Publicado el

Habla memoria, de Vladimir Nabokov

Habla memoria

Habla memoriaPara mí Nabokov es uno de los grandes. Su prosa me parece exquisita y creo que es, sin duda, uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Os recomiendo mucho que leáis Lolita y Pálido fuego si es que aún no lo habéis hecho. Sin duda, el escritor ruso sentó las bases de la literatura posterior y ha sido una gran influencia literaria para muchos otros autores. Lolita, esa novela tan libre y casi impensable en nuestros días, es desde hace tiempo uno de los clásicos de la literatura universal y todo se lo debemos a este peculiar escritor.

No se me habría ocurrido pensar que Nabokov hubiera escrito una típica autobiografía. Habla memoria le pega mucho más. Empezando por el título, que junto con el de Neruda (aunque me tenga muy mosqueada últimamente) de Confieso que he vivido me parece uno de los mejores títulos posibles para una autobiografía, ¿a vosotros no? Habla memoria, publicado por Anagrama, es, huelga decirlo, el libro más personal del autor. Es curioso que fuese concebido por capítulos que iban siendo publicados en revistas sin un orden preestablecido. O al menos no el orden que acabó por tener este libro y que él ya tenía pensado en su “casillero mental”. El mismo Nabokov cuenta en el prólogo que en las reuniones familiares, sus memorias eran sometidas a juicio: “hubo comprobaciones de detalles, fechas y circunstancias, y averiguamos que en muchos casos había errado, o no había examinado con la suficiente profundidad algún recuerdo oscuro pero no insondable”.

La autobiografía se centra en el periodo comprendido entre 1903 y 1940. Treinta y siete años de Nabokov condensados en casi cuatrocientas páginas, que se me antojan pocas. Muy centrada en la infancia del escritor, sus vacaciones en la finca familiar, sus primores amores en San Petersburgo y sus peculiares reflexiones. Todo ello cargado de historia, de nostalgia y ternura. El cariñoso retrato que hace de sus padres y de sus hermanas, la delicadeza con la que se dirige a Vera, su esposa, en algunos de los capítulos y esa inteligencia y brillante sentido del humor que caracterizan al escritor están presentes en estas apasionantes memorias.

Habla memoria se lee como una gran novela, por lo radiante de su prosa. Desde luego, como os decía al principio, Nabokov no podía haber escrito unas típicas memorias: su ingenio iba mucho más allá y la prueba está en esta maravilla de libro que, sin lugar a dudas, tengo que recomendaros.

[product sku= 9788433960184 ]
Publicado el

La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick

La mujer singular y la ciudad

La mujer singular y la ciudadHan pasado muchas cosas desde que os recomendé aquí Apegos Feroces, la novela de Vivian Gornick que publicó Sexto piso hace un año. En este tiempo, Gornick se ha convertido en una de las voces más inspiradoras para los lectores españoles. Autoras como Elvira Lindo han escrito sobre la genialidad de Apegos feroces, que ha vendido una barbaridad de ejemplares y ha sido considerado el Mejor Libro del Año 2017 para el Gremio de Libreros de Madrid y distinguido como Mejor Libro del Año de No Ficción por el Cultura(s) de La Vanguardia y otras tantas distinciones. No es poco, ¿verdad?

De nuevo la Gornick, de nuevo Sexto piso publicando una de sus novelas. Esta vez es el turno de La mujer singular y la ciudad, el segundo volumen de sus memorias o la continuación natural de Apegos Feroces. En esta parte vuelve a aparecer la madre, aquel personaje que nos fascinó en la primera entrega y nos hizo pasar tan buenos ratos (aunque no tantos a nuestra escritora). Eso sí, esta vez aparece de forma mucho más sutil, pues el punto de partida y centro de esta entrega es la ciudad de Nueva York.

La mujer singular y la ciudad es una especie de compendio de anécdotas que tienen como eje la ciudad, sus calles, sus gentes y sus rutinas y extravagancias. Y de fondo, la amistad, la soledad, las relaciones personales y los conflictos. Todo, claro está, narrado con la lucidez y autenticidad a la que nos tiene acostumbrados Vivian Gornick.

Un libro que no he podido dejar de subrayar mientras lo leía, que te hace reflexionar sobre nuestro papel en el mundo y en la sociedad, sobre las relaciones tan distintas y peculiares como la de Gornick y su amigo Leonard. Esas relaciones que nos llenan y hacen que seamos quien realmente somos.

Porque la ciudad solo tiene sentido cuando hace soportable la soledad, cuando esa conexión genérica que solo una ciudad como Nueva York puede ofrecer es capaz de reconfortar de una forma que no se puede explicar.

No sé si La mujer singular y la ciudad me ha gustado más que Apegos feroces, creo que aún necesito tiempo para digerir su lectura y saborearla al máximo. Lo que sí sé es que Gornick ha vuelto a fascinarme con su inteligencia y escritura y que leerla debería ser obligatorio. Una maravilla esta Gornick. Ojalá mucho más libros suyos.

[product sku= 9788416677627 ]
Publicado el

Gabo, memorias de una vida mágica, de Óscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba

gabo memorias de una vida magica

gabo memorias de una vida magicaDesde que supe de la existencia de Gabo, memorias de una vida mágica, deseaba leerlo. Porque las novelas gráficas publicadas por la editorial Rey Naranjo sobre las vidas de Juan Rulfo y Jorge Luis Borges me habían fascinado y porque, esta vez, estaba dedicada a mi idolatrado Gabriel García Márquez, uno de los escritores que han marcado mi vida literaria, como lectora y como escritora.

Como buena seguidora que soy de García Márquez, hace ya años leí su autobiografía, Vivir para contarla, por lo que muchas de las curiosidades que aparecen en las páginas de Gabo, memorias de una vida mágica ya las conocía. Sin embargo, he descubierto muchas otras e incluso me ha parecido una obra más emotiva.

