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Entrevista completa a Matthew Dicks

Matthew_Dicks

Entrevista completa a Matthew Dicks

Matthew_DicksLas nuevas tecnologías nos acercan a la gente de una manera asombrosa. Eso fue lo que sucedió con el autor Matthew Dicks. Investigué en Twitter, le hice saber que estábamos interesados en entrevistarle para hablar de su última novela, “Memorias de un amigo imaginario” y él aceptó encantado. Para mí es un enorme placer poder hacerle unas cuantas preguntas sobre un libro que ha supuesto una vuelta a mi infancia, a mis orígenes como contador de historias. Espero que para vosotros sea igual de fascinante.

Me gustaría dar las gracias, además, a Marina Macià, sin la que esta entrevista no habría podido ver la luz. Gracias a ella, podéis tener ante vosotros la estupenda traducción que nos ha preparado para que disfrutéis de ella.

Empecemos…

Hola Matthew, antes de comenzar con la entrevista, nos gustaría saber algo más sobre tus gustos a la hora de escribir:

1. ¿De día o noche?

Ambos. Escribo siempre que puedo. Soy maestro de escuela y padre de dos niños menores de tres años, por lo que tengo que escribir en los huecos libres. Cinco minutos de aquí, una hora de allá. También dedico una gran parte de mis vacaciones a la escritura, pero no soy tiquismiquis en eso. A la menor oportunidad, mis dedos se ponen a darle a las teclas.

2. ¿Un cigarrillo al lado?

Nunca.

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?

Todavía uso lápiz y papel para escribir mala poesía, por lo demás, escribo exclusivamente en el ordenador.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando?

Las dos cosas. El grueso de mi historia se despliega a medida que escribo, pero la idea original de cada libro, que siempre empieza con un personaje, llega por sorpresa. Lo más habitual es que leo o escucho algo que me da por pensar, y antes de que yo lo sepa, un personaje ya ha tomado forma en mi mente. Lo que este personaje pretenda hacer es algo que desconozco hasta que me pongo a escribir, pero el protagonista normalmente se descarga en mi mente totalmente formado y de manera casi inesperada.

5. ¿Quién es tu mayor crítico?

Mi mujer. Es a la vez mi mayor fan y la crítica más dura. Cuando le gusta algo, sé que es bueno de verdad. Cuando no le gusta algo, sé que es el momento de cambiarlo. Es indispensable en el proceso de mi escritura.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro?

Stephen King. Fue un poco mi inspiración. Con su montón de historias sobre el paso de la pobreza a la fortuna, alejadas de la sensiblería, me dediqué a escribir sin parar cuando las cosas pintaban mal, y además fue uno de los primeros autores que leí de pequeño. Me encantaría saber que ha leído uno de mis libros.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora?

Gone Girl [traducción no disponible todavía] de Gillian Flynn. Estoy totalmente cautivado por esta novela. También estoy releyendo algunas de las comedias de Shakespeare para preparar el próximo curso escolar.

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso?

Un ejemplar firmado de Un hombre sin patria de Kurt Vonnegut, que me regaló mi mujer en nuestra primera Navidad juntos. Vonnegut es mi autor favorito de siempre.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas?

Normalmente doblo la esquina de las páginas del libro, aunque también tengo fama de usar alguna redacción de un alumno que estoy corrigiendo o alguna carta que he recibido hace poco y a la que aún no he contestado.

10. ¿El mejor lugar para leer?

Cualquiera. Como al escribir, me sumerjo en la lectura en cualquier momento y lugar posible. No me puedo permitir el lujo de andar con remilgos. Todavía quedan muchos grandes libros que necesito leer.

Ahora que ya sabemos un poco más de tus gustos, empecemos a investigar sobre el autor y la obra que nos ofreces a los lectores

 

1. ¿Qué necesitamos saber sobre Matthew Dicks?

Crecí en la pequeña ciudad de Blackstone (Massachusetts) con dos hermanos, dos hermanastros a los que perdimos la pista y a quienes reencontramos hace poco, una madre cariñosa y un malvado padrastro. Fui boy scout, practicaba el salto de pértiga, tocaba la flauta y el fagot y me enorgullecía de pertenecer al  cuerpo de tambores de la escuela. También cuento con la peculiaridad de haber muerto dos veces cuando tenía unos dieciocho años, antes de que me reanimaran los servicios de emergencia en ambas ocasiones. Lo lamento. No había una luz blanca.

