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Antología, de Osamu Tezuka

Antología

AntologíaEn la excelente exposición sobre Disney. El arte de contar historias que se puede ver estos días en el Caixaforum de Barcelona, he tenido ocasión de volver a ver algunos de esos cortos que tanto me maravillaban de niño, historias que podían ir desde El sastrecillo valiente a Los tres cerditos, y en las que, en un alarde de inagotable creatividad, los gags se sucedían sin dar tregua a los embobados ojos del niño, en este caso yo.

Luego uno crece, y además de la voz grave y el vello en las axilas, nuestras desbocadas hormonas producen un niñato resabido y con afán de envejecer que le hace despreciar lo que hasta ese  momento adoraba. Pues bien, la exposición sobre Disney me hizo volver a apreciar como se merece (se pongan como se pongan nuestros cansinos antiamericanos habituales) la grandeza artística de la factoría Disney, uno de los mayores iconos culturales de nuestro tiempo.

Alguien que se acerque con ínfulas intelectualoides a esta Antología de Osamu Tezuka podría caer en la misma falta que ese adolescente resabido que renegaba de la magia. Abrir al azar este contundente tomo y echar un somero vistazo a las casi mil páginas de vellón que lo componen puede hacer pensar a quien así obre que está ante una larga función de circo con acrobacias, coscorrones y persecuciones alrededor de un árbol, cuando en realidad, como aquellos cortos con un Mickey Mouse todavía sádico, se encuentra ante unas obras que fueron absolutamente revolucionarias en su día, que marcaron el curso que iba a seguir la novela gráfica, y que, a pesar de ello, no  son de interés meramente museístico para el lector actual.

Mirad, sin ir más lejos, las primeras páginas del libro y decidme si conocéis a un autor que sepa imprimir a sus viñetas ese ritmo, esa velocidad, ese dinamismo y ese inconfundible carácter cinematográfico que les daba el maestro Tezuka. En ese sentido, es posible que, estéticamente, La nueva isla del tesoro, sea más avanzada que las siguientes historias, en las que la influencia del cine pesa más que la exploración de un nuevo lenguaje para el cómic. Nos encontramos en esta historia a un Tezuka de, ojo al dato, 19 años que experimenta con el movimiento, el ritmo y las perspectivas, y que, fuertemente influido por la cultura occidental, adapta algunos de nuestros clásicos al manga, un manga al que él solito va a darle la forma con la que hoy conocemos este género.

Tras La nueva isla…, completan esta Antología Lost world (El mundo perdido), Metrópolis y Next world, todas escritas en apenas cinco años, los que van desde 1947 hasta 1952. Estamos, como veis, en plena posguerra, y no deja de pasmarnos ver la vitalidad con la que, en un Japón devastado, Tezuka creaba sin descanso unas obras rebosantes de fantasía, acción y sentido del humor. No faltan, por descontado, las referencias a la terrible tragedia que acaba de asolar el mundo, pero dichas referencias ocupan un segundo plano y están desprovistas por completo de moralina.

Lejos de la sofisticación de sus obras posteriores, dicho sea en el buen sentido de la palabra, en estas obras tempranas del maestro japonés tenemos un mundo poblado por buenos y malos, científicos chalados, agudos detectives, millonarios sin escrúpulos, niños sin miedo, animales parlantes, vida extraterrestre y todo lo que pueda plasmar en un dibujo una imaginación sin freno que ha mamado a chorros de la cultura americana. Y aquí es donde viene a cuento Disney, porque la influencia de la marca del ratón, así como de otras grandes productoras de animación, sobre nuestro idolatrado autor es evidente. Por estas páginas se pasean Mickey Mouse, Betty Boop, Popeye, además de Charlie Chaplin, los Hermanos Marx, Tarzán, los héroes del cine negro y muchísimos más. El propio Tezuka, que se permite de vez en cuando toques postmodernos, como esas referencias que hace un personaje a otro sobre la viñeta que flota sobre ellos, aparece en un cameo final, como si no pudiera estar ausente de ese sentido llamamiento a la paz mundial.

Disfrazada de mero entretenimiento, esta Antología de Osamu Tezuka es mucho más. Quizá el primer capítulo en la historia del manga moderno.

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El caso de Alain Lluch, de Mr. Kern

el caso alain lluch

el caso alain lluchHay veces que no sabes cómo encarar una reseña o cómo clasificar un cómic o incluso ambas cosas. Veces en las que acabas de leer algo que exige un reposo mental suficiente como para que puedas contar a todo el mundo la puñetera ida de olla que has terminado de leer, sin embarullarte, sin sufrir esa diarrea mental que aún desordena tu cerebro; para que seas lo obligatoriamente convincente como para inocular a la gente las ganas que tienes de que descubran algo que, por ser excesivamente underground, pueden llegar a perderse.

Y una vez recuperado, la primera cosa que te preguntas es: ¿qué coño se ha metido Mr. Kern para inventarse una historia tan… tan… tan así y tan loca que, para colmo, es su primer cómic? Porque es que la verdad es esa; todo el cómic es una mezcla de personajes famosos y anónimos, una trama imposiblemente real, lleno de mala uva, y un conjunto tan desagradablemente atractivo como lleno de oxímoron doquier.

Esta extraña y gamberra fábula sin moraleja comienza cuando Alain Lluch, responsable de la última cagada publicitaria para las albóndigas de la empresa de carne procesada para animales en la que trabaja, es “degradado” al departamento de carne picada.

Cuando llega a su casa intenta en vano descansar un poco, pero su mujer, Susan Boyle, no hace otra cosa que tocarle las pelotas cantando la de “Es una lata el trabajar”, de Luis Aguilé  y por no aguantarla sale a dar una vuelta. Será entonces, al pedir un kebab, cuando su vida cambie por completo de una manera inimaginable.

Alain Lluch enmendará su error empresarial, se convertirá en el empleado del mes, en la empresa el dinero entrará a raudales y el jefe lo agasajará con el champán más caro del mundo y con putas.”¡Claro que sí, cagondiós!”

