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Obra escogida, de Walt Whitman

Obra escogida

Obra escogidaComo yo paso más tiempo fuera de casa por trabajo, todos los libros que pido los mando a casa de mi madre. La pobre mujer que, en palabras suyas, se pasa el día firmando (a los mensajeros) y la coctelera agitando, tiene mi consentimiento para además de recoger los libros, abrirlos y enviarme una foto para que yo esté informada. Cuando recibió este libro, sólo me dijo estas palabras: “Oh capitán, mi capitán” y claro, me emocioné. ¿Acaso a vosotros no os emocionan esos versos?

Walt Whitman es uno de mis poetas preferidos, sin duda. Más allá de esos versos que casi todos conocemos gracias a la película El club de los poetas muertos, Walt Whitman es uno de los más grandes poetas de la historia de la literatura universal. Hojas de hierba, fue uno de sus libros más famosos, pero Whitman era mucho más. Incansable lector y escritor lírico, dentro de su obra también destacan las crónicas y los apuntes periodísticos.

La editorial Penguin Clásicos ha tenido la maravillosa idea de recoger en Obra escogida parte de su trabajo en un único tomo traducido por la poeta chilena Concha Zardoya y con introducción de Edgardo Dobry. El resultado es un maravilloso e imprescindible libro para los amantes de la poesía. Y para los que no conozcan a Whitman, encontrarán en este libro una perfecta manera de profundizar en la obra de uno de los grandes genios de la poesía.

De Whitman podría contaros muchas cosas. Para mí es uno de los grandes de la poesía estadounidense y universal. El poeta de la naturaleza y del pueblo, con versos cargados de sensualidad, vitalidad y lirismo. Es uno de esos escritores que me emocionan hasta la médula. Algunos de sus poemas me trastocan, me alteran y me llevan en volandas hacia su universo. Es una sensación maravillosa. Canto a mí mismo es uno de mis poemas preferidos y, por supuesto, aparece en este libro. Si queréis encontrarle el sentido a la poesía, sólo tenéis que leer este poema. Como es muy extenso, voy a copiaros algunos versos:

Me celebro y me canto a mí mismo,
y lo que me atribuyo también quiero que os lo atribuyáis,
pues cada átomo que me pertenece también os pertenece
a vosotros.

Vago e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a placer para contemplar una brizna
de hierba estival.
Mi lengua, cada molécula de mi sangre emana de este suelo,
de este aire.
He nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí y cuyos

padres también lo hicieron.
A los treinta y siete años de edad, en perfecta salud, comienzo
a cantar,

deseando hacerlo hasta la muerte.

Que se callen las credos y las escuelas,.
que retrocedan un momento, conscientes de lo que son

mas sin olvidarlos nunca.
me brindo al bien y al mal, dejo hablar a todo lance,

a la desenfrenada Naturaleza con su energía original.

¿No os parece una maravilla?,  ¿no os dan ganas de besarle la frente a Whitman y darle las gracias? Este canto podría ser el canto de cualquiera de nosotros.

Obra escogida es un libro imprescindible para entender y conocer al poeta, también para entender la poesía. Una poesía profunda, escrita desde el corazón de uno de los poetas más importantes de todos los tiempos. No podéis dejar pasar por alto este libro. No podéis perderos a este poeta.

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Poesía reunida, de William Carlos Williams

Poesía reunida

Poesía reunidaCuando estudiaba en Salamanca algo completamente ajeno a una carrera de letras, merodeaba por los soportales de la Plaza Mayor un personaje extraño, humano y no a la vez, que asaltaba a los turistas y a los locales con unas hojas mecanografiadas al grito de “¿te gusta la poesía”? Todos, románticos perdidos, le dijimos que sí la primera vez a aquella señora, mezcla estética de la Bruja Avería y Pris Stratton, para descubrir con disgusto a continuación que aquellos poemas que vendía “por la voluntad” eran lo peor que nos habíamos echado a la cara hasta aquel entonces.

Quizá fue en ese momento cuando aprendí algo que luego me ha acompañado toda la vida. No me gusta la poesía, tal cual, como no me gusta la música per se ni cualquier película. Me gustan cierta clase de poemas, de sonido y de cine. Eso, que es fácil de entender cuando se compara el glam con el reguetón (y no diré cuál de los dos adoro), a veces sigue siendo necesario de explicar cuando se toca el tema literario.

Todo esto para decir que ya sabía que me gustaba William Carlos Williams cuando empecé este Poesía reunida que ha publicado Lumen. Igual que me gustan Walt Whitman, anterior, y Ferlinghetti, entre los muchos que vendrían después. Entre todos forman una suerte de árbol genealógico de mis lecturas y preferencias en el que todas las ramas parten del mismo tronco. Sin renunciar a la búsqueda de los límites del lenguaje, se trata de poetas que convierten sus creaciones en campos de ideas más que en alambradas de palabras. Cierto aire de ruptura une a todos ellos, pero también de cotidianidad, un deseo por nombrar las cosas pequeñas y por apurar en ellas cualquier gota de belleza sin tener que exprimirlas hasta que revienten. Por eso me encuentro mucho más cerca de ellos que de contemporáneos suyos, como Pound y Eliot, por poner un ejemplo que viene al caso.

El libro no ha hecho más que confirmar esa impresión, que ya había tenido anteriormente leyendo Paterson y alguno de los poemarios que aparecen en este volumen. Porque lo primero que hay que advertir es que aquellos que hayan visto la película de Jarmusch y lleguen hasta aquí buscando Paterson ya pueden darse la vuelta y volver por donde han venido. Poesía reunida contiene cuatro obras de William Carlos Williams, de entre una creación total que ronda la cuarentena, así que no es ni una antología ni una poesía completa, y ni siquiera es una compilación hecha por el propio poeta en vida. Incluye eso sí, quizá sus tres obras más importantes fuera de Paterson (La música del desierto, Viaje al amor y Cuadernos de Brueghel) y una de las más destacadas de su etapa inicial (Kora en el infierno).

