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A plena luz, de Fernando Sarría

A plena luz

A plena luzHace años que conozco y leo la poesía de Fernando Sarría, es fácil encontrar su rastro en internet porque muchos son ya los libros que ha publicado, más de una docena en diversas editoriales, y varios son los blogs literarios y poéticos que mantiene; también llena Facebook de versos y preciosas fotografías. Es un autor que siempre ha trabajado por llevar la poesía a la calle, es generoso y escribe para ser leído.

Dice el también poeta Ignacio Escuín en el prólogo de esta antología que hoy les traigo, que la poesía aragonesa vive una verdadera edad de oro, yo, que soy un poquito más exagerada, diría que la Literatura Aragonesa, en general, está viviendo sus mejores y más dulces días, y toda en su conjunto compone esta Edad de Oro. Ya ven, en Aragón, hasta el Director General de Cultura es poeta, la poesía ha llegado a la política, y eso no puede ser malo. Aunque la poesía siempre irrumpe con verdadera fuerza cuando la vida se hace más dura…

Ya les he dicho que A plena luz es una antología que recoge poemas publicados en diversos libros de Sarría desde 2008 hasta 2015.

El deseo construye muros,
eleva casas,
habitaciones celestes
donde antes sólo había páramos…
edifica paisajes
para que el amor repose.

 

El amor, el deseo, la sensualidad… En definitiva la luz llena la poesía de Sarría, una poesía amable que se asomaba ya con claridad en su primer poemario (2005) editado por Eclipsados, El error de las hormigas, al que pertenecen estos versos.

Ya ven, poesía luminosa con la que ha sido capaz de acercarse al gran público, el poeta que rompe muros entre el escritor y el lector, unos muros artificiosos que alguien se empeñó en construir.

Las horas, junto con Calafell, son sus obras más profundas, versos más intimistas, el regreso y la reflexión de lo vivido, una obra tan personal que nos ofrece poemas en los que se puede ver reflejado el lector, espejos llenos de un nosotros…

Se resume el verano entre tu pelo.
Al lado del jazmín
mis dedos te cabalgan
y se hacen dueños de tu nuca.
Adormeces el mar,
el pinar se deja las miradas hacia dentro
y te acerco el Mediterráneo al mojarte con mis labios.
Tantas islas en tu espalda
esperando ser un muelle de abandono.
El deshacer de las cuentas
me lleva a perder su número.
Zarpa mi lengua buscando oscuridad
en la tierra de acogida.
Erige puertos nuevos,
recrea la luz entre los pliegues perfectos de tu piel,
mientras tú enumeras para mí solo, uno a uno,
todos los posibles gemidos de la noche.

(Poemario “Las horas” 2012)

Podría y debería avanzar más, pero no quería pasar por alto estos versos que ahora les dejo del poemario “Bares” para que exploren con él esa prosa poética capar de perturbar al lector. El ayer y el hoy en concordancia, los sueños y realidades a la vista, sin esconder demasiado la mano que lanza la piedra… Recordar la figura de Janis Joplin es mezclar rock and roll y blues, fuerza, luz, sueños, dolor, desesperanza…

 

Janis Joplin

[Summertime}

Nunca tuve en las paredes pósters de Janis Joplin ni de Jimmy Hendrix,
seguramente eran del Che Guevara, de Inti Illimani, de Salvador Allende,
de un lobo estepario que me recordaba a Hermann Hesse
o de alguna idílica isla griega que me hacia viajar lejos.
Ahora sé que cometí un error,
que nunca debí dejar afuera tantas cosas
para que al fin el sol se llevara
el color de tantas ilusiones.
Puedo mirar mis manos,
en ellas hay demasiados surcos:
una gitana también a mí me dijo que tendría muchos hijos.
Quizás no fuera yo el que puso la mano,
a lo mejor no soy yo el de entonces
y mis hijos vagan en la oscuridad
como su padre lo hace en las noches.
Recuerdo que sí que me gustaban Janis y Jimmy,
aunque tal vez se murieran demasiado pronto,
héroes vencidos de un juego al que nunca supe jugar
y eso que en la ruleta he aprendido a perder hasta las esperanzas.

(Poemario “Bares”, 2012)

Cuando uno habla de un poeta, en definitiva habla de poesía, la poesía parece trasversal en la vida de Fernando Sarría, un autor al que da gusto escuchar mientras recita sus versos, si tienen oportunidad de acercarse a él, no la dejen escapar. Pura sensualidad transformada en palabras

…puedes arrancar un corazón sobre este párrafo.

(de El Altar…Memorias de un mujeriego)

L.Cohen

Y dormirme en la bañera, bajo la espuma,
junto a un vaso de whisky de malta escocés,
mientras suena en la radio una vieja sonata romántica
a la luz de las velas. Sabes que me gustan esos instantes.
Sé que echaré de menos tus manos en mi espalda,
rebuscando en ella preguntas indoloras
o pensando cuánto tiempo nos quedaba por vivir juntos,
mientras yo canturreaba canciones de Dylan
o me ponía a decirte lo hermosa que estabas así:
medio desnuda, medio mojada, medio borracha.

Poemario “Poemas de la incertidumbre” Editorial La isla de Siltolá 2014

Les recomiendo que hagan un recorrido por la poesía de Fernando Sarría, un poeta al que es fácil acercarse, con una poesía clara y llena de luz, aun cuando, sobre la misma, como ya han visto, sobrevuele la desesperanza en el ambiente… Pero son tan grandes los sueños y los recuerdos que merece la pena revivir y remover con ellos nuestras profundidades.

