
Árboles, de Mario Benedetti y Javier Zabala

Bajo la sombra, un árbol frondoso nos cobija el cuerpo, el alma, el corazón. Porque en sus ramas entrelazadas, entre las hojas que soplan susurros de viento y tempestad, y en su tronco lleno de anillos que reflejan el tiempo, sentimos vivos dentro de nosotros sentimientos que nos unen a la tierra, al suelo, y al aire. Y así, como cuando deslizamos nuestras manos por su piel rugosa, el árbol nos arranca un suspiro de alivio, mientras contemplamos con emoción y alivio nuestra pequeñez, nuestro lugar en este mundo, y nuestra vida en movimiento. Y es que en los “Árboles” encontramos una vida que aunque quieta, aunque parada con sus raíces afianzadas en el subsuelo, se mantiene viva en todos los poros, en cada uno de los centímetros que recorren su cuerpo. Porque ellos están vivos, tienen vida, y sólo podemos hacer una cosa: compartirlo con alguien.
Versos de vida en la naturaleza que recorren cada parte de los árboles, de la vida que fluye en su interior. Pero que como no podía ser de otra manera, construyen una relación con el entorno, mientras nosotros los observamos de reojo o en silencio, mientras nuestra vidas pasan y la suya se consume.