¿Cómo puede ser que una vida contada por otros me haya resultado más entrañable que la escrita por el propio protagonista? Quizá, porque García Márquez concluyó su relato en 1950, año en el que se casó, mientras que la memoria gráfica escrita por Óscar Pantoja e ilustrada por Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba llega hasta 1982, año en el que se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Pero no solo eso ha hecho que para mí la lectura de Gabo, memorias de una vida mágica haya sido especial. La razón principal ha sido que el epicentro de estas memorias es Cien años de soledad, la primera obra que leí de este escritor colombiano y la que me hizo caer rendida a sus pies.

Gabo, memorias de una vida mágica comienza con aquel viaje en coche que García Márquez hizo con su familia allá por 1965, en el que saltó la chispa para que por fin se sentara a escribir la historia que llevaba rumiando veinte años. Mientras miraba la carretera, a su mente acudió una frase que acabaría siendo uno de los inicios más famosos de la literatura: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

A partir de ahí, Gabo, memorias de una vida mágica va hacia delante y hacia atrás en el tiempo, para unir todos los momentos vitales que llevaron a García Márquez a crear el universo de Macondo. Desde su infancia en casa de sus abuelos, con una abuela que adivinaba el porvenir y un abuelo que no dejaba de contarle historias de la Guerra de los Mil Días, el ejército liberal y la compañía bananera, hasta el viaje junto a su madre, siendo ya adulto, en el leyó la palabra «Macondo» en el cartel de una finca en mitad de la llanura, «el único lugar que conservaba lozanía y vitalidad en aquella zona devastada por el olvido», sin saber aún que ese sería el nombre de uno de los pueblos ficticios más inolvidables.

Los autores de estas memorias consiguen trasladarnos a la infancia mágica de García Márquez y hacernos sentir el amor del escritor por su esposa, Mercedes, pero también las estrecheces económicas que sufrieron durante años, hasta que la publicación de Cien años de soledad se convirtió en un éxito instantáneo. Y, finalmente, nos emocionamos con la entrega del Nobel de Literatura, el mayor reconocimiento posible para un hombre que llegó a dormir en los bancos de un parque y a empeñar sus anillos de boda para perseguir su sueño literario.

Gabo, memorias de una vida mágica es una lectura imprescindible para todo aquel que haya leído a García Márquez alguna vez. La mejor forma de descubrir al hombre de carne y hueso que creó el universo de Macondo y fascinarse de nuevo con el realismo mágico escondido en Cien años de soledad.

[product sku= 9788494731075 ]
Publicado el

Francine se desarregla, de Francine Oomen

Francine se desarregla

Francine se desarregla¿Qué me ha llevado a mí, a mis treinta y pocos, a leer Francine se desarregla, de Francine Oomen, una memoria gráfica sobre la menopausia, esa etapa de la vida de toda mujer, a la que (en principio) me enfrentaré dentro de bastantes años? Pues que no sé nada de ella, ni yo ni la mayoría de la gente, ya que, como bien apunta el subtítulo de la obra, es un tema tabú, como tantos otros que pertenecen exclusivamente al universo femenino.

Francine Oomen nos relata con humor y naturalidad cómo vivió la menopausia, todas las incertidumbres que aparecieron en su vida cuando, a los cincuenta y dos años, su cuerpo y su mente empezaron a cambiar. Y es que sabemos tan poco de la menopausia, que sus síntomas a menudo se confunden con problemas de salud como la depresión, el estrés o la pérdida de memoria.

En cuanto Francine Oomen se dio cuenta de que no estaba enferma ni a punto de morir, sino solo abocándose al final de su fertilidad, se relajó bastante y buscó información sobre la menopausia para sobrellevarla mejor. Pero al ver que únicamente encontraba explicaciones técnicas y recomendaciones de pastillas, decidió relatar su propia experiencia para facilitarles las cosas a otras mujeres.

Mientras leía Francine se desarregla, no dejaba de pensar en mi madre, al verla retratada en muchos de los problemas de Francine, como cuando empezó a tener olvidos de nombres y despistes con cuarenta y tantos años y temió estar padeciendo la misma demencia senil que mi abuelo. Pero no, lo que en realidad estaba viviendo era la perimenopausia, la etapa previa a la menopausia, en la que aparecen algunos de sus síntomas. ¡Qué lástima que mi madre no tuviera un libro como este en aquella época! ¡Cuántos quebraderos de cabeza se hubiese ahorrado!

Además de explicar los síntomas de la menopausia de forma sencilla y advertir de los peligros de los tratamientos de hormonas para paliar los síntomas (puesto que pueden provocar problemas graves en el organismo), Francine Oomen relata las crisis existenciales que atravesó en aquellos momentos, tanto en el trabajo como en el amor (con referencias a Tinder incluidas). Pero sobre todo nos habla de cómo se enfrentó a la Arpía, esa voz interior con la que lleva conviviendo toda la vida, que le obliga a ser una supermujer, capaz de abarcarlo todo y hacerlo perfecto. Porque, a través de sus vivencias, Francine Oomen anima a ver la menopausia como un punto de inflexión, en el que las mujeres se tomen su tiempo para hacer inventario y deshacerse de todas esas cargas que se han impuesto a lo largo de los años y que ya no soportan por más tiempo.

Francine Oomen nos demuestra que la menopausia es una fase más del desarrollo vital y que no hay que pretender saltársela o detenerla. El conocimiento siempre es la mejor arma para encarar los miedos y saber que lo que nos pasa le pasa a muchas, nos permite relativizar los problemas. Por eso, Francine se desarregla me parece una lectura necesaria para todas las mujeres, pero también para quienes las rodean, para conocer y, sobre todo, comprender los cambios de esa etapa y sobrellevarlos de la mejor manera posible.

[product sku= 9788466662840 ]
Publicado el

Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada

memorias de una osa polar

memorias de una osa polarTengo sentimientos encontrados con Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada, así que no sé muy bien cómo empezar esta reseña. Intentaré ir por partes.