A partir de aquí la espiral de la locura se retorcerá más aún y encontraremos caniches morados antropomórficos, supermusculados y con rabazo también. (También musculado y antropomórfico). Zoofilia, los lagartos de “V”, el encantador de perros César Millán, Sigmund Freud, Maradona, anillos gástricos, vómitos y diarreas, vacas superinteligentes, los personajes de la serie de los ochenta Érase una vez el cuerpo humano, peleas, Larry Bird e incluso un homenaje a El planeta de los simios. Ahí queda eso. Un montón de guiños al lector, de cierta edad algunos de ellos, por cierto, que enriquecen, ¡y de qué manera!, la lectura. A ver quién es el guapo que lo supera.

El dibujo es tema aparte. En ocasiones parecen pinturas hiperrealistas, sobre todo los retratos a toda página. Kern pinta bien y pinta bonito, a pesar de que muchas veces lo que pinta no son precisamente escenas renacentistas sino más bien, gores, escatológicas y de ese palo. Eso sí, pintadas con mucho mucho arte y muchos colores bonitos y alegres. El contraste es similar al de contemplar un bello unicornio blanco vomitando y defecando un arcoíris multicolor. O al revés.

Por supuesto, tras esta grotesca historia satírica no es nada difícil encontrar la crítica a la sociedad consumista y capitalista, a las grandes corporaciones en las que todo vale con tal de aumentar beneficios aunque sea a costa de la salud, a la codicia desmedida en la que solo cuentan los resultados… Un retrato de los tiempos que nos ha tocado vivir, vaya, a lo bestia.

La edición es muy curiosa, con unas tapas duras, pero duras de verdad, con las esquinas redondeaditas, y papel del bueno, del que hace ruido al pasar la página. Vamos, que Autsaider no ha escatimado y hasta un póster nos han regalado.

¿Qué más puedo decir? No tengáis miedo, no receléis de mis comentarios sobre lo gore y lo escatológico y acercaos a este cómic porque, palabrita, es un cómic cojonudo que, como mínimo una sonrisa te va a arrancar. Pocas veces te vas a encontrar algo tan irreverente y políticamente incorrecto y, por desgracia, parece que cada vez menos.

Una paja mental de cuidado.

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Una caja de galletas, de Josep Salvia

Una caja de galletas

Una caja de galletasDice Josep Salvia en las últimas páginas de este cómic que en todas las casas hay una caja de galletas llena de recuerdos y que antes de que sea demasiado tarde deberíamos preguntar a nuestros abuelos por ellos. Y me es inevitable sonreír con cierta nostalgia, porque sí, en mi casa había una caja de galletas. Estaba repleta de postales, fotos en blanco y negro de personas que no había visto nunca, cartas escritas en braille por mi tío ciego y hasta un retrato roto de Elvis Presley, de cuando mi madre era adolescente. Y yo abría esa caja una y otra vez, y preguntaba a mi abuela. Preguntaba tanto, que creo que soy el miembro más joven de mi familia que aún atesora recuerdos familiares de hace casi un siglo.

Desgraciadamente, yo era muy pequeña entonces y el paso de los años hace estragos en la memoria. Ya he olvidado gran cantidad de detalles y hasta historias completas. Pero ya no está aquella caja de galletas ni tampoco mi abuela para que la atosigue con mis preguntas. Más suerte ha tenido Josep Salvia, pues él ha llegado a tiempo para retratar sus historias familiares en este cómic: Una caja de galletas. Una historia de guerras y dibujos.

El germen de este libro lo encontró Josep Salvia en la caja de metal que su abuelo Clement guardaba en el armario. En ella había una foto en la que el hombre aparecía junto a un grupo de compañeros, todos ellos jovencísimos y vestidos con uniforme. Esa foto despertó su curiosidad y preguntó a todos los familiares que habían vivido en aquella época. Así pudo reconstruir las aventuras y desventuras de su abuelo Clement, chófer de un oficial durante la guerra civil, y su tío abuelo Claudi, encargado de transportar a los milicianos de Durruti. Entre los momentos más impresionantes para mí, destaca que presenciaran la caída de las bombas en la basílica del Pilar, que afortunadamente no explotaron y que todavía se exhiben allí. Y entre medias de estas historias se cuela Manuel Goas, un hombre sanguinario del que poco a poco vamos descubriendo más detalles.

Pero Una caja de galletas no solo se compone de las historias sobre la guerra civil que sus familiares le han contado, sino de las propias vivencias de Josep Salvia al abrirse paso en el mundo del cómic, y hasta de la propia historia de esta obra, que comenzó siendo algo muy diferente hasta que, por diferentes rechazos y desencuentros, acabó reconvertida en lo que ahora es. Lo que me ha hecho recordar Mauss, la célebre novela gráfica de Art Spiegelman, en la que también se entrelazaban los duras experiencias vividas por el padre del autor durante la Segunda Guerra Mundial con el proceso creativo del cómic mismo. Aunque el sentido del humor es un elemento fundamental en Una caja de galletas, a diferencia de la obra de Spiegelman, que tiene un enfoque mucho más desesperanzador.

Como Josep Salvia reconoce, Una caja de galletas. Una historia de guerras y dibujos es un «cómic sobre las aventuras de una familia catalana atrapada entre el fuego cruzado de la guerra y el arte de un dibujante también ávido en esto de esquivar las balas. Aunque sean de editoriales». Así que, al mismo tiempo, la creación de este cómic le ha servido como terapia para digerir los vaivenes de tu trayectoria como ilustrador y como reivindicación de la figura de los abuelos, esos que son «nuestro patrimonio de la identidad». Un cómic por momentos duro, pero sobre todo entrañable, que nos recuerda que no debemos dejar morir esas historias que nos esperan guardadas en el interior de una caja de galletas de metal. Yo, por mi parte, le tomo el testigo a Salvia y haré lo que esté en mi mano para que las historias que me contaba mi abuela no desaparezcan conmigo.

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Marvels, de Kurt Busiek y Alex Ross

Marvels

MarvelsLa meta de cualquier narración, no importa el género ni el medio, es conseguir que quien se acerque a ella quede totalmente atrapado. Para ello resulta esencial hurgar en ese lugar donde se aloja nuestra capacidad para sentir empatía; esa disposición innata que tenemos para encontrar semejanzas entre algunos de los aspectos de los personajes protagonistas o las situaciones que viven a lo largo de la historia y nuestro propio ser o nuestras propias vivencias.

