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Crimen en la posada “Arca de Noé”, de Molly Thynne

Crimen en la posada Arca de Noé

Crimen en la posada Arca de NoéCreo que en el mundo existen dos tipos de novelas de misterio. Las que han sido creadas únicamente para ser comercializadas, que normalmente no profundizan en sus personajes y cuyo desenlace final no tiene sentido alguno. Esas que dejan decenas de cabos sueltos sin resolver. Y aquellas que se centran en sus personajes, en una trama repleta de giros sorprendentes para el lector y en una ambientación que completa la novela y te deja con ganas de más. Sin ninguna duda, Crimen en la posada “Arca de Noé” forma parte de este segundo grupo.

Y es que desde el principio me di cuenta de que esta era una novela que iba a disfrutar. No solo por el misterio que rodea a la autora, una autora injustamente olvidada en la Literatura que ha sido comparada con Agatha Christie, una de mis autoras favoritas. Personalmente, no la conocía y me ha encantado tener la oportunidad de poder leer una de sus obras. Pero también me llamó mucho la atención por la época en la que está ambientada, entre los años 20 y los años 30, la denominada Golden Age, de la que no puedo estar más obsesionada…

Pero vayamos a la trama. Un grupo de personajes que viajan a un lugar de vacaciones en la época navideña, se encuentra con un temporal de nieve que les impide continuar y se ven obligados a instalarse en el “Arca de Noé”, una posada no demasiado lujosa en la que deberán compartir estancia y en la que presenciarán un asesinato en el que todos ellos parecerán culpables. ¿O simplemente víctimas?

Si os gustó Asesinato en el Orient Express, estoy segura de que esta novela os va a encantar. Son muchas las similitudes que he encontrado con la novela más famosa de Christie. Molly Thynne también presenta a muchos personajes en esta obra, bastante diferentes entre sí, y los “encierra” en un espacio cerrado del que no pueden salir a causa de la nieve y mientras se desarrolla toda la acción principal: en ambos casos, un crimen. Y también consigue que todos y cada uno de ellos represente un papel de importancia dentro de la historia y que el lector sospeche de todos desde el principio. Al menos, a mí logró mantenerme totalmente en vilo a lo largo de sus casi 300 páginas y comiéndome las uñas hasta la resolución final.

Algo bastante difícil de conseguir, ya que los giros argumentales que acompañan a la trama desde el primer capítulo te confunden cada vez más a medida que vas leyendo. Y hace que no puedas parar de leer, también por su pluma ágil y sencilla, repleta de diálogos. Porque Crimen en la posada “Arca de Noé” es una novela que se lee de una sentada y no la catalogaría como compleja en su prosa, pero sí que la consideraría compleja si tenemos en cuenta la construcción y la profundización en cada uno de los personajes y en el desarrollo de la trama. En las pistas que deja la autora y que, en mi caso, no percibí hasta el final. Hasta que te das cuenta de que serías una detective de pacotilla…

Me gustaría dar las gracias a la editorial dÉpoca por editar a autores y autoras injustamente desconocidos y desconocidas. Es un placer leer vuestras cuidadas ediciones, acompañadas de preciosas ilustraciones repletas de detalles que enriquecen cada minuto de lectura. Personalmente, soy una apasionada de la literatura de época, especialmente la de misterio, y creo que hacen falta en este momento más novelas como esta, de las que estás segura que no te van a defraudar y que te sorprenden por su gran calidad y todo el amor que se ve que han puesto en ellas.

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Asesinato en Charlton Crescent, de Annie Haynes

Asesinato en Charlton Crescent

Asesinato en Charlton CrescentMi particular gusto por las novelas de detectives comenzó con los casos del Comisario Antonino, que empecé a leer con apenas diez años, y que aún me siguen gustando casi veinte años después. Cuando descubrí la obra de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, cuatro o cinco años después de este primer acercamiento al género, ya no pude dejar de leer este tipo de historias. Y así sigo. Esto se debe no solo al misterio o misterios que esconden, que me engancha desde el principio y que me tiene pegada a sus páginas hasta conocer toda la verdad, sino también por su increíble ambientación, que en el caso de esta autora a la que admiro es la Inglaterra de mediados del siglo pasado. ¡Y esto es algo que hace que la historia sea mucho más interesante!

