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Entrevista a Víctor L. Briones

victor l. briones

Entrevista a Víctor L. Briones, autor de “Insectos”

victor l. brionesConocer a un escritor siempre me ha entusiasmado. Aunar, en un mismo espacio, a lector y escritor, hace que todo el trabajo que hay detrás merezca la pena. Hoy es un día distinto porque, además de escritor, conozco a un poeta. A una de esas especies que uno no sabe dónde ubicar adecuadamente, si se confundirá entre versos y visiones del mundo especiales, y un sin fin de ideas que pasan por mi cabeza a un ritmo vertiginoso. Víctor L. Briones que es buen poeta y mejor persona, que nos descubre que la poesía está en auge y que se muestra tal cual es en el lenguaje que mejor se le da, la palabra escrita.

Con todos vosotros, Víctor L. Briones. ¡Disfrutadlo!

Para empezar, nos gustaría conocer un poco más tus gustos a la hora de escribir:

1. ¿De día o noche? Cuando se puede. Pero por la noche suelo estar más calmado y el mundo afloja el ritmo; entonces es más fácil dejarse llevar, entrar en ese estado de concentración que exige una buena jornada de escritura.

2. ¿Un cigarrillo al lado? Hasta hace un mes los enlazaba, aun no había apagado uno y ya estaba liando el siguiente. Pero ahora no fumo, al menos no físicamente, porque sigo fantaseando con hacerlo. Eso sí, el café no lo perdono.

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida? No, a mí me resulta muy útil el escribir a mano para corregir, tachar, contar, colocar, es más cómodo así. Te diría que para escribir poesía es casi imprescindible el folio y la pluma, la pantalla del ordenador no permite tanto cambio, no es tan flexible. Además el papel tiene algo que, si se hiciera con el ordenador sería ruinoso, y es, cuando llega el bloqueo y nada potable sale de la pluma, puedes arrugar la hoja y mandarla lejos. Eso desestresa mucho.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando? Por sorpresa, casi siempre por sorpresa. Sí me sucede que cuando estoy transcribiendo anotaciones u ordenando material (eso es trabajar no?) viene y ya no me suelta. Pero en otras ocasiones voy por la calle veo algo y me digo, ahí hay unos versos y claro, me tengo que parar para que no se me vaya la musa comprarse unos zapatos.

5. ¿Quién es tu mayor crítico? Suelo recurrir también a algún amigo sin pelos en la lengua para escuchar atento sus opiniones. Cuando yo mismo me pongo a repasar en exceso los versos acabo dando vueltas y más vueltas, me cuesta parar, dejar de orbitar alrededor de ellos.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro? Cualquiera que tenga algo de poder, cualquiera que necesite reflexionar sobre lo que es ser persona y cómo lo que hacemos afecta a los que tenemos alrededor. Y de ficción me gustaría que Montag, el protagonista de Fahrenheit 451, llevara algo mío mientras huye de los poderes establecidos.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora? En la Orilla, de Chirbes y picoteando versos de Brines y Almudena Guzmán.

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso? Mis “Narraciones Extraordinarias” de Poe y también casi todos los de Bradbury. En poesía le tengo mucho aprecio a mi edición de Austral de la Antología Poética de Antonio Machado. Está tan usada, tan manoseada, tan anotada, tan transitada.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas? Marcapáginas de mi colección que no sirven para nada porque como suelo leer en la cama, muchas noches me quedo dormido y el libro se cierra y al día siguiente tengo que buscar la página por la que me quedé.

10. ¿El mejor lugar para leer?  Cualquier sitio en el que puedas estar concentrado y en silencio. En los autobuses por ejemplo me cuesta la misma vida leer, me distraigo con facilidad. En los parques se lee muy bien.

Y ahora que sabemos un poco más de tus gustos como escritor, metámonos de lleno en lo que nos cuentas en tu poesía…

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Insectos

insectos

Insectos, de Víctor L. Briones

insectosSeremos siempre cuerpos movidos por el viento, pero también por la tierra. Así comprobamos cómo el mundo gira, nos absorbe, nos convierte en pequeños seres removidos por una fuerza invisible que nos arranca de nuestro sitio, de nuestra realidad, para sumergirnos en otra, la de más allá, la que no se ve pero se siente, en intervalos fugaces en los que otra persona, quizá ya nunca más nosotros, nos tiramos a una piscina imaginaria, sin agua, sin red, tras el salto mortal que sólo los valientes son capaces de dar. Una página, quizá sólo eso haga falta, para convertir el ruido en silencio, el callar en un hablar a gritos, el presente en futuro, y nosotros en tú, o en yo, o en quizá la humanidad, esos seres que son pequeños, que son los Insectos, que somos todos, porque en el fondo nos acurrucamos en los mismos espacios. Y es que en tres momentos, en tres instantes de nuestra vida, nos convencemos a nosotros mismos de lo que implica abrir los ojos, para después cerrarlos para siempre. Nacer, con la ingenuidad en la mirada, vivir, contaminando nuestros ojos con la experiencia, y morir, cerrándonos a la oscuridad. Un final y un nuevo comienzo. Y todo eso escondido en una página, o puede que en varias, en una lectura que impresiona y que conmueve, que recubre nuestra piel como los caparazones, como las alas, como los cuernos de aquellos bichos que somos en parte y que despertamos, cada vez, cada mañana, revolviendo la tierra, revolviendo el mismo viento que nos había sacado de paseo minutos antes, convirtiéndonos en estos poemas que, verso a verso, letra a letra, caminan con paso firme hacia un concepto que no es entendible en palabras: el alma.

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