
Hace años que conozco y leo la poesía de Fernando Sarría, es fácil encontrar su rastro en internet porque muchos son ya los libros que ha publicado, más de una docena en diversas editoriales, y varios son los blogs literarios y poéticos que mantiene; también llena Facebook de versos y preciosas fotografías. Es un autor que siempre ha trabajado por llevar la poesía a la calle, es generoso y escribe para ser leído.
Dice el también poeta Ignacio Escuín en el prólogo de esta antología que hoy les traigo, que la poesía aragonesa vive una verdadera edad de oro, yo, que soy un poquito más exagerada, diría que la Literatura Aragonesa, en general, está viviendo sus mejores y más dulces días, y toda en su conjunto compone esta Edad de Oro. Ya ven, en Aragón, hasta el Director General de Cultura es poeta, la poesía ha llegado a la política, y eso no puede ser malo. Aunque la poesía siempre irrumpe con verdadera fuerza cuando la vida se hace más dura…
Ya les he dicho que A plena luz es una antología que recoge poemas publicados en diversos libros de Sarría desde 2008 hasta 2015.
El deseo construye muros,
eleva casas,
habitaciones celestes
donde antes sólo había páramos…
edifica paisajes
para que el amor repose.
El amor, el deseo, la sensualidad… En definitiva la luz llena la poesía de Sarría, una poesía amable que se asomaba ya con claridad en su primer poemario (2005) editado por Eclipsados, El error de las hormigas, al que pertenecen estos versos.
Ya ven, poesía luminosa con la que ha sido capaz de acercarse al gran público, el poeta que rompe muros entre el escritor y el lector, unos muros artificiosos que alguien se empeñó en construir.
Las horas, junto con Calafell, son sus obras más profundas, versos más intimistas, el regreso y la reflexión de lo vivido, una obra tan personal que nos ofrece poemas en los que se puede ver reflejado el lector, espejos llenos de un nosotros…
Se resume el verano entre tu pelo.
Al lado del jazmín
mis dedos te cabalgan
y se hacen dueños de tu nuca.
Adormeces el mar,
el pinar se deja las miradas hacia dentro
y te acerco el Mediterráneo al mojarte con mis labios.
Tantas islas en tu espalda
esperando ser un muelle de abandono.
El deshacer de las cuentas
me lleva a perder su número.
Zarpa mi lengua buscando oscuridad
en la tierra de acogida.
Erige puertos nuevos,
recrea la luz entre los pliegues perfectos de tu piel,
mientras tú enumeras para mí solo, uno a uno,
todos los posibles gemidos de la noche.
(Poemario “Las horas” 2012)
Podría y debería avanzar más, pero no quería pasar por alto estos versos que ahora les dejo del poemario “Bares” para que exploren con él esa prosa poética capar de perturbar al lector. El ayer y el hoy en concordancia, los sueños y realidades a la vista, sin esconder demasiado la mano que lanza la piedra… Recordar la figura de Janis Joplin es mezclar rock and roll y blues, fuerza, luz, sueños, dolor, desesperanza…
Janis Joplin
[Summertime}
Nunca tuve en las paredes pósters de Janis Joplin ni de Jimmy Hendrix,
seguramente eran del Che Guevara, de Inti Illimani, de Salvador Allende,
de un lobo estepario que me recordaba a Hermann Hesse
o de alguna idílica isla griega que me hacia viajar lejos.
Ahora sé que cometí un error,
que nunca debí dejar afuera tantas cosas
para que al fin el sol se llevara
el color de tantas ilusiones.
Puedo mirar mis manos,
en ellas hay demasiados surcos:
una gitana también a mí me dijo que tendría muchos hijos.
Quizás no fuera yo el que puso la mano,
a lo mejor no soy yo el de entonces
y mis hijos vagan en la oscuridad
como su padre lo hace en las noches.
Recuerdo que sí que me gustaban Janis y Jimmy,
aunque tal vez se murieran demasiado pronto,
héroes vencidos de un juego al que nunca supe jugar
y eso que en la ruleta he aprendido a perder hasta las esperanzas.