Kora, precisamente, aparece por primera vez volcado al castellano. Buena noticia. Cargado de ritmo, mucho más lleno de improvisación que sus obras posteriores, una especie de Williams en crudo, en el que se permite además ciertas diatribas contra sus coetáneos. En este sentido la introducción resulta bastante explicativa, y es imprescindible para entender esta época del autor su desacuerdo con Pound y Eliot y su giro hacia lo que sería una poesía estadounidense propiamente dicha, fuera del sesgo europeísta de aquellos. Tiene un valor indudable, pero desde el punto de vista de la coherencia del volumen no termino de ver el sentido de su inclusión junto a los otros tres, teniendo en cuenta además que se colocan en orden cronológico y Kora, admitámoslo, es el más indigesto de los cuatro.

Después de esta primera etapa, nos zambullimos de lleno en el Williams posterior a Paterson, un pediatra con varios infartos a sus espaldas que comienza a ver cómo se le escapa el aliento vital y enfrenta la decadencia con lo mejor que tiene: sus palabras. Las páginas de lo que serían sus tres últimos libros de poesía están llenas de referencias a la muerte y al descenso, son un viaje por la memoria y por los estertores del deseo sexual. Williams no pierde nunca de vista su particular fraseo (el “pie variable”) con el que trata de asemejar el ritmo de sus poemas al habla de la calle. Esto es lo que lo hace verdaderamente original y un hecho diferencial que podría haberle hundido pero que terminaría por alzarlo a los altares de la poesía, alabado por Wallace Stevens o Allen Ginsberg.

Poesía reunida llega publicado por Lumen en una edición primorosa, robusta y de calidad con un precio bastante decente, para la que no puedo tener más que buenas palabras. La introducción de Juan Antonio Montiel resulta completa y nada tediosa, y por último el hecho de que sea bilingüe permite que pueda incluso apreciarse el famoso “ritmo” que el autor imprimía  a cada poema. Espero que a nadie le asusten sus más de 500 páginas y dentro de un tiempo se hable más de William Carlos Williams por alguno de estos poemas que por una (buena) película. Y de la poesía como campo de batalla de luchas variadas y amores múltiples.

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Otras maneras de usar la boca, de Rupi Kaur

Otras maneras de usar la boca

Otras maneras de usar la boca

Recuerdo que el otoño pasado muchísima gente en Instagram subía fotos de su ejemplar de Milk and honey, título original del poemario del que voy a hablar hoy aquí. Fue un fenómeno que acaparó la atención de todo el mundo en las redes a pesar de que llevaba publicado desde 2015. Citaban poemas completos, extractos y sensaciones depositadas en el texto que aumentaban la expectación y ayudaban a crear el aura de misterio y magnetismo que envolvía sus páginas. Nadie es nuevo aquí. Todos sabemos que las modas en internet vienen y van sin ningún tipo de filtro. Elevar cosas al estado de obra maestra o denostarlas hasta que nadie las mire. Ese es el pan nuestro de cada día. Sin embargo, con los poemas de Kaur había algo que funcionaba de otro modo. Persistían en su falta de grandeza. Ahondaban en esas ideas de belleza y de feminismo que comulgan con lo orgánico, con el propósito de evitar una guerra ya sea contra los demás o contra sigo misma. Una portada negra con dos abejas blancas posadas en su superficie. El enfrentamiento a lo establecido desde la quietud. Intenté hacerme con un ejemplar en inglés, arrastrado por la legión de fans que estaba acumulando, pero se cruzaron otras lecturas y aparqué la idea hasta otra ocasión. Esperando en el fondo de la sala, en secreto, para saber si estaba ante uno de esos fenómenos caducos o ante el poemario de nuestra generación. Durante dicha espera, la línea de poesía de la editorial Espasa decidió traer el libro a nuestras fronteras y ahí ya no pude aplazarlo más. Hoy vengo para hablaros de Rupi Kaur y para anunciaros que hay otras formas de usar la poesía. Quiero avisar antes de que haya algún malentendido o tergiversación que yo también he caído en las redes del fenómeno Kaur.

Rezan unos versos del último tramo del libro que nunca debes / cambiar la honestidad / por el reconocimiento y creo que esto define bien la piedra sobre la que se sustenta gran parte de los poemas de Kaur. Porque si hay algo que destaca en esta colección es el uso de la verdad a cualquier precio. Se vuelve obscena y cursi y genuinamente reivindicativa, pero en cada uno de estos versos hay sangre. El uso del escándalo del que es dueña busca conmover al lector. Todo lo que sucede tiene una dimensión vivencial que nos empuja a la identificación. Proyectamos en sus poemas nuestras carencias emocionales, nuestros excesos sexuales, nuestra necesidad de conciliarnos con el padre antes que con nosotros mismos.

La ruptura y el desenlace como motores en la poesía no son algo nuevo, sin embargo prevalece un nuevo estado de ruptura en el que la hermandad te alimenta mientras agonizas. La comunidad cobra vida en estos poemas de un modo casi necesario. Cuando uno no puede creer en el estado, cuando lo local es la realidad próxima que nos conoce y que sabe qué necesitamos, el grupo cobra fuerzas. No estamos solos. Y hay una dimensión digital implícita en todo esto que me sorprende y que me ayuda a entender el fenómeno de los poemas de Kaur. Muchos de nuestros amigos suceden en la pantalla de un móvil y la familia puede que sea una sucesión de fotografías subidas a Facebook. Toda esta tecnología social ya es inseparable de nuestra realidad y por ende del arte que busca su reflejo en la realidad. Algunas de las composiciones aquí presentes parecen sacadas de una conversación de Whatsapp a altas horas de la madrugada. Es posible que, de hecho, así sea. Porque estos son los materiales que hoy conviven con la poesía. Y porque se ha convertido en un lenguaje universal del que todos participamos y del cual todos conocemos sus reglas.

