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El fantasma de la ópera

el fantasma de la opera

El fantasma de la ópera, de Christophe Gaultier y Gaston Leroux

el fantasma de la operaLas sombras siempre ocultan seres que temen la luz, la claridad, que se encuentran cómodos tras la cortina de la vida, o incluso de la muerte, escondidos de todo atisbo de vida. Seres que, a pesar de todo, buscan un amor, aunque no puedan tenerlo, que lo respiran, que resucitan con las notas que salen de una garganta mientras canta, mientras emite los sonidos que producen escalofríos en el público, en la platea, en ese balcón que nadie ocupa pero que permanece guardado. Son esos seres, los que escondidos entre bambalinas, son dueños de los deseos y del alma de los demás, de los mortales que paseamos cual pieles abrigando un cuerpo ajado, profiriendo el suspiro que nos llevará a apretar más fuertes las cadenas que nos atenazan. El fantasma de la ópera, clásico entre los clásicos, emite la potencia de esa oscuridad, con el trazo decisivo de un artista que nos introduce en la historia, que suelta la vida, la contrae, nos lleva de la mano por pasillos inexplorados, llegando al infierno para después alzarnos al cielo, a una especie de limbo – en caso de existir – que tiene aroma y sabor a teatro, a ópera, al terciopelo que recubre los respaldos de una función, que es la vida, pero que también es muerte, la defenestración de una pasión que se convertirá en la osadía, en la obsesión de un hombre cuyo cuerpo ya no lo será más, pero en el cual la emoción sigue vigente. El Eros y el Tanatos en continua batalla, en continuo ataque de las pulsiones, de los instintos que recubren una calavera en forma de cara, los huesos de un hombre que lo fue y que se ha convertido en nada, en un simple fantasma, que tortura las mentes, sólo porque él ya está atormentado en su esencia. Una historia clásica, reconvertida en novela gráfica. Una adaptación que nos lleva a las tinieblas de un cuerpo que nunca debió permanecer con vida.

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