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Videorreseña: Al final mueren los dos, de Adam Silvera

¿Qué harías si te dijeran que te quedan tan solo veinticuatro horas de vida? El libro del que vengo a hablaros hoy, Al final mueren los dos, trata básicamente de eso, de realizarse esta pregunta desde el inicio del mismo hasta el fin.

La novela se desarrolla en una realidad distópica en la que existe una institución llamada Muerte Súbita. Esta institución se dedica a llamar a las personas para avisarles de que ha llegado su momento, que en el plazo de unas veinticuatro horas (sin decir exactamente el cómo y el cuándo), van a morir. En ese contexto conocemos a Mateo y a Rufus, que son completamente desconocidos y que van a recibir esa fatídica llamada. Se conocerán gracias a una aplicación específica para estas personas y vivirán juntos esas últimas horas, intentando hacer todo aquello que no hicieron cuando tuvieron tiempo.

He aprovechado el vídeo de hoy para intentar dilucidar qué haría yo si me quedaran veinticuatro horas de vida, pero lo cierto es que es una pregunta muy difícil de contestar.

Y tú, ¿ya sabes lo que harías?

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Al final mueren los dos, de Adam Silvera

Al final mueren los dos

Al final mueren los dos¿Qué harías si te dijeran que vas a morir en las próximas veinticuatro horas?

Así, más o menos, empieza Al final mueren los dos, una novela de Adam Silvera que propone una realidad un tanto futurista en la que existe una institución llamada “Muerte Súbita” y que se encarga de informar a la gente que va a morir de repente. Una llamada, un mensaje y ya sabrás que en las próximas horas vas a morir. Exactamente el cómo y el cuándo no lo vas a saber, ¿pero acaso eso importa ya?

Mateo y Rufus han recibido la llamada el mismo día. A decir verdad, no se conocen de nada. Pero al final coinciden en la aplicación que está tan de moda y que se llama algo así como el último amigo. Ahí se puede encontrar de todo: tanto Fiambres (los que van a morir), como personas que quieren dar apoyo a los que van a fallecer o como los que intentan aprovecharse de la situación (ya se sabe que de esos hay muchos por todas partes). 

Ambos no podrían ser más diferentes y, como era de esperar, su forma de afrontar la muerte venidera también es muy distinta. Mateo no quiere ni salir de su casa (¿para qué?), prefiere quedarse jugando a algún videojuego y a Rufus la llamada fatal le ha pillado pegándole una paliza a un tipo. Pero aun así, se encuentran. Aun así, se apoyan. Aun así, se convierten en lo único que al otro le queda en esta vida. 

Ese es el planteamiento general de esta novela que ya ha batido récords de ventas. Tiene una historia muy original con una trama que engancha. Los personajes van creciendo poco a poco y evolucionando. No les queda otra, pues solo tienen veinticuatro horas de vida para arreglar todo aquello que fastidiaron en su vida o bien hacer todo lo que no se atrevieron a hacer antes. Pero le encuentro un pero muy grande: la edición. He encontrado demasiadas faltas de ortografía y muchos errores de edición, lo que es una pena, porque es un libro genial que, si no fuera por estos errores, sería perfecto. Sinceramente espero que esto se revise a fondo para la siguiente edición (que estoy convencida de que no tardará demasiado en salir) para que así ya no haya una sola pega que ponerle. 

Al final mueren los dos me ha hecho preguntarme qué haría yo en caso de que alguien me llamara ahora mismo y me dijera que me voy a morir en un plazo de veinticuatro horas. No sé con quién lo compartiría o con quién no. No sé si querría salir a la calle o si quedarme en la cama llorando desconsoladamente. Ir a la playa o a andar por el monte. Escribir, terminar la novela con la que llevo tiempo. O tal vez leer, en concreto ese libro que tengo pendiente desde hace tanto que ya aparece hasta en mis pesadillas. Quizás ver esa película que me recomendó mi mejor amigo y que supuestamente me iba a encantar pero que me da tanta pereza ver. Saltar de un puente. O mejor, de un avión. Ir al restaurante más caro de la ciudad y hacer un simpa, o tal vez gastarme todo el dinero que tengo en la cuenta en una ONG. Echar un vistazo a todos los álbumes de fotos  donde aparezca mi familia y amigos o escuchar en modo bucle mi canción favorita. O directamente, encontrar mi canción favorita. 

Esperaba, sinceramente, que al sentarme aquí mi mente se aclarase y me dijese sin dudar qué tendría que hacer si yo me fuese a morir mañana. Pero no. Veo que son demasiadas cosas las que podría hacer, pero ninguna me convence lo suficiente como para decir categóricamente que haría eso hasta que llegara el momento de irme para siempre. Ay, qué decepción, de verdad. Ojalá fuera una persona con las ideas claras, pero ya veis que disto mucho de ser así. 