En los cómics de superhéroes la idea es ponerte en el pellejo de uno de ellos. Así es cómo te sentirías siendo el portador de un martillo capaz de destruir a tus enemigos de un solo golpe. De esta forma treparías por los edificios de la Gran Manzana. Sí, tú que sufres de vértigo. ¿Y qué te parece lanzar hechizos con tan solo pensarlo? Nunca hubieras imaginado que ser una bruja pudiera molar tanto. Pero lo cierto es que no empatizamos con ellos por todo el poder que ostentan, sino porque en muchas ocasiones caen (para volver a levantarse), lloran (como hacemos nosotros), sufren pérdidas irreparables y viven momentos mágicos de máxima felicidad junto a la familia y amigos. Vemos en su lado más humano un reflejo de nosotros mismos.

Ahora bien, ¿qué me decís de ser un simple humano en un mundo repleto de superhéroes? Ser testigo de primera mano de enfrentamientos que pueden destruir media ciudad. ¡Tu ciudad! Ser el pobre tipo al que una llamarada perdida de la Antorcha Humana derrite su coche recién comprado. Quedar atrapado en un monumental atasco porque Los 4 Fantásticos están zurrando a un villano. Un fastidio, ¿verdad? Ver por televisión cómo el Capitán América acaba él solito con un escuadrón de soldados. ¡Sublime! A priori puede ser menos atrayente que estar en el pellejo de un superhéroe pero el concepto de Marvels, donde los humanos corrientes y molientes se llevan el protagonismo, lleva el cómic superheroico a otro nivel de realidad.

En Marvels, el guionista Kurt Busiek nos muestra lo que es el día a día del ciudadano de a pie, ese que vive en una gran urbe e intenta llevar una vida normal. La ciudad en cuestión es Nueva York y la normalidad pasa por convivir con seres especiales que aparecen y desaparecen creando el caos. Phil Sheldon es uno de esos ciudadanos, además de fotoperiodista freelance. Todo el cómic es una crónica contada por este hombre mundano que cámara en mano, y a lo largo de más de treinta años, seguirá las andanzas de Los Prodigios, que es cómo él los acabará llamando. Esto sirve de excusa a Busiek para mostrarnos los hitos más importantes de La Casa de las Ideas. Desde el nacimiento de la primera Antorcha Humana (no confundir con Johnny Storm de Los 4 Fantásticos) hasta la dramática muerte de Gwen Stacy. Pasando por el sentimiento desmesurado de patriotismo que el Capitán América inspiraba en la sociedad hasta ese miedo absurdo hacia el diferente que los mutantes de la Patrulla-X tuvieron que soportar en sus propias carnes. De esta forma el guionista nos muestra lo mejor y lo peor del ser humano: la forma en la que cae en constantes contradicciones por sentirse con el derecho a tratar a los superhéroes como si fueran de su propiedad, pero también ese júbilo, mostrado sobre todo por los jóvenes, por todas y cada una de las proezas con final esperanzador que los superhéroes regalan a la humanidad. Las dos caras de una misma moneda.

Quizá en otro tipo de cómic el dibujo de Alex Ross resulte demasiado ostentoso, pero en uno que intenta ser lo más realista posible resulta apropiado. Sus acuarelas, aguadas y la utilización en ocasiones del aerógrafo se conjugan para mostrarnos una ciudad de Nueva York repleta de vida, con edificios emblemáticos fácilmente reconocibles y calles atestadas de tráfico y transeúntes. Una ciudad que emana vida pero repleta también de claroscuros. En lo referente a dibujar superhéroes, Ross debe ser el único dibujante capaz de poner arrugas en trajes sin que estos parezcan disfraces cutres de carnaval. Y aunque su estilo humaniza sobremanera, y alcanza cotas de realidad nunca vistas en el noveno arte, no resta ni un ápice de espectacularidad a todas esas luchas que se suceden a lo largo de la obra. Y a pesar de ello, las mejores escenas, las de excelsa factura, están reservadas a situaciones más terrenales. Como ese momento dramático en el que una barahúnda de personas enardecidas crean el caos en las calles en busca de mutantes. O esa otra, la más hermosa y conmovedora escena del cómic, en la que una cándida Gwen Stacy se maravilla bajo la llovizna provocada por los vehículos submarinos de Namor y nos hace entender que la belleza está en los ojos del que mira.

En esta nueva edición que nos trae Panini Cómics, y al igual que ocurría con La Visión de Tom King, la mitad es cómic y la otra mitad son extras. Gracias a los extras podremos adentrarnos mucho más en la historia planteada por Busiek y descubrir todas esas referencias a las historias clásicas de las que el guionista se sirvió para crear Marvels. Y, sobre todo, valorar todavía más el gran trabajo de investigación que hay tras el cómic. Entre el cuantioso material extra se encuentra una galería con más de 50 ilustraciones en las que podremos deleitarnos con el soberbio arte de Alex Ross. Los Guardianes de las Galaxia, Capitana Marvel, Daredevil, Spider-Woman, entre muchos otros y en su máximo esplendor, forman parte de este extraordinario compendio de ilustraciones. A destacar esa otra sección (que yo he llamado “cameos”) en la que descubriremos que por entre las páginas de Marvels se pasean personajes como Stan Lee, Clark Kent y Lois Lane, e incluso Buho Nocturno y Espectro de Seda, ambos personajes de Watchmen.

En definitiva, el cómic Marvels es único por su enfoque y extraordinario por su dibujo, además resulta un respetuoso homenaje a todas esas historias y personajes que se convirtieron en los pilares sobre los que hoy se sustenta la editorial Marvel.

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Hipatia. La verdad en las matemáticas

HIPATIA

 

HIPATIAHay ya muchos colegios que se están haciendo con esta interesante colección de tebeos de la Colección Científicos que nos hablan y nos muestran las vidas de los más importantes científicos de la historia. Ya son unos cuantos aquellos de los que les he hablado según han ido apareciendo en el mercado. Incluso un par de ellos aparecen en el libro titulado Manual de Linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, otro libro, por cierto, que tampoco debería faltar en ningún Instituto de este país.