Me fui de casa a los dieciocho y trabajé en varios empleos sin futuro durante los cinco años siguientes, hasta que me atracaron a punta de pistola a los veintitrés años. Este roce con la muerte me convenció de que debía mover el culo y dejar aquello, y hacer algo con mi vida.

Seis meses después, me encontraba sentado en mi primera clase de universidad (una clase que, irónicamente, se titulaba Sobre la muerte y los moribundos), con la esperanza de convertirme en maestro y escritor. A menudo contaba a la gente que mi objetivo era ganarme algún día la vida escribiendo y dedicarme a la docencia por placer y, aunque aún no he alcanzado este objetivo, estoy más cerca de lo que nunca hubiera imaginado.

Durante mis años como universitario trabajé como responsable en restaurantes McDonald’s, abrí un pequeño negocio e impartí tutorías sobre redacción en el campus. Me licencié en Filosofía y Letras por el Manchester Community College en 1996, en Lengua Inglesa por el Trinity College y en Magisterio por el Saint Joseph’s College en 1999.

Tras graduarme, empecé a trabajar como maestro de primaria y me he dedicado a la docencia desde entonces. Ahora doy clase en quinto, pero también he dado clase en segundo y en tercero. En 2005 me nombraron Maestro del Año de West Hartford y también quedé finalista como Maestro de Connecticut del Año.

Además de mi carrera como maestro, soy el propietario y el responsable de una empresa de DJ que actúa en bodas por todo Connecticut. También sirvo ocasionalmente como pastor, aunque pagano, y orientador.

También he ganado en dos ocasiones el campeonato de cuentacuentos Moth Story Slam y de vez en cuando cuento cuentos en vivo, así como también tengo otros compromisos relacionados con los discursos.

En 2006 me casé con mi mujer y compañera de trabajo, Elysha, tras pedirle matrimonio ante nuestros amigos y familiares en el andén principal de la Grand Central Station de Nueva York. Vivimos en Newignton (Connecticut) con nuestra hija Clara, nuestro hijo Charlie, nuestro perro Kaleigh de raza Lhasa Apso y un gato inmenso y ligeramente chiflado que se llama Owen.

Cuando no estoy dando clase o jugando con los niños, dedico mi tiempo libre a escuchar música, comer mal y a evitar contestar al teléfono. Soy un ávido, aunque desastroso, jugador de golf y un mucho mejor jugador de baloncesto y de póquer. Soy un gran seguidor de los New England Patriots, tengo el abono de temporada, y también soy un ferviente seguidor de los Yankees, los Celtics y los Bruins. Jugaría más al fútbol americano si a los delicados de mis amigos les apeteciera más.

También leo muchísimo, consumo una gran cantidad de audiolibros y escucho unas tres docenas de podcasts al cabo de una semana.

También dirijo una carrera que se celebra una vez al año por Connecticut, al estilo de la Amazing Race de la CBS, pero llamada La A-Mattzing Race [juego de palabras con su nombre] ; y esto me mantiene bastante ocupado planeando y organizando el siguiente evento.

No duermo gran cosa.

2. En “Memorias de un amigo imaginario” nos hablas de Max, un niño que, sin nombrarlo en ningún momento, padece autismo. ¿Cómo se te ocurrió crear a un personaje como éste?

Como maestro, he trabajado con niños como Max durante años. Se trata de chavales encantadores e interesantes a los que he aprendido a entender en cierto grado. Siempre me he preguntado si los padres y los maestros de estos niños no les estarán haciendo un flaco favor al dar por sentado que serían más felices si fueran capaces de relacionarse con otros niños de una manera más típica. Quizá para estos niños la felicidad se encuentre de una forma mucho más solitaria de lo que podríamos esperar. Quise dar voz a esta idea a través de Max, a la vez que retrataba a un niño que es diferente, pero no es menos capaz de conseguir cosas extraordinarias. No tenemos ni idea de lo que realmente ocurre en la mente de un niño autista. Me gustaría pensar que Memorias de un amigo imaginario plasma una posible fotografía.