Definitivamente no sé lo que haría. Pero me ha gustado mucho encontrarme con este libro de Adam Silvera porque por unas horas no he podido quitarme esa pregunta de la cabeza. No creo que sea imprescindible darle una respuesta, no importa saber con exactitud o no lo que harías el día antes de tu muerte (que si lo sabes, mi más sincera enhorabuena), pero sí es imprescindible hacer una pequeña lista de cosas que sí que te gustaría hacer y, ahora que tenemos tiempo (espero), poner todo de nuestra parte para que esta se vaya reduciendo poco a poco. 

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Recuerda aquella vez, de Adam Silvera

Recuerda aquella vez

Recuerda aquella vezEn 2015 dos debuts literarios dieron mucho que hablar en Estados Unidos. Los dos libros de corte adolescente ahondaban en la temática LGTBI y tanto lectores como prensa especializada elogiaron a los dos jóvenes autores. Llegando a cosechar en ambos casos un sinfín de seguidores y numerosos premios. El primero de estos libros fue Yo, Simon, Homo Sapiens de Becky Albertralli que ya reseñé en su momento. La misma editorial de entonces, Puck, vuelve a dar en la diana al traernos ahora la segunda de esas obras. Y es que Recuerda aquella vez se merece toda la atención que el lector patrio pueda darle. Frente a la novela de Albertralli que en su momento clasifiqué de ligera y divertida, nos encontramos ahora con una historia bastante más seria y dramática, donde el devenir de los acontecimientos golpea de lleno a unos personajes que sólo buscan saber quiénes son y entender cómo funcionan sus resortes internos. No es una novela fácil. No trata de disimular ni endulzar una realidad aún hoy vigente, llegando a utilizar la ciencia ficción para barajar la posibilidad de ser feliz. Adam Silvera va en serio y no titubea en dejar claro que su novela no es un paseo tranquilo.

Aaron Soto no lo ha tenido fácil. Este adolescente de la periferia neoyorquina sabe que la vida no tiene ningún miramiento con los que dudan. La cicatriz con forma de sonrisa de su muñeca le recuerda cada día que estuvo muy cerca del abismo y que desde ese momento el abismo sabe cómo encontrarle. Tras el suicidio de su padre y el futuro poco halagüeño que se le presenta, la vida se manifiesta como una cuerda tensa que requiere una fuerza de voluntad de hierro si se quiere avanzar sobre ella. Sin embargo no se encuentra solo, con una pandilla de amigos de naturaleza ambigua y una novia que lo idolatra, parece que de momento tiene las espaldas cubiertas. Hasta que llega un nuevo vecino. Y es que la aparición de Thomas y la amistad que surge entre este y Aaron pone a todos en un estado de tensión inexplicable. Ante los impedimentos que parecen surgir de esta nueva alianza y los recuerdos aún presentes de encontrar a su propio padre desangrado en la bañera, surge el Instituto Leteo como la solución a todos los problemas. Porque ¿quién no querría acudir a una institución en la que te hacen olvidar cualquier trauma o pasaje de tu propia vida que no te permite avanzar ni desarrollarte como persona?

Adam Silvera sabe de lo que habla. La integridad de su personaje protagonista va un paso más allá de la técnica y rebosa autenticidad en cada una de las páginas de esta novela. Aaron Soto ahonda en su conflicto desde muchos ángulos y el autor sabe cómo añadir capas a la incapacidad de salir adelante sin una solución mágica, sin la ayuda de ese centro médico que comercializa el olvido. Porque para hacer plausible el suicidio dentro de la cabeza del adolescente protagonista, se nos presenta un recorrido lleno de enfrentamientos en los que la indulgencia brilla por su ausencia. Un contra las cuerdas en toda regla en el que la belleza es pisoteada en cada intento de germinar. La violencia y el rechazo se convierten así en un tipo de afecto cruel que poco tiene que ver con el amor pero sí con la necesidad de pertenencia. No mentiría si dijese que este es el libro Young Adult más oscuro que he leído en mucho tiempo. Silvera se encarga de darnos la mano en el primer tramo de la historia, para dejarnos completamente solos cuando el relato avanza. Cuando se ha hecho completamente de noche en la novela y no sabemos cómo volver a casa sanos y salvos. Si uno avanza, consigue aprender una cosa o dos del mundo en el que vive. Pero no hay aprendizaje sin rasguño. No hay conocimiento auténtico sin que el cuerpo se rompa.

Hay toda una literatura que ahonda en las segundas oportunidades. Todo un género literario que nos habla sobre aquello en lo que podemos convertirnos si empezamos de cero. De algún modo es tranquilizador. Saber que dicha posibilidad está ahí. Saber que podemos formatear el sistema y apretar el botón de encendido como la primera vez. Este tipo de historias siempre contienen un sótano en su interior. Recuerda aquella vez no es una excepción. Aaron Soto guarda en él las partes de sí mismo que ha decidido sacrificar. La vergüenza, el rechazo, el miedo. Como si fueran cadáveres cuya descomposición no molesta. También hay una literatura de sótanos. Y en todas estas historias alguien acaba bajando y cruzando el umbral. Descendiendo, descubriendo y liberando. Esta novela no es una excepción. Porque de nada sirve una segunda oportunidad si no suma de algún modo. Porque cambiar cuando nosotros no somos el problema es tan útil como olvidar para no volver a equivocarnos.

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