Por eso, cuando descubrí a Annie Haynes, coetánea, conocedora y tan admiradora de las novelas de la reina del crimen como yo, y supe que la editorial dÉpoca iba a traducir una de sus obras al español, sabía que tenía que leerla sí o sí. Todos aquellos que hemos tenido la suerte de leer alguno de los títulos publicados por esta editorial asturiana sabemos que cuidan muchísimo sus ediciones, con preciosos detalles e ilustraciones que hacen disfrutar aún más de la lectura, y sus traducciones, algo esencial y muy importante en las novelas de época.  Así que esta fue otra razón que me llevó a leerla y se convirtió en mi último libro leído en este 2017, además de en un gran descubrimiento.

Pero vayamos a lo que importa: ¿Qué tiene de especial Asesinato en Charlton Crescent? ¿Cómo son las novelas de esta escritora de misterio injustamente desconocida en general? Esta es, sin duda alguna, de esas historias tan bien construidas desde sus primeros capítulos que, al terminarla, sientes que todas sus piezan encajan a la perfección. Y eso es algo que se agradece enormemente en este tipo de novelas, ya que no siempre la resolución del misterio tiene sentido, hay veces que parece que se saquen todo de la manga y nos dejen boquiabiertos. ¿No os ha pasado alguna vez?

Y otro elemento a destacar son sus personajes, en los que se ve que Haynes se esfuerza en profundizar en ellos, sus historias y emociones, lo máximo posible. En especial porque esta es de las típicas novelas de misterio con muchos personajes y es muy difícil llegar a conocerlos a todos a la perfección. Pero la autora nos da las pistas necesarias para descubrir quién es el asesino entre todos ellos, mientras que por el camino y debido a la impresionante construcción de la historia que realiza, desconfiaremos de todos ellos casi por igual. Por eso, personalmente me costó mucho averiguarlo, pero toda la historia me enganchó por completo porque me mantuvieron expectantes todos los elementos del crimen y cada una de las pintas obtenidas por la policía y, cuando pensaba que sabía quién era el asesino, las tornas cambiaban por completo en el siguiente capítulo y Haynes consiguió despistarme hasta casi el final. Y no es algo que todos lo autores de este género logren.

Y, por último, respecto a la ambientación, tal y como consigue Agatha Christie en su obra y como os he comentado al principio de la reseña, es increíble y es capaz de trasladarte completamente a la época. En este caso, son los años 20 en Inglaterra, en diferentes ciudades y otros pequeños condados, y la forma en la que vivían y cómo se comportaban los personajes es tan diferente a la actual que creo que esto añade aún más a la novela y que me hizo que me gustase aún más. Particularmente, me fascinan tanto Inglaterra como los años 20 y esto hizo que disfrutase más de la novela.

Así que, como conclusión, no puedo dejar de recomendar Asesinato en Charlton Crescent a todos aquellos que, como yo, seais unos apasionados de las novelas de misterio, especialmente esas en las que todo encuentra un sentido al final, de esas en las que desconfías de casi todos los personajes y que disfrutas especulando con quién será el asesino al final. Espero que la editorial publique más novelas de Annie Haynes porque me ha sorprendido mucho (en el prólogo también hace un resumen muy interesante de su vida y de su obra, por qué es tan desconocida en general) y creo que es una apuesta segura, ¡por lo que he podido leer hasta ahora!

 

 

 

 

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Cortejo en la catedral, de Kate Douglas Wiggin

Cortejo en la catedral

Cortejo en la catedralCualquiera que me conozca bien sabe que estoy un pelín obsesionada con la literatura del siglo XIX. Hay algo en ella que me relaja y que me hace querer leer para conocer más. Esa vida alejada de las tecnologías pero lo bastante adelantada como para permitir a quien quisiera (en realidad, en aquella época no era quien quisiera, sino quien se lo podía permitir) llevar una vida tranquila y viajar para conocer la cultura de otros países.

