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Cándido

Candido

Cándido, de Voltaire

CandidoSi este es el mejor de los mundos posibles, ¿cómo serán los otros? 

¿Quién no se ha preguntado alguna vez esto? ¿Quien, en su sano juicio, no ha sido capaz de pronunciar esta pregunta en voz alta al ver la que se nos avecina? ¿O, peor todavía, la que ya está aquí? Es pues esta una de las cuestiones que pasa de generación en generación, como si de un juego de niños se tratara, sólo que en este caso bien podría ser un juego con una granada entre las manos. Y que está a punto de explotar, además. Pero en el otro extremo está esa visión optimista que piensa que todo va bien, cuando en realidad todo va mal. Ni lo uno ni lo otro. O quizá sí y yo me estoy liando demasiado. En cualquier caso, si vosotros sois gente de bien entenderéis que después de haber leído Cándido algo cambia, no tengo muy claro todavía el qué, y por eso me pongo a escribir esta reseña, tras los escasos cinco minutos que han pasado desde la llegada de mis ojos a la última página y lo que ha tardado en encenderse esta máquina del demonio que llamamos ordenador. ¿Que cómo serán los otros mundos? Pues me temo que estamos a punto de descubrirlo porque de eso trata este libro, de un viaje, que por un lado puede ser externo, de pura geografía, donde se conocerán algunos de los personajes más interesantes que he conocido este año, pero por otro, uno interno, ese en el que la reflexión – no exenta de crítica y de sarcasmo del bueno – hace acto de presencia y se nos regala, porque sí, o por alguna otra razón encubierta, mientras la lectura de un clásico pega fuerte incluso en el siglo XXI, habiendo sido escrito en el XVIII. ¿Quién dijo que estábamos más alejados de lo que nos pensábamos de la Historia? El que lo dijo estaba muy equivocado. Ya os lo digo yo.

 

Cándido, título y nombre del protagonista de esta obra, es expulsado de su castillo por el simple hecho de haberse besado tras un biombo con su amada. Desde allí, comienza un viaje alrededor del mundo donde todo lo que él conocía quedará en entredicho. Sí, uno podría resumir un libro de estas características así y quedarse tan ancho, sin indagar un poco más en lo que nos cuenta. Nunca he sido de los que intentan dejar a medias las cosas – salvo excepciones -, por lo que escribir sobre la obra de Voltaire aunque aparenta ser una tarea complicada, intentaré hacerle los honores de la mejor de las maneras. Si uno se preguntara, a lo largo de su vida, o mejor dicho si reflexionara tras mucho preguntarse que vive en el mejor de los mundos posibles, estaría equivocado. ¿Por qué digo esto?, os preguntaréis mientras alzáis vuestros comentarios positivos. Pues porque nadie vive en el mejor de los mundos posibles, porque al cruzar la línea que separa un mundo de otro, podrá encontrarse conceptos, situaciones, visiones, que contradigan su repertorio de esquemas mentales. Y para eso, para hacérnoslo ver, el autor era el indicado, y aún hoy lo es. Y todo esto que parece de una dureza extrema, aquí es tratado con humor e ironía, con lecturas entre líneas que, poniéndonos en contexto podrán hacer que más de uno se escandalice. Mención a parte está la aparición, ya sólo en la portada, de las ilustraciones de Quentin Blake que aportan un valor añadido a una historia que, de no haber sido ilustrada, seguiría teniendo mi completa adoración y mi desconcierto, aunque no sé muy bien en qué niveles están los dos ahora mismo.

¿Quién dijo que todo estaba medido ya? ¿Que todo era inmutable? Cándido ataca el concepto de fanatismo, el concepto de religión, la sociedad biempensante, la idea del amor, el dinero y el valor de lo que nos rodea. Y no señores no, no les hablo de un ataque baldío, que caiga en el absurdo del que se hace gala hoy en día por el simple hecho de soltar algún que otro exabrupto que lleve al grito o a algo peor. De lo que aquí hablamos es de la visión lúcida de un hombre, en este caso Voltaire, que nos lleva de la mano de un personaje tan parecido a nosotros al principio, tan parecido a la sociedad en la que vivimos ahora, y que asusta – en el buen sentido de la palabra – por darnos cuenta que el salto en el tiempo, los tres siglos que nos separan desde que se escribió, son un simple charco en el suelo, una gotita que somos capaces de saltar y que no importa demasiado. Al fin y al cabo, ¿no decían que los hombres repetíamos los errores una y otra vez? Lo mejor, leer este libro. Después os daréis cuenta de todo aquello que os estáis perdiendo por pensar eso mismo, lo del principio, que este es el mejor de los mundos posibles en el que vivir.

 

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