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Las andanzas del agente secreto Shípov

Las andanzas del agente secreto Shípov, de Boulat Okudzhava

las-andanzas-del-agente-secreto-shipovPor hacerles una idea de conjunto, les diré que Las andanzas del agente secreto Shípov trata de una operación de vigilancia, de base aparentemente real, a la que se sometió a un muy jóven Tolstói en su hacienda de Yasnaia Poliana a raíz de la preocupación de las altas esferas de San Petersburgo por las inclinaciones subversivas de este, porque ¿a qué podría deberse sino a una conspiración revolucionaria que un miembro de la aristocracia no se relacionase con sus iguales y se pasara el día encerrado escribiendo? ¿Escribiendo qué, además? Y dicho así es un panorama más que interesante, pero si les añado que tan sensible encargo se le encomienda a una agente secreto de moralidad tan dudosa que se diluye en el primer vaso de vodka que se le cruza por el camino, de salud mental bastante menos destacable que su apetito y que se acompaña de otro personaje para quien la idea del cumplimiento de la misión consiste fundamentalmente en mentir pero también en perseguir mujeres, emborracharse, comer hasta hartarse y, en fin, dilapidar el dinero que van consiguiendo de las autoridades, seguro que se hacen una idea más certera sobre de qué va esta novela. Si finalmente añado que es francamente divertida, probablemente crean que ya tienen definitivamente claro cómo es esta obra de Boulat Okudzhava. Pues no. No es por llevarles la contraria pero créanme, es mucho más.

En el muy interesante prólogo de Ricardo San Vicente se entera uno de que Boulat Okudzhava fue un escritor que tuvo notorios problemas con la censura soviética hasta el punto de que se le prohibió publicar. ¿Y por qué?, se preguntarán, si escribía esta suerte de comedia histórica que les he descrito. Pues porque las mentes bienpensantes de la ortodoxia del realismo socialista opinaban que se escudaba en la historia para plantear denuncias sobre la sociedad soviética. El autor se defendía diciendo que él escribía por placer y que si había algún paralelismo entre su obra y la realidad ere porque a fin de cuentas los hombres no cambian o al menos no lo hacen en apenas siglo y medio, defensa ciertamente inteligente pero que le sirvió de poco. ¿Y existen esos paralelismos, esa denuncia? Obviamente sí, pero de la sociedad soviética como de la sociedad actual porque, verán, Boulat Okudzhava tenía más razón que un santo. Los hombres no cambian, o no lo suficientemente rápido. Así que esta delirante parodia es dos cosas: realista y actual.

Utiliza el autor al menos dos recursos tremendamente efectivos, uno es la profusión de personajes reales que a uno, a poco que esté familiarizado con la sociedad rusa del XIX en general y con Yásnaia Poliana en particular, le suenan mucho con lo que se establece desde el principio una cierta familiaridad con la obra. El segundo, que me ha resultado especialmente brillante, es el seguimiento epistolar que de la historia hacen los superiores del agente, todo un monumento a la hipocresía del poder.

La idea de que el gobierno zarista encargase investigar a Tolstói a unos borrachos vividores prácticamente analfabetos con un talento sobrehumano, eso hay que reconocerlo, para sembrar la confusión allí donde abren la boca, es de un potencial satírico tan brutal que puede esconder una idea que al menos a mí se me ha pasado por la imagionación: es perfectamente posible. Uno por momentos lo visualiza claramente. Los mecanismos del engranaje burocrático zarista, tan brillantemente retratados aquí, bien lo podían haber permitido. Mézclese algún favor personal con una ausencia casi total de transparencia y control y no hacen falta muchos más ingredientes para que así sea. Y si creen que no es así basta con que revisen nuestra propia hemeroteca de este último año.

Las andanzas del agente secreto Shípov, de Boulat Okudzhava han sido un verdadero descubrimiento. Supe de su existencia en la feria del libro de Madrid y la guardé como un tesoro para leerla con calma durante las vacaciones, y créanme, la espera ha merecido la pena. Era peligroso porque cuando uno reserva un libro, antes de leerlo lo imagina muchas veces, y no siempre acierta a adivinar. Este libro me ha sorprendido y ha superado todas mis expectativas y además debo confesar que me resulta especialmente emocionante encontrar autores rusos que no conocía, y es gratificante, por cierto, que sean del siglo XX. Estoy razonablemente convencido de que hay todo un filón creativo sepultado bajo las cenizas de la censura y que rescatarlo es una de las tareas más gratificantes que pueda enfrentar quien esté en disposición de hacerlo.

Andrés Barrero

@abarreror

contacto@andresbarrero.es

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