Publicado el

Todos estaban vivos, de Javier Bozalongo

todos estaban vivoa

todos estaban vivoaMmmm… microrrelatos. Me encantan. Me gustan mucho. Y sé de lo que hablo pues de vez en cuando escribo algunos. Puede parecer fácil. Seguramente muchos pensaréis que, “bah, sólo son cuatro líneas, eso lo hace cualquiera”. ¡Y una mierda! ¡Doble, además!, digo yo. En algún sitio leí, y recorte lo siguiente acerca de esta ya no tan nueva forma de literatura:

“El microrrelato es un reto: obliga a romper moldes. Si no, más vale ni acercarse. Se necesita un lector más atento, más formado que el que accede normalmente a una novela o un libro de cuentos: hay que estar dispuesto a cazar dobles juegos y un sinfín de figuras retóricas que son las que usa el autor y que explican que el género sea genial para enseñar a escribir”.

Aclarada la dificultad de su ejecución, empecemos.

No sabía que Todos estaban vivos era un libro de microrrelatos y me llevé una grata sorpresa al comenzar a leerlo. Hay algunos más largos que otros (en concreto siete de ellos tienen una extensión que supera la del micro, a pesar de que la definición del micro no especifica una duración determinada, aunque uno lo sabe, ¿verdad?, aunque sea a ojo) pero todos cumplen el entrecomillado anterior (aunque para ser sincero, lo cierto es que esperaba algo más de intríngulis o de misterio en líneas generales).

Pero además, uno de los ingredientes necesarios para hacer un buen micro es el de sorprender con un giro final. Aprovechando las elipsis, los dobles juegos y la confusión provocada en el lector, el autor debe buscar producir un efecto inesperado que le dé la vuelta a lo que ha estado leyendo y entendiendo hasta ese momento, y que lo aclare o lo perturbe aún más. A veces será incluso necesaria una segunda lectura, como si estuviéramos ante una de las pelis de Shyamalan, el director de El sexto sentido, para reinterpretar lo leído.

En Todos estaban vivos, tenemos unos textos cargados de humor negro e ironía, con el telón de fondo de la muerte en todos ellos.

Muertes ridículas, muertes buscadas, por accidente, por catástrofes naturales, ejecutadas con antelación, durmiendo, con elementos sobrenaturales, en guerras, por encargo… Toda clase de muertes que nos demuestran que en un segundo la vida puede cambiar para siempre.

Leer este libro ha sido un placer tanto por su contenido como por su fondo. Este es el primer libro de relatos de Bozalongo, quien hasta ahora había publicado varios poemarios y además, dirige la colección de poesía de Valaparaíso Ediciones. Por eso la forma está tan bien tratada. Te deslizas entre las palabras que Bozalongo escoge, navegas por ellas como un pequeño barco se deja llevar por una suave corriente hacia el brusco mar, hacia el final que te ha preparado este poeta, hacia las cargas de dinamita, como dice Santiago Espinosa en el prólogo.

También dice que las escenas de la vida, a diferencia de las películas, siempre terminan mal, y es una gran verdad. Estos relatos contienen la sabiduría de la vida sin adornos ni efectos especiales. Es la vida tal cual, con sus alegrías sin edulcorantes y sus tristezas sin exageraciones.

Me han gustado mucho la mayoría, con su multitud de temáticas a cual más variada, pero quiero destacar el del cajero y el de Elvis, que no son precisamente micros, pero que te enganchan mucho.

Todos estaban vivos en un buen libro, entretenido, ameno y corto con el que poder desconectar de lecturas más pesadas, de una editorial, Esdrújula, cuyo catálogo merece la pena no perder de vista.

Un divertimento recomendable.

[product sku= 9788416485826 ]
Publicado el

Yo soy más de series, de varios autores

Yo soy más de series

Yo soy más de seriesNo sé si a ti también te ha pasado, pero no es una situación nada agradable. Enciendes el ordenador, te metes en Netflix (o en una de esas alternativas inmorales de las que nunca he oído hablar), repasas durante minutos, tal vez horas, toda la oferta de series televisivas, dudas durante aún más tiempo y al final decides apagar el ordenador y ponerte a ver Telecinco. Estás seguro de que lo que están echando en ese momento es peor que un canal que emita Ana y los siete ininterrumpidamente (perdón por la idea), pero al menos no te obliga a decidir entre los centenares de interesantes opciones que tenemos en la llamada Edad de Oro de las series.

Yo soy más de series viene a ocupar el lugar de ese amigo que todos tenemos y que ha visto el último capítulo de todo lo que se ha emitido en televisión desde Verano azul. El libro de Esdrújula Ediciones nos ofrece una selección de 60 series escogidas y analizadas por sendas personas, bajo la coordinación de Fernando Ángel Moreno y Víctor Miguel Gallardo Barragán. Es una selección puramente personal, lo que tiene su parte mala y su parte buena. La mala, es que se echan (mucho) en falta algunas emisiones míticas, como Los Simpson, Black Mirror o Cómo conocí a vuestra madre. Me hubiese encantado leer una reflexión profunda sobre la personalidad de Barney Stinson o acerca de la estupidez supina de Homer Simpson, no voy a negarlo. La parte buena es doble, eso sí: por un lado, se percibe en cada artículo que las series reseñadas de verdad apasionan a los autores. En segundo lugar, el libre albedrío a la hora de escoger me ha permitido descubrir unas cuantas series de las que no tenía ni idea de su existencia, así como apuntarme para ver en el futuro alguna otra con la que seguramente no me hubiera atrevido nunca de no ser por los textos.