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Rock & Roll, de Carlos Zanón

Rock & Roll

Rock & RollAbrir un poemario con un «¡Bang!» no puede sino avanzar que los versos que le seguirán serán dolorosos, de pérdida, de despedida. Un adiós a la primera novia, a la caricia de la madre, a la emisora que radiaba tu canción favorita. Un adiós al rock and roll. De eso, de música rock y de amor y de funestos desenlaces y de escribir, prosa o verso, sabe un rato Carlos Zanón. Escritor cultivado en el género negro con obras imprescindibles en nuestras letras como Tarde, mal y nunca (RBA) o la ganadora del Hammet 2015 Yo fui Johnny Thunders (RBA), entre otras, y de otros poemas recogidos en Tictac Tictac (Carena, 2010) tiene ya preparada su próxima novela que verá la luz el 5 de octubre. Taxi, se llamará.

Con tal noticia me introduje en su vertiente poética para encontrarme con un librito de mayúsculo título: Rock & Roll (66rpm Edicions, 2014). Sabido de su afición por este estilo musical, quise dejar que me llevara por su verso libre, esa poesía que bebe del estilo beat y de las poesías de rock, y que las nuevas generaciones explotan en sus creaciones, para encontrarme con un tópico literario que, este sí, ya desarrolló Jorge Manrique en sus Coplas a la muerte de su padre. Es la poesía de Zanón un ubi sunt desgarrado que añora la pérdida de esas estrellas del rock que una vez brillaron. Aquellas que una vez le hicieron disfrutar de sus canciones, seguramente en buena compañía, vaso en mano o mano por debajo del jersey de su chica. Así, el primer poema va en rendido tributo a Elvis. No es coincidencia; la ballena blanca que cae abatida y en cuyos últimos versos, Zanón desenmascara su dolor por la pérdida:

«Esto no puede acabar así,
varado
lejos de todos y todo,
huérfano, gordo, solo
y también muerto».

Ese ¿Dónde están? de Zanón le desgarra, los vive como pérdidas reales donde él se refleja. El rock dejó de sonar en un momento en el que él perdía a su primera novia, o la amante le cantaba canciones ya muertas. Lo cotidiano se mezcla con su pasión por la música. Varios son los músicos a los que les entrega unos versos entre oda e insulto; por haberle dejado, por haber expirado. Quizás, llevado por la rabia de pensar que nos contaron una mentira sobre los héroes, aquellos a los que nos queríamos parecer y que, en el fondo, no son más distintos que tú o yo. Zanón así lo ve.

Y acaso el amor, o lo que nos dijeron que era amor, ¿no es también una carcasa, un engaño?, se pregunta su autor. A través de sus páginas, en Rock & Roll se precipitan los sentimientos, tocado de gracia por el primer amor, la primera novia que, en la ingenuidad y exaltación adolescente, se disparan las emociones vividas. Experiencias que una vez compartieron, una calle que doblaron, una plaza donde se besaron. ¿Y ahora? Ahora quedan las palabras de aquel recuerdo, de aquel fue y fuimos y ya no seremos.

Este libro es, en definitiva, un poemario sobre la pérdida de la juventud que implacable desaparece. Que las canciones quedan, inertes, y la poesía también. Que eso cuenta al fin y al cabo, la añoranza de todo aquello que Carlos Zanón vivió en sus carnes y refleja en palabras que suenan a rock and roll.

 

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Primero de poeta, de Patricia Benito

Primero de poeta

Primero de poetaEl día en que Patricia Benito decidió matricularse en Primero de poeta sin duda fue un gran día, al menos para los lectores. Resulta curioso cómo es posible que habiendo superado el curso con una nota inmejorable, uno desea que se transforme en curso-marmota y lo repita indefinidamente, no sea que en segundo de poeta aprenda a perder la frescura, la honestidad y el encanto que hacen de éste no solo un buen libro, sino uno entrañable. Tanto que le dan a uno ganas de matricularse en primero de persona, de recuperar esa mirada fresca que permite medir el tiempo en medias cervezas y no hacer planes a más de cerveza y media.
Resulta francamente emocionante asomarse al corazón de esta recolectora de mariposas que es Patricia Benito, uno ve estas páginas honestas, transparentes y se pregunta si en Primero de poeta había otra asignatura que la libertad. Libertad para escribir, para sentir, para amar o, en fin, para vivir. El talento para escribirlo y la honestidad para desnudarse y lograr que las letras sean sus mejores galas no se enseña, aunque se aprende, pero en cualquier caso corre de su cuenta.
De todas las libertades que pueblan este poemario, desde luego la que se toma con la ortodoxia académica, con la métrica, no es la más definitoria del libro, de hecho tengo para mi que aunque la forma sea importante por lo hermosa, el alma de este libro no tiene nada que ver con ella sino con el fondo, con ese sentimiento vitalista e inquieto que lo ilumina.
Cosas como

Hace tiempo aprendí
A poner un “creo” detrás de
Mis verdades más absolutas.

Y un par de oídos.

Desde entonces,
Salgo ganando siempre.