Pues bien, aquí vengo ahora henchida de alegría a hablarles de Hipatia. La verdad en las matemáticas.

No es la primera vez que alguien me habla de lo importante que son las matemáticas para la filosofía ¿O era lo importante que es la filosofía para las matemáticas? Pues verán, ahora, después de haber conocido la vida y el pensamiento de esta mujer, creo que ambos planteamientos son ciertos.

Hipatia nació sobre el año 355, y tuvo suerte de hacerlo en Alejandría pues por aquel entonces era una importante provincia romana de Egipto en la que había un gran movimiento intelectual y en la que se concentraba el “Museo”, así llamado por incluir en su espacio un templo dedicado a las Musas, las Divinidades de las artes y el Conocimiento ¡Al parecer en el Museo ya se estudiaba anatomía examinando cadáveres! Recordemos las penurias que debió pasar Miguel Servet más de mil años después…

Así pues, fue afortunada por nacer en Alejandría pero no menos afortunada por ser hija del famoso matemático Téon, que era miembro del Museo, gracias a ello pudo formarse desde pequeña aunque está claro que además de formación había una especial predisposición al estudio y en especial de las ciencias.

A pesar de todo esto, Hipatia no lo tuvo fácil pues le tocó vivir tiempos conflictivos, ya que si bien Alejandría, como les he contado, era una ciudad muy cultural, también la diversidad la hacía estar siempre amenazada por los fanáticos … Esto parece que sigue siendo igual pasen los siglos que pasen ¡Qué triste!

Hace muy poco he sabido que existe una enfermedad llamada discalculia, que es algo así como lo que produce la dislexia en el lenguaje, por ello los niños que la sufren tienen dificultades para entender los números, y sin ellos no pueden enfrentarse al cálculo mental ni, naturalmente, al proceso matemático. Pues bien, cuando leía sobre esto pensaba en las palabras de Hipatia:

“Para comprender el universo, enseña Platón, tenemos que entender lo abstracto. Por ejemplo, aunque todos conocemos el número tres y hemos visto cosas en grupos de tres, nunca hemos visto el número tres. Lo mismo ocurre con la verdad, o la belleza, no se puede ver ni tocar, pero todos comprendemos lo que son…”

Y esta reflexión sobre Platón me lleva a pensar lo que las diversas materias se pueden ayudar para hacernos más fácil y accesible el estudio a todos. La importancia de que los maestros tengan una formación integral, como la que tenía Hipatia y por la que era capaz de llegar de una forma tan cercana a sus alumnos.

La biblioteca, el gran sueño de esta mujer, tener la más extensa biblioteca de todo el mundo, me ha llamado mucho la atención que a todos los barcos que atracaban en Alejandría se les obligaba a dejar que se hicieran copias de los libros que llevaban a bordo.

Al final del cómic encontramos dibujos de otros científicos y filósofos muy importantes en la historia. También hay un pequeño apartado dedicado a otras tres mujeres de la época de Hipatia que fueron también educadas en la filosofía y las matemáticas; y como siempre al final encontramos esos interesantes bocetos de los dibujos con los que han trabajado, algo que interesa mucho a todos aquellos chavales que les interesa aprender técnica de dibujo.

Pues ya ven, que sigue Jordi Bayarri empeñado en que nos acerquemos junto a nuestros chavales al mundo de la ciencia de la mano de los más importantes personajes que nos ha dado la historia, y que yo se lo agradezco, y que también le agradezco que haya pensado en Hipatia para poder unir el mundo de las ciencias con el del pensamiento y las letras, porque a alguien se le ha ocurrido, en esta actualidad que nos toca vivir, la brillante idea de que la filosofía podía desaparecer como asignatura obligatoria… Espero que aquellos que se vayan a dedicar a la biotecnología o cosas por el estilo, se acerquen también a la filosofía con un mismo fin, buscar la verdad y mejorar la vida para todos por igual.

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¡Universo!, de Albert Monteys

uuniverso

uuniversoHoy en día parece que todo está dicho en el género de la ciencia ficción. Los típicos viajes temporales, las naves espaciales, los robots cada vez más minimalistas, los extraterrestres… son algo que parecen de inclusión obligatoria en este campo. Y, sin embargo, desde el Frankenstein de Mary Shelley, por ejemplo, el ser humano sigue inventando y asombrando con una variada gama de tramas y temas en el que esos elementos o no se incluyen o lo hacen de una forma realmente original (1984Los juegos del hambre, Fahrenheit 451, 20.000 leguas de viaje submarino, El cuento de la criada, Hijos de los hombres, Ready player one, 2001,…)

También es cierto que desde hace ya mucho, la mayoría de obras encuadradas en esta categoría destilan un tono tirando a lo catastrófico, lo apocalíptico o terrorífico, sin necesidad de hablar de matanzas o escenas sangrientas, sino de lo desasosegante que parece que será nuestro futuro más inmediato, ese en el que ya se están sentando las bases, y que viene de la mano de la tecnología, como muy bien viene ejemplificando temporada tras temporada la intachable serie Black Mirror.

Astiberri edita ahora en papel un cómic cuya primigenia versión fue desarrollada durante tres años para una plataforma digital y que ha resultado, felizmente y con todo merecimiento, nominada a los Eisner del año pasado. Albert Monteys, tras dieciocho años de experiencia en El Jueves, de la que llegó a ser director, se vio liberado de su deber con el humor semanal y pudo dedicarse a las historias que le apasionan, cuyo fruto ha sido este cómic. Cinco relatos que, aun siendo autoconclusivos y pudiendo leerse de forma independiente, no dejan de tener alguna conexión entre ellos.

¡Universo! da una vuelta de tuerca a los temas de los viajes temporales la cocción en frío, la vida extraterrestre, la robótica, la tecnología y las corporaciones enormes, y lo hace intercalando casi sin darnos cuenta pinceladas de humor para aligerar de alguna forma lo terrible de lo que en el fondo nos está contando y más terrible aún, que ya vemos como algo normalizado.