3. ¿Y Budo, el amigo imaginario? ¿Has visto muchos casos en tu profesión de niños con amigos imaginarios o surgió sola la idea?

La idea de Memorias… nació de un amigo imaginario algo peculiar que yo tuve.

Mi madre y yo estábamos comiendo juntos en la mesa del comedor. Yo tenía once o doce años entonces, y estábamos rememorando cosas del pasado y hablando de los planes para el próximo verano mientras me zampaba un sandwich de mortadela con kétchup.

“¿Podemos ir de nuevo a Roger Williams Park este verano?”, pregunté.

“Tal vez”, dijo mi madre, cosa que yo sabía que quería decir que no.

“Me encantaron los jardines japoneses”, dije, con la esperanza de infundirle la nostalgia necesaria para hacerle cambiar de opinión. “¿Recuerdas cuando Jeremy, Johnson Johnson y yo jugábamos a pillar en aquellas islitas?”

Mi madre dejó de masticar. Me miró atentamente, con el ceño fruncido. “¿Johnson Johnson?”, dijo.

“Sí, Johnson Johnson. Y Jeremy.”

Mamá dejó el sandwich en el plato y me dirigió una mirada larga y severa. “Matt, sabes que Johnson Johnson no era real, ¿verdad?”

“¿Eh?”

“Era tu amigo imaginario. Lo sabes. ¿Verdad?”

“No”, dije yo, pensando que mi madre tenía la peor memoria del planeta. “Johnson Johnson. ¿Te acuerdas?”

“Sí, me acuerdo.”, dijo. “Pero era tu amigo imaginario.”

“No”, dije yo otra vez, empezando a enfadarme. “Johnson Johnson. Vivió con nosotros un tiempo. Como Jessica.”

“No, Matt”, explicó mi madre, hablando ahora tan despacio que me ponía nervioso. “Jessica era real. Era una niña que vivió en acogida con nosotros una temporada. Al igual que el resto de niños en acogida que han vivido con nosotros. Pero Johnson Johnson era tu amigo imaginario. No era real.”

“No”, dije, empezando a alarmarme. “Johnson Johnson. ¿Te acuerdas?”

Se acordaba. Johnson Johnson, probablemente llamado así por los polvos de talco de la marca Johnson’s & Johnson’s, fue mi amigo imaginario durante un periodo de tiempo que mi madre describió como “más de un año, quizá dos o tres.” No andaba cerca todo el rato, pero fue y vino durante una buena temporada. Ella acabó por asumir que Johnson Johnson aparecía siempre que yo necesitaba un compañero de juegos, pero en mi mente, o al menos así lo recuerdo yo, estaba conmigo en todo momento.

Durante ese mismo periodo de tiempo, mi familia acogía temporalmente a niños que necesitaban un hogar. Johnson Johnson sencillamente se convirtió en otro de esos niños en acogida, y cuando se marchó (no recuerdo cuándo ni cómo) nunca dejé de creer que había sido real.

Hasta aquella comida con mi madre, nunca nadie me lo había dicho.

Describir esta revelación como una noticia bomba no es exagerar. Largos pasajes de mis recuerdos de infancia estaban poblados con Johnson Johnson, y en un instante aquellos recuerdos fueron declarados nulos. Johnson Johnson no había ido conmigo a los jardines japoneses aquel día. No había jugado conmigo en el patio trasero cuando mis hermanos preferían quedarse en casa viendo la tele. No había dormido junto a mi cama cada noche, ni había desayunado conmigo cada mañana, ni me acompañaba al baño cada día en la escuela.

No me lo podía creer.

Hay una película titulada ¡Olvídate de mí! En la que el protagonista, encarnado por Jim Carrey, trata de suprimir los recuerdos de sus exnovias de su mente porque son demasiado duros para conservarlos. Y eso es lo que yo acabé haciendo. En cada recuerdo en que Johnson Johnson estaba presente, de repente sentía la necesidad de borrarlo y aceptar el hecho de que en realidad nunca estuvo allí. Hasta hoy, en ocasiones me descubro a mí mismo echando la vista a mi infancia, tropezando con un recuerdo que todavía incluye a Johnson Johnson y teniendo que recordarme a mí mismo, una vez más, que él no estaba allí.

