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Las mil caras de Anonymous, de Gabriella Coleman

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Vivimos en una época en la que absolutamente todo está conectado. Parece un tópico, pero es la cruda realidad. Vivimos una época en la que estamos absolutamente interconectados hasta el punto de que un agricultor extremeño, con su móvil, tiene el mismo acceso a la información sobre plagas que atacan los cultivos que un estudiante de doctorado del MIT. Internet nos brinda esta oportunidad pero no debemos olvidarnos de que cada vez que accedemos a la red, una parte de nosotros queda al descubierto y no es menos verdad que dichas posibilidades de acceso son tan grandes como frágil es la seguridad de dicha comunicación. Volando raso sobre la delgada frontera que separa lo que debe o no debe saberse por los servicios de información de un país o por las grandes corporaciones está una organización que ha copado el protagonismo digital de nuestros días: Anonymous.
Anonymous es, por derecho propio, el fenómeno más importante del activismo digital de la última década. Google encuentra 430 millones de entradas sobre el movimiento. Ciberactivismo, hacktivismo y un montón de términos más para definir un movimiento que se centra en denunciar actividades que abarcan temas como la corrupción política, corridas de toros, el sistema financiero o la libertad en internet.
En este libro descubrimos que Anonymous no es un único individuo, ni una sociedad sujeta a las órdenes de un líder, sino que en cada país existen diferentes facciones del movimiento. Anonymous es la más pura anarquía protegida por la propia masa de la que emanan. Antonio Ramos, profesor de hacking y seguridad informática, contaba en una entrevista que Anonymous no es más que
“la respuesta a algo que las democracias no han sabido manejar. Es la protesta de toda la vida pero llevada al mundo digital”.
Digamos que mil personas gritando en la plaza del pueblo no son una amenaza para mi empresa pero si atacan mis sistemas informáticos provocando pérdidas millonarias debo, cuando menos, replantearme lo que estoy haciendo.
Gabriella Coleman, antropóloga canadiense autora de Las mil caras de Anonymous, fue capaz de verse con uno de los líderes de la organización (denominado Sabu y considerado “el gran traidor” por negociar con el FBI para reducir su condena), no sin antes concretar la cita mediante una cabina pública, como si de una película de espías se tratase.
“Me cayó mejor al verle en persona, porque online era un cabrón arrogante”
declaró Coleman en una entrevista. La antropóloga canadiense ha conseguido erigirse, tras la publicación de este libro, en una de las mayores especialistas del mundo del fenómeno Anonymous.
La autora nos cuenta cómo las acciones del grupo cambiaron la broma pesada por una lucha por la transparencia, la libertad de expresión y los derechos humanos. Además sus objetivos no paran de cambiar y son completamente impredecibles: hace poco, el grupo detrás de la máscara de Guy Fawkes le declaraba la guerra, ni más ni menos, que al Estado Islámico. Atrás quedaron sus inicios como plataforma que se dedicaba a “trollear” a la Iglesia de la Cienciología para recibir su bautismo político con el caso WikiLeaks en 2010. Su papel en la primavera árabe y su apoyo a los movimientos de indignados de todo el mundo han terminado de hacer de Anonymous una organización a tener muy en cuenta por todos los cuerpos de ciber-seguridad.
Las mil caras de Anonymous está estructurado de una manera que hace muy fácil su comprensión. Mezcla datos de política internacional, términos técnicos utilizados por hackers y conversaciones espontáneas mantenidas en incontables horas de chats que juntos entretejen una narración coherente para entender, desde su inicio, qué hace Anonymous y sobre todo, por qué lo hace. Es cierto que el libro ha recibido muchísimas alabanzas por su profundidad pero también ha recibido críticas por ser demasiado condescendiente con el colectivo.
Como lector, es muy difícil abstraerse y no empatizar con Anonymous y sus acciones de alguna manera.  No obstante, una lectura pausada nos hará darnos cuenta de que contamos con un cantidad de datos tan ingente que podemos llegar a diferentes conclusiones cada vez que releamos el texto. Lo que es obvio, sin embargo, es que hay cosas que no funcionan en el mundo y hay que hacer algo al respecto. Gabriella Coleman nos ha ofrecido un viaje por las entrañas de la organización narrado en primera persona. Un derroche de valentía para escribir el que ya ha sido denominado como el mejor libro sobre Anonymous. Un libro que cambia la perspectiva del lector. Un libro que te hace pensar. Un libro tras el que no volverás a ver las noticias de la misma manera en que lo hacías antes. Un libro que hay que leer.
@gorka_rojo
gorkarojo@gmail.com
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