
Mr. Smith, de Juha Seppälä
Hace ya un tiempo, en una clase de la universidad titulada “Movimientos migratorios”, hablamos de lo que supone la migración en las personas, las emociones que suscitan en las personas que la viven y aquellos que les rodean. Un sentimiento de pertenecer a dos partes, y de no tener un hogar concreto en el que echar raíces. Algo así, mediante un pequeño mosaico que se entrelaza en las vidas de varios personajes, encontramos en las páginas de Mr Smith, en una especie de búsqueda de orígenes, del germen que construye lo que somos, lo que nos hace crecer o simplemente detenernos, en un tiempo y un espacio que se convierte en una pesada losa, en una época detenida en la que los recuerdos son la balsa que nos salvará – o destruirá – de la realidad que nos conmueve, o que nos inutiliza para ser mejores que lo que nos mantuvo en tierra firme desde que fuimos un simple pensamiento, una simple cuestión que nuestros padres se plantearon. Y es que el tiempo recrudece la piel que nos alberga, la historia de una familia que podría haber sido eterna, pero que se convirtió en un fragmento, en una pieza de un puzzle incompleto porque el viaje, la migración, el caer de un lado o de otro, del este o del oeste, como si brujas malvadas de los cuentos hubieran echado su maldición, convierten a los integrantes de un legado, en simples desconocidos que buscan su lugar, sin encontrarlo demasiado.