Le conté esta historia un día a Lindsay, una maestra en prácticas de la que yo era tutor, mientras observábamos a nuestros alumnos hacer una fila tras el recreo. Lindsay estaba leyendo el manuscrito de Unexpectedly, Milo [sin traducción al español] y sabía que pronto empezaría un nuevo libro.

“Eso debería ser tu próximo libro”, me dijo. “La historia de un amigo imaginario que es real.”

Pensé que era una idea absurda. Mis dos libros anteriores se habían basado en el realismo y estaban narrados desde la perspectiva de la tercera persona. Le comenté a Lindsay que, de repente, escribir sobre un amigo imaginario como si fuera real sería mucho más que una separación de mi trabajo anterior. Además, sabía que una historia como esta requeriría estar escrita en primera persona, y eso era algo que yo sabía que nunca podría hacer.

“Hablo en serio, Matt”, dijo. “Este debería ser tu siguiente libro.”

Cuando llegó el momento de escribir un nuevo libro, remití una lista de idas a mi agente, Taryn, como hago siempre. Tengo muchas ideas para libros y siempre pido la colaboración de Taryn a la hora de decidir qué libro debo escribir a continuación. La idea del amigo imaginario iba incluida en esa lista. Le prometí a Lindsay que la incluiría, como también se lo había prometido a mi mujer, ya que también a ella le encantaba la idea, pero solo accedí a ello porque sabía que Taryn nunca la escogería.

Entonces fue cuando la escogió.

Debatí la elección con ella y le expliqué que yo opinaba que a la larga aquella historia resultaría tonta y poco creíble, pero finalmente llegamos a un acuerdo: dedicaría los dos meses siguientes a intentar escribir ese libro, pero si la cosa no funcionaba hacia finales de agosto, abandonaría aquella idea en beneficio de otra. Ella estuvo de acuerdo.

Al segundo día de empezar a redactor, supe que Taryn tenía razón. Encontré la voz de Budo casi al instante, y con ella, supe que había dado con una buena historia. Cuando envié un manuscrito parcial a Taryn a mediados de agosto, con la esperanza de obtener una respuesta positiva y unas cuantas observaciones, recibí la segunda mejor llamada telefónica de mi vida. Una Taryn sin aliento acababa de leer el manuscrito en su cafetería habitual y me llamó de camino a casa, ya que no podía esperar más. Le encantaba y, lo que es mejor, quería llevarlo a la próxima feria del libro de Frankfurt.

“Pero si no está acabado”, le dije.

“No necesita estarlo”, respondió Taryn. “Acábalo pronto, pero creo que podemos venderlo inacabado”.

Estaba en lo cierto. Se marchó de Frankfurt a finales del mes siguiente con media docena de acuerdos internacionales bajo el brazo y con otra media docena encarrilados.

Es curioso el lugar donde se originan las ideas para las novelas. De niño, creé un amigo imaginario por razones que no conozco plenamente. Este amigo se hizo tan real en mi mente que me tuvieron que insistir mucho en que era imaginario más tarde. Años después, aquel amigo imaginario, al que todavía considero un verdadero amigo a pesar de saber perfectamente que no existió, al final fue la base para Budo, el amigo imaginario cuya historia ocupa las páginas de mi última novela.

Incluso el nombre de Budo se basa en aquella extraña forma o realidad imaginaria. Unos amigos son padres de dos niños gemelos, y estos compartían de pequeños un grupo de amigos imaginarios, uno de los cuales se llamaba Budo. Cuando necesité un nombre para mi protagonista, Johnson Johnson no me acababa de gustar, en cambio, Budo me pareció perfecto.

Estos amigos trataron de convencerme de que, en realidad, el nombre se escribía Beaudeaux, pero creo que eso es una locura. Ningún niño de tres años que se precie se imaginaría una ortografía tan imposible como aquella.

4. En la novela, Budo se sorprende muchas veces de lo que hacen los adultos, sin llegar a entenderlos. ¿Crees que en el mundo de los adultos hacemos muchas cosas sin sentido?

