
Calle La Boétie 21, de Anne Sinclair
La investigación sobre un hecho real puede empezarse por los motivos más insospechados. Una fotografía, una confesión en un momento inoportuno, una carta que llega desde un pasado lejano… en definitiva, un sin fin de motivos podría llevarnos a cualquiera de nosotros a llevar a cabo la labor de querer saber más sobre algún suceso. Si algo me hace encontrarme hoy aquí es precisamente eso, la reflexión sobre qué es aquello que nos mueve a querer recorrer caminos inciertos para encontrar las respuestas a aquellas vidas que nos precedieron y que, por azares del destino, ya no están con nosotros y no pueden hablarnos para contárnoslo todo. Calle La Boétie 21 resalta en este entramado de documentos y fotografías por una cuestión: hacer evidente cómo era la vida de aquellos que, inspirados por el arte, se enfrentaron a una época en la que éste era menospreciado, era vendido al peor de los postores, y una época en la que la guerra convirtió a las personas en alimañas. Tratándose de este perfil, este libro me interesaba ya desde el primer momento de leer su argumento, sin saber si lo que me iba a encontrar dentro iba a ser ilegible, iba a corromper mi visión del arte, pero se dice que los lectores somos personas osadas, que se introducen en las materias sin miedo alguno, intentando desvelar, por ellos mismos, los entresijos de la Historia. Al fin y al cabo, nosotros, como lectores, también somos investigadores, sólo que a nuestra manera.