Es a colación de esta oda implícita a la tecnología donde quiero hablaros de ese nuevo feminismo. Esa idea de cobijarse en manada. El número es fuerte y amplifica el mensaje llegando a rivalizar con los medios imperantes revirtiendo las ideas nocivas que nos llegan como boletines oficiales. Y es que si hubiese un diccionario de términos que sustentan el universo privado de Rupi Kaur los conceptos de mujer y hermana serían indivisibles. Los cuerpos de otras mujeres / no son nuestros campos de batalla. Estés donde estés, seas quien seas, suceda la extensión de mujer en ti a través de todas sus infinitas posibilidades, perteneces a la hermandad. Esa es la idea que deriva de este poemario/manifiesto. De esta idea surge todo lo que sobrevive en la poesía de esta mujer. Por eso verás el libro en mochilas, en mesas de cafeterías, entre personas charlando, en alguna fiesta invitado por alguien. La gente quiere leer extractos en voz alta, quiere compartir sus poemas favoritos con sus personas favoritas. Hay como bien reza la traducción del título Otras maneras de usar la boca. No todo consiste en tragar y dejarla cerrada porque es así cuando estás más guapa y cuando menos molestas.

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La voz y el sigilo

La voz y el sigilo

La voz y el sigiloMe llega el nuevo poemario de mi paisano Fernando Gil Villa, ya saben, ese catedrático de la universidad de Salamanca especializado en sociología y que mantiene una fuerte relación con el mundo de la literatura y la poesía, imagino que lo recordarán por las veces que les he acercado a nuestro protagonista.

Para los amantes del Rock, no puedo dejar de decir que es hermano de Mariano Gil, el vocalista de TAKO. Como ven, una familia de poetas… Partos bien aprovechados que diría alguno que otro.

Regresa Fernando Gil con La voz y el sigilo después de algún tiempo de silencio, y regresa con poesía, porque para los largos silencios no hay nada mejor que la poesía, que de ellos suele nacer, aunque también surge, sin duda, de estos tiempos ruidosos y rabiosos en los que vivimos.

De su primera parte, titulada Sigilación de la batalla les regalo

CÓMO FUNDAR

Invierno y ni un té
permite al soldado disfrutar
la locura de la tarde.
Vislumbres
que del río emanan
como agua de pensamiento
rilan y abandonan la ribera
-imposible que rinda el trabajo-,

O era el estar lejos
darse fatal condición
para fundarlo todo
Infundadamente.

Cuando unos regresan a la poesía blanca, casi transparente, cuyo receptor es el gran público, el lector ávido de contenido, otros, como Fernando Gil, dan media vuelta y regresan a la poesía de mediados del siglo XX, aquella metapoesía que nos adentra en un mondo visual y muy sonoro…

De su segunda parte, Voz sigila, les dejo otra gota del torrente poético

ESPACIO DE INTERSECCIÓN

Enaltece el sigilo la voz
y al final la preserva
por medio del vuelo rasante
de mirlo cuyas plumas
ocultan el tatuaje permanente
de la palabra.

No hay blancura comparable
en la suciedad de los cielos;
nada iguala en lo negro
al brillo de la sonora locura.

Enaltece la voz el sigilo.

Nos dice Vicente Vives en el prólogo del poemario que en esta forma de escribir tan libre y al margen, podemos ver al también poeta aragonés Miguel Labordeta (No confundir nunca, nunca jamás con su hermano José Antonio), un tipo de poesía más abierta, más dada a las interpretaciones personales de cada lector…

Abre la tercera y última parte titulada, Proximidad con sigilo, con este pequeño poema tan sugerente

A DEL MAR

El mar se muere
mi negra:

aprendieron los peces
a soñar con nuestro
entierro.

Ya ven como regresa del silencio el poeta, entre La voz y el sigilo, con una extraordinaria selección de palabras sonoras para que el sonido al pronunciarlas lleve al lector a la reflexión, porque el poeta no ha venido a facilitarle las cosas recién iniciado, incluso algunos más leídos tendrán serios problemas si se quiere ir más allá de la palabras …

Esas palabras que son mucho más que sonidos;

dicen.

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No te acabes nunca, de María Leach

No te acabes nunca

No te acabes nuncaSe me va a hacer difícil escribir sobre este libro. Va a ser difícil porque es un poemario duro y desgarrador en el que los sentimientos están siempre a flor de piel. Y yo, que me muevo mucho más en el plano emocional que en el de la razón, consigo empatizar y hacer los sentimientos ajenos míos hasta un punto, a veces, doloroso. Esto me ha ocurrido con el poemario de María Leach.

Voy a empezar por el final, porque aunque os haya dicho que el poemario es duro, No te acabes nunca es, principalmente, una catarsis, una forma de ordenar los sentimientos para celebrar la vida. Porque, sí, al final este poemario, a pesar del dolor, es un hermoso canto a la vida. Pero a veces ocurre que ese canto solo llega cuando nos hemos topado con la muerte, cuando la hemos sentido cerca y nos ha arrebatado a una de las personas más importantes de nuestra vida. Y eso es precisamente lo que le ocurrió a María Leach. La muerte decidió enfrentarse a su familia, a su núcleo vital, llevándose consigo a su marido lentamente, pero sin avisar. Se lo llevó demasiado rápido, cuando no le tocaba, cuando nadie podía imaginarlo. Y al mismo tiempo que la luz de su marido se apagaba, empezaba a encenderse la luz de su hijo.

El proceso de duelo es duro, complejo y en ocasiones autodestructivo, pero es necesario. Casi todos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas por ese momento y cada uno se enfrenta a él de una forma distinta. María Leach decidió enfrentarse a él escribiendo, plantándole cara a través de palabras y sentimientos y el resultado es este áspero y dulce poemario.

Acompañado por los aguafuertes y el prólogo de la ilustradora Paula Bonet, todo lo que está dentro de las páginas de No te acabes nunca es totalmente genuino. Acompañar a la autora en este duelo es meternos en su piel, en su cabeza, en todas las preguntas que quedan en el aire y que nadie va a responder. Porque el duelo es hacerse preguntas y que el eco nos golpee en la cara, el duelo es caminar sin rumbo, existir sin ser, avanzar sin poder mover las piernas.

“Déjate querer”.

“Sé fuerte”.

“Lo superarás”.

Y en medio de este circo macabro

de mensajes de pésame

y féretros por catálogo

sólo mi sobrino de cinco años

se atreve a decirme la verdad.

“¡Qué mala suerte has tenido!

Ahora tendrás que cuidar tú sola

del perrito y del bebé”.

