
Hablar de Gil de Biedma, es hablar de la búsqueda de la perfección del poema; para quienes amamos la Literatura, y en especial la Poesía, esa búsqueda se puede convertir en una auténtica obsesión, como de hecho lo fue para nuestro poeta durante toda su vida, pero de forma muy especial entre los años 1956 a 1965.
Después de leído, o en algunos casos releído, algunos de los textos que nos ofrece El pie de la letra, no me extraña que habiendo conocido yo tan solo su poesía, a través de ella haya podido conectar con este hombre que tanto trabajó por explicar y comprender la función de la poesía y la función de la crítica, y desde luego no es de extrañar que fuese ese el tema y título seleccionado para abrir este volumen que contiene sus ensayos completos.
Hablar de Gil de Biedma es hablar de poesía, es hablar de la transición a la poesía moderna, pues nos encontramos ante uno de los grandes poetas del siglo XX. Pero además era un gran crítico literario que afrontaba con valentía y sobre todo con una gran profesionalidad y pericia en el hacer literario, el arte de la crítica, que es, a mi modo de ver, otro estilo literario que va más allá del ensayo.
La primera edición de El pie de la letra es del año 1980 (Crítica), y fue el propio poeta quien diseñó la estructura y orden de los escritos. De tal forma que va haciendo un recorrido desde sus años de aprendizaje, aquellos en los que le era fundamental buscar la estética con la que deseaba envolver su propia obra, fundamentalmente la poética, hasta llegar al final del recorrido en el que la poesía va dejando poco a poco un mayor lugar a la crítica literaria.
Lumen nos trae ahora una nueva, y muchos dicen que definitiva edición, que rediseña y prologa ampliamente Andreu Jaume, que añade a los ya incorporados textos en una edición que se hizo en 1994, otros que aparecieron posteriormente y que son absolutamente inéditos. Con todo ello parece que la obra ensayística de Gil de Biedma, podría quedar completamente cerrada.
Es una auténtica gozada poder estudiar junto a Biedma a autores como Byron, T.S. Eliot, o Jorge Guillén y Luis Cernuda, y es que a través de esas lecturas podemos ir analizando sus propias fuentes, aquellas que marcaron definitivamente la literatura de Biedma, que derivó hacia la modernidad, hacía esa poesía de la experiencia que tanto me gusta y que tan bien continuó el granadino García Montero. Una poesía que sin duda ha transformado y ha hecho avanzar esta exclusiva forma literaria.
Pero en esta obra podemos ir más allá, porque a través de su prosa podemos adentrarnos de forma directa mucho más en sus fuentes más allá de la poesía, pues son muchas y muy importantes las reflexiones que encontraremos como lector, más allá de buscar en sus escritos al escritor y poeta, podemos hallar al lector reflexivo y avanzar con el por esos escritos y obras. No podemos olvidar las palabras de Gil de Biedma:
“El lector es el otro término fundamental de la relación literaria: sin él hay poema, pero no poesía”.
Me ha entusiasmado esta primera lectura de los ensayos, porque claro que conozco mejor al poeta que tanto me gustaba, pero también he disfrutado, y mucho, de su claridad al analizar la literatura de otros y la puesta en valor siempre, siempre de los grandes maestros para todos ellos, y hoy para nosotros indiscutiblemente, aguas de las que aun siguen bebiendo los más jóvenes poetas como es la obra completa de Don Antonio Machado. Y es que lo mismo si nos habla de Cernuda, expresión de la poética en prosa, que si nos recomienda “Lean ustedes a Jorge Guillén”, encontraremos entre su crítica alguna interesante aportación del Viejo Profesor.
El pie de la letra, un libro para que lean los que son amantes de la lectura. Un libro imprescindible para quienes se quieran dedicar a esto de la escritura. Leer lo que leyeron aquellos a los que nosotros leemos, adentrarnos, en definitiva, en el profundo mundo de la LITERATURA de la mano de uno de los grandes poetas españoles.

Los monstruos nos inquietan, nos aterran. Los tememos porque son horrendas criaturas que representan lo peor a lo que el ser humano puede llegar. Por tanto, hay aquí una reflexión interesante; tememos a la criatura porque nos conocemos demasiado bien a nosotros mismos y sabemos de lo que somos capaces. No tememos pues, más que a una extensión de nosotros mismos. Una que se ha desfigurado, que se ha transformado. Eso nos convierte en monstruos propiamente. Para las distintas acepciones que se puedan encontrar en diccionarios, la monstruosidad es la propiedad de la fealdad, las anomalías que crean espanto y la desvían del resto de la especie. También van relacionados los adjetivos cruel y perverso. Todo eso se adhiere a la monstruosidad que es la cara oscura de la humanidad. Para el poeta Relda, el lazo entre monstruo-hombre es tan estrecho que apenas distingue entre ambos. «Me interesan los monstruos porque tú eres uno. Yo lo soy». Y escribió un conjunto de poemas sobre algunos de los monstruos más célebres de la literatura. El poemario se llama La parada de los monstruos y esta es su nómina: Drácula, Frankenstein, Isabel Bathory y el Poder.
No es necesario ser poeta para ver un mar vertical en la lluvia, pero sí que hace falta tener alma de poeta para intentar remontarla a nado. Y si uno lo consigue y además logra convertir su travesía en un relato emocionante y hermoso, entonces sin duda es que es un poeta de los buenos. Porque no es sólo la sensibilidad, sino el coraje, lo que logra convertir a alguien con talento literario en poeta.
Tengo la suerte de tener una madre que me llevó por el buen camino. Que me dio voz y voto. En mi casa y en mi vida. Me enseñó que tenía que ser una mujer fuerte y valiente y construyó sobre mí una capa de hierro para que fuera inmune a las opiniones de los demás. Me dijo que yo podía ser lo que me propusiera y que debía luchar por ello con todas mis fuerzas. Me dijo que jamás debía depender de un hombre, que tendría que aprender a sacarme yo sola las castañas del fuego. Que tenía que esforzarme por tener pronto el carnet y ahorrar para comprarme un coche, para no tener que depender de nadie si necesitaba escapar. Que estudiara para darme cuenta de que el mundo no es lo que vemos en los telediarios y que me quitara la máscara de los ojos para que todo el mundo me viera tal y como soy.


El poeta malagueño vuelve tras su poemario La resurrección de los muertos con esta nueva propuesta poética titulada Popsía. Un nombre que, sin lugar a dudas, no deja indiferente y que me parece muy sugerente y acertado.
Todo me atrajo de este libro. Ese título tan perfecto, esa portada tan florida, esa autora tan querida por mí y la colección de poesía portátil de Literatura Random House. Este pequeño libro lo tiene todo, así que era inevitable que acabase en mis manos.






A lo largo de la historia del arte, la simetría ha sido uno de los pilares de la belleza. No hay más que visitar la Alhambra, el Taj Mahal, cualquier catedral gótica, o echar un vistazo al más conocido estudio de Leonardo sobre el cuerpo humano para ver cómo esa especie de propiedad matemática ha sostenido durante siglos nuestro concepto de la perfección.