¿Cuáles eran mis expectativas? Pues leer la historia de tres generaciones de osos polares: la abuela, que escribe sus memorias; Tosca, la hija, que trabaja en un espectáculo del circo y Knut, el nieto, que es la estrella de un zoo. Este último está inspirado en un oso real, pero supongo que lo que os ha llamado la atención ha sido que una osa polar sea capaz de escribir sus memorias. Eso es porque los tres protagonistas de esta novela tienen raciocinio y sentimientos similares a los humanos, pero sin perder su esencia animal. Y sí, eso es un enfoque interesante, ya que, de este modo, los lectores podemos adentrarnos en la mente de los osos y, a la vez, observar el comportamiento humano desde fuera.

Pero ¿qué me he encontrado al leer Memorias de una osa polar? No una saga familiar, si no tres historias independientes. Los osos protagonistas, aunque son familia, en ningún momento están juntos y la forma de narrar sus vidas es distinta, por lo que he estado desubicada durante toda la lectura. Por un lado, la abuela nos va relatando cómo escribe sus memorias a medida que recuerda pasajes de su infancia y, mientras tanto, acude a congresos con otros humanos, que la tratan con normalidad, aunque en ocasiones no le hagan mucho caso porque es una osa polar.

Después, pasamos a la segunda parte, donde es la cuidadora del circo quien nos habla de sí misma y de Tosca, la osa polar con la que comparte número. En ningún momento se deja claro si las conversaciones entre ellas se dan en la realidad o solo en sueños, y hasta el tramo final la osa no toma la palabra, y lo hace para hablar de su cuidadora, que es también su mejor amiga.

Por último, conocemos a Knut desde que es un recién nacido hasta que pesa más de sesenta kilos, y es él, al principio en tercera persona y luego, en primera, el que relata el entrañable vínculo que establece con su cuidador, al que ve como una madre.

¿Comprendéis mi extrañeza? Con los continuos cambios de perspectiva, el papel ambiguo de los animales y los escasos elementos en común entre los personajes, me empeñaba tanto en encontrarle un sentido al conjunto que no me dejaba llevar por la prosa y el sentido del humor de Yoko Tawada. Y es una lástima, porque como historias independientes me han funcionado, sobre todo la última, con la que es muy fácil empatizar.

Memorias de una osa polar no solo es la historia de tres osos polares, es sobre todo una reflexión continua sobre el arte, la fama, los circos, la identidad, el idioma y los vínculos afectivos. Todo ello contextualizado dentro de los años de la Unión Soviética y la posterior caída del muro de Berlín, lo que da pie a una sátira política y social. Por tanto, contiene un sinfín de elementos atractivos, de frases memorables, de escenas divertidas e incluso emotivas. Y pese a todo ello, no he conectado con la novela. Y me siento culpable, porque creo que Memorias de una osa polar tiene tantas lecturas que soy yo quien no ha sabido captar ni la mitad.

Es la clase de novela a la que hay que volver pasado un tiempo y demorarse en la lectura entre líneas para captar algo nuevo cada vez. Y también es el tipo de historia de la que cada lector interpretará algo totalmente distinto. Esa es la virtud de Memorias de una osa polar y, al mismo tiempo, lo que dificulta su lectura. Así que absteneros si os gusta que os lo dejen todo clarito y atreveros si estáis buscando una novela diferente. No cometáis el error de ir con expectativas como yo, solo dejaos llevar por el ingenio de Yoko Tawada.

[product sku= 9788433979995 ]
Publicado el

Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza, de Javier Menéndez Flores

Joaquíin Sabina

Joaquíin Sabina No soy la fan número Uno de Sabina, ese título creo que lo ostenta una tal María R., pero siempre me han gustado las letras de sus canciones. Al ver este libro pensé que en realidad tampoco sabía demasiado sobre su vida y esta podía ser una buena ocasión para conocerle más allá de ese par de conciertos a los que he acudido o, o las entrevistas que he leído o escuchado en prensa escrita, radio o televisión.

Por otra parte, y antes de decidirme por la lectura del libro también pensé que al ser una biografía autorizada por el cantautor, también sería condescendiente con él, pero aun así ya tenía el gusanillo metido en el cuerpo y quería saber más sobre este hombre, al escritor no lo conocía, se llama Javier Menéndez Flores y es periodista, y al parecer ha escrito ya casi una docena de libros, muchos de ellos son biografías de gente famosa, así que perdonen mi ignorancia.
Este es un libro que amplia o completa otro que fue editado en 2001 y que tenía el mismo título, por lo que estamos hablando de una nueva edición ampliada y, tal como les he comentado antes, autorizada en esta ocasión, por el propio cantautor.

No sabría decirles en qué momento conocí a Sabina, ni que canción es la primera que canté de él, pero sí recuerdo la primera vez que fui a verlo a un concierto, fue en Zaragoza y actuaba con Javier Krae y Alberto Pérez, sería por los primeros años de los 80, y sí, yo era una jovencita muy especial en gustos musicales 😀

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid

El libro nos cuenta que esta canción, que aparece en su álbum “Malas compañías” (1980) ha tenido a lo largo de su historia dos finales, es más que probable que muchos de ustedes conozcan los dos, este que es el original de la canción y el que realmente a mí me gusta y le da sentido a la canción, el otro representa la comunión entre el autor y la ciudad en la que quiere vivir por toda la eternidad, renunciando ya a ese sur que siempre habría añorado.

Me gustan esas letras eternas de Sabina que alguien creería casi imposibles de aprender, esa mirada a lo más triste de la vida, parece que todo es juerga y alcohol pero debajo está siempre esa decadencia del paso de la vida. Incluso las celebraciones parecen tristes en su boca y en su pluma.

En otra ocasión fui a verlo debió de ser por Septiembre del año 2000, después tuve ocasión, cuando cantaba con Serrat, pero aun queriendo no fui y es difícil entender porqué ya no podía ir a oír cantar a estos dos grandes poetas… Quizá a un recital poético sí habría ido.