Poemas claros y rotundos como éste, que esconden en versos sencillos toda la verdad del duelo. Porque cuando algo así ocurre, sabemos que no hay vuelta atrás, que no podemos rebobinar los acontecimientos a nuestro antojo, que ya solo nos queda mirar de frente, a ese futuro incierto en el que tratamos de mantener el tipo.

“El poema más triste

ya está escrito.

Empieza después de ti y no se acaba nunca”.

Qué difícil no ponerse en la piel de María Leach al leer su poemario, qué difícil no hacer nuestras sus emociones, llenarnos de vacío y rabia. Y aun así, como escribe la propia autora en la página final de No te acabes nunca: “Aunque ya me sepa el final y no se pueda cambiar. Te volvería a vivir.”

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Hierofanías

Hierofanías

HierofaníasPor algún motivo Alfredo Rodríguez es un poeta al que regreso cada vez que anuncia un nuevo título, será por ello que de vez en cuando me atrevo a venir para compartir con todos ustedes algunos poemas de este autor navarro ¿Importa que sea navarro o de Valladolid? Yo creo que un poeta puede ser de cualquier parte, pero el lector hará bien en saber de dónde le viene a cada uno su fuerza e inspiración.

  Porque unas veces nace de la familia, de los seres amados, de los desamores o de las situaciones sociales, otras veces nacen de nuestra genética, de nuestras raíces, de nuestra tierra y de su propia trasformación.
I
Empiezas hoy a transformarte en diosa,
giras en el ciclo de nacimiento y de muerte
como una burbuja de aire, una gota de agua
en mi carne de hombre,
adoptas mil distintas experiencias.
Ahora nos toca aprender de ti
tu existencia encarnada.
Vivo en ti una ascensión interminable,
un flujo de energía que baja por mi cuerpo,
profeta enloquecido
llamo Noche a mi amante,
porque tú me devuelves el valor,
verdadera virtud perfeccionada,
como si recita se las palabras del Buda.
 El poeta se abre finalmente a la luz, como bien nos dice su prologuista y amigo Javier Asiáin. Me resulta curioso cómo los poetas según avanzan por la línea de la vida van aclarando sus versos, van dando luz a su poesía.
Eliade utilizó la palabra «hierofanía» para traducir el acto de manifestación de lo sagrado, porque es preciso, y porque se refiere únicamente a aquello que corresponde a lo sagrado que se nos muestra.
Me ha parecido ver en Alfredo una clara evolución más allá de la poesía, la evolución es personal, si bien sus poemas siguen un propio camino al margen del propio autor. Sé que es extraño, pero habrá que entender que es una poesía muy elaborada, poemas que precisan más allá de la inspiración vital o divina, el trabajo del poeta para pulir y dar fluidez a las palabras, a los versos… Y convertirlos en lo que hoy tenemos en nuestras manos, ríos luminosos que parecen descender mansamente.
XIX
Milagro de la regeneración,
eterna juventud, vitalidad del Sol,
la música y plegaria, su Belleza.
Entre la tierra fértil se abre la flor del loto,
los goces de la Vida,
el mar de toda la energía yin,
El mar de toda la energía yang.
    Ya ven, versos que, según nos dice el poeta, “solo quieren reivindicar el carácter sagrado de la Poesía y su significado más alto: el de estar cerca de lo absoluto y lo definitivo…”.
Imprescindible, tanto como el prólogo, será el epílogo del propio autor, donde analiza, como si tras la lectura del poemario asistiesen ustedes a una conferencia con el autor en un club de lectura, el recorrido de sus versos, las fuentes de las que se han nutrido y los mares a los que se dirigen. Esta es una parte que a muchos lectores no especialmente cercanos a la poesía, interesará, aquellos que necesitan una más clara explicación de lo leído más allá de la belleza que las palabras y el sonido les muestran.
XXXVIII
Si el poeta conquista la pureza
conquistará el descanso
y después todas las cosas
ya serán solo una con el Tao.
La fuerza de eliminación del cuerpo
y la luz de luces, la Luz del alma,
conservan su dharma cósmico visible,
el Yo que es anterior al nacimiento.
Al poder trascender sus dualidades
entrará en el silencio,
el deseo de integrarse en el Todo.
Con estos tres poemas, seleccionados por orden cronológico del poemario, creo que vemos esa transición, ese ir hacía donde el poeta ha querido que fluyan sus versos y su propia existencia. La Luz que va viéndose más clara según avanzamos por sus últimos poemas.
La poesía es una de las artes más especiales de entre las bellas artes a las que el hombre tiene acceso, palabras que generan emociones a través de todas sus formas y sonidos, música que vuela y palabras que golpean, susurran, o incluso acarician.
Leer poesía es aspirar a ser más humano y al mismo tiempo más divino.
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El amor, ese viejo neón, de Karmelo C. Iribarren