Quizás por este último motivo esta novela llamó mi atención. Aunque no conocía a la autora, debo decir que lo que me hizo leer este libro fue el viaje cultural que recorría los protagonistas por las ciudades catedralicias inglesas. A priori, me pareció que sería muy interesante leerla y que podría descubrir a una nueva autora que mereciera la pena.

Y no me equivoqué en absoluto. La lectura me pareció interesante desde el principio. Por si no fuera poco, la autora no solo describe detalladamente las catedrales de las ciudades por las que viajan nuestros protagonistas, sino que también añade referencias a otros autores y obras literarias. Quiero destacar aquí la referencia a Persuasión, última obra de Jane Austen, que tiene un significado especial en esta novela. Todo ello a través de una pluma fluida y muy cuidada que refleja sus grandes dotes para la literatura y que me ha transportado por completo a esas ciudades inglesas.

Alejándonos de los aspectos formales y centrándonos en la historia, me ha encantado la forma en la que transcurre la historia, cómo se desarrolla cada uno de los encuentros entre nuestros personajes, un hombre (Jack Copley) y una mujer (Katherine Schuyler) que se encuentran constantemente durante la ruta de las ciudades catedralicias. Además, al estar narrada en dos voces, permite al lector saber lo que piensan cada uno de ellos respecto al otro y cómo la persecución de Jack a Kitty origina más de una situación divertida. Esto ha hecho que me haya leído la novela en una sola tarde y que esté deseando releerla.

A medida que avanzaba con la lectura, me dejaba llevar por la historia y viajaba junto a estos y otros tiernos personajes a su época y me encandilaba con la persecución amorosa (que no resulta ser un acosador, ni nada por el estilo). Esta es una novela simple, que no profundiza en los personajes ni en la historia de amor pero sí lo hace en el desarrollo de su viaje, en los destinos a los que viajan y en los constantes reencuentros que se producen entre ellos. Y también en los que desafortunadamente no se producen, aunque ambos protagonistas lo deseen más que nada en el mundo…

Cortejo en la catedral es una entretenida novela narrada a dos voces que no se me ha hecho larga en ningún momento y que he saboreado por los paisajes, las referencias culturales y la nota divertida de la autora. Ha resultado ser una novela muy fresca y perfecta para verano que me ha trasladado por completo al siglo XIX y al viaje que realizan los dos protagonistas de la historia.

Aunque es muy difícil que un libro tan corto transmita tantas cosas a la vez, me ha parecido que la autora ha sabido aprovechar cada una de las páginas para relatar esta historia de amor, viajes y aventuras. A pesar de no estar muy interesada en el aspecto religioso de las catedrales, la arquitectura me encanta y creo que me apuntaría este viaje para hacerlo en los próximos años… Y si es con un Jack Copley y una Kitty Schuyler, no me lo pensaría dos veces. La diversión y las “aventuras” estarían sin duda aseguradas.

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Cartas. Edición conmemorativa bicentenario (1817-2017), de Jane Austen

cartasUn libro como este no es simplemente una obra que se compra, se lee y se guarda, es uno de esos ejemplares a los que se reserva un espacio noble en la biblioteca personal, que se revisita y se enseña a las visitas, incluso presumiendo si me permiten el exceso de vanidad. Es uno de esos volúmenes que son mucho más que la suma de las páginas que contiene, un homenaje a una escritora digna de recibirlo como tal, naturalmente, pero leídas estas cartas merecedora del mismo también como persona. No sólo por el cariño que muestra y del que hace merecedora por parte de sus allegados, sino por su elegancia, su sentido del humor y su capacidad de observación. Diría que estas cartas se emparentan con sus novelas en esas tres características, y aunque, lógicamente, la prosa no esté igual de cuidada, si acaso hay una diferencia significativa es el gran número de personajes que abarcan que serían muy difíciles de seguir de no ser por las aclaratorias, pertinentes y agradecidas notas de los editores.