Joaquín Sabina nació en 1949 en Úbeda, es difícil nacer en esas tierras y no ser poeta, y los poetas vuelan tras sus sueños, como lo hizo tras esa primera novia a la que su padre, notario de Úbeda, se lleva hasta Granollers. Nuestro poeta decide acampar junto a la casa durante unos días… Pero como siempre a lo largo de su vida, le toca seguir volando.

Terminados los estudios secundarios, su padre le regala la primera guitarra. Y el poeta se tornará en cantautor.

En 1968 inicia sus estudios de Filología en Granada, y allí iniciará su nueva vida que llega fuertemente politizada. En 1970 se declara en España el estado de excepción y su propio padre lo detiene. No tardaría mucho en tener que salir al exilio a Londres, de donde ya no regresaría hasta la muerte del dictador.

La verdad es que todo esto está muy bien narrado por el autor, se hace entretenida la lectura y a través de ella podemos ir viendo los hechos que hacen ir madurando al Sabina y como se va consolidando su compromiso político, pero también veremos de donde nacen su forma de hacer poesía a través de las canciones y reportajes periodísticos. Del compromiso político, de sus amores y sobre todo de sus desamores, las mujeres y Sabina… Todo un mundo.

Por “Perdonen la tristeza” van pasando sus letras, imágenes, y nombres muy vinculados a su vida ya plenamente asentada en España. Y va pasando su discografía, toda, y acompañada de imágenes exclusivas cedidas, por lo visto por el propio autor, también sus ídolos de los que están impregnadas sus composiciones: J.J. Cale, Tom Waitts y Bo Dylan entre otros pero principalmente.

19 y 500 noches parece que es el GRAN Álbum del autor, pero sobre todo es una de las canciones que pasará a la historia de la música de este país, y aunque ustedes no se lo crean, muchos de los que dicen que no son capaces de aprenderse la tabla de valencias han podido aprenderse su letra:

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir
o estrellarme una copa de celos
le dio por reír.
De pronto me vi
como un perro de nadie
ladrando a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.
Tenían razón
mis amantes en eso de que antes
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez, yo quería querer quererla
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón en los huesos
y yo de rodillas
desde el taxi
y haciendo un exceso
me tiró dos besos,
uno por mejilla.
Y regresé
a la maldición del cajón sin su ropa,
a la perdición de los bares de copas,
a las cenicientas de saldo y esquina,
y por esas ventas del fino Laína,
pagando las cuentas de gente sin alma
que pierde la calma con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.
Y eso que yo,
para no agobiar con flores a María,
para no asediarla con mi antología
de sábanas frías y alcobas vacías,
para no comprarla con bisutería
ni ser el fantoche que va en romería
con la cofradía del Santo Reproche,
tanto la quería
que tardé en aprender a olvidarla
diecinueve días
y quinientas noches.
Dijo hola y adiós,
y el portazo sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que así
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa…
siempre tuvo la frente muy alta
la lengua muy larga
y la falda muy corta.
Me abandonó
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó el espejo
su vivo retrato,
y fui tan torero
por los callejones del juego y el vino
que ayer el portero me echó del casino
de Torrelodones.
Que pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento
en el mismo momento
que ella me lo mande.
Y eso que yo…
Y regresé…

Y ya ven que como les decía las letras de Sabina son las más largas del mundo, y tan “extrañas como un pato en el Manzanares…”, No es de extrañar que al final del libro nos encontremos con “Cien perlas para la posteridad”, Sabinismos y sabinadas, le llaman, frases de Sabina que seguramente no les dejarán indiferentes, algunas divertidas, otras estrafalarias pero otras también necesarias.

 

El libro se cierra con algunas reseñas cobre el autor de gentes del mundo de la literatura en particular y de las artes en general: Serrat, Muñoz Molina, Juan Echanove… Ya ven gentes que en general le quieren y también sienten por él cierta admiración. Si les gusta Sabina y quieren saberlo todo de él, seguramente este es el libro que andaban buscando.

Y si he de quedarme con unos versos …

“…Se escapo de una cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela
Se dejo el corazón en Madrid
quien supiera reí­r
Como llora Chavela!”

 