El amor, ese viejo neón

El amor, ese viejo neónHubo un tiempo en el que Karmelo C. Iribarren era poco menos que una leyenda urbana. Hablábamos de él, entre cerveza y cerveza, tejíamos complejos planes para asaltar el sanatorio de Mondragón y sacar a Leopoldo María Panero de allí y llevarlo a tomar unas cañas donde Karmelo, del que alguien nos había dicho que perpetraba aquellos poemas que tanto nos gustaban detrás de la barra de un bar. Nos encantaba Karmelo, una versión en bruto, si es posible eso, de Roger Wolfe, uno de los pocos poetas locales que habíamos podido descubrir en nuestra biblioteca municipal estirando un imaginario hilo desde nuestras lecturas de la generación beat hasta la España de los noventa.
Nos habíamos hartado entonces, en aquellos últimos años de instituto, de la poesía oficial y de los planes de estudio, con los que nunca llegamos a pasar de Miguel Hernández. Era como la propia birra: sabíamos que nos gustaba aquella mierda, pero todas las que nos ponían nos parecían un poco amargas. Ansiábamos el momento en el que, como nuestros mayores, descubriéramos una que calmase nuestra sed, nos emborrachara… y pudiéramos tragar sin arrugar el ceño. Karmelo lo fue, por lo menos por una buena temporada, con el añadido morboso de lo difícil que era hacerse con uno de sus libros, siempre agotados, lejanos, distantes, y con lo poco que sabíamos de su biografía. Su verso era y es certero, en las antípodas de lo barroco. Humano, desprovisto de alharacas, cercano como ninguno. Brutal, descarnado, real. Sí, sobre todo real. Porque a las once de la mañana estudiábamos el locus amoenus, pero lo que nos encontrábamos a las once de la noche, la hora mágica entonces para nosotros, era el humo de los bares, el rimmel de las mujeres, las vomitonas y los primeros desengaños. Y aquello no aparecía mencionado en Gonzalo de Berceo, estaba en Karmelo Iribarren, con aquella C en medio que nos recordaba tanto a los Rayos-C brillando en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.
Siguiendo con la analogía, poco tiempo después descubrimos las drogas. Nuestras lecturas se ensancharon, nuestros anaqueles se multiplicaron e Internet nos trajo tanta poesía que nuestros pequeños cerebros reventaron y nos terminaron llenando las paredes del cráneo de los restos dispersos de todo lo que habíamos leído durante aquellos años. Cuando llegó el momento limpiar aquel desastre, alguien, en algún bar, de nuevo, mencionó a Karmelo C., y corrimos a su encuentro una vez más. Nostalgia, lo llaman.
Sorpresa. La leyenda urbana se había convertido en una figura de culto para una generación, o dos, más allá de la nuestra. Los poemas que habían llenado nuestras conversaciones, que nos transmitíamos boca a oreja, que memorizábamos o manuscribíamos, ahora aparecían en Twitter, en Facebook, en Instagram. El poeta maldito, la leyenda urbana, había dejado de serlo y nosotros casi ni nos habíamos enterado.
Así que toca ponerse al día. Aunque precisamente su último libro, El amor, ese viejo neón, no aporta gran cosa a la trayectoria pasada de Iribarren, casi diría que ni siquiera a los que todavía alcanzamos a comprar su poesía completa (Seguro que esta historia te suena) cuando Renacimiento lo publicó en 2005. Es normal, es su octava antología, que se dice pronto para un poeta vivo que no ha llegado a los 60 años. El amor, ese viejo neón, que publica Aguilar, tiene la particularidad de reunir sus mejores poemas en torno al amor, o diría más bien que sobre el amor y las mujeres, una categoría aparte en Karmelo Iribarren. Como en otras ocasiones, ahí están la desesperación, los tragos de más, el cariño de menos. También el brillo de las pequeñas cosas, los cierres magistrales en versos de métrica irregular y dispar, esa manera de mirar la vida desde el fondo de la barra a través de unas gafas, nunca mejor dicho, de culo de vaso de alcohol. Se abre con cuatro poemas inéditos, y termina con una selección de sus aforismos, más recientes, ideal para aquellos que quieran rellenar su Twitter pero quizá un poco insustancial para los demás.
Nada nuevo, pero tampoco nada desdeñable. Quizá un libro adecuado para empezar con K. Para algún chaval de instituto como lo éramos nosotros hace veinte años, alguno aburrido tras horas de análisis literario de Rubén Darío, o desesperado después de los veinte poemas de amor de ya saben quién. Alguno al que, si está leyendo esto, le diría: te gusta la poesía, y lo sabes.
Ahora hazme caso, ve a buscar El amor, ese viejo neón y agárrate fuerte.

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Pameos y meopas, de Julio Cortázar

Pameos y meopas

Pameos y meopasLibros como este son los que demuestran que el que nace escritor lo es siempre, no solo cuando escribe. Pameos y meopas, publicado ahora por Nórdica Libros, es la recopilación de unos poemas escritos por Julio Cortázar entre 1944 y 1958 que ni el propio escritor concibió como obra para publicar. No soy escritor y por eso nunca he sabido descifrar cómo alguien que sí lo es es capaz de diferenciar aquello que espera publicar de aquello que no. Concibo la escritura, aunque de forma lejana, como un continuo vital y por eso me sorprende cuando me encuentro con casos, como es el de Cortázar en este momento, en los que el escritor reconoce que la obra en cuestión, ahora sí publicada, eran simples poemas «excesivamente personales, herbario para los días de lluvia» y para los que «nunca creí demasiado en la necesidad de publicarlos».

Vale, quizás sí que puedo llegar a entender que haya escritores que vean en alguno de sus escritos una calidad inferior a la que creen oportuna y decidan que eso no quieren que se publique. Pero viendo estos poemas, pameos o meopas, me es imposible entenderlo. ¿Debería ser obligado en autores ya consagrados y con masas de fans detrás que todo lo escrito por ellos tuviera que ser compartido? A veces me lo pregunto. Porque es posible que si no hubiera sido por circunstancias muy puntuales – como cuenta el propio Cortázar en el prólogo de la obra – estos poemas nunca hubieran salido a la luz editorial. Y ahora nosotros no los tendríamos en la mano. Y ahora yo no estaría escribiendo esto. Y Pablo Auladell no podría haber hecho estas magníficas ilustraciones que acompañan al libro, que lo llevan de la mano. ¿Cuánto se queda en el camino?

Seis partes configuran un libro compuesto por poemas escritos entre Buenos Aires, París y Roma con un Cortázar que oscila entre los 30 y los casi 50 años. Partes compuestas por dos, tres o cuatro poemas, sin seguir un hilo narrativo ni temporal, solo regidos – si esto es posible en algo que haga Cortázar – por el título de cada parte. La forma en los poemas cambia, igual que el sujeto, el destinatario, la extensión, el ritmo. Lo que no cambia es la huella. Es leer por ejemplo ‘Poema’, la primera composición del libro y para mí la mejor y saber a quién tienes delante.«Además te quiero, y hace tiempo y frío», Cortázar en estado puro.

Hay casos en los que el escritor cambia de género para intentar ser otro, incluso algunos refuerzan ese giro cambiándose el nombre. Luego hay otros que no, como es el caso de Cortázar: escritores que parece que nunca suelten el bolígrafo, que escriban su vida a medida que pasa en la forma que se le presente. Hay escritores que incluso te obligan a separar sus libros de la estantería porque no puede ser que sea el mismo el que ha escrito una y otra cosa. Hay otros que se juntan solos. Veo a Cortázar en fila en mi estantería, fila desde hoy un poco más ancha, más ancha por la llegada de Pameos y meopas.

