
Imaginad la literatura francesa. No la actual, la de otro siglo, la de otra época que es, más o menos, en la que se han basado otros muchos para escribir hoy en día. Después, pensad en todos esos escritores de los que creéis conocer algún que otro detalle, incluso de los que habréis leído alguna que otra obra, o incluso nombres que puede que no os suenen de nada pero que, de oídas, es lo que se utiliza para quedar como si realmente supiéramos. Más adelante, cuando en una conversación, en cualquier diálogo entre posibles advenedizos que crean saber de lo que están hablando, observad a cuántos de ellos hacen referencia y, si es posible, observad la mueca que hacen a la hora de recordarlos. Dependiendo de la inclinación de la boca sabréis si es cierto lo que cuentan o se lo están inventando. ¿Cómo hacerlo?, os preguntaréis. Sencillo y rápido: abrid La comedia literaria y observad, como si de una novela gráfica se tratase, las andanzas de la literatura francesa a través de las viñetas y de sus máximos exponentes. Es muy posible que, después de leída, uno se dé cuenta de lo analfabeto que es en esta materia, pero al menos la clase de Historia se la llevará a casa y, además, se habrá divertido. Yo a veces no le pido más a la vida, pero es que yo tienda a ser a veces un poco frívolo. No me tengáis, a veces, muy en cuenta.