Cinco historias que darán que pensar, como la primera. Una gran corporación envía a uno de sus empleados atrás en el tiempo, justo antes del Big Bang para sellar cada partícula de materia que se genere con el logo de la empresa y así ser dueña del mundo.  ¿No está pasando esto ya? O como otra en la que lo normal es que las parejas sean biomecánicas (humano y robot) y lo raro es que sean carnales (dos humanos) pero más extraño aún que el sexo entre estos últimos sea “a la antigua”. ¿Y esto? ¿No está sucediendo? ¿No se están vendiendo ya muñecas robóticas sexuales con inteligencia artificial? ¡El futuro es ahora!

En fin, el terror de un probable futuro cotidiano descrito en viñetas con humor, con un grafismo más “realista” que aquel que Monteys solía usar en la revista satírica, con un uso correcto del color y un acertadísimo formato apaisado.

Monteys ha demostrado ser un gran narrador en formato largo, que presta atención a los detalles, que compone tramas sin fisuras y que se ha revelado como un excelente autor de ci fi con algunos argumentos capaz de hacerte estallar la cabeza.

¡Universo! es una colección de relatos que engancha de igual manera que lo hace una buena peli de género. Pero no solo eso. Es un cómic que destila ingenio e imaginación, que desarrolla planteamientos innovadores en temas que parecían ya demasiado sobados y es, sobre todo, un grandísimo entretenimiento que merece relecturas, al igual que hay películas que volvemos a ver por más veces que las hayamos visto y con las que nos encontramos por casualidad al zapear.

Un gran descubrimiento, una joya del noveno arte y de la ci fi y un autor que tiene aún mucho universo que explorar y que contarnos.

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Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses, de Jason Aaron

thor el carnicero

thor el carniceroHay historias de Thor que son malas, las hay que son regulares y otras que son buenas. De las malas, algunas son malas con avaricia y de las regulares, pues eso, ni fu ni fa. Pero, ¡por Asgard bendito!, las que son buenas,  son…¡la hostia de buenas! Y son mucho mejores si Thor va en solitario, sin estar con Los Vengadores ni otros grupos, como es el caso que nos ocupa, y cuando atañen a su vertiente mitológica (aunque esta vez sí, pero no del todo).

En Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses vamos a ver tres Thors por el precio de uno,  los tres en diferentes momentos de su vida.

Tendremos al Thor del pasado. Un Thor joven y salvaje, sin su martillo Mjölnir, pues todavía no es digno de él, –aunque con un hacha–, sin poder volar, rodeado de sus fans vikingos, y  disfrutando a tope de los combates, las mujeres y el hidromiel.

También encontraremos al Thor del presente, al Thor famoso por pertenecer al grupo de Los Vengadores (Iron Man aparecerá muy brevemente), un Thor protector y con una vertiente más de héroe que de dios.

Y por último disfrutaremos del Thor del futuro. Rey de un Asgard yermo del que es último habitante, con un aspecto muy semejante al de Odín, tuerto, con barba y con un brazo que parece ser el de… ¿El Destructor? (Supongo que eso será algo que nos será revelado más adelante).

Aaron va alternando la historia mediante estas tres líneas temporales, las cuales a veces se cruzan, y compone un tomo épico impresionante que desde las primeras viñetas logran atraparte y que, en mi opinión, no necesita antecedentes previos para poder ser leído y disfrutado.

¿Pero de qué va este señor cómic? Todo empieza cuando Thor escucha la oración de una niña que pide lluvia para su pueblo para poder sobrevivir, ya que en su planeta hace años que no llueve. Ante el agradecimiento e incredulidad de la niña Thor responde:

“¿Qué clase de Dios sería si no respondiese a las oraciones?”

Más tarde, será Thor el que pregunte a un anciano el porqué de que la niña le rezara a él y no a sus propios dioses, a lo que este le responderá que en ese planeta no tienen dioses, que su madre le hablaba sobre ellos pero que debían de ser cuentos para niños… Intrigado, decide investigar y descubre que los dioses de ese planeta han sido exterminados y que… no son los únicos. Alguien está cargándose a todos los dioses… y Thor, por supuesto, intentará impedírselo.

La parte filosófica-religiosa acerca de la existencia o no de los dioses, del papel que deberían jugar, de su interrelación con sus adoradores… es más que evidente y es una crítica en toda regla más profunda de lo que parece.

En lo tocante al arte no puedo estar más contento. Un dibujo de un nivel altísimo, soberbio e impresionante, a la altura de la grandísima épica de esta historia protagonizada por uno de mis personajes favoritos. Unas viñetas que no se parecen en nada a las que serían las propias de un superhéroe, sino más bien a las que acompañarían a una leyenda medieval ilustrada.

Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses es una lectura excelente, cargada de epicidad, muy bien construida, adictiva y con una trama que va de menos a más, con un personaje (o tres) en el que distinguimos la evolución personal y el estrago de los años. Un cómic imprescindible en todos los sentidos, que ningún fan de Thor, de Marvel o de los buenos cómics debe perderse y que planta las semillas, o eso creo intuir,  de algo que cambiará el rumbo del Dios del Trueno hacia su “indignidad”. Un cómic digno de todo un dios nórdico.

¡Por Asgard!

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La historia oculta. Integral 5, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta 5

la historia oculta 5Hoy vengo a hablaros de La historia oculta. Integral 5, de Jean-Pierre Pécau, lo que quiere decir que ya he leído los cuatro integrales anteriores. Como muchos no habréis leído las reseñas que les dediqué y los que sí lo hayáis hecho seguramente no os acordéis (han pasado seis meses desde la última entrega), veo oportuno dar un repaso rápido a lo que hasta ahora ha dado de sí esta ucronía con toques de fantasía, humor y acción (mucha acción), para que os convenzáis de que pocas historias ofrecen una trama tan ambiciosa y bien hilada como esta.