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Poesía completa, de Cavafis

poesía-completaLeí por primera vez a Constandinos Cavafis cuando todavía se llamaba, para los lectores en español,  Konstantino Kavafis. Era un ejemplar encuadernado en verde esperanza que encontré en mi casa; ahora sé que se trataba de la ya famosa edición y selección de José María Álvarez Poesías completas, de la editorial Hiperión. Debo confesar que no entendí gran cosa de las numerosísimas referencias a la antigüedad clásica, pero sí me llegaron las historias tan humanas de aquellos personajes que, con nombres como Teódoto, Cantacuceno o Aristóbulo, encarnaban pasiones, terrores, cuitas y neurosis que se dan, es de suponer, lo mismo hoy que en aquel antiguo ayer, y lo mismo en gentes menesterosas que en grandes reyes, emperadores y héroes. Compartían volumen con aquellos poemas otros,aparentemente más accesibles, que trataban sobre el amor y la belleza; recuerdo que me cautivó la voz de aquel poeta, que parecía dudar siempre entre la audacia y el sigilo; velaba a la par que revelaba, pero siempre mostrando su pasión y también su profunda melancolía, rasgo este último en cuya expresión me pareció que aquel poeta era un maestro muy especial.

Ahora, con más años y con un poco más de conocimiento, una lectura más experimentada de los mismos poemas de aquel singular poeta me ha permitido disfrutarlos mucho más, aparte de enriquecer esa relectura con el descubrimiento de una gran parte de su obra poética que no siempre ha estado al alcance del lector en lengua española y ahora sí lo está, gracias a la labor y a la entrega del incansable lector, estudioso y traductor de Cavafis Pedro Bádenas de la Peña, de la editorial Alumzara y de la Fundación Biblioteca de Literatura Universal. En efecto, tenemos la gran oportunidad de disfrutar de la poesía completa de Constantino Cavafis, de la cual sus llamados poemas canónicos, siendo los más conocidos y los más difundidos, son solamente una parte. En esta edición de Bádenas de la Peña está todo lo que podamos desear leer de Cavafis, sus originales en griego y su traducción al español, con comentarios –que contribuyen muchísimo a arrojar más luz sobre poemas que requieren de conocimientos de la cultura y la historia grecolatinas para su completo disfrute–, bibliografía, detallada biografía de Cavafis y una introducción que por sí sola ya es un estudio en miniatura, a la par que glosa y ensayo de presentación, de la vida, obra, psicología y voz poética de Cavafis.

Con todo lo que esta cuidada y actual edición aporta a la lectura de la poesía y la prosa poética de Cavafis, y con lo mucho que me ha ayudado a esclarecer pasajes, referencias y anécdotas que en una lectura desnuda permanecieron para mí en la más completa oscuridad, aumentando así el disfrute de estos poemas por mi parte, debo decir sin embargo que mi impresión de la poesía y del poeta es sustancialmente la misma de años atrás, y que ésta se ha visto confirmada por la erudita introducción de Pedro Bádenas de la Peña. Y es que la poesía de Cavafis, como toda buena poesía, es de alcance universal, está por encima de sus referencias históricas y literarias, de sus evocaciones y apelaciones exclusivas y elitistas de puro eruditas. Enriquece, en efecto, la lectura saber algo más acerca de los troyanos o de Orofernes, pero en ningún modo es necesario, pues al leer esos poemas nos alcanza la flecha del mensaje certero de Cavafis sobre lo efímero de la vida y de sus placeres, a los que con tanta desesperación se arrojan sus personajes, y lo seguro de la derrota última; podemos adquirir, por unos momentos, la postura estoica de los helenos ya rendidos a la certeza de la superioridad de los romanos; o el heroismo, derrotado pero orgulloso, de Demetrio Soter, que se aferra al recuerdo de su tenacidad y del orgullo de su raza a pesar de haber sido humillado. Y ¿acaso hay algo más actual y que podamos sentir más cercana que esa cansada ironía del pueblo que espera a los bárbaros que han de llegar, y a los que rechaza y teme pero, al mismo tiempo, anhela, porque “esta gente, al fin y al cabo, era una solución”? Cavafis nunca es tan cercano a cada alma humana como en sus poemas más aparentemente inaccesibles, más exquisitos; Cavafis acude a las fuentes históricas, tan caras para él, con el fin de acercarse mejor a nosotros; con el fin, quizás, de demostrarnos que nada hay tan constante y tan predecible como la naturaleza humana.

Tampoco nos es ajena la audacia, ya abierta y exhibicionista, ya añeja y añorada, ya un poco avergonzada de sí misma, que despliega en sus versos de temática erótica; y también aquí el tema más aparente es pretexto para lo más importante, que no es otra cosa que tratar de aferrar lo efímero y reflexionar, al mismo tiempo, sobre ello. Cavafis observa y, a menudo, recuerda los momentos gloriosos del amor, de la juventud, del placer y de la contemplación de la belleza que nada necesita del mundo intelectual ni filosófico, pero lo hace siempre como un poeta reflexivo, alguien que muestra y revela lo voluptuoso y lo sensual como magdalena proustiana; ahora que tiene nuestra atención hablándonos de sus hermosos amantes jóvenes y de la perfección de sus cuerpos y de su amor secreto, nos revela lo que tiene en mente, a saber, que este momento también ha de pasar, o incluso, que ya ha pasado, llevándose consigo nuestra vida. Ahora lo que queda es tal vez dar sentido a esa vida pasada haciendo que sea fuente de otro tipo de belleza, la belleza lírica. También se muestra Cavafis autobiográfico, y nunca nos conmueve tanto como en ese breve poema titulado Murallas, donde denuncia y lamenta a la vez el ostracismo al que lo sometió la sociedad por causa de su homosexualidad; otro poema tan universal como todos los del autor de Alejandría,con el cual todo aquel que por cualquier causa haya sufrido desprecios y arrinconamientos puede sentirse identificado.

Poesía completa de Cavafis es una edición que no pueden dejar pasar los seguidores y admiradores del gran autor alejandrino, una de las voces poéticas principales que dejó el siglo pasado.