Son además una muestra de sabiduría, aunque supongo que esa palabra no gustará a la autora o en todo caso le provocará cierto sonrojo. También lo es eso de “Vive, joder, vive” que sirve en cierto modo de leit motiv al libro, ya que nos ponemos.
La legión de quienes no tenemos la suerte de cursar estos estudios de Primero de poeta que Patricia Benito plasma en este libro, los que empezamos demasiadas frases por “tengo que” en lugar de por “quiero”, no puedo decir que cambiemos, seguro que este curso tiene un cupo de acceso limitado a quienes de todos modos no lo necesitan, pero nos queda el consuelo de leerlo y de sentirnos reconfortados. Tal vez no convirtamos los “tengos” en “quieros” pero el libro nos hace recuperar cierto espíritu, cierta paz, porque al menos nos damos cuenta de que nuestros “tengos” son voluntarios y realmente son “quierotenerqués”. Puede que suspendamos Primero de poeta pero siempre nos queda Patricia Benito, esa incontinente sentiverbal que prequiere demasiado rápido y desquiere demasiado lento, para disfrutar del camino.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

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El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez

El libro de Aurora

El libro de AuroraNo sé si os habéis enterado de la polémica que ha habido hace poco entre Joaquín Sabina y Susana Rivera, viuda del enorme poeta Ángel González. Podéis leerla aquí,  pero de todas formas os hago un resumen. Resulta que en una entrevista, le preguntaron a Joaquín Sabina sobre la fundación Ángel González que él siempre había querido fundar. Él contestó, palabras textuales: “Sí, claro que me duele… Hay un cáncer ahí que se llama cáncer de las viudas de los escritores. En fin, me dicen que me calle. No merece la pena.”. Haciendo clara alusión a Susana Rivera, quien al leer la entrevista, tuvo su momento de réplica con palabras como éstas: “Las viudas ni somos ignorantes ni analfabetas, somos las herederas del legado de nuestros cónyuges, no hay más. Es todo una farsa. ¿Interminables noches en casa de Sabina? Le conocimos en el 2001, por Dios, hasta 2004 no paramos por su casa, solo veníamos los veranos y Ángel murió en 2008. Es absurdo. Lo de Sabina es como sus discos: más de cien mentiras, y lo niego todo, incluso la verdad. Da risa”.

Más allá de si se conocían hace más o menos años y del grado de relación que pudiera existir, lo que más me llama la atención son las poco agraciadas palabras de Sabina hablando sobre el cáncer de las viudas de los escritores. Me parece que le hace flaco favor a estas mujeres y a la literatura en general. Un comentario misógino y desafortunado y que por desgracia aún sigue teniendo cabida, no porque sea verdad, si no porque hay gente que aún lo cree así.

En fin, yo quería contaros todo esto en la introducción porque El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez tiene mucho que ver. Aurora Bernárdez es viuda del escritor Julio Cortázar y me temo que ella misma ha sufrido de alguna u otra forma algo parecido a lo que os contaba en la introducción. Además, en este caso, Aurora Bernárdez, también era escritora. Eso sí, una escritora que se vio relegada de forma voluntaria, a escribir para ella misma. Lo explica muy bien Mario Vargas Llosa: “Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cual de los dos había leído más, mejor y con más provecho (…) Yo estuve siempre seguro que Aurora no solo traducía – lo hacía maravillosamente – sino también escribía, pero se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia”.

No sé, a mí me parece triste que la propia Aurora decidiese esconder sus escritos por esos motivos. ¿No creeis?  Así que celebro con gran alegría este libro, que es un canto a esa vocación de oscuridad y secreto que la propia Aurora decía tener.

En El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez se recogen los poemas, relatos y notas de esta mujer brillante, que dedicó parte de su vida a la traducción literaria de autores como Albert Camus, Italo Calvino, Ray Bradbury o William Faulkner. Además, encontramos también la transcripción de la única entrevista que concedió. Una entrevista esclarecedora, en la que habla de su vida, su relación con Cortázar y la literatura, sus escritos y mucho más. Una forma maravillosa de conocer a la auténtica Aurora Bernárdez, esa mujer desconocida para casi todos.

Un libro para darle ese papel que se merece Aurora. No sólo el de la mujer y confidente de Julio Cortázar durante muchos, sino el de una mujer auténtica, brillante y fascinante.

 

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Formas de la niebla, de Miguel Ángel Manzanas

Formas de la niebla

Formas de la nieblaPoesía. Que no se puede vivir sin ella, lectores. Que hay que volver a la poesía una y otra vez. Y yo siento que me falta algo cuando no estoy entre versos. Porque ya sabéis que me gustan todos los géneros (o casi todos), pero tengo una vocación y una predilección por y para la poesía.  Y me encanta sentirme arropada cuando la leo.

Por eso elegí Formas de la niebla, porque tenía ganas de sumergirme en un poemario, en la voz de alguien desconocido que he ido conociendo a través de sus palabras, de sus pensamientos más íntimos. ¿Hay alguna forma mejor de conocer a alguien?

Miguel Ángel Manzanas es madrileño y poeta. Ha recibido varios premios literarios, tanto nacionales como internacionales por poemarios como Viviendo de reojo (Premio de Poesía Federico García Lorca). También ha publicado los poemarios Divino diván y Cuaderno de paseo. Además, ha escrito artículos de investigación literaria y poemas para diversos medios y comparte profesión conmigo: también es traductor de portugués. Una pasión que compartimos y que me gustó conocer antes de adentrarme en su poemario, porque he podido comprender mejor algunos de sus versos.

A mí me gusta mucho hacer anotaciones en los libros (siempre a lápiz) y sobre todo en los poemarios. Es como si así dialogase con el autor, es mi momento de réplica, de darle la razón o de discutir con él.

