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De ejecutivo a trotamundos, de Francisco Po Egea

De ejecutivo a trotamundos

De ejecutivo a trotamundosEmpezó a pasarme de pequeño con los libros, descubrí que en ellos habitaba gente que me contaba cosas interesantes. Probablemente, por aburrirme tanto lo que me rodeaba, encontré en ellos diversión, entretenimiento, escape. Fueron pasando los años y me di cuenta de que también en el mundo existía gente “real” (lo pongo entre comillas porque para mí no hay nada más real que lo que me cuenta un libro) la mar de interesante. Empecé viéndolo en profesores, sentía que me daba igual sobre qué me hablase ese profesor o esa profesora en cuestión si era él o ella quien hablaba. Es probable que te preguntes por qué te estoy contando esto. Pues bien, porque Francisco Po Egea es ese libro, es ese profesor.

De ejecutivo a trotamundos narra la historia de Francisco, ejecutivo en lo más alto de esa espiral socioeconómica en la que tienen puestos los ojos nuestros padres y abuelos cuando empezamos a crecer deseando que algún día nuestro nombre la corone. Francisco se da cuenta de que ese no es el traje que le sienta bien, probablemente sí el que le quede bien, pero no el que le sienta bien. El traje que a él le sienta bien lleva por encima capucha y gorro y por debajo botas. Lo deja todo por la montaña. Y aquí viene el hilo del primer párrafo: vale, me gustan las montañas, pero no me considero montañista ni mucho menos me veo coronando un ocho mil. Pero lo que pasa aquí es lo que contaba al principio, que da igual que no tengas el espíritu montañista en tu interior porque Po Egea te lo cuenta de tal manera que te gusta igual, que te engancha igual, que te sienta, de bien, igual.

Francisco, el de la novela (aunque imagino que mucho, o todo, tiene que ver con el escritor), se encuentra de travesía en el Himalaya. Lo ha dejado todo, trabajo, vida y pareja, y se ha dado a la montaña. Allí se topa con el moribundo Jack, casi enterrado en la nieve y sin fuerzas para seguir tras perder a su compañero de viaje. Francisco lo cuidará, mandará a su sherpa a buscar ayuda y esperará con él la vuelta, o no, de su guía. La angustia por saber si llegará la ayuda mientras Francisco nos habla de su relación con Jack se verá mezclada por las digresiones de un Francisco sacudido por la altura, el frío, el hambre y la sed. Historias de amor, de juventud, de alocada pasión, de locuras en vida, de lujo, de adiós; historias que, como un río que no se ve, pasan por debajo de la tragedia que está sacudiendo a dos hombres en el Himalaya.

Es probable que sientas en ciertos momentos (ojalá que en muchos) que eres tú quien lleva el traje, que eres tú quien conduce el deportivo, quien agarra de la mano a su amada, quien siente el amor desdoblándose, brillando, rompiéndose. Es probable también que sientas que eres tú quien tiene los pies rozando la hipotermia, que eres tú quien no tiene qué comer en lo alto de una montaña, que eres tú quien abraza a un desconocido para no morir de frío. Es probable que sientas todo eso porque yo lo he sentido y es probable que lo hagas porque entre lo que narra Francisco y lo que recibes tú hay un hilo que nunca he visto pero que siempre me ha tenido atado al libro. Y de verdad creo que no soy el único que lo ha sentido ni lo va a sentir. Francisco es una moneda con dos caras que quiere acabar en tu bolsillo.

De ejecutivo a trotamundos es una nueva versión de la historia de aquel adinerado que lo deja todo por buscarse a sí mismo, por conocer sus límites en un ambiente hostil, por saber hasta dónde es capaz de llegar; una mezcla entre novela de autoayuda, novela de montaña y novela romántica desde la perspectiva de un Francisco que ofrece una panorámica de su vida desde el después. Y tú te preguntarás: ¿qué hay después? Y yo te diré: compra el libro para saberlo.

Un comentario en “De ejecutivo a trotamundos, de Francisco Po Egea

  1. Pues, sí. He leído el libro y he sentido todo eso que describes en tu crítica. A mi me gustan las montañas, las siento y Francisco las describe maravillosamente. Y también a las mujeres de su vida. Uno se pregunta a quien ama más a las montañas o a sus mujeres. Respuesta: A las dos por igual.

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