por un programa recalado al horario nocturno pero que cada vez escuchaban más jóvenes, hasta el punto de llegar a ser uno de los programas radiofónicos favoritos por estos.
Ordovás lo ha vivido todo, desde el inicio de lo que se llamó el «Rrollo» (con Burning a la cabeza), pasando por lo que él mismo etiquetó como la «Movida», hasta el momento de ver a los grupos de la época entrar a tocar en televisión. Pero a lo largo de ese trayecto – que se puede realizar en el libro – no todo ha sido un camino de rosas para el periodista musical. Y es que gracias a esta obra, en la que podemos disfrutar de amplias e inéditas –muchas de ellas – entrevistas a personajes ilustres del momento como Alaska, Almodóvar, Ariel Rot, Carlos Berlanga, Ramoncín, Manolo García o Loquillo – entre otros –, también descubrimos la cara oculta de un negocio con el que muchos vieron la forma de lucrarse sin ningún tipo de miramiento. Ordovás nos cuenta cómo tuvo que sufrir las presiones de los altos directivos de RNE cuando estos querían que dejase ya de promover nuevas bandas y centrarse en lo comercial, y nos ofrece a través de otras voces los entresijos de los contratos discográficos del momento, firmados por bandas de chavales inocentes sin conocimientos empresariales ni legales que lo único que querían era tocar y que poco tiempo después, tras su éxito, vieron que gran parte de lo conseguido pertenecía a su discográfica.
Esto no es Hawaii nos muestra, tal y como el propio nombre indica, que aunque la movida madrileña parezca una época de fiesta sin fin, de orgía musical diaria, un paraíso, también tuvo sus contras, como pueden ser esos malvados contratos, el afán de lucro por parte de empresarios o el poder de atracción de una Muerte disfrazada de droga. Pero a la vez puede verse el libro como un canto a la pasión profesional por parte de un amante de la música que lo único que ha buscado hacer en su vida es dar alimento al género musical en forma de nuevos talentos. Ordovás nos muestra que hay muchos que “triunfaron” profesionalmente en su mundo periodístico mediante falsedades, mentiras y daños. Pero también nos enseña, aunque no lo haya querido hacer conscientemente, que el que de verdad ha triunfado – esta vez sin comillas – es él. Por el amor que todas las bandas y sus componentes demuestran en este libro hacia su labor realizada, por la pasión que transmiten sus palabras, por las vivencias y anécdotas que nadie le podrá quitar. Eso debe de ser el éxito. O, como leí alguna vez, el éxito tiene que ser irse a la cama cada noche y poder dormir tranquilo. Y estoy seguro de que Ordovás lo ha conseguido.

En el año 1996, un trágico suceso conmovió al pueblo belga. Uno de sus vecinos, Marc Dutroux, fue detenido por haber secuestrado, violado y asesinado a varias niñas. Yo tenía once años por aquel entonces y no recuerdo nada de lo que se conoció como el “Asunto Dutroux”. No conocía este caso, pero desafortunadamente, en los años posteriores me ha tocado conocer algunos sucesos similares. Todos atroces, todos horribles y tremendamente duros. Sucesos que no deberían haber ocurrido jamás, sucesos que muestran la cara más feroz del ser humano; esa que no debería existir.


Esta historia termina un 3 de junio de 2016. Se acaba, como ocurren las cosas en la vida real, sin un punto final en un momento concreto, muy poco a poco. Termina y en nuestras televisiones, periódicos y redes sociales retumba un único eco. El nombre de Muhammad Ali resuena en cada rincón. No en vano es considerado como uno de los personajes más influyentes en la historia del siglo XX. Su palmarés así lo evidencia. Tres veces campeón mundial de los pesos pesados y oro olímpico de los pesos semipesados, Ali derrochaba carisma y seguridad en sí mismo. Convertido al islam, fue capaz de liberar a quince estadounidenses prisioneros en Irak y su negativa a participar en la guerra de Vietnam le llevó a sacrificar, como represalia, varios años de su carrera deportiva en su mejor momento como boxeador. Era el hombre en el ring y el niño fuera de él, con un gran sentido del humor y trucos de magia debajo de la manga.
Se titula Historia a pie de calle, pero podría perfectamente haberse titulado Historia viva. Servidor, que ya peina unas cuantas canas, vivió muchas de las historias que conforman este libro, y aquéllas que no, siguen vivas en el recuerdo de mi señora madre. Y allí donde su memoria no llegue, sí lo hará la de muchos de vuestros abuelos. Y ahí para de contar, porque insisto, aquí no hay carlistas ni guerras de Marruecos: esto es historia viva.




No sé si a ti también te ha pasado, pero no es una situación nada agradable. Enciendes el ordenador, te metes en Netflix (o en una de esas alternativas inmorales de las que nunca he oído hablar), repasas durante minutos, tal vez horas, toda la oferta de series televisivas, dudas durante aún más tiempo y al final decides apagar el ordenador y ponerte a ver Telecinco. Estás seguro de que lo que están echando en ese momento es peor que un canal que emita Ana y los siete ininterrumpidamente (perdón por la idea), pero al menos no te obliga a decidir entre los centenares de interesantes opciones que tenemos en la llamada Edad de Oro de las series.


Hay un pasaje en 