Los autores son tan heterogéneos como sus elecciones, y eso se refleja en sus aportaciones a este libro. Nos encontramos así con valoraciones de periodistas, profesores, escritores, investigadores, políticos, poetas o actrices. Por ello, no es de extrañar que sus artículos sobre las series sean de lo más variopinto; los hay breves y extensos, descriptivos y opinativos, sencillos y académicos, divertidos y tediosos…La nota general es la originalidad, que hace que ninguno de los 60 artículos siga la misma estructura. Por poner un par de ejemplos para abrir boca, podremos encontrarnos una descacharrante y surrealista valoración en cómic de la magnífica Utopía o una opinión sobre The Big Bang Theory en la que se cita, entre otros, a la música grunge, a las Olimpiadas de Barcelona o a Nelson Mandela.

Y la pregunta que más de uno se estará haciendo: ¿Hay spoilers? Pues sí, la mayoría inofensivos y necesarios para contextualizar, pero debo confesar que alguno que otro me ha fastidiado un poco, sobre todo los que afectaban a series que todavía no he visto pero que tengo intención de disfrutar. Así que, ávido lector seriéfilo, te hago una recomendación si decides adquirir este libro: lee primero las reseñas de las series que ya hayas visto y deja en standby las que afectan a las que vayas a ver pronto. Y es que, como todo buen consumidor masivo de series sabe, todo se perdona en esta vida excepto un spoiler.

Yo soy más de series tiene dos aportes fundamentales, en mi opinión: reflexión y consejo. Reflexión porque permite que profundicemos y, en varios casos, redescubramos desde una perspectiva distinta algunas de las historias que nos han acompañado durante años (o que todavía lo hacen). Y consejo porque, ante las innumerables opciones que pone cada día ante nosotros Netflix (y esas alternativas de las que, de verdad, jamás he oído hablar), nunca viene mal que alguien nos separe el grano de la paja.

[product sku= 9788416485246 ]
Publicado el

La cruz blasfema, de José María Cuadro

La cruz blasfema

La cruz blasfemaEl fin justifica los medios, o eso dicen. Pero a mí me cuesta creer que con medios mezquinos se alcancen fines nobles. La Historia está plagada de ejemplos que lo demuestran, y uno de ellos es lo acontecido durante la invasión napoleónica de España en 1808, donde unos y otros decían luchar por la libertad, aunque escondieran objetivos muy diferentes.

La cruz blasfema cuenta cómo las tropas napoleónicas entraron en Madrid cuando Fernando VII apenas llevaba dos semanas de rey, tras la forzosa abdicación de su padre, Carlos IV. Pensaba el monarca que los franceses le ayudarían a consolidar su posición, pero los madrileños pronto notaron que aquel ejército se comportaba más como enemigo que como aliado. La falta de abastecimiento y los altercados iban caldeando el ambiente y, mientras tanto, el clero y sobre todo la Santa Inquisición se temían que la ilustración y el laicismo francés trajeran la miseria moral al respetable pueblo español. ¿Iban a consentir semejante decadencia? Por supuesto que no. Se servirían de sus púlpitos y homilías para concienciar a los madrileños de la necesidad de combatir a los franceses; el derramamiento de la sangre extranjera sería un acto de redención a los ojos de Dios. Mientras tanto, ellos se encargarían de recuperar el patrimonio que las tropas francesas estaban saqueando en los palacios reales para sufragar los gastos de su ansia invasora, porque, ya se sabe, quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, y dónde van estar mejor las riquezas que en manos de los fieles siervos del Altísimo.

Con una excelente ambientación del Madrid de principios del siglo XIX, José María Cuadro se sirve de datos históricos para construir esta ficción donde Beltrán, el alguacil mayor de la Casa y Corte que vive amancebado con una antigua prostituta, el mosén Antón y doña Virtudes, Grande de España, tendrán que descubrir a los culpables de varias desapariciones y asesinatos y poner a salvo unos documentos que comprometen a la Corona de los Borbones, guardados en un cofre cuya clave se esconde en la Mesa de los pecados capitales del enigmático pintor El Bosco, a medida que el hastío ciudadano va desembocando en rebelión. Aunque los personajes son fruto de la inventiva del autor, se tornan reales ante nuestros ojos y nos convencemos de que unos no muy diferentes a ellos lo vivieron en realidad y que las cosas sucedieron de forma muy parecida a cómo nos la cuenta José María Cuadro. Todos estos elementos hacen de La cruz blasfema una adictiva novela, escrita con una prosa muy cuidada y con unos toques de ironía que me trajeron a la memoria a Juan Eslava Galán.

Uno de los mayores encantos de La cruz blasfema es que está plagada de detalles sobre el Madrid de aquella época (la mención de calles ya desaparecidas, y tremendamente curiosas, como Salsipuedes, Enhoramalavayas o Aunqueospese, el hablar de su gente o los hábitos gastronómicos con incipientes influencias francesas) que, además de dotar de realismo a toda la historia, consiguen trasladarnos a ese momento histórico. Pero la acción no solo se desarrolla en Madrid, ya que los protagonistas deberán trasladarse a Valencia, ciudad que vivió un episodio decisivo en la invasión francesa y que es el escenario protagonista en el tramo final de la novela.

La cruz blasfema es una novela histórica, policíaca y costumbrista que nos hace ver que resulta tan cuestionable enarbolar la bandera de Dios, Patria o Rey como otras más terrenales y personales, si el camino para defenderlas es someter a todo un pueblo, sea propio o extranjero.

[product sku= 9788416485635 ]