
La mujer es una isla, de Audur Ava Ólafsdóttir
En la literatura, los viajes siempre han sido motivo de novelas, ensayos, discursos. Desde “La Odisea” de Homero, hasta esta última historia que nos trae Alfaguara, podría decirse que los viajes son una imagen perfecta para entender al ser humano. En ellos, podemos encontrarnos con alguien que huye o que busca algo, alguien que deja un pasado atrás o que busca un futuro que no sabe si encontrará a través de carreteras, cielos o montañas por las que recorrer su diminuto cuerpo. Pero, lo más importante que nos enseñan los viajes en la literatura, es ese mundo interior que se traduce en cada una de las letras y que nos proporcionan a los lectores una historia inolvidable. ¿Por qué os hablo de los viajes? Porque estamos a punto de embarcarnos en uno que va a cambiar la vida de una protagonista que podría ser cualquiera de nosotros y que hará que descubramos lo que realmente importa. Porque, ¿cuándo todo el mundo que conocías se tambalea, quién te dice que no es indispensable salir, ver otro paisaje, tomar perspectiva, y entender que el viaje más importante no es el que se hace a cualquier parte del mundo, sino el viaje que hacemos hacia nuestro interior?
La protagonista de esta historia se ve, de la noche a la mañana, sin marido. Abandonada por otra más joven, decide emprender un viaje acompañada de un niño pequeño sordo, dos premios de lotería recién ganados, y un paisaje que, en su recorrido luchando contra las agujas del reloj, le descubrirá qué es su vida, cómo va a cambiar, y todo lo que puede encontrar en su camino de huida.