(Poemario “Bares”, 2012)
Cuando uno habla de un poeta, en definitiva habla de poesía, la poesía parece trasversal en la vida de Fernando Sarría, un autor al que da gusto escuchar mientras recita sus versos, si tienen oportunidad de acercarse a él, no la dejen escapar. Pura sensualidad transformada en palabras
…puedes arrancar un corazón sobre este párrafo.
(de El Altar…Memorias de un mujeriego)
L.Cohen
Y dormirme en la bañera, bajo la espuma,
junto a un vaso de whisky de malta escocés,
mientras suena en la radio una vieja sonata romántica
a la luz de las velas. Sabes que me gustan esos instantes.
Sé que echaré de menos tus manos en mi espalda,
rebuscando en ella preguntas indoloras
o pensando cuánto tiempo nos quedaba por vivir juntos,
mientras yo canturreaba canciones de Dylan
o me ponía a decirte lo hermosa que estabas así:
medio desnuda, medio mojada, medio borracha.
Poemario “Poemas de la incertidumbre” Editorial La isla de Siltolá 2014
Les recomiendo que hagan un recorrido por la poesía de Fernando Sarría, un poeta al que es fácil acercarse, con una poesía clara y llena de luz, aun cuando, sobre la misma, como ya han visto, sobrevuele la desesperanza en el ambiente… Pero son tan grandes los sueños y los recuerdos que merece la pena revivir y remover con ellos nuestras profundidades.

Abrir un poemario con un «¡Bang!» no puede sino avanzar que los versos que le seguirán serán dolorosos, de pérdida, de despedida. Un adiós a la primera novia, a la caricia de la madre, a la emisora que radiaba tu canción favorita. Un adiós al rock and roll. De eso, de música rock y de amor y de funestos desenlaces y de escribir, prosa o verso, sabe un rato Carlos Zanón. Escritor cultivado en el
El día en que Patricia Benito decidió matricularse en Primero de poeta sin duda fue un gran día, al menos para los lectores. Resulta curioso cómo es posible que habiendo superado el curso con una nota inmejorable, uno desea que se transforme en curso-marmota y lo repita indefinidamente, no sea que en segundo de poeta aprenda a perder la frescura, la honestidad y el encanto que hacen de éste no solo un buen libro, sino uno entrañable. Tanto que le dan a uno ganas de matricularse en primero de persona, de recuperar esa mirada fresca que permite medir el tiempo en medias cervezas y no hacer planes a más de cerveza y media.
No sé si os habéis enterado de la polémica que ha habido hace poco entre Joaquín Sabina y Susana Rivera, viuda del enorme poeta Ángel González. Podéis leerla 
Poesía. Que no se puede vivir sin ella, lectores. Que hay que volver a la poesía una y otra vez. Y yo siento que me falta algo cuando no estoy entre versos. Porque ya sabéis que me gustan todos los géneros (o casi todos), pero tengo una vocación y una predilección por y para la poesía. Y me encanta sentirme arropada cuando la leo.
No soy mucho de poesía. Más bien nada. Tal vez debería remediarlo. O tal vez no. Pero sí soy de escuchar a Nacho Vegas. A él le amo porque “es liberal”. Y porque su música, en conjunto con sus letras, (tan poco convencionales, tan realistas y a la vez tan directas) y su peculiar voz (¿qué decir de esa voz? Mejor que lo diga Sidonie: “mucha pose y poca voz”. O no, tal vez tampoco, tal vez solo lo digo por meter la frase) que solo pueden atrapar a quien lo escuche.
Antes de que 



Supongo que el título de este poemario me gustó y por eso lo elegí. Tengo una vena como muy folklórica y una extraña tendencia al dolor. Que dicho así, suena muy mal, pero supongo que tiene que ver con la sensibilidad poética. Hay que saber sufrir para escribir poesía. Pero cuidado, también todo lo contrario. Es una paradoja, lo sé. También lo es que me vengan estas ideas tras una siesta infernal de verano a treinta mil grados, pero aquí estoy, divagando sobre el dolor.
Hoy es doce de junio de dos mil diecisiete. Hoy hace exactamente un año que me subí a un avión dirección Méjico. En ese vuelo me acompañó 
Imagino que conocéis a Clara Janés, pero me parece necesario hablaros de ella, no solo porque sea una de las poetas contemporáneas más importantes, sino también por su gran labor en el mundo de la literatura.