[product sku= 9788448024079 ]
Publicado el

La última noche de Ayrton Senna (suite 200), de Giorgio Terruzzi

La última noche de Ayrton Senna

La última noche de Ayrton SennaCuenta Giorgio Terruzzi que todos a los que pregunta sobre ello, periodistas, conocidos, pilotos, son capaces de recordar lo que estaban haciendo en el momento exacto en el que supieron de la muerte de Ayrton Senna. Yo también, lo reconozco, tengo una memoria concreta de aquel domingo de mayo, una de las más vívidas que conservo de mi adolescencia, y eso que ha transcurrido casi un cuarto de siglo.
Senna no ha pasado a la historia como el mejor piloto en cuanto a victorias o títulos mundiales. No lo es ahora, pero es que ni siquiera lo fue en vida. Prost, Schumacher y los actuales Hamilton y Vettel superan sus registros, aunque también es justo admitir que, sobre todo en el caso de los dos últimos, hablamos casi de un deporte distinto. Sin embargo, ninguno de ellos alcanza el carisma del paulista, su imagen de leyenda, ninguno ocupa su hueco en el imaginario popular. Por su carácter en la pista, por sus polémicas fuera, por su temprana muerte haciendo aquello que lo había llevado a la cumbre, Senna se alza por encima de cualquiera y será difícil que llegue alguien para bajarlo de ese trono en estos tiempos de héroes demasiado perfectos.
El recurso de Giorgio Terruzzi para contar su vida en La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es clásico, y bebe del mismo subgénero que las historias de condenados a muerte que aprovechan sus últimas horas en la celda para expiar sus pecados. En ese sentido, nada nuevo, pero sí original en este contexto. Al principio resulta chocante: aparecemos en la habitación del Hotel Castello durante las horas previas al Gran Premio de San Marino de 1994 y contemplamos a un Senna reflexivo e inseguro que repasa su relación amorosa en presente con Adriane Galisteu, el amor-odio que siente por su familia y, solo de fondo, piensa en la muerte de Roland Ratzenberger, ocurrida unas horas antes en el mismo circuito en el que va a correr al día siguiente. Conforme pasan las páginas y las horas de esa última noche, Terruzzi se centra más en los hechos y un poco menos en la reflexión y el lector se familiariza con su voz y su cadencia. Tiene el buen gusto de narrar en tercera persona, sin caer en la trampa de hacer hablar a los muertos, y el texto (en la traducción de David Paradela López) discurre de manera solvente y poco recargada, algo de agradecer en unos tiempos en los que la crónica deportiva se ha convertido en uno de los subgéneros más dados al adorno y al adjetivo innecesario. La trayectoria de Senna queda finalmente cubierta sin lagunas, desde su comienzo en el karting hasta el mismo día de su muerte, pasando por los difíciles tiempos en las categorías inferiores británicas y la gloria de sus mejores años. Sin embargo, las descripciones de Terruzzi dan una mejor idea del carácter de Nelson Piquet o del entorno de Angra dos Reis, donde Senna tenía su retiro brasileño, que de cualquiera de los circuitos del mundial, y sus aventuras amorosas y otros problemas fuera del Gran Circo nos hacen descubrir un perfil de Ayrton alejado de sus grandes gestas.
Uno de los mayores inconvenientes de La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es que puede caer en tierra de nadie. No es para no iniciados, eso seguro, y quienes busquen una biografía completa del mito, con fechas, datos y estadísticas, tampoco encontrarán en él un texto especialmente profuso ni ordenado. No obstante, los que tienen grabado en la memoria dónde estaban aquel uno de mayo y quizá acaban de caer en ello, sí podrán a través de él tirar el hilo de la memoria, hacer un recorrido sentimental imperfecto que les llevará a rebotar de nuevo entre nombres que creían perdidos como Xuxa, Gerhard Berger o Fernando Collor de Melo. Y con ello recordarán lo bueno que era Ayrton Senna y lo pronto que se marchó.

[product sku= 9788494786952 ]
Publicado el

Perú: un camino de encuentro, de Eva Jurado Lara

Perú: un camino de encuentro

Perú: un camino de encuentro

Puedo decir que no a muchas cosas. Puedo decir que no a comprarme toda la ropa que quiero, a salir de fiesta y gastarme demasiado dinero en copas, a ir al restaurante que está de moda o a comprarme esa barra de labios que promete ser mi mejor amiga. Puedo decir que no a todo eso, no lo necesito, no me importa. Ahora mismo me estoy haciendo una casa y gran parte de mi sueldo se va para todos los gastos que ello conlleva. Aun así, consigo ahorrar, aunque sea un poquito. Mes a mes, una parte fija de mi sueldo se va a un bote que al que he llamado “el tarro de mi vida”. Y ese dinero que voy guardando ahí más lentamente de lo que me gustaría, está destinado a los dos únicos vicios que tengo en esta vida y a lo que no puedo rechazar: viajar y leer.

Mientras escribo esta reseña estoy pensando que tengo que hacer las maletas, porque mañana a estar horas estaré cogiendo un vuelo a Bélgica. También me apunto mentalmente que cuando vuelva de ese viaje tendré que ir a comprar algo de ropa de abrigo, ya que el mes que viene me iré con mi mejor amiga a Noruega.

Y también mentalmente me digo a mí misma que tengo que parar un poco, que debería dejar los viajes durante una temporada para poder ahorrar para el destino al que de verdad quiero ir y que lleva en mi mente muchos años ya: la India. Todavía no sé qué es lo que hace que necesite ir a ese sitio, pero algo me dice que seguro que allí encuentro lo que estoy buscando, aunque todavía no sepa muy bien qué es.

Os hablo de esto porque, después de leer Perú: un camino de encuentro, no he parado de darle vueltas a ese tema. Y es que este libro, escrito por Eva Jurado Lara, cuenta su propia vivencia en Perú. Desde hacía muchos años, ella quería ir a ese país. No, querer no es la palabra. Quizás sea mejor decir que necesitaba ir allí. Así que un día, bastantes años después desde ese primer deseo, cogió una mochila, algo de ropa, dinero, su cámara de fotos y partió rumbo a Perú, donde viviría durante un mes. Sin más compañía que ella misma y sus ganas de descubrirse. Ese viaje tenía el objetivo de ayudarla a encontrarse a sí misma en su camino vital.

Un mes en Perú da para mucho, hay tiempo para reflexionar, caminar, conocer gente maravillosa, ponerse en la piel de los demás, calmar el espíritu y tranquilizar la mente. Tanto tiempo de reflexión y, a veces, soledad, hacía que Eva también echara de menos a los suyos. Sobre todo a su pareja, Marta, que se quedó apoyándola desde la distancia como solo un gran amor sabe hacer.

Eva eligió someterse a unos rituales de ayahuasca para alcanzar la purificación de su propio cuerpo y conseguir vaciar la mente. Al leer esa parte del libro tuve una sensación agridulce, porque yo me imaginaba que la autora lo estaba pasando mal durante el proceso; que esa limpieza estaba acabando con sus fuerzas. Pero después me di cuenta de que era algo que ella eligió, sabiendo de antemano a lo que se enfrentaba. Por eso después me sentí feliz por Eva, porque ese ritual le dio lo que ella necesitaba en ese momento.

Después de eso siguió recorriendo Perú, hasta regresar de nuevo a Cusco, capital del imperio Inca y su punto de partida para todas las excursiones. Su fortaleza interior le permitió alcanzar su meta y volver a España renovada y con las respuestas que había ido a buscar a ese hermoso país.