En La historia oculta. Integral 1 nos remontábamos al último periodo del Neolítico, cuando los cuatro hermanos protagonistas eran todavía niños y adquirían su poder e inmortalidad a través de cuatro marfiles: oros, bastos, espadas y copas. Ese primer volumen relataba los acontecimientos que tenían lugar entre los años 1350 antes de nuestra era y 1527, cuando los hermanos dirigían los designios del mundo levantando y destruyendo civilizaciones a su antojo. La historia oculta. Integral 2 se desarrollaba entre 1588 y 1919, un periodo en el que los cuatro arcontes perdían paulatinamente su poder a medida que se hacían réplicas de sus barajas y se iban sumando seres humanos a esta partida por el dominio del mundo. La historia oculta. Integral 3 se centraba en la Segunda Guerra Mundial, donde los arcontes aparecían por primera vez como los únicos capaces de poner un poco de orden en una humanidad abocada al caos y la destrucción. Finalmente, en La historia oculta. Integral 4 se narraban los últimos episodios del conflicto bélico mundial y, a punto de llegar a los años cincuenta del pasado siglo, la acción principal se trasladaba a la guerra árabe-israelí, otro polvorín en el que los arcontes tenían un papel decisivo.

Así llegamos a La historia oculta. Integral 5, donde el cada vez más complejo guion de Jean-Pierre Pécau está ilustrado con sumo detalle por Igor Kordey. Compuesto por «Operación Kadesh», «El fin de Camelot», «La era de acuario» y «La puerta del agua», este integral arranca en el desierto de Egipto en 1942 y concluye en los primeros envites de los años setenta.

Como siempre, para crear su versión alternativa de las razones que han motivado los grandes cambios de la historia mundial, Pécau juega con esas historias y personajes reales que han dado pie a infinitas teorías conspiratorias. En esta entrega desfilan personajes por todos conocidos: la familia Kennedy, Nixon, John Edgar Hoover, Howard Hughes o Martin Luther King, e incluso el hijo del actor Errol Flynn y Borges y su ficticia (o no) ciudad de Kor. El FBI, el Mossad, la Unión Soviética y la mafia tienen especial protagonismo. Además, asistimos a momentos históricos relevantes a los que no se les han dedicado demasiadas páginas en la literatura: la Revolución húngara, en 1956, y la invasión de Checoslovaquia, en 1968. Y como no todo va a ser sangre, también se recrea el Verano del Amor, el festival hippie de 1967. Puede que La historia oculta sea ficción, pero sus raíces históricas son de tal envergadura que es también una forma muy original de repasar los grandes conflictos que se han ido sucediendo en nuestro mundo.

A esta novela gráfica aún le quedan muchos capítulos. Algo me dice que llegará hasta diciembre de 2012, la famosa fecha del calendario maya. Tendré que esperar para saber si, en la ucronía creada por Pécau, ese día supondrá el fin del mundo o el punto de inflexión hacia una nueva era.  De lo que estoy segura es que este reverso de la historia me sorprenderá hasta la última página.

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Sopa de udon. Pequeños relatos de lo cotidiano, de Yani Hu

Sopa de udon

Sopa de udon

Confesémonos: ¿quién no guarda una camiseta vieja porque le recuerda a una de las mejores etapas de su vida?, ¿quién no se retrotrae a su infancia cada vez que huele el aroma de una comida en concreto?, ¿quién no recuerda la primera vez que le hicieron daño?, ¿quién no se ha avergonzado durante la adolescencia de ciertas atenciones de su madre y después las ha echado de menos al llegar a la edad adulta? De esas nostalgias se compone Sopa de udon. Pequeños relatos de lo cotidiano, el primer álbum en español de Yani Hu, recién publicado por Ponent Mon, una editorial que siempre me enamora con sus ediciones.

Este libro con dibujos de estética manga recopila cinco relatos escritos e ilustrados por Yani Hu. En «Sopa de udon», que da nombre al conjunto e inaugura la obra, nos habla de esas promesas infantiles que afortunadamente se acaban cumpliendo. En «Los jerséis de mamá», nos relata cómo cambia la forma de relacionarnos con nuestros padres a medida que nos hacemos adultos. En «El cepillo de dientes y el amor», simboliza toda una historia de amor en un objeto tan anodino como es un cepillo de dientes. En «Pinocho y el conejo Ping-pong», nos muestra uno de esos primeros gestos de amor durante la infancia, pero también el dolor de las primeras traiciones. Y en «La camiseta de Ulises», nos cuenta cómo algunos amores idealizados llegan a causar ceguera a largo plazo.

Sopa de udon. Pequeños relatos de lo cotidiano está compuesto por estas cinco historias que nacen de la cotidianidad, como su propio título indica, y en todas ellas la inocencia (y la pérdida de esta) es una de las protagonistas. Son relatos extremadamente sencillos, con pocos personajes y sin pretensiones de sorprender con un giro de última hora. Su único propósito, en mi opinión, es conectar con los lectores a través de esas emociones que todos hemos sentido en algún momento y, sobre todo, en determinadas etapas de nuestra vida que ya nos quedan bastante lejos. Y en cada relato, esas emociones se representan en un objeto ordinario —ya sea una comida, un regalo, una prenda de ropa o un utensilio de aseo— por el que los personajes, al igual que nosotros en nuestra vida, sienten un apego o un rechazo inconsciente.

No hay mejor forma de definir  Sopa de udon. Pequeños relatos de lo cotidiano que la frase dicha por la protagonista de uno de los relatos: «Sencillo y nada exagerado. Pero su calor constante me había acompañado en el camino». Al menos, esa fue mi sensación al leer el cómic de Yani Hu. Una obra que más que leerse, se siente, pues nos hace evocar esos recuerdos que creíamos olvidados, admitir esas nostalgias que nos empeñamos en negar, sonreír al reconocer lo que fuimos y todavía somos, aunque no nos demos cuenta. Y es que, como la autora demuestra en este libro, cuando echamos la vista atrás, muchos detalles que en su día nos parecieron irrelevantes se se acaban convirtiendo en los momentos más apreciados de nuestra vida.