Uno los poemas de Formas de la niebla, llamado Canto séptimo es toda una oda a Lisboa, una ciudad que a mí también me fascina y que me despierta un montón de sentimientos encontrados. En mi diálogo con el autor le dejé una nota: “mesma paixão”. Lo entenderéis con estos versos:

Y hay ciudades absurdas

donde brilla el metal,

donde el obtuso abrazo de los hombres

tiene aromas de légamo y de níquel,

pero Lisboa no. Porque Lisboa

es un niño que corre

en pos de una paloma,

la muchacha que tiende sin pudor

sus ropas interiores

en la lírica noche

y el anciano que me recriminó,

en una iglesia humilde y periférica,

que naciera del fondo

de mis torpes bolsillos

un rumor de moneda a cada paso

una tarde de lluvia,

en la vieja Lisboa”.

Dividido en dieciséis cantos, Migue Ángel Manzanas, aborda en su intenso poemario sentimientos complejos, como esa infancia apacible que da paso a otra clase de juego:

“La edad de la ternura se ha agotado:

hoy aquel candoroso adolescente

comando un barco ebrio,

se revuelca en su nicho de lujurias,

participa del sótano del mundo”.

O el amor, representado tras la consigna de Rimbaud “Reinventar el amor” que el autor hace suya. Porque el poeta también reinventa otros sentimientos, les pone nombres de cantos y los lanza al aire, en busca de un lector que los haga suyos. Y ha ocurrido la magia, amigos. Me han arropado los versos de Formas de la niebla. Me he sentido cómoda y me he dejado llevar. ¿Cómo no iba una una a querer a la poesía así?

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Reanudación de las hostilidades, de Nacho Vegas

reanudacion de las hostilidades

reanudacion de las hostilidadesNo soy mucho de poesía. Más bien nada. Tal vez debería remediarlo. O tal vez no. Pero sí soy de escuchar a Nacho Vegas. A él le amo porque “es liberal”. Y porque su música, en conjunto con sus letras, (tan poco convencionales, tan realistas y a la vez tan directas) y su peculiar voz (¿qué decir de esa voz? Mejor que lo diga Sidonie: “mucha pose y poca voz”. O no, tal vez tampoco, tal vez solo lo digo por meter la frase) que solo pueden atrapar a quien lo escuche.

Conocí a Nacho Vegas gracias a Búnbury. No “gracias a él”, sino al excelente El tiempo de las cerezas en el que estos dos fieras de la música compartían y alternaban protagonismo. Ahí fue cuando  me dijo que había dos noticias: una era mala y la otra peor.

Pero al grano. ¿Qué es la poesía para alguien que no lee poesía? No diré lo manido de “poesía eres tú”, porque no te conozco ni he visto tus ojos ni sé si estás clavando tu pupila en la mía. Poesía es la escritura de frases, (versos se llaman), que suelen no llegar al final de la línea y que pueden estar rimadas o no. Se diferencia de la novela porque hay mucho hueco blanco. Ahora bien. ¿Qué es la poesía de Nacho Vegas? Lo que hace en sus canciones. Poesía es la factura de teléfono, de la luz, una lista de propósitos, unas notas para dejar de beber, una pareja vistiéndose para salir a cenar, follar salvajemente hasta provocarse desgarros anales, escuchar conversaciones ajenas, el revisor de la caldera, el timo del gigoló, recuerdos de infancia, un diario de pérdidas, las drogas, Andrés (que vive solo en Madrid, compra el ABC y escribe sonetos en latín, –aunque aquí no aparece pero ilustra la definición–)… Nada de metáforas complicadas ni hostias. Las cosas claras, que para complicárnoslas ya tenemos la vida y sus cosas.

“Debí de tener una infancia bonita porque apenas la recuerdo”

La vida. El día a día, la acumulación de estos, la rutina, los recuerdos de esa acumulación de días. Eso es la poesía de Nacho Vegas. Poesía en verso libre, porque así es la vida. Un conjunto de derrotas, victorias, (ninguna definitiva), intimidades, desilusiones, inventario de la nevera, accidentes con picos de heroína, suicidios, pérdidas y otras cosas banales que con el paso del tiempo acabamos añorando porque en su momento no las apreciamos, inmersos como estamos en la vorágine del marmotismo y la repetición diaria, en las continuas hostilidades:

“Entonces y de forma abrupta

resuena la voz de un locutor radiofónico

en mi radio-despertador. Son las nueve.

El día comienza: se reanudan las hostilidades”

Reanudación de las hostilidades debe leerse lentamente. Para alguien poco acostumbrado a leer poesía no es fácil bajar el ritmo lectura habitual empleado en la narrativa. La costumbre pesa, pero hay que hacerlo para poder disfrutar de los versos de Vegas. De sus historias que, en ocasiones son monólogos e incluso en bastantes ocasiones, auténticos relatos. ¿Poesía? La verdad, ni puta idea. Prosa y poesía van alternando libremente hasta confundirse y finalmente solo podemos decir que es poesía porque lo edita ESPASAesPOESÍA.

Nacho Vegas, tanto el cantante como el escritor, es un autor atípico, un artista que se sale de los moldes. Un hombre cuya carrera global merece la pena seguir y este Reanudación de las hostilidades es un buen primer paso para ello. Lo mejor que se me ocurre decir, y no es ningún desprecio, es que no parece poesía. Ojalá le diera por escribir un libro largo. Aunque fuera de poesía.

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Eternas palabras, de Johnny Cash

Eternas palabras

Eternas palabrasAntes de que Dylan fuese elegido Premio Nobel de Literatura y se desatase una fuerte polémica al respecto —que ha llegado hasta el límite del absurdo con las acusaciones al artista de haber plagiado frases de su discurso de aceptación del premio—, éramos muchos los que considerábamos a ciertos músicos como auténticos poetas, independientemente de que hubiesen tenido la mala fortuna de que su talento compositivo fuera acompañado de una bonita voz o de una particular destreza con la guitarra. Y es que sería de necios negar que Lennon, Cohen y Morrison o que Víctor Jara y Sabina han hecho algo mucho más profundo durante su carrera que encontrar palabras que rimen y se adapten bien a una melodía. En otros casos, como el de Johnny Cash, no es necesario hacer una defensa tan activa, ya que los versos a los que no puso voz han quedado ahí para respaldar su aura de poeta.

