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Formas de la niebla, de Miguel Ángel Manzanas

Formas de la niebla

Formas de la nieblaPoesía. Que no se puede vivir sin ella, lectores. Que hay que volver a la poesía una y otra vez. Y yo siento que me falta algo cuando no estoy entre versos. Porque ya sabéis que me gustan todos los géneros (o casi todos), pero tengo una vocación y una predilección por y para la poesía.  Y me encanta sentirme arropada cuando la leo.

Por eso elegí Formas de la niebla, porque tenía ganas de sumergirme en un poemario, en la voz de alguien desconocido que he ido conociendo a través de sus palabras, de sus pensamientos más íntimos. ¿Hay alguna forma mejor de conocer a alguien?

Miguel Ángel Manzanas es madrileño y poeta. Ha recibido varios premios literarios, tanto nacionales como internacionales por poemarios como Viviendo de reojo (Premio de Poesía Federico García Lorca). También ha publicado los poemarios Divino diván y Cuaderno de paseo. Además, ha escrito artículos de investigación literaria y poemas para diversos medios y comparte profesión conmigo: también es traductor de portugués. Una pasión que compartimos y que me gustó conocer antes de adentrarme en su poemario, porque he podido comprender mejor algunos de sus versos.

A mí me gusta mucho hacer anotaciones en los libros (siempre a lápiz) y sobre todo en los poemarios. Es como si así dialogase con el autor, es mi momento de réplica, de darle la razón o de discutir con él.

Uno los poemas de Formas de la niebla, llamado Canto séptimo es toda una oda a Lisboa, una ciudad que a mí también me fascina y que me despierta un montón de sentimientos encontrados. En mi diálogo con el autor le dejé una nota: “mesma paixão”. Lo entenderéis con estos versos:

Y hay ciudades absurdas

donde brilla el metal,

donde el obtuso abrazo de los hombres

tiene aromas de légamo y de níquel,

pero Lisboa no. Porque Lisboa

es un niño que corre

en pos de una paloma,

la muchacha que tiende sin pudor

sus ropas interiores

en la lírica noche

y el anciano que me recriminó,

en una iglesia humilde y periférica,

que naciera del fondo

de mis torpes bolsillos

un rumor de moneda a cada paso

una tarde de lluvia,

en la vieja Lisboa”.

Dividido en dieciséis cantos, Migue Ángel Manzanas, aborda en su intenso poemario sentimientos complejos, como esa infancia apacible que da paso a otra clase de juego:

“La edad de la ternura se ha agotado:

hoy aquel candoroso adolescente

comando un barco ebrio,

se revuelca en su nicho de lujurias,

participa del sótano del mundo”.

O el amor, representado tras la consigna de Rimbaud “Reinventar el amor” que el autor hace suya. Porque el poeta también reinventa otros sentimientos, les pone nombres de cantos y los lanza al aire, en busca de un lector que los haga suyos. Y ha ocurrido la magia, amigos. Me han arropado los versos de Formas de la niebla. Me he sentido cómoda y me he dejado llevar. ¿Cómo no iba una una a querer a la poesía así?

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