
Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro), de Jerome K. Jerome
Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente.
Estoy loco por ella y algún día averiguaré su signicado
Groucho Marx
Sepan, de primeras, que el que suscribe no miente, y si lo hace, es por una buena razón. Partiendo de ahí, sepan también que lo que aquí voy a contar se refiere única y exclusivamente a la verdad, a esa verdad que veo con mis propios ojos, que no son los suyos porque eso sería especialmente raro, pero que es verdad al fin y al cabo. Y sepan, porque así lo quiere la divina providencia, que yo me río hasta de mi propia sombra, esa que intenta escaparse todo lo que puede, sobre todo cuando conozco a alguna persona indeseable y acaba yaciendo conmigo a altas horas de la noche. Por todo ello, si juntan la verdad y el humor, sacarán en claro que Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro) habla de risa, de diversión, de un viaje extraordinario con tres hombres que tienen poco del sentido común de los mortales, y un perro que en cambio sabe más que todos ellos juntos. Pero por si todo eso no fuera poco, y ustedes quieren más de mí, y yo quiero que ustedes me lean más todavía, lo que seguirá a continuación es una lluvia de humor y risas que pocas veces he encontrado, y que si lo he hecho no ha sido en un libro, pero que he conseguido quitar esa espina de mi cuerpo porque no hay nada tan importante como el humor (el amor quizá, pero esa es otra historia) y no hay nada mejor que abrir un libro y darte cuenta, tiempo después, que la gente te mira raro porque tú lo único que haces es carcajearte. Aprovechen para beber un vaso de agua, lo que sigue es canela fina.
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