Eternas palabras es la recopilación de algunos de los poemas que John Carter Cash encontró entre los papeles de su padre tras el fallecimiento de este. Un total de 41 poemas que, junto con sus canciones, reafirman su papel como uno de los grandes narradores del pasado reciente de Estados Unidos. Es complicado, por no decir imposible, diferenciar los versos que creó para que fueran cantados de los que nacieron para ser recitados, del mismo modo que resulta imposible leer los poemas sin tener la voz grave y cálida del de Kingsland siempre presente. Y es que muchos poemas son enormemente melódicos, con sus estribillos, sus frases recurrentes, sus cadencias…

Los versos, que se incluyen tanto en su versión original como traducidos al español, van acompañados de fotografías de Cash en distintas épocas de su vida, así como de los propios manuscritos de los poemas. A lo largo del libro se entremezclan textos que escribió en épocas muy diversas, desde los años cuarenta hasta comienzos del siglo XXI. Precisamente el más reciente de los poemas es del año 2003, poco antes de su fallecimiento y tiene el título de Para siempre. Me parece oportuno reproducirlo, tanto por lo premonitorio del mismo como para resaltar la calidad y la profundidad de sus creaciones: «Me dices que moriré /Como las flores que tanto amé /Nada de mi nombre quedará /Nada de mi fama se recordará/ Pero los árboles que he plantado/ Aún son jóvenes/ Las canciones que canto/ Aún seguirán cantándose».

Los temas que toca no son muy diferentes de los de sus composiciones musicales. Habla de la guerra, la fama, la naturaleza, la familia, las drogas, la muerte, la religión… aunque, principalmente, al igual que en las más de 1 500 canciones que publicó, habla de amor. Un amor que, salvando pequeñas excepciones, lo dibuja casto y sincero. Estos poemas ayudan también a descubrir nuevos matices en Cash, como un humor negro muy desarrollado. Para el que tenga dudas, recomiendo leer su poema I wish you a Merry Christmas. Un auténtico desahogo, lleno de odio y de deseos horriblemente divertidos contra la mujer que le ha abandonado.

Empecé a leerlos en castellano, pero pronto me di cuenta de que, sin desmerecer ni mucho menos la labor en la traducción de Andrés Catalán, estos textos reclaman el inglés. Además, como también ocurre en sus canciones, el lenguaje que emplea Cash es sumamente sencillo, por lo que no es necesario un nivel muy elevado de la lengua de Shakespeare para poder entender lo que nos quiere contar el músico, con la ventaja de que su voz se hace presente durante la lectura.

Eternas palabras es un pequeño regalo para todos los que añoramos al Hombre de negro, una recopilación de poemas que se lee con rapidez y que deja un poso notable. Breves historias, en su mayoría, contadas con un lenguaje llano y directo, sin apenas adjetivos ni florituras estilísticas. Y es que en sus poemas no deja de ser el mismo contador de historias que ya conocimos y apreciamos en sus canciones.

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Borges Esencial, de Jorge Luis Borges

Borges esencial

Borges esencialAquellos que me conocen  me habrán escuchado decir en cientos de ocasiones que los poetas nunca mueren, con motivo del treinta aniversario de la desaparición de Jorge Luis Borges, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, han querido rendirle un sentido homenaje al gran maestro, poeta y escritor, con esta edición titulada Borges esencial, que publicado por la editorial Alfaguara no ha de defraudar a ninguno que, como yo, tuviese ganas de tener una buena obra recopilatoria que en este caso ha preparado, como no podía ser de otra manera,  José Luis Moure, presidente de la Academia Argentina de las Letras.

Yo no soy una gran estudiosa de Borges, les diré que he leído fundamentalmente su poesía, y muchos de sus  cuentos, casi nada  de ensayo, cosa a la que que gracias a esta obra estoy poniendo remedio, y bien que lo estoy agradeciendo porque no es lo de menos conocer su opinión sobre Schopenhauer, o Nietzsche que  “…Sabía que el Eterno Recurso  es de las fábulas o miedos  o diversiones que recurren eternamente, pero también sabía que la más eficaz de las personas gramaticales es la primera. Para un profeta, cabe asegurar que es la única…”, ya ven, descubrir que Borges pensase lo mismo que  Nietzsche, y ellos lo mismo que yo al plantear la duda entre la inspiración y el recuerdo, no tiene precio…  Estoy disfrutando mucho, como pueden ver  y aprendiendo de aquel que aprendió de otros, y otro s que aprendieron de otros mucho antes.

