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El mar vertical, de Alfonso Domínguez Cerrejón

El mar verticalNo es necesario ser poeta para ver un mar vertical en la lluvia, pero sí que hace falta tener alma de poeta para intentar remontarla a nado. Y si uno lo consigue y además logra convertir su travesía en un relato emocionante y hermoso, entonces sin duda es que es un poeta de los buenos. Porque no es sólo la sensibilidad, sino el coraje, lo que logra convertir a alguien con talento literario en poeta.
El mar vertical está compuesto de poemas hermosos, tiernos, duros, de amor, de desamor, de homenaje, de reflexión. Este libro es un ejercicio de desnudez emocional, como procede, y de belleza contagiosa porque ennoblece los ojos que la leen.

Incluso se desvanecieron de este poema
unos versos
en los que estaba escondido un nombre
que ya no me duele

Es una hermosa forma de olvidar, de traspasar el dolor a la olvidada porque no debe haber caídas comparables a la de caerse de un poema.
O vean este otro ejemplo:

De todos los días que existen
elegisteis el inesperado;
en los bolsillos aun guardo
un puñado de besos
que llegaron demasiado tarde

Hace tiempo reseñé un libro titulado el poder en los bolsillos, que era el relato de un periodista que logró que algunos de los personajes más poderosos del planeta le mostrasen lo que llevaban en los bolsillos y fíjense que viene ahora Alfonso Domínguez Cerrejón a cerrar el círculo mostrando lo que lleva en los bolsillos un poeta, la cara opuesta de ese poder político, y resulta que llevan un puñado de besos que llegaron demasiado tarde. Aunque quien sabe, tal vez gracias a la poesía tengan una segunda oportunidad, esta vez eterna, de llegar en el momento apropiado.

Qué duele
cuando el amor hiere.
Dónde queda escondida
esta funesta herida
que no puede curar
el mar

Es discutible que exista algo que no pueda curar el mar, pero si así fuera en un verdadero alivio saber que es la poesía la que sí lo hace. Tal vez esa herida sea la que produjo alguien cuando se llevó París de París, o tal vez sea la consecuencia de robarle una ola al mar, no lo sé, pero desde luego es una alegría para todos los lectores que, de todos los procedimientos terapéuticos a su alcance, el autor haya elegido la poesía. Puede que no sea el más rápido, barato ni efectivo, pero desde luego es el más hermoso.
Al leer El mar vertical no tengo la sensación de que el autor milite en una determinada idea estética de la poesía, en un estilo concreto, hay una gran variedad formal en los diferentes poemas, como si quisiera abarcar el mundo. Y quien sabe si no lo consigue. Aunque para lograrlo bien está comenzar por lo local, y he aquí que entre escenarios como París o Dunkerque, tenga el poeta un hueco para homenajear al Alosno en el que nació su madre:

Hay una piedras
disfrazadas de calles
que bailan
arriba y abajo
un antiguo cante
que el aguardiente
regaló al aire.

Contemplen El mar vertical, piérdanse en su horizonte infinito, salten sus olas, déjense llevar por sus corrientes, disfruten de su brisa, buceen en él. Es un libro breve pero muy honesto y muy hermoso y yo, francamente, no logro olvidar el sabor tan especial de su salitre, la calidez de su sol, el brillo de su luz.

Buscarte
y no encontrarte
nunca
en el laberinto del mar

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Un comentario en “El mar vertical, de Alfonso Domínguez Cerrejón

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