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El sonido de los cuerpos, de Fernando J. López

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Ruido. El roce de dos cuerpos que intentan acompasarse, seguirse, controlarse los instintos o los sentimientos, qué más da. El sonido explosivo de un disparo, o quizá el simple aire que, traspasando la garganta, los pulmones, supone el suspiro que deja el vacío de alguien que se va, que decide irse, abandonar, la vida o a alguien, lo mismo da cuando es el sentimiento el que une esos dos mismos cuerpos que hoy explotan. Y después el silencio. Y volver a buscar el ruido. Contaminar las habitaciones cerradas por elección propia, por obligación. Buscar ese ruido en cada uno de…

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Cuando fuimos dos

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Cuando fuimos dos, de Fernando J. López El amor no se queda quieto. Se mueve, camina de un lado a otro, se mete de lleno en las paredes de un hogar, lo impregna todo como el aceite cuando se desborda de la sartén, quemándolo todo, produciendo heridas que tardan en sanar, en curar, pero que deja una cicatriz que es imposible de borrar. Una herida, una conversación, una habitación donde todos los sentimientos se desbordan, recubren un telón que se levanta y baja en una misma noche, en una gira que recorre los corazones de todos aquellos que, en la…

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Entrevista a Fernando J. López

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Entrevista a Fernando J. López, autor de “La edad de la ira” Cuentan que un escritor siempre tiene algo que decir. Que por mucho que él o ella lo quiera, las palabras siempre estarán en su interior pugnando por salir. Si esa teoría fuera cierta, y yo creo que lo es, no habría más que dar las gracias porque escritores como Fernando J. López vinieran de la mano con su obra y nos hablaran de ella, de su vida, de todo lo que lleva aparejado escribir. Por ello, después de leer La edad de la ira, y encontrarme con esa…

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La edad de la ira

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La edad de la ira, de Fernando J. López Es un segundo, quizá un minuto, en el que abrimos los ojos y nos damos cuenta de las consecuencias de nuestros actos. Pero nos olvidamos de las causas, de aquello que nos hizo recorrer los metros que nos separaban de aquello que nos hacía daño, de aquello que no dolía, haciéndolo desaparecer. Y es aquí hay dolor, como en el bello poema de Emily Dickison en el que pronunciaba que se parece el dolor a un gran espacio, recordar no podría si hubo un sólo día sin él. Nacemos, crecemos, sumamos…

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