Sí, sí que lo creo. He visto muchas veces a los invitados de una boda bailar ‘La Macarena’ y siempre me pregunto qué opinarían los extraterrestres de ese ritual extraño y sincronizado.

O veo a una mujer que lleva un bolso estampado con la marca del fabricante, a sabiendas de que es la marca, una forma de publicidad, lo que hace que ese bolso cueste cientos o miles de dólares, y me pregunto también qué pensarían los extraterrestres de eso.

Los adultos hacemos muchas cosas raras a lo largo del día, pero nos cuesta dar un pasito atrás a y observar estos hábitos, rituales y decisiones con objetividad. Si pudiéramos hacerlo, supongo que el mundo sería un lugar muy distinto.

5. “Memorias de un amigo imaginario” habla, sobre todo, del poder que tiene la amistad, pero también sobre la aceptación de la gente que denominamos “diferente”, ¿crees que nos falta mucha tolerancia todavía?

Totalmente. Todos mis libros tratan sobre la vida de un desconocido: una persona que no encaja en los ideales culturales y sociales. Me fascina que los padres y los maestros continuamente animen a los niños a ser ellos mismos, a sentar sus propias bases, a ignorar la presión de grupo y a encontrar su propio camino en la vida; y que más tarde castiguemos a esos pioneros si crecen y se alejan demasiado de las convenciones sociales y de lo que de ellos se espera. Les llamamos bichos raros, excéntricos o cosas peores, cuando la mayoría de las veces simplemente hacen lo que les animamos a hacer cuando eran niños. Si vamos a enseñarles a ser ellos mismos, tenemos que estar dispuestos s aceptarles como son.

6. Me llamó la atención las reacciones de los padres de Max ante lo que le estaba pasando a su hijo, ¿crees que se intenta, a veces, negar los problemas para ser más felices?

Sí, aunque supongo que no siempre lo hacemos de manera consciente. Admitir un problema, particularmente cuando la solución no es fácil (o no hay solución posible), es algo difícil de hacer. Opino que a veces nos engañamos a nosotros mismos y queremos creer que el problema no existe o que ya está solucionado, en lugar de  hacer frente a la cruda realidad de que no se puede hacer nada para mejorar la situación. Solucionar un problema es sencillo. Aceptar que no hay solución es el reto.

7. ¿Qué ha supuesto para ti esta novela?

Esta novela representa todo aquello que alguna vez creí imposible. Mis dos primeros libros están escritos en tercera persona y se basan totalmente en la realidad. Cuando mi agente me propuso que diera una oportunidad a esta idea, pensé que se había vuelto loca. ¿Escribir una historia sobre un amigo imaginario en primera persona? Imposible.

Al escribir este libro aprendí que la peor forma de encasillar a alguien es cuando nos encasillamos nosotros mismos. Cuando empezó la distribución internacional de Memorias de un amigo imaginario me di cuenta de que había llevado a cabo algo que nunca creí posible, y de que lo había hecho bien. Un mundo de posibilidades se abrió súbitamente ante mí. Pensé “Quizá el siguiente que escriba sea un Western. O uno de ciencia ficción. O una novela distópica. ¿Quién sabe?” De alguna forma, Budo me devolvió la imaginación.

8. ¿Qué nos ofrecerás en la próxima historia?

Estoy trabajando en varios proyectos en estos momentos. La novela que estoy escribiendo trata sobre una mujer que sufría acoso en el instituto y, como consecuencia de ello, el curso de su vida cambió de manera irreversible. Veinte años después, a causa de la coincidencia de varios sucesos,  encuentra el valor suficiente para regresar a su ciudad natal y enfrentarse a su acosador. Durante el proceso, se verá obligada a lidiar con un secreto que la ha angustiado durante la mayor parte de su vida. A diferencia de lo que había escrito hasta ahora, este libro está protagonizado casi completamente por personajes femeninos, cosa que ha supuesto un reto para mí.

También estoy trabajando en unas memorias, en un cuento ilustrado y en una ópera rock. Me mantengo ocupado.

Gracias por responder a LibrosyLiteratura

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