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La borra del café

La borra del café

La borra del café, de Mario Benedetti

La borra del café
Tres y diez. Mentalmente repaso que he hecho en la vida cuando las agujas del reloj marcaban las tres y diez. Por supuesto que los recuerdos se disparan en desorden pero intento acomodarlos: tardes de juegos con mis hermanos, siestas, clases de gimnasia en el colegio, deberes de alguna materia, algún paseo de la mano con alguien, tardes al sol en la playa, alguna lectura por supuesto, estudio, auriculares en el oído en algún viaje de regreso a casa, esperando algún colectivo o subte en Buenos Aires o debatiendo sobre la vida con un grupo de amigas. Eso en una forma rápida y no tan calculada y marcada como Claudio, el personaje de La borra del café de Mario Benedetti, a quien las tres y diez lo marcan en hechos importantes.

Nada mejor que una novela costumbrista para conocer a Mario Benedetti. Claudio vive en Montevideo y comienza contándole al lector que su niñez estuvo caracterizada por las mudanzas de casa en casa. Es un hecho que parece haberlo marcado pero rápidamente uno lo abandona y sigue la vida de este niño junto a sus amigos y su familia.

En las calles, en las charlas con amigos o tan sólo como espectador de las situaciones que le suceden a quienes lo rodean, comienzan a transparentarse las costumbres uruguayas o al menos, la vida en el Montevideo del Siglo XX.  La relación con sus abuelos en Buenos Aires, el fallecimiento de su madre, su primera vez y el amor.

Personajes queribles recorren esta novela, como la empleada doméstica, una yugoslava que se las ingenia para hablar español y que representa ese grupo de inmigrantes de Europa del Este que llegó escapando de la tragedia y se abre paso en el sur de América. O Mateo, el amigo ciego de Claudio con quien mantiene diálogos acerca de su ceguera y lo que ello significa.

De la niñez, pasa por la adolescencia y de la adolescencia hasta la adultez. Y siempre cronometrado por las tres y diez en los acontecimientos que lo marcan. Esa aparente burla toma forma en una mujer que afecta a Claudio.

Confieso que tengo una gran simpatía por Uruguay. Un país chiquito que muchas veces pasa desapercibido cuando en realidad es dueño de una cultura que Benedetti representó en La borra del café. Si hablamos de este autor, hablamos de alguien reconocido como uno de los grandes de la literatura latinoamericana. No sé porque me tomó tanto tiempo descubrirlo pero una vez que lo leí, supe que quería más. Tanto así, que Uruguay se volvió en un imán que me atrae y pienso que estando tan cerca, podría cruzar el Río de la Plata en cualquier momento para descubrir Montevideo y eso que en esta novela abunda: vida uruguaya.

Es una historia simple, de esas que confieso que me gustan. De esas que cuentan sin tanto golpe duro pero que se muestran positivas y logran jugar con la calidez de las relaciones humanas. Nada de dramas inmensos, excepto aquellos que hacen a la vida de los mortales. Ese paso por la tierra, en Montevideo, en distintos barrios de la capital uruguaya, es lo que Benedetti deja en La borra del café. Por más simple que parezca, la bella forma de contarla del escritor uruguayo la elevan hasta alcanzar esa posición de novela que permite enamorarse de Benedetti.

 

Rosario Arán (rosearan@librosyliteratura.es)

2 comentarios en “La borra del café

  1. No conocía esta novela de Benedetti. Y con lo que me gusta su poesía, su forma sencilla de transmitir las cosas, y, por lo que dices, en esta novela sigue esa misma línea, así que no dudo en apuntarla. ¡Qué bonito escribía este hombre!
    Besotes!!!

  2. Benedetti es uno de esos autores que no leí (pese a que tengo libros de él) pero que se que cuando comience, terminaré leyendo TODO de él. Me gustan los libros con historias sencillas y costumbristas. Uruguay es un país tan lindo y cercano que tengo pensado visitarlo cuando pase por Baires a ver a mi familia; tu reseña, genial =)

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