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Geografía humana y otros poemas, de Gloria Fuertes

Geografía humana y otros poemas

Geografía humana y otros poemas“El Hada Acaramelada, de pequeña atolondrada pues soñaba con ser hada de cucurucho y varita. Su madre doña Rosita, dándole beso tras beso, le dijo: ¡Nada de hada, que ya no se lleva eso! ¿Cómo vas a ser un hada con ese flequillo tieso y esos ojos de ratón, si ya no se lleva eso?”.

Estos son los primeros versos que recuerdo de Gloria Fuertes. De hecho, aún me los sé de memoria. Recuerdo también perfectamente la portada del libro en que aparecían que era de mis hermanas mayores y que yo, aparte de leerlo una y otra vez, me había dedicado a pintarrajearlo. Gloria Fuertes forma parte de mi vida desde pequeña, igual que os ocurre a muchos otros de vosotros, ¿no es así? Gloria Fuertes está presente en nuestra memoria colectiva, esa memoria infantil donde hemos almacenado versos suyos que aún nos acompañan. ¿No os parece maravilloso? Entrar por la puerta de la infancia es la mejor manera de permanecer en el interior de alguien por siempre y eso es lo que Gloria hizo con nosotros.

Así, Gloria Fuertes siempre ha estado en mi inconsciente como esa escritora de versos divertidos, de canciones e historias imposibles que disfruté en mi niñez. Pero reconozco que me sorprendió muy gratamente cuando, a la edad de diecisiete años, conocí a la otra Gloria, aquella que ya no apelaba a la niña que era entonces, sino a la mujer en la que me estaba convirtiendo. Descubrir esa otra faceta de Gloria me fascinó. No sabía que Gloria era dos poetas, pero que siempre era una. Porque si hay algo que siempre me ha gustado de ella es su autenticidad y esa voz propia que destilan todos sus versos.

Este año se cumplen cien años de su nacimiento y me alegra mucho que un montón de editoriales hayan decidido publicar libros de y sobre ella. Geografía humana y otros poemas es la propuesta de la editorial Nórdica Libros para celebrar este centenario. Se trata de una pequeña selección de algunos de los poemas de la escritora publicados entre 1950 y 2005. Con prólogo de Luis Antonio de Villena e ilustraciones de la artista Noemí Villamuza, este libro es un precioso homenaje a nuestra querida poeta.

Me gustaría destacar el trabajo de la ilustradora. Unas ilustraciones sutiles y delicadas que acompañan de manera genial los versos recogidos en este librito. También me ha gustado mucho el prólogo y el epílogo con el poema que José Hierro escribió para la poeta de Lavapiés: Hablo con Gloria Fuertes frente al Washington Bridge.

En cuanto a la selección, encontramos sobre todo poemas de esa otra Gloria: la Gloria ingenua pero ya madura, la que canta a los hombres y a los sueños rotos, la Gloria más eclipsada por sus versos infantiles. Aunque, como ya he dicho, siempre hay algo de las dos Glorias en sus poemas, porque ella nunca dejó de ser una niña (aunque fumara como un carretero y su voz de cazallera la delatase).

Geografía humana y otros poemas es una pequeña antología muy cuidada y realizada con mucho cariño. Esas cosas se notan. Una interesante propuesta para este centenario de su nacimiento con la que descubrir y redescubrir a la siempre magnífica Gloria Fuertes, auténtica poeta.

“Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,

que al corazón le llega poca sangre”.

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El odio a la poesía, de Ben Lerner

El odio a la poesía

El odio a la poesíaUn título contundente el de este libro que enseguida llamó mi atención. A mí, que me encanta la poesía, que la uso para poder escribir y ordenarme, que me parece indispensable, necesaria e intrínseca al ser humano, ¿qué me puede contar este ensayo sobre odiarla? Es más, ¿por qué si quiera debería existir esa posibilidad? Ah, amigos, pero existe y más de una vez me he sorprendido y sentido identificada leyendo este libro. Más de una vez le he tenido que dar la razón al autor. Ahora os explico por qué, pero dejadme que os hable primero de Ben Lerner.

Este norteamericano, nacido en 1979, autor de varias novelas, profesor de lengua inglesa y autor de tres colecciones de poesía me ha sorprendido muy gratamente. Su estilo a la hora de escribir es impecable, sugerente y directo. Tanto es así que he leído el ensayo de una sentada, porque en cierto modo, me tenía atrapada y no podía parar. He descubierto en él a una persona muy inteligente, que sabe bien de lo que habla y que tiene una vasta cultura que, sin alardes, usa a su favor en este ensayo. Y eso que los ensayos no es que sean mi género favorito, pero no podía pasar de largo esta lectura.

En El odio a la poesía, Ben Lerner dilucida sobre ese dualismo que despierta la poesía, un género que al mismo tiempo que se ha ganado su prestigio, también ha despertado indiferencia e incluso odio. “A mí también me desagrada”, partiendo de estas palabras de la poeta Marianne Moore, Lerner elabora un ensayo mediante el cual trata de averiguar ese recelo y desdén que provoca la poesía y al mismo tiempo, encontrarle un sentido y una función en la actualidad. Como veis no es una tarea fácil la que se propone.

Hay reflexiones muy lúcidas en este ensayo. De hecho, creo que he subrayado medio libro mientras lo leía, pero ya os he dicho que me he sentido muy identificada con determinadas reflexiones.

Según Lerner, “hay mucho más consenso en el odio a la poesía que la propia definición de lo que realmente es la poesía”. Y eso que realmente, siendo la poesía la forma de expresar mediante el lenguaje nuestra individualidad, todos somos, ciertamente, poetas. “Eres un poeta, lo sepas o no, porque ser parte de una comunidad lingüística -ser invocado como un tú- equivale a ser investido de capacidad poética”. Lo que ocurre es que, a medida que maduramos, nos vamos alejando de esa capacidad, la vamos dejando de lado porque, ¿cómo vamos a ser todavía poetas? y, lo que es peor, esa pregunta maldita: “¿no podrías encontrar un trabajo de verdad y dejar atrás tus costumbres infantiles? Y yo soy la primera que más de una vez he preferido decir que escribo a que soy poeta, porque es cierto que en ocasiones la gente te mira con recelo. Claro, que para la gente todo cambia cuando les dices que eres poeta y que te han publicado. Porque, como dice Lerner, “Todo el mundo puede escribir un poema, pero, ¿ha sido tu poesía considerada auténtica e inteligible por los demás? (…) Esto explica la persistente asociación entre poesía y fama – de otro modo desconcertante, ya que no hay poetas famosos entre la población general.”

