Publicado el

Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina

Un andar solitario entre la gente

Un andar solitario entre la genteHoy voy con uno de esos libros que me da cierto recelo reseñar, básicamente porque sé que mis palabras nunca podrían llegar a expresar su grandeza, su majestuosidad, la calidad de unas palabras que si se encontrasen con las mías lo máximo que les ofrecerían sería una palmadita en el hombro. Hace un rato pensaba que este libro es algo así como aquellas bolas mágicas de color negro que hace ya varios años se hicieron famosas y todo niño tenía y que ofrecían respuesta a cualquier preguntaba que tú hicieras. Solo tenías que agitarla y ya está, en una pequeña pantalla aparecía la respuesta. Pensaba en eso porque algo así sucede con este libro, que solo tienes que cogerlo, abrirlo, leerlo y esperar a que tus preguntas, incluso algunas que todavía nunca te has hecho, queden respondidas. ¿Para siempre? Eso ya yo no lo sé. Hoy hablo de Un andar solitario entre la gente, del gran Antonio Muñoz Molina.

Primero de todo debo decir que todavía no entiendo por qué este libro se vende como novela. O quizás sí lo entienda pero no quiera hacerlo. Un andar solitario entre la gente, para que nos entendamos, es el resultado de unos meses en la vida de Muñoz Molina en los que este estuvo (y ha estado y está y estará) recogiendo fragmentos de anuncios, de revistas, de propaganda, de conversaciones para uso personal y público, porque han acabado en este libro. Encabezados siempre por un título que es un lema comercial, los textos de este libro van desde la reproducción exacta de, por ejemplo, la noticia de un asesinato múltiple a la confesión más personal e íntima de un Muñoz Molina que mira desde arriba un pozo que lleva tatuado en la roca su nombre. Todo ello hilado por el caminar del propio autor. La caminata como punto de unión, como nudo de ramajes, como epicentro desde el cual nacen todas las historias de una mente brillante que, probablemente, haya pasado por encima de nuestro tiempo.

Leyendo este deambular pesaroso de Muñoz Molina por las calles de lugares como Madrid o Nueva York, me he acordado de tantos otros que leí y que nunca llegarán al nivel (en cantidad) de todos los que él ha leído y que menciona en este libro al estilo, o casi, hiperreferencial de Borges. Me ha recordado a Annie Dillard, recuerdo que me ha llevado a Thoreau. Me ha recordado por supuesto a Vila-Matas, recuerdo que me ha llevado a Walser. Me ha recordado a Cirlot, a Ortega y Gasset, a Umbral e incluso a Nietzsche; todos ellos caminantes sabedores de que los pies en el camino son el encendido de la mecha del pensamiento. Habla Muñoz Molina aquí de la Deambulología como ciencia, como arte y práctica de tantos que han decidido pensar y crear caminando. Caminantes, paseantes, flâneurs. Habla de tantos él…: Poe, de Quincey, Benjamin, Woolf, Beaudelaire, Wilde, Dickinson, Pessoa, Melville, Joyce, Whitman, Dickens, Proust, etc. Ojalá poder habitar por un día o por un rato o por un instante la cabeza de Muñoz Molina.

Es cierto que hay en el libro pasajes, recortes casi de la realidad, que pueden pasar desapercibidos ante otros de tal grandeza como los que dedica a su pareja (¿para qué nombrarla si ya todos sabemos quién es?) o como los que dedica a esa sombra que siempre persigue a quien alguna vez se ha encontrado cara a cara con ella, la sombra del pesar, de la tristeza, del nunca llenarse de algo sin función de llenado que es la vida. Hay momentos de gran asombro, de genialidad total que hace inevitable el subrayado sobre el papel.