Me ha gustado mucho que el libro estuviera narrado en primera persona y, dado que esta historia es el contenido que ella iba escribiendo en su diario (con pequeñas modificaciones que se hicieron a la hora de editar), es casi como estar allí con ella. Eva es una mujer fuerte, valerosa, sencilla, empática y muy bondadosa. Yo creo que esa bondad, que demuestra durante todo su recorrido, es lo que en realidad le permitió estar en paz con ella misma, sabiendo que siempre da todo lo que tiene y siendo consciente de que ayudar a los demás es también una forma de vida. No solamente la historia de Eva me ha gustado, sino que ha sido su personalidad lo que ha hecho que no pudiera despegarme del libro. Durante los dos días que he tardado en leerlo no he podido parar de pensar en ella. En lo valiente que fue, en lo fuerte mental y físicamente que era, ya que eso es algo indispensable para enfrentarse a un reto como el de irse sola a Perú. No sé, me ha fascinado su forma de pensar y de enfrentarse a la vida. Me ha dado una envidia tremenda.

Además, hay que mencionar que las descripciones que hace Eva Jurado de los sitios que visita son tan realistas que hacen que el lector se esté imaginando ese viaje. Ha habido un momento en el que me ha parecido que yo también estaba en Perú, aunque, desafortunadamente, no sea así. Me ha trasladado completamente a ese país gracias a sus descripciones y los comentarios de los personajes nativos que aparecen en la novela. Estos personajes nos cuentan la historia del país, explicando muchas cosas de los incas. Nos hacen saber un poquito más sobre esa increíble civilización, cosa que me ha gustado muchísimo.

La verdad es que he disfrutado mucho la lectura de Perú: un camino de encuentro. Me ha vuelto a recordar (aunque es casi imposible que se me olvide) el motivo por el cual me gusta tanto viajar, que básicamente es que puedo conocerme más a mí misma cuando estoy tan lejos.

El otro día me dijeron que yo era muy valiente y me quedé pensando… ¿valiente yo? Tengo muchas cualidades, pero no sé si la valentía es una de ellas. Aunque visto desde otra perspectiva… si me dicen hace unos años que me bañara en un cenote de cincuenta metros de profundidad, que me adentrara en un safari en mitad de Kenya teniendo los leones a menos de dos metros de mí, que anduviera sin rumbo por las calles de Nueva York en plena noche o que me subiera en un barco para atravesar un río casi helado para ver los glaciares de la Patagonia cara a cara… seguramente hubiera dicho que no. Viajar ha hecho que me diera cuenta de que puedo hacer todas esas cosas y muchas más. Que las fronteras no existen y que todas las experiencias vividas hacen que mi alma se enriquezca poco a poco.

Desde luego, algún día acabaré haciendo ese viaje a la India que tanto ansío, porque sé que, como le pasó a Eva en Perú, yo encontraré allí lo que estoy buscando.

[product sku= 9788484655275 ]
Publicado el

Steve Jobs, inventor del mañana, de Julio Fajardo Herrero y Miguel Pang

Steve Jobs Inventor del mañana

Steve Jobs Inventor del mañanaLo reconozco: cuando el 5 de octubre de 2011 leí que Steve Jobs había fallecido, apenas sabía quién era. Sí, lo había visto alguna vez por la televisión, había oído mencionar su nombre, pero nunca había reparado en él hasta que su muerte conmocionó al mundo. Creo que yo ni siquiera tenía smartphone entonces. Siempre he ido bastante rezagada en cuanto a aparatos tecnológicos.

Hasta que vi Jobs en 2013, el biopic protagonizado por Ashton Kuchter, no supe del papel trascendental que aquel hombre había jugado en los inventos más revolucionarios de las últimas décadas. Fue en ese momento cuando empezó a llamarme la atención su trayectoria profesional y sus contradicciones personales, y por eso fui de cabeza a ver la segunda película basada en su vida, en la que fue encarnado por Michael Fassbender. Sin duda, Steve Jobs era un hombre singular que cambió nuestra manera de vivir y, por eso, Vegueta Ediciones le ha dedicado una de las entregas de su colección Genios de la Ciencia.

Genios de la Ciencia es una serie de biografías de científicos e inventores que han contribuido al desarrollo y la calidad de vida de nuestra sociedad. Está especialmente destinada a los lectores entre ocho y once años. Por el momento, está compuesta por las biografías de Tesla, Hipatia, Jane Goodall, Arquímedes y Gutenberg. Y ahora le ha tocado el turno a Steve Jobs, inventor del mañana.

¿Cómo se explica a un niño quién fue Steve Jobs? Pues captando su interés desde la primera línea. Para ello, el escritor Julio Fajardo Herrero hace que sea el propio Apple II, el primer ordenador personal que se vendió masivamente en todo el mundo, el que cuente la historia de su creador. Comienza recordando su infancia, sus idas y venidas de la universidad, su amistad con Woz y los primeros inventos conjuntos, su éxito empresarial con tan solo veintiún años… Pero no olvida mencionar sus rifirrafes con Bill Gates, su carácter complicado, su despido de la misma empresa que él creó, su resurgir con Pixar, su enfermedad y su muerte.

El recorrido por la vida de Steve Jobs apenas ocupa treinta páginas, en las que las ilustraciones de Miguel Pang tienen gran protagonismo, pero abarca los aspectos más relevantes de su trayectoria, por lo que el resultado es un retrato bastante completo para que los niños se hagan una idea de quién fue Steve Jobs y cuál fue su aportación al mundo. No faltan citas de Jobs en los márgenes del texto, curiosidades sobre su vida y el logo de Apple y explicaciones de los términos informáticos que se van mencionando, y todo ello enriquece el conjunto. Además, la narración hace hincapié en que los avances protagonizados por Jobs no hubieran sido posibles sin el saber, talento y esfuerzo de muchas otras personas que trabajaron junto a él.

Steve Jobs podrá gustar más o menos, pero no cabe duda de que es una figura clave para entender nuestro mundo actual, en el que prácticamente todos usamos alguno de sus inventos. Incluso los niños, que ahora parece que nazcan con un smartphone bajo el brazo. ¿Cómo no les va a interesar quién fue el «genio» que lo hizo posible? Vegueta Ediciones se lo cuenta en Steve Jobs, inventor del mañana, y les presenta a muchas mentes brillantes más en su colección.