Y siempre está ahí esa cuestión de si la poesía es realmente un trabajo o placer. Mucho se ha escrito sobre este asunto. Se supone que “uno de los problemas de los poetas es su fracaso en alcanzar la universalidad, en hablar por y para todo el mundo”. Pero me quedo con esta reflexión del autor: “el poema que puede abarcar a todo el mundo es una imposibilidad en un mundo caracterizado por las diferencias y la violencia”. No existe el poema perfecto, el poema universal. ¿Cómo va a existir en algo tan subjetivo? Esto es lo que despierta el odio a la poesía en los no-poetas (e incluso en los poetas).

He disfrutado muchísimo leyendo este ensayo que recomiendo tanto a poetas como a aquellos haters de la poesía. El ejercicio que ha realizado Ben Lerner en El odio a la poesía es brillante, complejo y muy esclarecedor.

Y voy a terminar la reseña otra vez citando textualmente al autor, porque creo que yo no podría expresarlo mejor:

“Todo lo que le pido a los que la odian – y yo también soy uno de ellos- es que se esfuercen por perfeccionar el desdén que sienten, que incluso consideren la posibilidad de aplicarlo a los poemas mismos, porque allí, lejos de disiparse, ganará en profundidad y, porque allí, al crear un espacio para lo posible, un lugar donde la ausencia se transforma en presencia (como la irrupción de una melodía que jamás ha sido escuchada por nadie), esto de lo que hablamos podría llegar a parecerse al amor”.

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Mensaje urgente a mis momentos contigo, de Abbey C.

Mensaje urgente a mis momentos contigo

Mensaje urgente a mis momentos contigoEn mi calidad de empanada y de no estar muy al tanto de esta nueva generación de escritores y youtubers, tengo que alegar que el nombre de Abbey C. no me decía nada. De hecho, pensaba que sería alguna escritora inglesa o americana. ¡Sacrilegio! Pensarán algunos (sobre todo los más jóvenes), pero ya os he dicho que por regla general, no suele gustarme demasiado la forma ni el fondo de la escritura de esta generación. Tampoco estoy al día sobre youtubers e influencers de moda, así que jamás había visto un video de esta chica. Pero, como quiero opinar sabiendo de lo que hablo, ya he superado mis carencias: he visto en Youtube alguno de sus videos y he leído este Mensaje urgente a mis momentos contigo.

Abbey C. es Isabel Clemente, una joven (tremendamente joven, de 1994) nacida en Murcia que asegura llevar escribiendo desde los ocho años. A través de Blogger y Youtube, plataformas que le han dado la fama, Abbey C. expresa sus sentimientos e ideas. Ella misma se define como “creadora de contenido”. No está mal la etiqueta. Afirma que la escritura es lo que le hace feliz y que esta vocación le viene gracias a su madre, a quien dedica este libro.

En cuanto al libro en cuestión, ella misma lo define como una recopilación de sentimientos. Y yo estoy de acuerdo: en Mensaje urgente a mis momentos contigo todas las palabras que aparecen entre sus páginas están llenas de sentimiento, todas ellas pertenecen a un estado de ánimo, a una situación que hemos vivido, a momentos que están por llegar. Eso sí, todas estas sensaciones giran en torno a un mismo tema: el amor (y el inevitable desamor).

Antes de nada debo sincerarme, lectores. Cuando vi el libro, el nombre de la autora, la portada y su diseño di por hecho que no me iba a gustar. No sé por qué, pero pensé que iba a ser un libro muy pasteloso, demasiado novelero y que no tenía nada que ver conmigo. No es que mi sensación (en cuanto a la forma y el fondo) haya cambiado demasiado al acabar el libro, porque no es el tipo de poesía que acostumbro a leer y no va a convertirse en un libro de cabecera para mí, pero sí que me ha sorprendido. Puedo decir que si pensaba que Abbey C. iba a resultarme una ñoña, ella se ha encargado de quitarme ese pensamiento. También me ha resultado en ocasiones original. Creo que tiene un toque diferente, que se aleja en cierto modo de lo que he leído de esta generación.

El libro se divide en dos apartados diferentes: Categorías e Historias. En cada apartado, encontramos diferentes sentimientos y situaciones. Así, en Categorías, Abbey C. escribe sobre Edades, Ciudades, Estaciones, Momentos o Días de la semana, al cual pertenece este texto:

“Martes.

La realidad es demasiado áspera como para no

rasgarme la piel.

Aun así, intento evitarlo.

Los martes me mimo. Me permito cuidarme y

acariciarme con todo el egocentrismo que me cabe en

las manos. Como nadie ha sido valiente de hacer.

Enfundo los escudos y me sobran las armaduras,

nadie me hace daño y las flechas no me alcanzan.

Me adelanto a los movimientos, soy como aquel que

se ha pasado el mismo videojuego dieciséis veces

y se sabe todos los trucos, atajos y trincheras.

Que no, que hoy no me pisas, no me menosprecias, no

me engañas, que hoy suena “Cómo me amo”, de Love

of Lesbian en un replay constante y de esta lista de

reproducción yo no salgo.

Que sí, Pereza, que lunes cuesta, pero martes ya es

posible sin su voz.”

Creo, de todas formas, que sus escritos funcionarían mejor en prosa. Me parecen que se escapan del formato poema, que no les viene bien. Creo que quedarían más fluidos en pequeños textos o microrrelatos. Sí, estoy un poco quisquillosa hoy.

Mensaje urgente a mis momentos contigo es un libro optimista, un libro en el que Abbey C. se desnuda y nos muestra sin tapujos sus sentimientos. Lo que más me ha gustado es el mensaje positivo que siempre se puede extraer de sus textos y eso es algo que valoro mucho.

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