
El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea, de Romain Puértolas
El mundo es lo suficientemente amplio como para que quepamos todos. Existen fronteras, de acuerdo, pero mucho me temo que la mayor parte del tiempo éstas se encuentran en nuestra cabeza. Delimitaciones que no significan otra cosa que: tú eres diferente de mí y yo de ti, y eso nos separa de alguna forma. Porque hay que tener clara una cosa: en este mundo de la globalización eterna, ¿no nos damos cuenta acaso que estamos más dispersos que nunca? Hay una especie de idea que sobrevuela la cabeza de uno cuando escucha todo lo que se habla, o lee todo lo que se escribe, sobre la inmigración hoy en día: tener que abandonar la casa de uno por la búsqueda de un sueño, sólo quiere decir que algo estamos haciendo mal. Pero entre todo este maremágnum de sentimientos y planteamientos, surge de vez en cuando una pequeña sonrisa por alguna historia que nos descubre esa pequeña bondad que anida, como si un ave migratoria se tratara, en el sitio adecuado. Así es como conozco a Romain Puértolas en un día como hoy, mientras un mes de abril casi levanta el pie para empezar a caminar y la necesidad de una lectura amable se requiere como el comer o como el respirar. Porque ser extranjero en el mundo tiene que ser una desgracia, pero también posee ese halo de experiencia nueva que atrae. Y es que, en todo caso, la migración bien entendida, la migración amable, debiera convertirse en, precisamente eso, algo amable.
Dhjamal, un faquir indio, viaja en avión hasta Francia con una misión: comprar en Ikea una cama de clavos. La suerte quiere que se quede atrapado en un armario sueco y empiece así un periplo por medio mundo que le descubrirá no sólo quién es en realidad sino cómo es el mundo ante el que ha permanecido ciego durante mucho tiempo.
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