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Cuentos de Navidad para todo el año, de Luis del Val y Tíndaro del Val

cuentos de navidad para todo el año

cuentos de navidad para todo el añoNo le hagáis caso al título de la sobrecubierta de este libro. Bueno, solo a medias. Quedaos con eso de «Cuentos… para todo el año» y olvidaos de la «Navidad». Y no es porque yo sea una aguafiestas con espíritu navideño cero, ni porque solo dos de las veinticinco historias estén centradas en esta, la época más mágica del año. Lo digo, simplemente, porque en la tapa dura, esa que se esconde bajo la sobrecubierta, pone Cuentos, nada más. Así se llama el libro, y supongo que rebautizarlo como Cuentos de Navidad para todo el año y colarle unas guirnaldas al lado es una mera cuestión de márquetin, que no estoy segura de si le viene bien. Al menos yo no me hubiera interesado en este libro por culpa de ese título. Si me dispuse a leerlo fue porque su sinopsis me llamó la atención: «… este libro nos lleva por historias tan asombrosas como un atraco protagonizado por ladrones de tiempo, un individuo que decide hacer su vida en el cuarto de baño, un profesor universitario que pierde una palabra en una conferencia y no es capaz de encontrarla o la historia de una pareja absolutamente feliz». Descabelladas premisas en las que los elementos fantásticos o surrealistas trastocan la cotidianidad, y finales que les dan un giro de tuerca más: a veces, conmovedores; otras, cíclicos; casi siempre, irónicos.

Lo que más me ha gustado de estas pequeñas historias ha sido su capacidad sorpresiva. Tras los primeros cuentos y sus giros argumentales imprevistos, me puse en alerta, en busca del nuevo requiebro de los autores que me dejara con una sonrisa al acabar el cuento. Es cierto que en algunas ocasiones los vi venir, ya nos íbamos conociendo, pero aun así disfrute de sus planteamientos originales y de su formidable equilibrio entre fantasía y realidad.

Ni siquiera se nota que la mayoría de estos cuentos están escritos a cuatro manos, tal es la simbiosis entre padre e hijo: Tíndaro y Luis del Val. La pequeña plumilla que indica en el texto el salto de un autor a otro es la única evidencia del cambio de autoría. Si fuera yo quien dictaminara el vencedor de este particular reto literario, quedarían en tablas, ya que me es imposible decidirme por padre o hijo. Lo que tengo claro es que somos los lectores los que ganamos al disfrutar de sus mutuos desafíos para alcanzar el «más difícil todavía» literario. No dudo que ambos se lo habrán pasado en grande escribiendo estos cuentos, y eso traspasa la página.

A Tíndaro y Luis del Val les gusta jugar con las palabras, convertir la cotidianidad en sucesos extraordinarios. Crean universos paralelos, en los que la realidad permanece agazapada, rendida ante lo absurdo de los acontecimientos; pero que, cuando decide manifestarse, nos deja sin palabras. Veinticinco historias donde nada es seguro hasta la última línea. Cuentos para leer en Navidad o, mejor, todo el año. Porque no solo en diciembre deberíamos estar dispuestos a creer que todo es posible.

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Un hombre bueno, de María Fasce

un hombre bueno

un hombre buenoHabía prometido contarles sobre mi lectura del viaje de regreso en avión, ya saben, esas que selecciono para intentar evadirme durante las horas del vuelo; el miedo, o mejor dicho el “respeto” a volar, me hace llegar siempre a extrañas o curiosas lecturas, y en este caso ha sido otro acierto lector de mi verano, otro libro que no ha caído en saco roto y dejará huella en mi memoria lectora.

Nada había leído de María Fasce antes de echarme al cuerpo este libro titulado Un hombre bueno. Había leído en la portada que se trataba de un libro de relatos ya que precisamente su publicación se debe a haber recibido el XII Premio Iberoamericano de Relatos “Cortes de Cádiz”. Los relatos cortos, así como sus 179 páginas, pensé que podría adecuarse bien al fin para el que lo había adquirido.