Escrito en el final de un verano, Un andar solitario entre la gente es el zapato que siempre encaja para aquel que se haya sentido alguna vez escritor mientras pensaba caminado o mientras caminaba pensando. Es la certeza de que siendo un caminante se puede crear una vida, de que existe la posibilidad de ser tu propia oficina itinerante. Dice Muñoz Molina en alguna parte del libro, a modo de asceta o filósofo cínico que «Mi oficina, vaya donde vaya, es el cuaderno, el lápiz, la pluma, el tintero, el sacapuntas, las tijeras, la barra de pegamento, una carpeta con recortes, tres o cuatro libros, todos ellos livianos». Podemos hablar de recortes, de fragmentos aleatorios, de grabaciones encontradas; o podemos hablar de parches, de remedos, de suturas perfectas. Yo me quedo con lo segundo. Yo decido coger la mano auxiliadora que ofrece el libro. ¿Y tú?

[product sku= 9788432233500 ]
Publicado el

El invierno en Lisboa

el invierno en lisboa

El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina

el invierno en lisboa

Leer un libro se parece en cierto modo a degustar una comida. Los hay de consumo rápido: tan pronto los devoras ya los has olvidado. Los hay insípidos y también suculentos, hay libros de digestiones pesadas y otros que te dejan el estómago vacío. Hay libros adictivos, dulces, amargos, algunos definitivamente mal cocinados y unos pocos cuyo sabor siempre recordaremos. Pero mis preferidos son esos que uno desea no acabar nunca, y según el plato va quedando vacío nuestro ritmo de lectura también disminuye poco a poco, se ralentiza: cada página que nos acerca al final es una llamada a la nostalgia, cada bocado que nos llevamos a la boca lo saboreamos con la voluptuosidad que solo provocan los placeres más efímeros, aquellos que pronto nos serán arrebatados por el tiempo o la distancia.

El invierno en Lisboa es uno de esos libros.

Una mujer hermosa y fatal, Lucrecia. Un hombre escéptico y bohemio, Santiago Biralbo. Él toca el piano en un club de jazz de San Sebastián. Ella es la mujer de un estafador de segunda que trafica con obras de arte. Años más tarde, en Madrid, un narrador desconocido se encuentra con Biralbo y ambos retoman por un tiempo una melancólica amistad de silencios y ginebras. A través de sus conversaciones, de sus recuerdos y también de sus silencios, Muñoz Molina nos irá dosificando la historia como si de una confesión se tratase: la repentina huida de Lucrecia junto a su marido, los años de espera y despecho, el reencuentro amargo y un viaje frustrado camino de Lisboa… por el medio, mucho jazz, tugurios nocturnos y ambiciones traicionadas, una pistola que cambia de manos y un secreto manchado de sangre.

 

Sigue leyendo El invierno en Lisboa

[product sku= 9788432208034 ]
Publicado el

La noche de los tiempos

La noche de los tiempos

La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina

La noche de los tiempos

Mi padre nació en el año 39, y nunca hemos tenido muy claro cuál era la fecha exacta de su cumpleaños, porque por aquel entonces su padre andaba en la guerra, y aunque fue de los que consiguió volver, ya había transcurrido cierto tiempo desde el alumbramiento de su hijo, por lo que la fecha del registro resultaba imprecisa.

Más allá de este hecho anecdótico, para la mayoría de mis coetáneos la Guerra Civil española constituye algo absolutamente remoto, excéntrico, bárbaro, que no consideramos que tenga nada que ver con nosotros mismos o con el país que habitamos.

Yo  nací en el 79, y  ya no queda tan lejano el momento en que llegue a cumplir los 40, pero si tomásemos este año, el 79, como una especie de bisagra, de eje central, de punta de metal de compás en torno a la cual dibujamos otros dos puntos equidistantes, y abrimos ese compás sobre la línea del tiempo hasta mi 40 cumpleaños, entonces, al girarlo, descubro con asombro, con una cercanía que de repente se me vuelve extraña, como a alguien que debiera reconocer y no termino de hacerlo, que el otro punto que traza la barra de grafito sobre esa línea es, precisamente, el año 39. Ese año que me parecía de otro mundo, de otra vida, que casi no parece de verdad.

 

Sigue leyendo La noche de los tiempos

[product sku= 9788432212758 ]