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Videorreseña: Cartas a ninguna parte, de Ane Santiago

En uno de mis últimos vídeos, en el que reseñaba Todo lo que fuimos, de Alberto Villarreal, mencionaba que el momento en el que leo un libro es algo imprescindible. Dije que aquel poemario no terminó de encantarme por el momento en el que lo leí, pero en cambio hubo un libro, Cartas a ninguna parte, de Ane Santiago, que me emocionó una barbaridad.

Por eso he querido, en esta semana, recuperar ese libro, volver a leerlo y descubrir si me gustó tanto por el momento en el que llegó a mí o porque de verdad ese libro estaba hecho para que yo lo leyera. Y me he dado cuenta de que no, no ha sido el tiempo, sino el contenido en sí, ya que he conseguido conectar con él como la primera vez.

En el vídeo te cuento también cómo llegó ese libro a mí (tiene una historia muy peculiar detrás), y por qué para mí significa tanto. Así que si quieres saber esto y además conocer un poco más sobre un poemario que seguro que te va a encantar, no te pierdas este vídeo.

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Retratos de lo invisible, de Ane Santiago

Retratos de lo invisible

Retratos de lo invisibleHoy es doce de junio de dos mil diecisiete. Hoy hace exactamente un año que me subí a un avión dirección Méjico. En ese vuelo me acompañó Cartas a ninguna parte, un poemario escrito por Ane Santiago. Antes de leer ese libro, hacía años que no leía poesía. Vale, quizás había encontrado por ahí algún poema de Benedetti o de Salinas, pero no había leído más de cien versos seguidos. Ane me abrió los ojos. Me hizo ver que, a veces, con pocas palabras se puede transmitir mucho más que escribiendo un tratado. Me hizo sentir cómplice de lo que pasaba por su mente y consiguió que entendiera que las palabras escogidas con cuidado y esmero pueden componer cosas maravillosas.

Hoy, doce de junio de dos mil diecisiete, estoy aquí de nuevo. Frente al ordenador blanco que a todas partes me acompaña. He cargado una taza con un café bien caliente (en Cantabria hoy hace un día de perros) y me he puesto cómoda para poder hablar de Retratos de lo invisible e intentar que mis dedos plasmen en esta pantalla todo lo que me hace sentir Ane cuanto la leo.

Hace tiempo leí un libro que decía que mirar a una persona cuando duerme es como leer una carta dirigida a otra persona. Cuando leo un poema escrito un arrebato de sinceridad, en el que la poeta, en este caso, se quita todos los miedos, vergüenzas, dudas o temores como si fueran un jersey que oprime la piel en pleno agosto y lo colgara en la cuerda de tender de un quinto piso, siento que estoy invadiendo su intimidad. Siento que se libera después de mucho tiempo, como si hubiera estado atada de pies y manos y obligada a guardar silencio. Y me la imagino respirando profundamente una vez termina de tatuar el papel con sus versos y sus verdades.

En este libro encontramos sobre todo retratos. Retratos de personas a las que no sé si Ane conoce muy bien o no, pero que para ella significan lo suficiente como para dedicarles unas palabras. Ane en este libro no es poeta; es pintora. Porque no solo se necesita un pincel para pintar. Ella demuestra que se puede hacer también con un boli y un papel. Se puede pintar con palabras. Y el resultado será un arroyo de versos que atrapan desde la primera página y que te hacen cómplice de la vida de la escritora. O pintora. Ya no sé. Y es que yo creo que esta chica puede ser lo que le dé la gana. De verdad. Y puedo afirmar esto porque después de leer sus dos poemarios es como si ya la conociera.

No puedo olvidarme, ¡ni se me ocurriría!, de Alexis Bukowsi, un joven Barcelonés que acompaña las palabras de Ane plasmadas en Retratos de lo invisible con sus preciosas ilustraciones. En su presentación dentro del libro se dice que Alexis tenía dos pasiones de pequeño: pintar y los pájaros. Pero como pronto se dio cuenta de que sin alas iba a ser muy difícil volar como sus animales favoritos, prefirió decantarse por el lápiz que le llevaría mucho más alto que unas alas. Sus ilustraciones, de mujeres con alma de pájaro, retratan a una mujer que es juzgada por su imagen, que se hace pequeña ante lo que debería ser, que carga al hombro sus sombras y que al mirarse al espejo ve lo que realmente es. Esas mujeres pájaros somos tú y yo. Es Ane. Es Alexis. Y es cualquiera que, al leer este poemario sienta que un pájaro revolotea dentro de su interior pidiendo a gritos salir.

