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Wolfgang Güllich: una vida en vertical, de Tilmann Hepp

La escalada no es una disciplina que se prodigue demasiado en los libros de deporte. Sin embargo, existe toda una literatura en torno a esta práctica que muchos consideran un modo de vida. Normalmente se trata de textos especializados sobre técnicas y rutas, las vías que unos valientes marcaron por las montañas de todo el mundo para que otros valientes las puedan seguir. En castellano contamos con la editorial especializada Ediciones Desnivel, que alberga un gran número de títulos en su catálogo.

Es precisamente esta editorial madrileña la encargada de la versión en castellano del libro Wolfgang Güllich: una vida en vertical, publicado originariamente en 1992 y reeditado este año, 2019. Se trata de la biografía del escalador alemán Wolfgang Güllich, considerado como uno de los mejores de la historia y un revolucionario de esta disciplina. El libro está escrito por Tilmann Hepp, amigo íntimo de Güllich.

Aunque pueda parecer que esta biografía está dirigida únicamente a los amantes de la escalada, lo cierto es que es una lectura que va más allá de esa disciplina. Seguramente por las características de este deporte, en el que literalmente uno se juega la vida, muchas de sus lecciones se pueden extrapolar a la vida de cualquiera. Free Solo, sobre la conquista de la pared El Capitán por parte del escalador Alex Honnold, se llevó el premio al Mejor Documental en la última edición de los Oscar. Una prueba de que el interés por las historias sobre la escalada no es solo de quienes la practican, ya que este documental a servido como visualización, preparación y superación de los miedos de muchos profesionales de otros sectores.

Una vida en vertical no es un libro solo para escaladores, pero sí es un libro que ha convertido en escaladores a muchas personas que no lo eran.

La historia de Wolgang Güllich se cuenta desde el cariño, la admiración y la empatía. Un hombre extraordinario que centró su pasión en la escalada, aunque con su personalidad podría haber sido pionero en cualquier otro campo. En realidad, su vida es la de un talento precoz que puso todo su empeño en dar forma a lo que era su pasión. Gracias a él se profesionalizó la escalada; se sentaron unas bases que todavía hoy, más de treinta años después de su época, sirven de referente.

En la escalada existen distintos grados de dificultad. Güllich fue el responsable de establecer varios de los más altos. En 1991, fue el primero en ascender el Action Directe, en Frankenjura (Alemania), a donde se había ido a vivir. Esta ruta está considerada como una de las más difíciles del mundo. Además, fue el creador de las vías de otras rutas muy famosas en el mundillo como la del Riders on the Storm en las Torres del Paine, en la Patagonia, o la del Eternal Flame (los nombres de las rutas son de lo más entretenido) en el Karakorum, una cadena montañosa entre India, Pakistán y China.

Una de sus grandes aportaciones fue la del entrenamiento. Para poder preparar la subida del Action Directe -y esto son cosas que se hacen de manera súper escrupulosa- creó el Campus Board, un instrumento para poder entrenar las manos, en especial los dedos, que a menudo es con lo único que pueden agarrarse los escaladores en algunas vías. También fue el primero en hacer una escalada integral (sin cuerdas ni nada) en el Separate Reality, una grieta en un saliente de una de las montañas del parque nacional de Yosemite, en Estados Unidos. Eso al poco tiempo de haberse roto la espalda subiendo otra pared en Inglaterra.

Independientemente de sus logros como deportista o sus aportaciones a la escalada como disciplina deportiva, sumergirse en la biografía de Wolfgang Güllich es como estar leyendo sobre la vida de un genio de la pintura o la música. Ese tipo de personas que parece que hayan nacido para hacer lo que hacen y que tuvieran una clara misión en la vida. Güllich era un tipo con una personalidad arrolladora que contagiaba a los demás, un cerebro fuera de lo común en un cuerpo movido por la pasión. Decía el alemán que si la escalada fuera un arte, su componente principal sería el de la creatividad. Él iba sobrado de eso.

El próximo 31 de agosto se cumplirán 37 años desde su fallecimiento. Solamente tenía 31 cuando un accidente de tráfico puso límites a una vida que nunca los había conocido.

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