Y así fue, lo empecé y terminé durante el vuelo. También tuve tiempo para soñar, porque no sé si a ustedes les pasa lo mismo pero cuando leo sobre Estambul, sobre todo si es un relato sobre alguien que también cuenta sobre su estancia en esa ciudad, como hace la autora, soy capaz de trasladarme a ella, de recordar su olor, su color, a sus gentes, sus sonidos… Y así, aunque la ciudad no es la protagonista, sino la historia que allí se cuenta, no deja de ser un ambiente excepcional para conocerla y dejar que ella te cuente.

Todo esto me sucedió con este primer relato que además da nombre al libro, y con el que, además me sucedió algo curioso, llegue a olvidar, allá por la página 15, que era un relato corto, y avanzaba por la lectura como si de una novela se tratara… La página 45, me hizo regresar a la realidad.

Me gusta la ironía con que trata esta autora los temas a los que se acerca, me gusta su escritura, directa, clara y el punto de humor que pone en temas tan serios como la soledad o el deseo…

Me gusta hacia donde dirige su mirada la autora, a los que se van, a los que buscan lo perdido, el tiempo, los sueños, la vida…

Y me gusta que me sorprenda: “llamo a casa de mis padres y me responde la voz de mi madre muerta en el contestador…”.

Y pienso que en ocasiones la soledad solo son ausencias no deseadas, no es pura soledad ¿Qué es la soledad? Y me doy cuenta de que estoy mirando el libro pero ya no leo. Estoy relajada y estoy volando ¡Otra sorpresa de la vida! Pienso en mi vida, en mi suerte, miro de reojo a mi hija que está sentada a mi izquierda, ella siempre quiere ventanilla. Su voz es la que suena en el contestador de mi casa y mi madre es la que nos espera al final del viaje.

Nunca había leído nada, como les decía, de esta escritora argentina, pero siendo la Directora literaria de Alfaguara está claro que alguna lectura me habrá llegado de su mano selectiva, por su culpa o gracias a ella … Una editora que se expone sin miedos en el otro lado de la línea, en el otro lado hoy, de mi pluma.

María Fasce es argentina, su literatura es argentina, su prosa muy argentina, sus maneras son argentinas, pero sus historias tienen el don de los grandes cuentos: La universalidad.

El viaje ha terminado.

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El peso de la oscuridad, de Jesús Losada

El peso de la oscuridad

El peso de la oscuridadEn esta ocasión, vuelvo a la poesía. Ya he dicho alguna vez que disfruto leyendo casi toda clase de géneros literarios, pero siempre recurro a la poesía una y otra vez. La buena poesía me alegra el alma, y qué queréis que os diga, apetece de vez en cuando darse una alegría. Y más en estos tiempos donde la alegría es un bien escaso.

Aunque, la verdad, reseñar poesía me parece un trabajo bastante complicado. Y mejor no hablemos del demonio de traducirla. Creo que los poemas hablan por sí solos, que no deberían explicarse, que o conectas con ellos o no, no hay más. La poesía es para que el lector la haga suya, cualquier otra cosa es hablar de más. (Aquí estoy yo, cargándome a la crítica literaria y a la historia de la literatura sin apenas despeinarme).

Al menos tengo la suerte de elegir bien a los poetas que leo, porque no me desilusionan. No hay nada peor que no conectar con lo que se está leyendo. Creo que de ahí que la poesía parezca tan difícil, tan cerrada y con un público tan reducido. Como no des con un poema que te cale, mal vamos. Para cada persona hay un poema, estoy convencida. En fin, todavía hay mucho que hacer por la educación en poesía. Ojalá que el mundo se llene de versos, ojalá que todo el mundo lea poesía. Me pongo revolucionaria, qué le voy a hacer. Por cierto, la poesía también es revolución.

Jesús Losada es poeta (además de Licenciado en Filología portuguesa, Filología española e italiana, Teología y gestor cultural). Es un poeta con p mayúscula inicial, para que me entiendan. Ha escrito una docena de libros y ha ganado también unos cuantos premios. El peso de la oscuridad, el poemario que nos ocupa, resultó ganador del IV Premio Internacional de Poesía José Zorrilla.