Decía Jobs que hay que «intentar empaparte de los mejores logros de la humanidad y después tratar de incorporarlos a lo que haces». Quién sabe si conocer a estos inventores y científicos a través de estas biografías hará que esos jóvenes lectores  interioricen esas palabras y sean algún día los nuevos genios de la ciencia.

[product sku= 9788417137106 ]
Publicado el

Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás

honrarás a tu padre y a tu madre

honrarás a tu padre y a tu madreCuando comencé a  leer Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás, no tenía ni idea de que era una historia real y, sin embargo, lo intuía. Que el personaje que narraba en primera persona se llamara Cristina, como la autora, era una pista, sí; y las fotografías que aparecían en algunos de los capítulos, también, claro. Pero no eran esos detalles los que me transmitían esa sensación, sino la forma de narrar los acontecimientos. Porque cuando las palabras salen de las mismísimas entrañas, se nota.

Honrarás a tu padre y a tu madre se remonta a un hecho ocurrido en los primeros meses de la guerra civil española. Pero no es una historia más sobre la guerra civil, ni por la forma (a caballo entre la crónica y la novela) ni por el fondo. Nos hace entrever los puntos de vista de los vencedores y vencidos del conflicto bélico, aunque de una forma poco convencional que nos demuestra lo crueles que pueden ser los azares del destino. Sin embargo, va mucho más allá de aquel hecho y de aquel periodo, para hacernos reflexionar sobre la transmisión generacional del trauma de la violencia política, algo de lo que se habla en todos los países, menos en España. Cristina es un ejemplo de este trauma.

«Ellos existen en mí y a través de mí. Ahí está mi herida».

«Toda historia tiene un vértice, el punto en el que se cruzan todas y cada una de sus partes, desde donde parten las cosas hacia el futuro y hacia el pasado, y que sin ese punto no serían nada. El vértice de mi historia está en aquel 5 de diciembre de 1936 porque allí se cruzaron todos los personajes que construyen mi propio personaje».

En Honrarás a tu padre y a tu madre, todo gira en torno a esa fecha. Cristina sale en busca de esos tres personajes, sus muertos, y les pregunta todo aquello que nadie ha querido explicar. Reconstruye sus historias, en un intento de hallarse a sí misma, para ver si de este modo encuentra la salvación. O  se atreve a mirar a los ojos a sus hijos, al menos.

Pocas veces me encuentro con una obra que contenga tantas frases certeras, esas que lo dicen todo y no dejan lugar a explicaciones o circunloquios. Tal vez por eso no paro de copiar citas de la novela. Ahí donde mis palabras no llegan, las de Cristina Fallarás atraviesan:

«Nosotros, los vivos, solo tenemos pequeños huesecillos del esqueleto de la historia, de esta historia, y con ellos las construimos, evidentemente falsa. No cambia en absoluto lo que sucedió. Lo que sucedió, sucedió, y jamás tendremos idea.

Pero el relato sí cambia, y eso, el relato, es lo único que nosotros tenemos.

O sea, nuestro propio relato. Nosotros somos el relato».

Eso es Honrarás a tu padre y a tu madre: el relato de Cristina Fallarás, el de su familia y el de todas esas familias que han visto «cómo el dolor, al igual que el silencio, al igual que la cobardía, atraviesa generaciones».

El retrato de un siglo de la historia de nuestro país. O de toda nuestra historia, en realidad.

De la esencia del ser humano, en definitiva.  Como lo es toda la buena literatura.

[product sku= 9788433998514 ]
Publicado el

Entre ellos, de Richard Ford

Entre ellos

Entre ellosUna de las cosas que más me gusta en este mundo es escribir. No hay día en el que no escriba. Bien una de estas reseñas, algún que otro artículo o bien, dependiendo de mi grado de inspiración, un trocito de mi novela o un poema. Me gusta escribir porque me puedo desahogar, porque hay días en los que todo lo que se me ha quedado acumulado dentro sale como una cascada por mis manos para convertirse en letras y letras. Que a veces tienen más sentido que otras, dependiendo del número de sentimientos que se alborotan dentro de mí, pero que, al fin y al cabo, son mi mejor vía de escape.

Escribir es algo que hago desde que tenía unos seis años. Aprendí a leer muy pronto y los cuentos me fascinaban, así que decidí inventar los míos propios. Así, llenaba hojas y hojas con unas letras grandes e irregulares que después leía una y otra vez. A los ocho años nació la idea de una novela con la que hoy en día continúo. No tengo prisa, se nota, pero me basta con acudir a ella de vez en cuando para plasmar todo lo que siento.

Escribir sobre mí misma me resulta tremendamente fácil, porque sé lo que pienso y sé cómo lo quiero transmitir. Y, por supuesto, también me parece muy fácil escribir una historia inventada en la que yo soy la que dirige las vidas y los diálogos de mis personajes, como si fueran pequeñas marionetas bailando a mi gusto. Pero si tuviera que escribir sobre la vida de alguien… no creo que pudiera hacerlo. Imagino coger a alguien de mi entorno, mi madre, por ejemplo. Analizar su vida y plasmarlo en un papel. Sería sencillo contar su historia, sí, nació tal día, estudió tal cosa, se casó, me tuvo a mí, blablablá. Pero eso no le interesa a nadie. La gente querría leer cómo fue su vida y cómo ella la vivió. Cómo fue para ella haber superado un derrame cerebral, cómo se sentía cuando tenía que ir por la calle con la cabeza rapada únicamente adornada por dos grandes hileras de puntos todavía sin curar. Cómo fue para ella saber que tenía cáncer de útero y cómo superó la operación con éxito. Cómo fue para ella divorciarse y quedarse con una hija de unos cinco años, sin trabajo y con una hipoteca por pagar. En fin, lo bonito sería poder estar en su piel, entender qué pensaba cuando la vida pasaba por ella y después plasmarlo en un papel.