¿Cuántas carencias tengo sobre los clásicos? Muchas, tantas que no caben en diez libros de milloneses de páginas, pero ello  no es motivo de amargura para mí, porque así me acerco a libros y son libros que me hablan y casi siempre salgo satisfecha. Gracias a ellos luego voy a los autores recientes y veo de donde vienen las novelas, unas de la lectura, otras de la pura creatividad, otras de la pura ignorancia como la mía, pero todas hacen falta en el arco literario jajaja

Fíjense, este volumen va precedido de una pequeña introducción  realizada por la RAE que está encabezada por su conocido símbolo con la frase “Limpia, fixa y da esplendor” en la que nos presentan la obra que tenemos entre las manos y sobre todo su importancia y contenido. Inmediatamente después nos encontramos con una introducción a Borges y su obra  realizada por el profesor Teodosio Fernández, que no hace mucho, por cierto, descubrí que no tiene entrada en Wikipedia, cosa que me ha extrañado sobremanera, pues hasta yo, que bien poco se de casi todo, sabía que es un conocido hispanista que da conferencias sobre Borges (para lo que aquí nos interesa, naturalmente). Ya ven, así nos va…

Para hablarnos precisamente del Borges ensayista está Alberto Giordano (y no, no lo busquen tampoco en wikipedia que se llevarán un disgusto), y miren que divinamente nos introduce en el tema:

“En la breve nota que precede y da título a la compilación de sus ensayos literarios, Virginia Woolf esbozó la figura de un lector capaz de decidir  sobre la grandeza poética de las obras que lo conmueven sin recurrir más que a su “instinto” y sin pretensiones de sabiduría perdurable ni de objetividad. …”

Y cómo no quedarme enganchada de las palabras  de Giordano que darán paso después a las de Dario González que nos hablará de El tiempo y la lógica del asombro, o lo que es lo mismo, nos introduce a la filosofía de Borges. Noé Jitrik, que desde 1997 es director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires (y si está en la Wikipedia), nos habla de el inmenso trabajo realizado por nuestro autor, su continuidad en el tiempo, y de ahí a su poesía de mano de Santiago Silvester y ya que él nos habla de ella yo les voy a dejar también este poema titulado La fama (1981), en el que “enumera veintidós circunstancias (más que  razones) que según él, sumadas, le depararon una celebridad que no podía comprender”.

borges

 

“Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar.

Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe.

Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón.

Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín.

Haber conversado en Palermo con un viejo asesino.

Agradecer el ajedrez  y el jazmín, los tigres y el hexámetro.

Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya.

Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafísica.

Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz.

No ser codicioso de islas.

No haber salido de mi biblioteca.

Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote.

Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo.

Agradecer los dones de la luna y de Paul Verlaine.

Haber urdido algún endecasílabo.

Haber vuelto a contar antiguas historias.

Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas.

Haber eludido sobornos.

Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y (como todos los hombres) de Roma.

Ser devoto de Conrad.

Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino.

Ser ciego.

Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara una fama que no acabo de comprender”.

 

Finalmente, esa otra porción de Borges que tanto admiramos, “Su opción por la brevedad”, presentada por Graciela Tomassini. Hoy diríamos que fue un adelantado a su tiempo, si comprimía un mundo en un puñado de frases, ¿lo pueden imaginar jugando en twiter con esas palabras ajustadas que tan bien dominaba?

Toda esta introducción me ha resultado impresionante, ahora la obra de Jorge Luis Borges la leeré y releeré en muchos casos con más cariño, acercándome a él de otra manera, es un reencuentro, es un volver a Borges desde mi experiencia de vida, y desde el conocimiento que me han aportado los expertos.

Está claro que no puede haber mejor homenaje para este inmenso autor que “sólo quería ser poeta”, que hacer un trabajo como este, esta recopilación en la que seguro que dentro de poco ya tendré frases subrayadas, poemas pintados de amarillo, rosa o verde, y volveré a adentrarme con él por Quevedo y El Quijote, volaré hasta Kafka y Joyce, y como bien habrán imaginado me inundaré de nuevo de El Alepf, y en esta ocasión el baño será completo.

¿A qué ya están deseando tener esta obra en su biblioteca?

Merece la pena.

No lo duden.

 

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Por mucho que duela, de Tyler Knott Gregson

Por mucho que duela

Por mucho que duelaSupongo que el título de este poemario me gustó y por eso lo elegí. Tengo una vena como muy folklórica y una extraña tendencia al dolor. Que dicho así, suena muy mal, pero supongo que tiene que ver con la sensibilidad poética. Hay que saber sufrir para escribir poesía. Pero cuidado, también todo lo contrario. Es una paradoja, lo sé. También lo es que me vengan estas ideas tras una siesta infernal de verano a treinta mil grados, pero aquí estoy, divagando sobre el dolor.

El caso es que os contaba esto de haber escogido el libro por su título porque me sucede muy a menudo y sobre todo, claro, con autores a los que no conozco previamente. Este es el caso de  Tyler Knott Gregson. Si os ocurre lo mismo que a mí, os cuento un poco sobre él. Artista multidisciplinar (por cierto, odio la ligereza con la que se usa esa palabra), Tyler vive en las montañas de Helena (Montana) con sus dos perros. Desde allí, desde la paz de sus montañas, ejerce sus dos grandes pasiones: la fotografía y la escritura. Ha publicado dos bestsellers, All the words are yours y Por mucho que duela. Gracias a Espasa y  a la traducción de Loreto Sesma, podemos disfrutarlo por primera vez en español. Tengo que añadir, además, que me gusta mucho cómo apuesta la editorial Espasa por la poesía menos conocida. Bien por ellos.

Por mucho que duela ha venido más de 150.000 ejemplares en EE.UU. La poesía de Tyler Knott Gregson forma parte de ese fenómeno millenial tan de moda hoy en día. Escritores con muchos seguidores en sus redes sociales que publican un libro y venden una cantidad desorbitada de ejemplares gracias, en parte, a dichos seguidores. En España tenemos muchos autores que entran dentro de este fenómeno. Seguro que conocéis alguno, ¿verdad?