Me decanté por su lectura, sinceramente, porque encontré las palabras de Luis Alberto de Cuenca en la contraportada hablando bien sobre el poeta y el poemario. Y a Luis Alberto de Cuenca le tengo en el pedestal de los grandes poetas. Así que sus recomendaciones no podrían ir por mal camino. Y no, el camino de recorrer los versos de este poemario ha sido intenso y gratificante. He disfrutado mucho con sus poemas.

No me gusta hablar de estilos, ni encasillar a nadie en generaciones y nombres. Me parece que no tiene ningún sentido. Yo creo que cada poeta tiene su propia voz y su propio estilo. A lo mejor estaréis pensando “pues vaya mierda de reseñista” y quizá tengáis razón. El caso es que yo os hablaré de Jesús Losada a través de lo que sus versos me han transmitido, olvidando a propósito todo lo demás.

Jesús Losada es directo y terrenal. Es un poeta de pies en tierra y realidades cotidianas.

“Nos da una llave. Habitación 403.

Canal internacional. Apago la televisión.

La misma ruina de noticias.

Una letanía homicida de palabras,

balas mortíferas

que si la prima de riesgo, el Ibex, la troika,

cifras de parados, impuestos, el FMI,

nna crisis que nos asfixia,

a España, a Europa, a el mundo,

el asco apretado

entre el aceite más rancio de estas letras.”

Lo que os decía, poeta de realidades cotidianas.

También es un poeta de heridas que no se sabe bien si cicatrizan. Poeta dolido de amor:

“(…) Acaricio tu lumbre entera

repaso la raíz cuadrada

que nunca supe hacer,

y la descifro ahora entre tus muslos”.

Y no hay poeta sin decepciones, sin amargura:

“Después viene la decepción

o la vida.

Ese diálogo largo.

Damos dos vueltas a la llave”.

El peso de la oscuridad es un buen poemario. Lo dice el IV Premio Internacional de Poesía José  Zorrilla, lo dice Luis Alberto de Cuenca y lo digo yo. Vale que no sea una eminente crítica literaria, pero de versos que mueven por dentro algo entiendo. “Escribimos en la piel de todos los océanos”. Como ése. Gracias, Jesús por este poemario.

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Siempre quedará París

siempre quedara paris

Siempre quedará París, de Ramón Acín

siempre quedara paris

En esta ocasión lo tengo fácil amigos. He compartido la lectura de este libro con mi hija, ya que ella lo tenía como lectura obligatoria en literatura, (4ª de la ESO), al tiempo que en sociales estudiaban esta época de la historia de España, realizaban un viaje a los campos de refugiados de españoles en Francia, y finalmente tenían un estupendo encuentro con el autor.

En el trabajo que ha realizado sobre el libro, casi treinta folios (a mano), su profesora le ha dado una altísima puntuación. Así que, como si se tratase de un “recorta y pega”, y con el permiso de todos ustedes, ella hará hoy mi reseña.

Susana Hernández

Reseña:

El autor de esta novela nos habla a través de un narrador omnisciente, y haciendo un larguísimo flash back, de un grupo de valientes que, tras perder la Guerra Civil española, siguieron desafiando a ese ejército vencedor dirigido por un dictador que  robó sus sueños republicanos.

Hombres que ganaron una Guerra Mundial, como dice la contraportada, pero que perdieron por dos veces su propia guerra, y con ella su tierra, su familia, y hasta su historia.

En el libro descubrimos cómo para algunos hombres, poco a poco, todo comienza a escasear: la comida, la munición…, pero también la esperanza de recobrar la libertad.

Los maquis han pasado a la historia como personajes míticos a los que, gracias a narraciones como esta, hemos podido ir conociendo. Ramón Acín los ha acercado a nuestro entorno, como en este caso ha sucedido con el recorrido que hace por el Pirineo, pues el autor nos ha descrito, con gran lujo de detalles, las pardinas, los valles, los cortados y los bosques, dándonos una perfecta ambientación de lo dura y solitaria que debió ser la vida de estos hombres y sus familias.

 

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