Yo no sería capaz de hacerlo, por eso he admirado tanto la obra de Richard Ford de la que vengo hoy a hablar. Entre ellos es un pequeño libro que se compone de dos partes, escritas con casi treinta años de diferencia. La primera parte fue escrita hace muy poco tiempo y está dedicada a su padre, Parker, un viajante de comercio y al que Ford casi no conoció por haber muerto cuando él era un adolescente. La segunda parte fue escrita después de la muerte de su madre, a principios de los años ochenta, en la que la protagonista es precisamente ella, Edna, una mujer valiente y adelantada a su época. A través de las hojas de ese libro conoceremos la vida de estas dos personas que estaban destinadas a estar juntas.

Cuando empecé Entre ellos lo que más me sorprendió fue el inicio del mismo, donde hay una nota del escritor que dice que ya sabe que este libro no es perfecto, porque directamente no quería hacer un libro perfecto. Quería sinceridad y sabía que si lo repasaba mil veces acabaría perdiéndola por el camino. Así que decidió hacerlo de una forma diferente: sin pensar, solo sintiendo y trasmitiendo todo lo que en su ser se escondía desde hacía mucho tiempo.

Al principio decía que yo no sería capaz de escribir un libro así. Y es cierto, porque no sé si sería capaz de hacer que la historia que narra Ford traspasara con tanta facilidad el papel. No solo nos cuenta la vida de sus padres, nos adentra en ella. Y hay que observar lo difícil que resulta conseguir esto cuando los protagonistas son personas que tú conoces o que crees conocer. Porque un escritor sabe lo que hay dentro de su mente; también sabe lo que hay en la cabeza de los personajes que crea. Pero, ¿atreverse a narrar una historia desde la perspectiva de sus propios padres? Y todo esto sin olvidar que el propio Ford también se desnuda para dejarnos ver su lado más personal y sus impresiones sobre las historias que sus padres vivieron. A mí me resulta del todo complicado.

Siempre es un placer que un escritor de la altura de Richard Ford, que cuenta con grandes obras como Rock springs o Canadá, nos desvele aspectos de su vida tan íntimos como los que destapa en esta obra que podríamos denominar autobiográfica. Porque, aunque los protagonistas sean sus padres, él, como inocente narrador, no puede evitar sacar a la luz sus pensamientos.

No soy muy dada a las novelas biográficas por eso precisamente, porque no me gusta que me narren algo sin más, una vida de alguien en concreto. Quiero meterme en la piel de esa persona, quiero ser ese personaje durante unas horas, saber qué piensa, qué siente, qué quiere. Y este libro lo ha conseguir, y yo me alegro enormemente de haber pasado las últimas horas siendo Parker y Edna.

[product sku= 9788433979964 ]
Publicado el

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika

tiempo de albaricoques

tiempo de albaricoques«¿Es posible que los momentos felices en una época difícil sean más felices aún?». Eso es lo que se pregunta Elisabetta Shapiro, una anciana judía que vive prácticamente recluida en su casa de la infancia, en Viena, en la novela Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika. Como si comiera la magdalena de Proust, se retrotrae a su niñez cada vez que prueba una de aquellas mermeladas que elaboró con los albaricoques de su jardín en los tiempos de la guerra. A esos tiempos en los que su familia era extrañamente tolerada y ninguneada en una ciudad donde empezaban a escasear los judíos, pero también a los años que llegaron después, cuando Elisabetta era ya la única superviviente de los miembros de su familia. De aquella niña que fue, solo le queda Hitler, su tortuga. Y el otro Hitler también, para qué negarlo.

Algunos recuerdos son dulces como los albaricoques recién recogidos del árbol; otros saben a humo, por el fondo quemado de la olla en la que la mermelada fue cocinada. Pero todos ellos alimentan a Elisabetta Shapiro, que vive más en el pasado que en el presente, porque cada día oye las voces de sus hermanas mayores —esas que murieron siendo adolescentes— regañándola por alquilarle una habitación a una joven bailarina alemana. Unas voces que le impiden olvidar todo lo que sufrieron y perdieron por culpa de esos alemanes. ¿Cómo asumir que aquel hombre que antes clasificaba judíos en Operngasse, ahora clasifica el correo? No se lo merece, le repiten sus hermanas. ¿Cómo aceptar que ella se salvó simplemente por un instante de suerte, mientras todos sus seres queridos caían?, se martiriza la anciana.

Pero en Tiempo de albaricoques no solo conocemos a Elisabetta y a su familia mediante sus remembranzas de aquella época, sino que también nos encariñamos de Pola y Rahel, una alemana y una judía de estos tiempos, que no cargan con los recuerdos de ese trágico pasado, pero tampoco pueden abstraerse de todo lo que aconteció a sus abuelos décadas atrás. Y estas dos chicas protagonizan una historia de amistad y amor tan sencilla como emotiva, para añadir unas cucharadas de azúcar cuando los recuerdos de Elisabetta se llenan de amargura.

«¿Por qué hay que recordarlo todo y contarlo?», se pregunta la anciana Elisabetta. Y es que está harta de que los recuerdos a veces sean su tabla de salvación y, otras tantas, sean su condena. ¿Es cuestión de olvidar? ¿De aceptar? ¿O, quizá, de reconciliarse? Con los demás y con una misma. Eso es lo que trata de descubrir a través de las mermeladas y de esa extraña bailarina alemana que se ha colado en su casa, para saber si aún no es demasiado tarde para un nuevo comienzo.

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika, nos habla de una familia judía en la Segunda Guerra Mundial y, pese a ello, nos deja un sabor dulce tras la lectura. Aunque es una dulzura con toques de amargura, claro está, igual que los albaricoques del jardín de la familia Shapiro. Pero, en esta ocasión, el sentimiento de culpa de los que sobrevivieron y no perdonan no consigue empañar este canto al amor y a la libertad.

[product sku= 9788491290728 ]