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En busca de Muhammad Ali, de Davis Miller

En busca de Muhammad Ali

En busca de Muhammad AliEsta historia termina un 3 de junio de 2016. Se acaba, como ocurren las cosas en la vida real, sin un punto final en un momento concreto, muy poco a poco. Termina y en nuestras televisiones, periódicos y redes sociales retumba un único eco. El nombre de Muhammad Ali resuena en cada rincón. No en vano es considerado como uno de los personajes más influyentes en la historia del siglo XX. Su palmarés así lo evidencia. Tres veces campeón mundial de los pesos pesados y oro olímpico de los pesos semipesados, Ali derrochaba carisma y seguridad en sí mismo. Convertido al islam, fue capaz de liberar a quince estadounidenses prisioneros en Irak y su negativa a participar en la guerra de Vietnam le llevó a sacrificar, como represalia, varios años de su carrera deportiva en su mejor momento como boxeador. Era el hombre en el ring y el niño fuera de él, con un gran sentido del humor y trucos de magia debajo de la manga.

Pero además era otras muchas cosas y por eso su historia no acaba precisamente aquí ni en ninguna otra parte sino que se extiende a lo largo de muchas otras páginas. “He vivido la vida de cien hombres” cuenta el crítico deportivo, Davis Miller, en En busca de Muhammad Ali que el campeón le comentó alguna vez. De hecho, cuando, en marzo de 1988, el periodista le conoce por segunda vez, el boxeador es ya un enfermo de párkinson retirado, al que no le gusta conceder entrevistas, que vive a ratos en una caravana y que siempre trata de complacer a todos sus fans.

Este es el Ali, al menos, del que nos habla Miller en su novela, también el que personalmente más me interesa. Un hombre extremadamente generoso, cercano y familiar, consciente de la influencia que ejerce en los demás y volcado en los otros. En busca de Muhammad Ali, traducido al español por Miguel Ros González, habla, además, de los últimos años del deportista, el ocaso de una leyenda que vivió con absoluta dignidad el declive de su salud, aquejado por su enfermedad durante la mitad de su vida. Ali golpeó tan fuerte como los golpes que recibió a lo largo de su existencia. Bien es cierto que no noqueó todos los obstáculos, escribe Miller. “Solo los suficientes para que lo recordemos por haberlo hecho”.

De un modo íntimo y privado, el escritor se acerca a través de su prosa y de sus encuentros a lo largo de estos años a la figura del ídolo de su infancia, aquel que, en sus propias palabras, le salvó la vida. Una historia de superación, la del propio autor, pero también, de ahí ese subtítulo que cuelga en la portada, de amistad. Así, el periodista bosqueja la imagen de un Ali que le abrió las puertas de su hogar cuando apenas se trataba este de un desconocido para él. A partir de ese momento, la trayectoria de estos encuentros, que suceden de forma paralela a la vida del escritor, va forjando una relación que, posiblemente, signifique mucho más para el propio Miller que para el boxeador.

Producto de aquellos ocasionales momentos, obtenemos este retrato íntimo, esta perspectiva distinta que, aunque recuerda algunas de las proezas de Ali y de su vida, de sus grandes logros o conquistas, como aquella que contó Norman Mailer en El combate, se centra además en el paso del tiempo, en el lado más humano de uno de los iconos más celebres de la historia contemporánea y en cómo el más grande del boxeo influyó a su vez en su propia vida. La sensación que queda entonces es que nosotros también hemos tenido el placer de compartir, en la intimidad de su casa o de sus paseos, uno de esos momentos cercanos con el campeón. Y si esta era la intención de Davis Miller, tal y como nos confiesa en su prólogo, su objetivo está más que cumplido.

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Un comentario en “En busca de Muhammad Ali, de Davis Miller

  1. Habrá que leerlo. El Pulitzer David Remnick escribió una excelente biografia de Ali; ahora Miller parece que nos muestra la versión más familiar y entrañable de este fenómeno.

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