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Máscaras, de Amy Harmon

Máscaras

MáscarasMi película favorita de Disney cuando era pequeña era, sin duda, Dumbo. Me encantaban las canciones y los colores que invadían cada secuencia. Aunque la escena de las alucinaciones del pequeño elefante después de caerse dentro de un barril de cerveza (creo recordar que era así) me producían un poco de angustia. Hace poco la vi de nuevo, después de años y años sin acordarme de ella. Y aluciné. ¿Cómo era yo capaz de estar deseando llegar a casa y ver esa película? Cuando la volví a ver, lloré como una magdalena y, más que disfrutar, sufrí muchísimo. Qué drama. Pobre madre de Dumbo. Pobre elefantito. Y es que si analizamos un poco por encima —tampoco hace falta un análisis exhaustivo digno de la Universidad de Cambridge— podemos ver que todas las historias de Disney se basan en alguna trama trágica y que bien podrían formar parte del cuaderno de un psicoanalista. Y la historia de La bella y la bestia no se queda atrás. Hace unas semanas fui al cine a ver la nueva versión “en carne y hueso” y salí muy mosqueada de la sesión. Si eres muy fan de la historia, será mejor que dejes de leer, porque no tengo palabras bonitas para ella. Sencillamente no me gustan los valores que propugna. Que en un principio podemos pensar que es una historia de superación, en la que la chica consigue ver más allá de lo superficial y enamorarse de una bestia. Pero yo no veo eso. Yo veo una chica que se enamora a la fuerza de un hombre porque si no lo hace jamás se convertirá en humano. Y ella no puede cargar con eso el resto de su vida. Un hombre que secuestró a su padre. Y luego a ella. Y que la deja encerrada dentro de un castillo privándola de su bien más preciado: la libertad. Por eso, no. No me gusta este cuento de Disney.

Por lo que cuando decidí leer Máscaras no sabía que era considerada una versión moderna de La bella y la bestia. De ser así, jamás lo habría leído. Pero lo cierto es que no me lo ha parecido en absoluto. Os voy a contar por qué:

Este libro habla de la historia de Fern Tylor, una chica de montón, que más que destacar por su belleza, destaca por su rareza. Es una persona extraña, y nada tiene que ver con las demás chicas de su edad. Le encanta leer y tiene unas perspectivas y unos sueños que no se parecen en nada a lo que se supone que debería querer una chica normal. Pero Fern también se fija en los chicos, y Ambrose Young era el que se colaba por la noche en sus sueños. Un chico perfecto que gozaba de una belleza más que evidente. Pero un día, Ambrose decide alistarse en el ejército y partir hacia la temible guerra de Irak, de la que volverá destrozado y echo un monstruo, tanto física como psicológicamente.

Amy Harmon nos traslada a los Estados Unidos de 2001, dándonos como escenario la época posterior de uno de los atentados más cruentos de la historia, todavía reciente en las pupilas de todo el mundo. Relata las experiencias de los personajes de una manera muy personal y muy cruda, reflejando sobre todo esa dureza en el personaje de Bailey, el mejor amigo de Fern y que sufre una horrible enfermedad, conocida con el nombre de distrofia muscular de Duchenne.

En Máscaras encontramos personajes evolucionados, que han tenido que cambiar a la fuerza después de las experiencias vividas. Encontramos dolor y agonía. Y también la valentía de protagonistas que, aun habiendo cambiado tanto sus vidas, son capaces de seguir adelante.

Como veis, a mí no me ha dado la sensación de que este libro se pareciera a la historia original de Disney. Solo en la transfiguración que sufre Ambrose y los valores que propugna la frase “la belleza está en el interior”. Pero nada más. Y eso, sabiendo que a mí la historia original no me gusta en absoluto, significa que el libro me ha conquistado. Me ha gustado la crudeza con la que se relatan historias que están tan al día. Me gusta que la “narrativa juvenil” deje de tratar temas banales y vacíos. Me gusta que Fern sea dueña de su propio destino y que se enamore de quien le dicte el corazón y no la conciencia. Me gusta que las niñas de ahora no sean como las de antes. Y me gusta que prefieran parecerse a Elsa o Anna antes que a Bella o Aurora.

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