La hija del samurái

Reseña del libro “La hija del samurái”, de Etsu Inagaki Sugimoto

En 1925 vio por primera vez la luz este libro: una recopilación de las columnas que la autora había publicado en un periódico de Filadelfia hablando sobre su infancia en Japón. Pero no en un Japón cualquiera, sino en el inmediatamente posterior a la Restauración Meiji, que quitó a los samuráis como su familia prácticamente todos los privilegios que habían poseído hasta el momento. Ahora, casi un siglo después, podemos disfrutar de esta interesantísima obra también en español.

En “La hija del samurái” Etsu Inagaki Sugimoto (me vais a permitir que me refiera a ella como Etsu-bo después de haber leído el libro) nos transporta a una sociedad muy diferente a la nuestra. No solo por la diferencia temporal que encontramos entre finales del siglo XIX y nuestro siglo XXI, sino también por lo profundamente arraigadas que tenía Japón entonces sus tradiciones. El país del sol naciente sigue siendo hoy en día, pese a lo moderno, un lugar en el que se respeta las tradiciones, pero en aquel entonces las cosas se hacían de la manera que siempre se habían hecho, porque así era como había que hacerlas, y las creencias sintoístas y budistas, con sus dioses, se encontraban presentes en cada acto de la vida cotidiana.

Pero incluso entre bellos entornos, si el deber queda atrás, sin cumplirse, nada, mientras dure la vida, puede romper el impulso del corazón, la planificación del cerebro, la oración del alma para alcanzar, aunque sea de forma incompleta, la meta perdida. Así es el alma profundamente oculta de Japón.

Sin embargo, Etsu-bo fue una niña con una mente demasiado adelantada para su tiempo. Despierta, perspicaz y curiosa, esta pequeña japonesa tenía ideas y preguntas que se salían de la norma, y que hacían que se comportase “como un chico” para preocupación de su familia. Afortunadamente para ella, el destino le tenía planeado un camino algo alejado de lo habitual, y a los 12 años es prometida con un japonés afincado en Estados Unidos. Para prepararla para su matrimonio en tierras lejanas es enviada a Tokio a una escuela inglesa, y será allí donde su moderna mente se expanda todavía más. Y tras unos años aprendiendo inglés, replanteándose su visión del mundo y convertida al cristianismo, viaja a América.

Y aquí llega la que para mí ha sido sin duda la parte más interesante del libro: la adaptación de Etsu-bo a su vida en Estados Unidos, a las costumbres de allí, cómo la percepción que tienen los americanos de Japón le hace replantearse cosas de su propio país y cómo, poco a poco, va descubriendo que los habitantes de ambos países tienen más en común de lo que pueda parecer.

Con una prosa hechizante, caracterizada por la forma tan poética que tenían los japoneses de narrar las historias, el lector se sumergirá en una vida llena de tradiciones y contradicciones, alegrías y tristezas, nacimientos y muertes. Recorrerá con la protagonista los caminos de su infancia, sus tradiciones, su adaptación a un país extranjero, su regreso a Japón, su lucha por sus hijas… Definitivamente una obra imprescindible para los amantes de Japón, su historia y sus cambios.

Pero antes de despedir esta reseña me gustaría hacer una advertencia a los futuros lectores: este libro finaliza antes del segundo viaje de Etsu a América para continuar con la educación de sus hijas. La autora publicó más obras que al final de esta se nos indica que se traducirán próximamente, así que permaneced atentos.

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