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El lechero en bicicleta

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El lechero en bicicleta, de Franc Carreras y Jenny Jobring

el-lechero-en-bicicletaHoy en día, las fábulas parecen territorio único para historias infantiles. Historias con moraleja incluida que nos enseñan cosas sobre la vida, sobre cómo comportarnos, en definitiva, un aprendizaje continuo. Pero, hete aquí que un día como hoy me encuentro hablando de una fábula, pero esta vez para adultos sobre algo tan cotidiano en nuestra vida que, a veces, nos olvidamos que pueden servir para mucho más. Estoy hablando de las redes sociales que, instaladas en nuestras vidas como si fueran un invitado que no ha querido marcharse nunca, son un complemento perfecto para aquellos que hayan decidido echarse el mundo por montera, avanzar en su vida y crear una empresa de la nada, simplemente con su ilusión, o simplemente para aquellos que han decidido dar un paso más en aquello en lo que andan inmersos y quieren darse a conocer de una manera más global, estando conectado con personas que quizá no conoce en persona, pero que pueden estar interesadas en lo que hacen, en lo que proponen, en lo que llevan desarrollando desde hace tanto tiempo… en el anonimato.

Una fábula en la que un mercado ha permanecido siempre igual, sin ningún cambio. Pero al que llega un elemento que lo cambiará todo, que hará que la realidad tenga que cambiar con una rapidez vertiginosa: la bicicleta.

Franc Carreras y Jenny Jobring saben de lo que hablan. No en vano son unos de esos expertos en el medio digital con mayor trayectoria. Por eso sorprende esta historia. Uno siempre piensa que el aprendizaje se debe realizar a través de textos de ensayo arduos, con explicaciones interminables sobre cómo hacer, qué hacer y cuándo hacer las cosas que quieres llevar a cabo. Se nos olvida que, en ocasiones, son las historias sencillas, directas, las que más nos pueden hacer aprender, de una forma nada compleja, en lo que nos estamos equivocando y lo que hay que hacer para despegar en un mundo donde, no nos engañemos, la competencia está a la orden del día. Esta fábula sobre un mercado que debe reinventarse para prosperar nos ayuda a ampliar nuestro conocimiento sobre aquellos aspectos de las relaciones laborales, de las relaciones entre trabajador – cliente, de las bases que una empresa debe tener para que su prosperidad no penda de un hilo. Pero, ¿puede interesarme este libro si yo no tengo una empresa, si no tengo necesidad alguna de montarla? La respuesta es sí, y es que las fábulas encierran muchos otros aprendizajes.

¿Habéis pensado alguna vez que vuestras relaciones no son lo satisfactorias que queréis que sean? ¿Os habéis parado a pensar que, quizá, el problema no esté en los demás, sino que somos nosotros los que estamos haciendo algo mal? “El lechero en bicicleta” ayuda a reflexionar sobre todo eso y más. Porque en un mundo donde la inmediatez está a la orden del día, donde el mensaje sobre estar por encima de los demás se nos mete por los ojos de una manera desorbitada, un mundo en el que ganar parece significar pisar a los que tienes al lado, son historias como la que se encuentra aquí la que enseña máximas como Tus amigos te quieren a ti, mantén el contacto, se cercano y accesible o Si engañas a todos, acabas siendo el engañado. Frases simples de entender, de conocer por nuestras propias experiencias, pero en las que no nos ponemos a pensar en muchas de las ocasiones que nos suceden a lo largo de la vida.

Si se presupone que todos somos seres racionales, con sentido común, que sabemos llevar las riendas de nuestra vida, ¿por qué entonces hay momentos en los que parece que nada funciona, que nada es como debiera ser, y no vemos la solución al final del túnel? Estas cuestiones son vitales, a la par que engorrosas. Pero no por ello menos necesarias. Y entonces, si tú, que estás leyendo esto a través de la pantalla, te sientes así, bien sea en tu empresa o bien sea en tu vida diaria (que, en muchos casos, significan lo mismo), ¿por qué no dar una oportunidad a una historia sencilla, pero útil se mire por donde se mire? Aquí hay una cosa clara: nadie ha nacido sabiendo, por eso siempre he creído en el poder de libros como el de  Franc Carreras y Jenny Jobring que nos enseña, muchas veces, ampliar nuestra mirada y comprender que aquello que llevamos mucho tiempo haciendo puede que, en un mundo en eterno cambio, ya no sirva para absolutamente nada.

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