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Justice TV, de Sergio Morán y Ulises Lafuente

justive tv

justive tvSiendo un chaval leía cómics de superhéroes y era inevitable que sintiera cierta admiración por aquellos hombres y mujeres que rescataban personas de una muerte segura, salvaban planetas que parecían condenados a morir o se enfrentaban a villanos venidos de galaxias lejanas; y todo a cambio de unas palmaditas en la espalda. Luego alcanzas esa edad en la que descubres que el contenido de la nevera o la luz que emite la bombilla de tu habitación dependen más de un sueldo que de una antigua magia arcana y empiezas a plantearte algunas preguntas de profundo calado filosófico: ¿Y los superhéroes de qué coño viven?

Dicha incógnita te obliga a leer con más ahínco, y ya con ojo analítico, los mismos cómics en busca de respuestas. Entre los viejos escritos de sabios como Stan Lee, Jack Kirby, Bob Kane o el dúo Siegel-Shuster hallé una asombrosa revelación, una verdad inconcebible y difícil de digerir: los superhéroes no cobran un puto euro. Descubrí además que sus métodos de financiación pasaban del desvío de fondos de sus multimillonarias empresas a trabajar como reporteros freelance, vendiendo fotos de sus propias hazañas como superhéroes, en periódicos sensacionalistas. Entre los desfalcos millonarios y la prostitución informativa tenía que haber algo más… Y entonces aparecieron los Justice TV para enseñarme que hay un modo de convertir el noble oficio de superhéroe en un modelo de negocio sostenible.

Justice TV nos cuenta las aventuras de un grupo de superhéroes que televisan cada una de sus hazañas. Así pues, alrededor de ellos siempre hay un enjambre de drones dotados de cámaras que graba cada paso que dan, cada puñetazo que sueltan o cada armatoste que hacen volar por los aires. Un buen encuadre, una frase pegadiza o una gran puesta en escena es lo que consigue que suba la audiencia y, por ende, las ganancias. “Hemos creado el primer grupo de superhéroes rentable a nivel económico”. Por este motivo, no todo depende de lo que haga la inmortal Galatea, Boss y su pinta de ser el primo cuerdo de Rorschach, o cualquiera de los otros componentes del grupo, sino que el equipo de producción que hay tras ellos, en ocasiones, juega un papel mucho más relevante.

Tras esta original propuesta, que primeramente fue un webcómic y que ahora de la mano de la editorial Fandogamia da el salto al papel, encontramos como guionista a Sergio Morán, autor de El dios asesinado en el servicio de caballeros, novela que mezclaba urban fantasy, investigación y cachondeo patrio. En esta ocasión deja a un lado vampiros, dioses y otros seres de naturaleza paranormal para brindarnos una historia de superhéroes en donde la acción y el humor se dan de la mano. El cómic está dividido en tres actos en los que los protagonistas irán desarrollando y jugueteando con sus poderes mientras se enfrentan a un grupo de soldados con muy mala baba, a una asociación secreta de científicos empeñados en destruir todo aquello que no comprenden y a unos piratas que, mediante barco volador, se plantarán en medio de la ciudad para hacerse con uno de los tesoros más codiciados por los de su calaña. Acción desenfrenada, pitorreo, ciencia ficción y mucho amor por lo absurdo asegurado.

A los lápices encontramos a Rata. Tras este seudónimo no se esconde un roedor (¡sorpresa!) sino un humano llamado Ulises Lafuente que lleva más de tres años enfrascado en un titánico proyecto: el webcómic de corte cyberpunk titulado ART88/46. Su estilo podría definirse como una singular mezcla entre manga e indie con sutiles pinceladas de cómic americano. El trazo utilizado en JusticeTV es muy cambiante: desde el suavísimo y extremadamente nítido empleado en los primeros compases de la aventura hasta ese más áspero, inquieto, incluso cercano al boceto, del cual se vale cuando los superhéroes se enfrentan a los piratas capaces de viajar a través del tiempo. El uso dispar del color (con viñetas en blanco y negro, otras en azul y blanco, algunas en amarillo y azul…) es quizá una forma de acentuar todavía más la anárquica y bizarra locura que embarga cada página de Justice TV.

“¡Justice TV! Preparados para salvar el día en directo”.

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Un proyecto genial. Familia, amigos y otros bichos peludos (Tom Gates 12), de Liz Pichon

Un proyecto genial

Un proyecto genialUn proyecto genial es el duodécimo libro protagonizado por Tom Gates, y pensarán ustedes que es un poco tarde para acercarse a él, quiero decir que a estas alturas no es que sea un perfecto desconocido. Sin embargo tengo una excusa, no suelo leer libros infantiles pero a este (y podría decir lo mismo del Diario de Greg) le tengo cariño, más que nada porque los once anteriores los ha leído mi hijo de ocho años, él solo, a razón de un libro cada dos o tres días. Y son libros de unas 250 páginas. El espectáculo que supone semejante despliegue literario para un padre de hoy día es francamente emocionante, al menos para mí lo es ver a mi hijo leyendo y contemplar cómo construye su propio universo con algo más que televisión y videojuegos, así que leer este Tom Gates tiene tanto de homenaje como de curiosidad por comprender qué es lo que se lo hace tan atractivo.
Meterse en la mente de un niño de ocho años es, así por definición, un proyecto imposible. Si además el niño es tu propio hijo supone prácticamente una heroicidad. Pero que él lea no es menos meritorio así que al menos hay que intentarlo. ¿Qué tiene Tom Gates para atraer a los niños? Pues tras leerlo diría que no lo sé, es decir, entiendo que es de lectura fácil, que es una sucesión de anécdotas con las que es fácil que se sientan identificados, que tiene muchísimas ilustraciones divertidas, en fin, un montón de cosas que les gustan. Pero tal vez sean más importantes las que no tiene, no son libros, al menos Un proyecto genial no lo es, obsesionados con la corrección política, no son ñoños ni pretenden adoctrinar. Simplemente entretienen y logran que sus potenciales lectores se identifiquen con ellos. Y si acaso hay alguna lección que aprender, son ellos los que la aprenden, quienes la deducen, sin que se les trate de convencer descaradamente.
Vayamos al caso de Un proyecto genial, la trama básicamente consiste en que Tom Gates tiene que hacer un trabajo para el colegio en el que debe reunir información sobre su familia, trabajo que él afronta sin ganas y con un espíritu un pelín gamberro. Sin embargo va reuniendo información y descubre cosas de sus mayores que le sorprenden y no sólo se lo pasa bien, sino que hace un trabajo del que se siente orgulloso. Además lo adorna con seres peludos y múltiples garabatos, lo que le divierte todavía más. Y ocupa espacio, que la densidad de letras de las páginas de estos libros es comparable a la densidad de población de los parajes más desérticos de la España vacía. Podríamos buscar una moraleja en plan “los padres son personas”, pero no se trata de eso. O sí, pero no de forma descarada y evidente. Lo único que diría que resulta palmario para sus lectores es el buen rato que pasan, porque la verdad es que el personaje tiene ocurrencias francamente divertidas. Lo demás es más cosa de padres, editores y demás gente así, poco infantil, así que no cabe en el espíritu de esta reseña.
Y lo peor que les puede pasar a los sufridos padres en que sus hijos le tomen a Tom Gates prestadas las ideas y les conviertan en bichos peludos. Por lo demás es tan buena noticia que los chavales lean que habría dado lo mismo que fuera el prospecto de las cajas de cereales. Afortunadamente es algo mucho más divertido.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Matamoscas, de Dashiell Hammett y Hans Hillmann