La señora Hall, de Sherborne, dio a luz ayer a un bebé muerto unas semanas antes de lo que se esperaba a causa de un susto. Supongo que miró a su esposo sin darse cuenta (10-1798, p.63)

Su sentido del humor es a menudo ácido, contundente, aunque sin perder la elegancia pero no es eso lo que más me llama la atención de esta recopilación epistolar. Lo llamativo es lo mundanas que son las cartas, dirigidas en su mayor parte a su hermana Cassandra, y cuando digo mundanas me refiero a que son constantes las referencias a asuntos prácticos, materiales, al estado de la cosecha, a la ropa que confecciona, al precio de las compras (algo muy presente y que pone de manifiesto el estado de las finanzas familiares, no especialmente indicado para los gastos superfluos) o a la comida, que por cierto es no sólo casera, o poco refinada si se quiere decir así, sino que resulta especialmente contundente (gelatina de cerdo, goulasch, estofado de cordero con alubias, sopa de guisantes, costillas de cerdo, pudin…). Lo más parecido a caprichos culinarios que aparece en estas cartas puede que sea la hidromiel o la melaza.

La señora Portman no es muy admirada en Dorsetshire, las gentes de buen corazón, como de costumbre, ensalzaron tanto su belleza que todo el vecindario ha tenido el placer de verse decepcionado. (11-1798, p.67)

Encontramos a una Jane Austen familiar, siempre preocupada por su familia y muy apegada a todos sus miembros y a otra Jane Austen cronista de sociedad que mantiene a su hermana informada de cuanto ocurre en su entorno en sus frecuentes cartas, que describe bailes y transmite ecos de sociedad, pero sin perder en ningún momento su incisiva mirada ni, sobre todo, su sentido del humor a la hora de contar las cosas.

No creo haber sido muy solicitada. Todos mostraron gran disposición a no sacarme a bailar hasta que no lo pudieran evitar; ya sabes que las circunstancias de una persona varían de vez en cuando, a veces sin mayor razón en particular. Había un caballero – un oficial de Chesire – un joven muy bien parecido que, según me dijeron, tenía gran interés en que yo le fuera presentada; pero él no lo deseaba tanto como para tomarse la molestia de conseguirlo, por lo que no sucedió nada. (17-1799, p.91-93)

Se preguntarán ustedes si eso es todo, si no aparece la Jane Austen escritora. La respuesta es que sí, naturalmente que aparece. Muy tímidamente en la primera mitad de la obra y más intensamente en la segunda, cuando comienza a ser publicada y a conocer el éxito. Sin embargo no son las cartas de una escritora, los comentarios sobre sus obras (excepto en las pocas carta dirigidas a su editor o al responsable de la biblioteca real) son tan aparentemente casuales como aquellos que le dedica al precio de una tela que acaba de comprar o a la receta de un plato que solicita. Tal vez sea más apropiado utilizar el adjetivo “natural” que casual, porque es eso lo que destacaría, la naturalidad con la que se refiere a su obra y a sus personajes.

…y creo que puedo alardear de ser, con toda la vanidad posible, la mujer más inculta y poco informada que jamás osó convertirse en escritora. (132D-1813, p.568)

Sin embargo sí que hay momentos en que sus cartas parecen las de una escritora, cuando no comenta sus propias obras sino las de sus sobrinas, a las que aconseja y corrige de forma tan eficaz como entrañable. Como norma general, aun siendo indudable el inmenso afecto que siente por su familia en general, el tono de la correspondencia con sus sobrinas es diferente, más maternal pero a la vez cómplice. Esas cartas, especialmente las dedicadas a su sobrina Fanny, muestran a una Jane Austen madura y cariñosa, como ella misma diría, debidamente matizado, son unas cartas verdaderamente deliciosas.