Y ahora lo que importa, ¿qué tal escribe este chico? Pues a ver, ya sabéis que esto de la poesía es muy personal y blablablá, pero yo he de decir que me esperaba bastante más. Quizá debería dejar de esperar nada y simplemente dejarme llevar y creo que a mitad de poemario eso es lo que he intentado hacer. Tratar de leer los poemas sin juzgarlos, simplemente dejarme llevar por las sensaciones. Y aunque, como os decía, en general no es un poemario que me llame demasiado la atención, sí que he conseguido disfrutar algunos versos:

“Te ríes,

suavemente,

y el sonido de la risa

saltando

desde tus pulmones

me frena hasta el arrastre.

Esa risa,

dios mío, esa risa

repone todo cuanto se derramó

en mí;

es la

máscara de oxigeno

del accidente aéreo

en el que siempre

he estado inmerso”.

Por ejemplo estos versos.

Es un poemario sumamente sensual, muy romántico, en ocasiones azucarado. Una poesía algo light que en realidad no duele tanto, sino que más bien sirve para curar.

Ahora lectores, es cosa vuestra averiguar qué os parece Por mucho que duela, si encaja o no con vuestros gustos. Ya me diréis.

 

 

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Retratos de lo invisible, de Ane Santiago

Retratos de lo invisible

Retratos de lo invisibleHoy es doce de junio de dos mil diecisiete. Hoy hace exactamente un año que me subí a un avión dirección Méjico. En ese vuelo me acompañó Cartas a ninguna parte, un poemario escrito por Ane Santiago. Antes de leer ese libro, hacía años que no leía poesía. Vale, quizás había encontrado por ahí algún poema de Benedetti o de Salinas, pero no había leído más de cien versos seguidos. Ane me abrió los ojos. Me hizo ver que, a veces, con pocas palabras se puede transmitir mucho más que escribiendo un tratado. Me hizo sentir cómplice de lo que pasaba por su mente y consiguió que entendiera que las palabras escogidas con cuidado y esmero pueden componer cosas maravillosas.

Hoy, doce de junio de dos mil diecisiete, estoy aquí de nuevo. Frente al ordenador blanco que a todas partes me acompaña. He cargado una taza con un café bien caliente (en Cantabria hoy hace un día de perros) y me he puesto cómoda para poder hablar de Retratos de lo invisible e intentar que mis dedos plasmen en esta pantalla todo lo que me hace sentir Ane cuanto la leo.

Hace tiempo leí un libro que decía que mirar a una persona cuando duerme es como leer una carta dirigida a otra persona. Cuando leo un poema escrito un arrebato de sinceridad, en el que la poeta, en este caso, se quita todos los miedos, vergüenzas, dudas o temores como si fueran un jersey que oprime la piel en pleno agosto y lo colgara en la cuerda de tender de un quinto piso, siento que estoy invadiendo su intimidad. Siento que se libera después de mucho tiempo, como si hubiera estado atada de pies y manos y obligada a guardar silencio. Y me la imagino respirando profundamente una vez termina de tatuar el papel con sus versos y sus verdades.

En este libro encontramos sobre todo retratos. Retratos de personas a las que no sé si Ane conoce muy bien o no, pero que para ella significan lo suficiente como para dedicarles unas palabras. Ane en este libro no es poeta; es pintora. Porque no solo se necesita un pincel para pintar. Ella demuestra que se puede hacer también con un boli y un papel. Se puede pintar con palabras. Y el resultado será un arroyo de versos que atrapan desde la primera página y que te hacen cómplice de la vida de la escritora. O pintora. Ya no sé. Y es que yo creo que esta chica puede ser lo que le dé la gana. De verdad. Y puedo afirmar esto porque después de leer sus dos poemarios es como si ya la conociera.

No puedo olvidarme, ¡ni se me ocurriría!, de Alexis Bukowsi, un joven Barcelonés que acompaña las palabras de Ane plasmadas en Retratos de lo invisible con sus preciosas ilustraciones. En su presentación dentro del libro se dice que Alexis tenía dos pasiones de pequeño: pintar y los pájaros. Pero como pronto se dio cuenta de que sin alas iba a ser muy difícil volar como sus animales favoritos, prefirió decantarse por el lápiz que le llevaría mucho más alto que unas alas. Sus ilustraciones, de mujeres con alma de pájaro, retratan a una mujer que es juzgada por su imagen, que se hace pequeña ante lo que debería ser, que carga al hombro sus sombras y que al mirarse al espejo ve lo que realmente es. Esas mujeres pájaros somos tú y yo. Es Ane. Es Alexis. Y es cualquiera que, al leer este poemario sienta que un pájaro revolotea dentro de su interior pidiendo a gritos salir.

Y permitidme, para acabar, que me dirija a Ane: lo has vuelto a hacer. Has ido a una esquina donde ya nadie se sienta, cantaste y la lluvia hizo que las flores volvieran a crecer. Como aquel que ve ruinas y hace de ellas una ciudad.

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Estructuras disipativas, de Clara Janés

Estructuras disipativas

Estructuras disipativasImagino que conocéis a Clara Janés, pero me parece necesario hablaros de ella, no solo porque sea una de las poetas contemporáneas más importantes, sino también por su gran labor en el mundo de la literatura.

Clara Janés es la décima mujer miembro de la RAE y ocupa la silla “U” desde el año 2015. Nacida en Barcelona e hija del poeta y editor Josep Janés i Olivé y de Ester Nadal, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, Pamplona y en la mítica Universidad de la Sorbonne, en París. Su primer poemario, Las estrellas vencidas, fue publicado en 1964. Influida por las obras literarias extranjeras, Clara Janés decide estudiar distintas lenguas para poder traducirlas al castellano. Su faceta de traductora, principalmente del checo, le ha valido numerosos premios y distinciones.

