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El mejor de los pecados, de Mario Benedetti

El mejor de los pecados

Me eduqué en un colegio en el que cada mañana al entrar el primer profesor a clase teníamos que levantarnos de las sillas y rezar un ‘padrenuestro’, con las posteriores cruces marcadas con los dedos en pecho, frente y boca. Probablemente, lo cansino de ese ritual, que nunca entendía, hizo que no me interesara mucho de ahí en adelante la religión, o por lo menos en el sentido en que nos la ofrecían allí. Hoy hablo de un libro que se titula El mejor de los pecados sin tener mucha idea de qué es un pecado. Pero me he dado…

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Árboles

Árboles

Árboles, de Mario Benedetti y Javier Zabala Bajo la sombra, un árbol frondoso nos cobija el cuerpo, el alma, el corazón. Porque en sus ramas entrelazadas, entre las hojas que soplan susurros de viento y tempestad, y en su tronco lleno de anillos que reflejan el tiempo, sentimos vivos dentro de nosotros sentimientos que nos unen a la tierra, al suelo, y al aire. Y así, como cuando deslizamos nuestras manos por su piel rugosa, el árbol nos arranca un suspiro de alivio, mientras contemplamos con emoción y alivio nuestra pequeñez, nuestro lugar en este mundo, y nuestra vida en…

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Montevideanos

montevideanos

Montevideanos, de Mario Benedetti Sencillez. Esta es la palabra que se me vino a la mente un segundo después de cerrar el libro y preguntarme qué escribiría sobre él en la reseña. Luego, fueron apareciendo otras palabras más, como simpleza, naturalidad, inocencia, ternura. Más tarde, ya que aun no había leído nada sobre Mario Benedetti, me puse a leer su biografía y a buscar opiniones sobre su persona en internet. El conjunto de palabras que me habían venido a la cabeza no dejaba de repetirse en cuanta reseña, foro de discusión literaria o biografía encontrara: Benedetti es eso, sencillez. Y…

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La borra del café

La borra del café

La borra del café, de Mario Benedetti Tres y diez. Mentalmente repaso que he hecho en la vida cuando las agujas del reloj marcaban las tres y diez. Por supuesto que los recuerdos se disparan en desorden pero intento acomodarlos: tardes de juegos con mis hermanos, siestas, clases de gimnasia en el colegio, deberes de alguna materia, algún paseo de la mano con alguien, tardes al sol en la playa, alguna lectura por supuesto, estudio, auriculares en el oído en algún viaje de regreso a casa, esperando algún colectivo o subte en Buenos Aires o debatiendo sobre la vida con…

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