
El buen uso del español, de la Real Academia Española
Hay algo que no soporto. Lo reconozco, mi umbral de tolerancia es mínimo. A veces me dan escalofríos, otras veces me entra la risa resignada y en ocasiones bufo por no soltar algún improperio por esta boca que alguien me dio al nacer. Sí, puedo reconocerlo. De hecho, lo estoy haciendo en estos mismos momentos: no soporto a la gente que no usa bien el lenguaje. Me he granjeado gracias a esta fobia muchas enemistades. Y no, no es que yo me convierta en un ogro, en un monstruo que se come a los niños por las noches ni nada por el estilo. Pero a veces parece que la gente escribe mal con alevosía y nocturnidad, y además se sienten orgullosos de ello. Recuerdo que en el instituto nos decían que escribir y hablar bien era gratis. Algunos, afortunadamente los menos, están en deuda todavía. Por eso agradezco infinitamente la buena acogida de libros como El buen uso del español porque democratizan las buenas palabras, el buen uso de ellas se entiende, y mi nivel de felicidad se eleva hasta la cima del monte más alto que pueda haber en el mundo entero. ¿Cuánto cuesta usar bien un idioma? Aquellos que utilizan como excusa que aun usándolo mal ya se les entiende son como pequeños terroristas del lenguaje. Así, tal cual. Y perdonen si ofendo a alguien con mis palabras, pero la desidia no debería convertirse en una excusa, nunca, porque el lenguaje, ese que muchos de nosotros hablamos, debe servir para comunicarse y no para crear todavía más confusión.