He traído tu capa a casa, es realmente deliciosa; tan deliciosa al menos como la mitad de las circunstancias que así se denominan (21-1799, p.108)

Sorprende, o bueno, desgraciadamente no sorprende porque es un tema conocido pero sí resulta difícil de asimilar, el trasfondo social verdaderamente machista en el que logró ser reconocida Jane Austen (Sentido y Sensibilidad se publicó anónimamente como “a novel by a Lady”), lo cual incremente sin duda su ya de por si inmenso mérito. Las primeras cartas sobre su actividad literaria las envían su padre o su hermano, y tampoco parece que los editores la traten con excesiva magnificencia. Incluso cuando le reconocían los méritos hay cierto aire de absurda superioridad en algunos de sus remitentes masculinos como el bibliotecario de la corona que al tiempo que le da muestras tanto de su admiración como de la del príncipe regente, se permite aconsejarle sobre temas de los que escribir, detallando personajes y diversas cuestiones que le gustaría que se reflejaran.

Te espera una carta muy agradable; no estará sobrecargada de temas, pues no tengo absolutamente nada nuevo que contarte. Puedo dar rienda suelta a mi ingenio de principio a fin. (32-1801, p. 153)

La escritora y la persona tienen una cosa en común, su empeño en ser ella misma y en mostrarse como tal. Durante mucho tiempo mantuvo el anonimato en su faceta de escritora y probablemente en gran parte fuera debido a las convenciones sociales de la época, pero quiero pensar que también fue para mantener a salvo su núcleo familiar, ese reducto de libertad en la que podía ser ella misma y sentirse querida al mismo tiempo. El retrato de la familia Austen que se extrae de estas cartas es sumamente reconfortante, es cierto que un sentido de la protección mal entendido llevó a su hermana a mutilar o destruir una parte significativa de su correspondencia, lo que resulta frustrante, pero no lo es menos que resulta muy difícil hacerle ningún reproche.

En resumen, si llegara a vieja, desearé haber muerto ahora, bendecida por la ternura de una familia como la mía, antes que sobrevivir a cada uno de ellos o a su afecto (159-1817, p.636)

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Uno de mis hijos, de Anna K. Green

cubierta_Uno de mis hijos- 338-236mm-definitiva.inddNo se sabe mucho por estos lares acerca de la vida, la obra y el legado de la norteamericana Anna Katharine Green (1846-1935), algo de lo cual la editorial d’Época nos da la magnífica oportunidad de resarcirnos y de añadir así una pieza clave a nuestro puzle mental del árbol genealógico de la novela policíaca, en todos sus subgéneros y matices. Algo hay también de reivindicación igualitaria (de igualdad de sexos, se entiende) en ello, puesto que a autores como Edgar Allan Poe, cuya aportación al género fue en forma de un número de relatos breves comparativamente escaso en el conjunto de su obra, y el propio Wilkie Collins, quien ya se declaraba admirador de la autora que ahora nos ocupa, nadie les discute su puesto de honor, en el cual están sobradamente consolidados, mientras que hemos tenido que esperar a este año para ver traducida al español una de las obras referenciales de A.K. Green. Para que luego hablen de agravios comparativos.

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El crimen de Orcival

El crimen de Orcival, de Émile Gaboriau

0 TComo novela de misterio, como novela psicológica, como retrato de personajes, como documento maestro sobre cómo escribir una novela, y no necesariamente una novela criminal, sino una novela a secas, El crimen de Orcival es un libro de diez. No es de extrañar que Émile Gaboriau esté considerado -si bien no entre los lectores de lengua española, entre los cuales es bastante desconocido- uno de los padres fundadores de la novela policíaca moderna. Pero constreñir esta obra maestra a sólo eso es hacerle una profunda injusticia. Y ahora, de la mano de dÉpoca y a su preciosa edición en tapa dura e ilustrada, lo podemos comprobar por nosotros mismos y reparar esa injusticia.

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