Y permitidme, para acabar, que me dirija a Ane: lo has vuelto a hacer. Has ido a una esquina donde ya nadie se sienta, cantaste y la lluvia hizo que las flores volvieran a crecer. Como aquel que ve ruinas y hace de ellas una ciudad.

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Cartas a ninguna parte, de Ane Santiago

Cartas a ninguna parte

Cartas a ninguna parteLa verdad: nunca he sido muy de poesía. Hace algunos años tuve una racha en la que no podía parar de leer a Poe y a Salinas; incluso llegué a memorizar algunos de los versos que más me gustaban. Pero después, nada. Fue una racha fugaz y pasajera, que pasó sin que me diera casi ni cuenta. Hasta que llegó a mis manos Cartas a ninguna parte. Y, para ser sincera, no fue como resultado de mis ganas de volver a sumergirme en la poesía: me tocó en un concurso de Internet. Envié un verso y al poco me llegaba este ejemplar, con una dedicatoria inspiradora y lleno de ilustraciones maravillosas de Elena Pancorbo a la altura de las palabras.

Yo necesité de una casualidad para volver a leer poesía; quizá no lo hice antes porque es una cosa que ya no se lleva. Ojalá la poesía volviera a estar de moda. Ojalá nos diera más a menudo por meternos en los pensamientos más primarios y profundos de los poetas. Por ver el mundo con sus ojos. Siempre es bueno mirar el mundo desde otros ojos; y mucho mejor si se trata de los de un poeta, porque, digan lo que digan, ellos ven lo que les rodea de una manera diferente a la de los demás humanos. Son capaces de destripar las cosas hasta dejarlas en su estado natural: quitan maquillaje, capas, máscaras, ilusiones. Y lo reducen todo a su verdad. Si por un día, aunque fuera uno solo, mirásemos con ojos de poeta, jamás volveríamos a ser los mismos. Porque algo del mundo que se ve desde esa perspectiva se quedaría en nuestro interior para siempre. Después sentiríamos la necesidad irrefrenable de contarlo, de dibujar nuestros sentimientos mediante palabras; de describir lo indescriptible.

Ojalá existieran más poetas. Personas sin miedo a expresar lo que sienten y, además, hacerlo bonito. Porque da igual lo que nos estén diciendo esas palabras; sonarán bellas en la boca del que las recite y moverán sentimientos en las mentes de quien las oiga. Sentimientos que quizás el receptor ni sabía que existían. Por eso es importante leer poesía, para llegar a conocernos de verdad.

Ojalá más personas como Ane Santiago desnudaran su alma, cogieran un bolígrafo y la tatuaran en un trozo de papel; porque Ane se desnuda en las páginas de este poemario. Yo soy de las que piensan que si la poesía sirve para algo, es para desnudarse. Te permite decirlo todo, sin excepciones; todo está permitido. Palabras de desahogo, de enfado, de pasión, de esperanza. Se mezclan desde el principio hasta el final, hasta conseguir que el poeta deje sus entrañas plasmadas en el papel. A veces son solo ideas pasajeras, otras veces son obsesiones que no se van ni arañándolas. Como ella misma dice, la poesía es lo que pasa cuando la vida ya no sabe. Ojalá, gracias a libros como este, personas como yo, se dieran cuenta de que necesitan leer más poesía. No solo porque la poesía es hermosa, sino por todo lo que nos puede enseñar.

De este libro he aprendido que escoger siempre significa renunciar. Que debo amar absolutamente todo de mí y que tengo que dejar que otros me amen también. Que siempre, siempre, las cosas son más sencillas de lo que parecen en mi cabeza. Que todos tenemos tormentas internas o incendios provocados. Que debo buscar a las personas que tengan complejo de galaxia y que contengan un universo. Que sería una buena idea enamorarme de ellas. Que, a veces, un laberinto es mejor regalo que una línea recta. Y que al mundo le falta cariño y a mí me sobran brazos.

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