Matamoscas

MatamoscasOlor a pólvora, asfalto y al perfume de una mujer para una historia de detectives de la vieja escuela. Música de jazz, bourbon en la barra del local de Vassos y una metralleta Thompson oculta bajo un mantel de cuadros. Está Sue y está Babe y está Vassos. Y a Babe le gusta Sue. A Vassos le gusta Sue. A Sue le gusta Babe. Y eso no agrada a Vassos. Las cartas de este trío están sobre la mesa y las armas cargadas. Pero hay un arma aún más peligrosa que no se carga con pólvora, aunque quema: el amor por una mujer.

Esto es Matamoscas, la novela gráfica creada por Hans Hillmann basada en la novela de Dashiell Hammett. Como si en la butaca del cine estuvieras, al abrir esta novela gráfica se sucederán en secuencia una serie de planos de los bajos fondos del San Francisco de 1927. Las ilustraciones de Hillmann —valga la portada como ejemplo— están dibujadas a ras de suelo, mostrando una paleta de grises de diversos planos cinematográficos de las escenas: primeros planos, a doble página, unos fundidos neblinosos que sugieren una silueta, apenas el percutor del arma o el ala de un sombrero. Acompañados de escuetos textos narrativos y diálogos, las escenas se suceden con el pulso propio del cine. El ambiente de Hollywood se palpa en cada plano urbano de la ciudad, como si tras esa neblina calurosa que forma el cielo en los fondos de las inmensas cuestas o tras las azoteas de los edificios se escondieran los estudios de Los Ángeles, espectadores de la acción que se desarrolla.

Y si es que de cine se trata, las historias de Dashiell Hammett han sido llevadas al cine con Humphrey Bogart interpretando al protagonista de El halcón maltés (1930). No es de extrañar que, para esta obra, el dibujante, aclamado ilustrador de carteles de cine, se encargara de unir dos artes, el séptimo y noveno arte, en uno solo.

Alineación de lujo en esta obra: Dashiell Hammett y Hans Hillmann, una delantera mítica. En cuanto a Hammett, los amantes de las historias detectivescas le conocen bien. De joven se incorporó a la Agencia de Detectives Pinkerton y tras la Primera Guerra Mundial se dedicó a la escritura. Sus relatos aparecían en la revista Black Mask, icono del pulp, donde también escribían autores de la talla de Ray Bradbury o H. P. Lovecraft. Se le considera el padre del detective solitario e infalible bebedor empedernido.

Por su parte, Hans Hillmann es considerado uno de los referentes de la ilustración del Nuevo Cine Alemán. Entre sus obras, destacan los años que trabajó para diversas producciones cinematográficas con encargos para películas de Fellini, Buñuel o Kurosawa, entre otros. Su lenguaje visual, pictórico, metafórico y ambiental, conseguía captar la esencia del cine negro. Junto a Will Eisner, se le atribuye el ser precursor de la novela gráfica contemporánea.

Lejos de las historias de gánsteres ambientadas comúnmente en Chicago, en Matamoscas será la ciudad de San Francisco quien compartirá protagonismo con los personajes. El gris de los dibujos, junto a los planos escogidos para representar el paisaje urbano, alentarán al lector a sentir el peligro y el ambiente suburbial de esas zonas. Con movimientos “de cámara” que ofrecen las ilustraciones de Hillmann, seguiremos por toda la ciudad al detective de la agencia Continental encargada de descubrir el paradero de Sue Hambleton.

Sue era hija de una familia adinerada. Su destino, casarse con un hombre honrado y de buena posición. Y eso a Sue no le gustaba. A ella le gustaban los maleantes como Hymie el Remachador, un estafador de Filadelfia que no tardaría en aparecer con un agujero de entrada y otro de salida en la cabeza. También le gustaba Babe, un matón de metro ochenta al que unos cuantos se la tenían jugada. A Sue le gustaba el peligro y por eso huyó con Babe. El detective consiguió dar con la pensión donde se alojaban. Babe no estaba en la habitación, pero Sue, sí. Muerta. Ahora, le tocaba al detective descubrir al asesino.

En cuanto a la edición de Libros del zorro rojo, uno no puede más que quitarse el sombrero. Estas ilustraciones, más de doscientas, estaban pidiendo a gritos un tamaño de impresión acorde con la calidad del contenido.

Con el buen sabor de boca que dejan las historias noir, Matamoscas destaca por un buen giro final y por permitir deleitarse con las ilustraciones. En cada página que pasas, contemplas la escena una y otra vez descubriendo detalles nuevos: una mujer asomada en el lejano vecindario, un hombre que cruza la calle, una mano enfundando una pistola a través de la ventanilla del coche… Una buena novela gráfica para contemplar y disfrutar, vaso de alcohol en mano, discos de jazz de fondo.

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