Poseedora de un lenguaje y de un estilo propio, clasificar a Clara Janés dentro de alguna de las corrientes poéticas de los últimos años es una tarea difícil. Supongo que esto es lo que hace de su poesía algo único: su originalidad. Tremendamente femenina, existencialista e íntima, la poesía de Clara Janés es indispensable para conocer la poesía actual. Como comprenderéis, era inevitable que os hablara de ella en la introducción de esta reseña.

Estructuras disipativas es su último poemario publicado por Tusquets. El nombre procede del término utilizado por el físico Ilya Prigogine para definir el mecanismo por el cual la materia pasa del orden al desorden. O, en propias palabras del físico que podemos leer al comienzo de este poemario:

“Hemos denominado “orden por fluctuaciones” al orden generado por el estado de no equilibrio. […] Podemos decir que la estructura disipativa es la fluctuación amplificada, gigante, estabilizada por las interacciones con el medio”.

Un poemario escrito con ese rigor científico con el que Clara nos introduce sus nuevos versos. Poemas sutiles, llenos de metáforas y de quietud, esa palabra que tantas veces aparece en el poemario y que es el reflejo de nuestro universo en orden.

“Y la quietud

es el punto microscópico

del movimiento

elevado al infinito”.

Clara Janés no es una poeta fácil, de esos que tanto se llevan ahora. Entenderla no es sencillo, requiere un ejercicio de comprensión y empatía brutal. Un esfuerzo riguroso, cósmico y suave, como sus versos. Pero una vez que hemos conseguido encajar las piezas de nuestro mundo con el universo que Clara Janés nos ofrece, se produce un encuentro mágico. Un encuentro de poeta a lector, un cara a cara con nuestra realidad y su mundo poético. Algo sencillamente maravilloso.

 “Vuelva a mí la virginal llamada

de una forma

pura resonancia,

que cruza el corazón

y lo llena de luz comunicante

anulando los límites

que establece el otro

al enunciarse.

Y tú, cansada voz,

estate atenta

al secreto de las ondas

y aprende

transparencia.”

Un poemario sensual, cargado de connotaciones y metáforas y repleto de voces que pueblan el desorden y el movimiento. Estructuras disipativas es un libro para perderse en él cualquier noche estrellada, cuando la quietud invade el universo y nuestra calma.

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Primero de poeta, de Patricia Benito

Primero de poeta

Primero de poetaDesde que tengo memoria, tengo la necesidad de apuntar las frases de películas/canciones/libros que significan algo para mí. Tampoco sé muy bien por qué, porque después esas notas suelen quedarse en el olvido y no son leídas por nadie. Quizá sea porque tengo la necesidad de saber que si, algún día, no me salen las palabras, podré recurrir a esas notas que una yo del pasado apuntó pensando en que la yo del futuro las necesitaría.

Desde que tengo memoria, me identifico muy a menudo con las palabras ajenas. Me veo reflejada en la vida de los demás. Cuando leo, muchas veces me veo a mí misma. Es como leer un diario. Cuando era pequeña me encantaba meterme en la cama y escribir lo que había hecho ese día en un diario. En él me desahogaba, me liberaba. Hacía que me calmara. Años después, leo esas páginas y, a pesar de saber que fui yo quién las escribió, tengo la sensación de que es otra persona la que escribía por mí. Muchas veces he llegado a identificarme más en las palabras de otra gente que en las mías propias. Porque con el tiempo cambio, me modifico. Y ya no soy la que era hace diez años. Ni me preocupan ni me emocionan las mismas cosas. En cambio, cuando leo un libro, consciente de que otra persona ha dejado en él su alma, siento como si esa vida fuera la mía. Como si en ese preciso momento me estuviera dando lo que necesito leer. Como si supiera que el libro ha llegado a mis manos en el momento perfecto.

Hacer tuyas las vivencias de otros es la parte más bonita de ser amante de la lectura.

En Primero de poeta, Patricia Benito nos hace cómplices de los retazos de su vida. Desgrana situaciones personales y las comparte, trocito a trocito, poema a poema, con el lector. Este libro llegó a mis manos por casualidad. No lo buscaba, pero él me encontró. Y me sumergí en él. Y me identifiqué con sus palabras, con sus versos, con su lírica. Me identifique con la manera en la que Patricia muestra su propia visión del mundo. Revela una personalidad inconformista, luchadora y arrolladora. Ser inconformista está infravalorado. Todos deberíamos aspirar a más. Intentar ser mejores y alcanzar el máximo potencial de nosotros mismos. Patricia lo hace y nos lo cuenta en forma de poema.

Primero de poeta es una recopilación de aquellos versos que salen en un momento de ahogo. O de desahogo. En momentos en los que el boli y el papel son los mejores amigos que uno puede tener. Es un resumen de una vida de cambios y de viajes.

Desde que tengo memoria subrayo las frases de los libros que han significado algo para mí. He tenido que leer este poemario con un lápiz bien cerca porque cada cinco minutos necesitaba marcar un verso. A veces me gusta pensar que quien lea después ese libro, me conocerá un poco más. Y solo bastará para ello leer con atención las frases subrayadas. Como si fuera un mapa que resuelve un enigma. Y eso, es de primero de poesía.

 

Siempre he sido más

de salvar las distancias

que de ponerlas.

 

De sacar las piedras

de los bolsillos

para poder flotar.

 

De quitar

el freno de mano

ante una cuesta abajo con vistas.

 

De no llevar flotador

a pesar de las mareas,

de las contracorrientes.

 

De no hacerle ni caso

a las contraindicaciones.  

 

De no leer

la letra pequeña de la gente.

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