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Perú: un camino de encuentro, de Eva Jurado Lara

Perú: un camino de encuentro

Perú: un camino de encuentro

Puedo decir que no a muchas cosas. Puedo decir que no a comprarme toda la ropa que quiero, a salir de fiesta y gastarme demasiado dinero en copas, a ir al restaurante que está de moda o a comprarme esa barra de labios que promete ser mi mejor amiga. Puedo decir que no a todo eso, no lo necesito, no me importa. Ahora mismo me estoy haciendo una casa y gran parte de mi sueldo se va para todos los gastos que ello conlleva. Aun así, consigo ahorrar, aunque sea un poquito. Mes a mes, una parte fija de mi sueldo se va a un bote que al que he llamado “el tarro de mi vida”. Y ese dinero que voy guardando ahí más lentamente de lo que me gustaría, está destinado a los dos únicos vicios que tengo en esta vida y a lo que no puedo rechazar: viajar y leer.

Mientras escribo esta reseña estoy pensando que tengo que hacer las maletas, porque mañana a estar horas estaré cogiendo un vuelo a Bélgica. También me apunto mentalmente que cuando vuelva de ese viaje tendré que ir a comprar algo de ropa de abrigo, ya que el mes que viene me iré con mi mejor amiga a Noruega.

Y también mentalmente me digo a mí misma que tengo que parar un poco, que debería dejar los viajes durante una temporada para poder ahorrar para el destino al que de verdad quiero ir y que lleva en mi mente muchos años ya: la India. Todavía no sé qué es lo que hace que necesite ir a ese sitio, pero algo me dice que seguro que allí encuentro lo que estoy buscando, aunque todavía no sepa muy bien qué es.

Os hablo de esto porque, después de leer Perú: un camino de encuentro, no he parado de darle vueltas a ese tema. Y es que este libro, escrito por Eva Jurado Lara, cuenta su propia vivencia en Perú. Desde hacía muchos años, ella quería ir a ese país. No, querer no es la palabra. Quizás sea mejor decir que necesitaba ir allí. Así que un día, bastantes años después desde ese primer deseo, cogió una mochila, algo de ropa, dinero, su cámara de fotos y partió rumbo a Perú, donde viviría durante un mes. Sin más compañía que ella misma y sus ganas de descubrirse. Ese viaje tenía el objetivo de ayudarla a encontrarse a sí misma en su camino vital.

Un mes en Perú da para mucho, hay tiempo para reflexionar, caminar, conocer gente maravillosa, ponerse en la piel de los demás, calmar el espíritu y tranquilizar la mente. Tanto tiempo de reflexión y, a veces, soledad, hacía que Eva también echara de menos a los suyos. Sobre todo a su pareja, Marta, que se quedó apoyándola desde la distancia como solo un gran amor sabe hacer.

Eva eligió someterse a unos rituales de ayahuasca para alcanzar la purificación de su propio cuerpo y conseguir vaciar la mente. Al leer esa parte del libro tuve una sensación agridulce, porque yo me imaginaba que la autora lo estaba pasando mal durante el proceso; que esa limpieza estaba acabando con sus fuerzas. Pero después me di cuenta de que era algo que ella eligió, sabiendo de antemano a lo que se enfrentaba. Por eso después me sentí feliz por Eva, porque ese ritual le dio lo que ella necesitaba en ese momento.

Después de eso siguió recorriendo Perú, hasta regresar de nuevo a Cusco, capital del imperio Inca y su punto de partida para todas las excursiones. Su fortaleza interior le permitió alcanzar su meta y volver a España renovada y con las respuestas que había ido a buscar a ese hermoso país.

Me ha gustado mucho que el libro estuviera narrado en primera persona y, dado que esta historia es el contenido que ella iba escribiendo en su diario (con pequeñas modificaciones que se hicieron a la hora de editar), es casi como estar allí con ella. Eva es una mujer fuerte, valerosa, sencilla, empática y muy bondadosa. Yo creo que esa bondad, que demuestra durante todo su recorrido, es lo que en realidad le permitió estar en paz con ella misma, sabiendo que siempre da todo lo que tiene y siendo consciente de que ayudar a los demás es también una forma de vida. No solamente la historia de Eva me ha gustado, sino que ha sido su personalidad lo que ha hecho que no pudiera despegarme del libro. Durante los dos días que he tardado en leerlo no he podido parar de pensar en ella. En lo valiente que fue, en lo fuerte mental y físicamente que era, ya que eso es algo indispensable para enfrentarse a un reto como el de irse sola a Perú. No sé, me ha fascinado su forma de pensar y de enfrentarse a la vida. Me ha dado una envidia tremenda.

Además, hay que mencionar que las descripciones que hace Eva Jurado de los sitios que visita son tan realistas que hacen que el lector se esté imaginando ese viaje. Ha habido un momento en el que me ha parecido que yo también estaba en Perú, aunque, desafortunadamente, no sea así. Me ha trasladado completamente a ese país gracias a sus descripciones y los comentarios de los personajes nativos que aparecen en la novela. Estos personajes nos cuentan la historia del país, explicando muchas cosas de los incas. Nos hacen saber un poquito más sobre esa increíble civilización, cosa que me ha gustado muchísimo.

La verdad es que he disfrutado mucho la lectura de Perú: un camino de encuentro. Me ha vuelto a recordar (aunque es casi imposible que se me olvide) el motivo por el cual me gusta tanto viajar, que básicamente es que puedo conocerme más a mí misma cuando estoy tan lejos.

El otro día me dijeron que yo era muy valiente y me quedé pensando… ¿valiente yo? Tengo muchas cualidades, pero no sé si la valentía es una de ellas. Aunque visto desde otra perspectiva… si me dicen hace unos años que me bañara en un cenote de cincuenta metros de profundidad, que me adentrara en un safari en mitad de Kenya teniendo los leones a menos de dos metros de mí, que anduviera sin rumbo por las calles de Nueva York en plena noche o que me subiera en un barco para atravesar un río casi helado para ver los glaciares de la Patagonia cara a cara… seguramente hubiera dicho que no. Viajar ha hecho que me diera cuenta de que puedo hacer todas esas cosas y muchas más. Que las fronteras no existen y que todas las experiencias vividas hacen que mi alma se enriquezca poco a poco.

Desde luego, algún día acabaré haciendo ese viaje a la India que tanto ansío, porque sé que, como le pasó a Eva en Perú, yo encontraré allí lo que estoy buscando.

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