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Así era Lev Tolstói (I), de Selma Ancira

Así era Lev Tolstói (I)

Así era Lev Tolstói (I)Cuando tuve noticia de la publicación de un libro titulado Así era Lev Tolstói, en Acantilado y de Selma Ancira, por supuesto lo pedí inmediatamente pero me hice una idea equivocada. Por alguna razón, probablemente la ilusión que me hacía pensarlo, supuse que era la propia Selma Ancira la que por una vez iba a regalarnos su propia voz en lugar de aplicar su sensibilidad y su talento a traducir la de otros. La idea que leer a aquella a través de cuyos ojos he disfrutado de una parte muy importante de mis libros de cabecera se me antojaba el mayor de los acontecimientos literarios posibles. Y lo es, pero no como imaginaba. Quiero decir que no se trata de Selma Ancira hablando de Lev Tolstói sino que traduce textos de personas que lo conocieron y plasmaron por escrito y de primera mano sus impresiones. Igualmente es un acontecimiento y un verdadero regalo para los tolstoianos del mundo, pero lo magnífico de la lectura no logra que se me vaya de la cabeza esa idea inicial equivocada pero ilusionante. Ojalá algún día podamos disfrutar de un libro como ese por ahora imaginado. Una vez lanzado el guante, mientras tanto es una fortuna poder disfrutar de este pequeño tesoro y de ese “(I)” del título que permite soñar nuevas entregas.
Esta primera entrega de Así era Lev Tolstói permite conocer las impresiones que causó el escritor en tres personas bien diferentes, Serguei Petróvich Arbúzov, un sirviente de Yásnaia Poliana que acompañó a Tolstói en su viaje al monasterio de Óptina Pustyn, Piotr Ilich Chaikovski, quien en una breve entrada en su diario plasmó sus impresiones de una entrevista con el escritor, y George Kennan, escritor estadounidense que lo visitó en Yásnaia Poliana tras pasar una temporada conociendo las condiciones de vida de los presos en los campos de trabajo zaristas de Siberia.
Probablemente, dada la dimensión que tuvo Tolstói en vida, haya cientos o miles de documentos por el estilo. Su casa familiar, de la que su familia se quejaba de que era “una casa de cristal”, según las memorias de su hija Tatiana, dada la falta de intimidad que suponía que el conde recibiera a todo aquel que tuviera a bien acercarse hasta allí para conocerlo y la máxima que el cabeza de familia imponía a todos ellos: “que nadie abandone este lugar sin consuelo”. La presente selección se me antoja sabia, porque combina tres visiones extraordinariamente diferentes (un ruso humilde, otro de clase alta y un extranjero) pero los tres igualmente rendidos a la personalidad y la mística del personaje. Aun desde la discrepancia ideológica como en el caso del escritor estadounidense.
El primero de los textos, un relato de la peregrinación de Tolstói a Óptina Pustyn que bien podría leerse como un cuento, es una verdadera delicia. Nos permite encontrarnos con el Tolstói que imaginamos, nos permite acompañarle en su viaje y recorrer verstas, beber té de un samovar y alojarnos en isbas, algo que tantas y tantas veces hemos hecho en las letras del propio Tolstói y de tantos otros, sólo que en una compañía francamente inmejorable. Nos permite además ver al escritor con los ojos de un humilde sirviente que bien podría haber sido uno de sus personajes. En pocas palabras, como experiencia literaria este texto de apertura de Así era Lev Tolstói es un regalo que se mantiene abierto cuando el libro que lo contiene se cierra.
La breve reseña de Chaikovski es muy ilustrativa de la dimensión que alcanzó la figura de Tolstói en la sociedad de su época, su capacidad para hacerse un hueco en tantas las conciencias como corazones, además de suponer un documento histórico de indudable relevancia por tratarse de la confluencia de dos talentos intemporales.
Y ahora viene la parte difícil de explicar. El texto de George Kennan es muy poco ruso en lo que al estilo se refiere, su mirada es diferente y por ello enriquecedora especialmente en tanto que discrepante. Sin embargo obliga a un esfuerzo inesperado, aunque sin duda beneficioso, ya que sus profundas discrepancias se expresan de un modo un tanto irritante. Entiéndanme bien, sus discrepancias están justificadas y aunque la figura de Tolstói tenga una relevancia en la literatura y el pensamiento infinitamente superiores a la de Kennan, es indudable que el tiempo se empeña en darle la razón al segundo en tanto a la inaplicabilidad de las ideas del primero. Por mucho que uno simpatice con las ideas de no violencia y de no resistencia violenta al mal que tan brillantemente expuso Tolstói, es indudable que el mundo no se mueve hoy día por ellas como tampoco lo hizo en vida del escritor. El punto de vista de Kennan es eminentemente práctico, muy estadounidense, y el relato de su conversación es muy extenso y detallado. Profundamente interesante. Pero obliga al lector, y aunque parezca lo contrario lo asumo como un acierto, a hacer el esfuerzo intelectual de reflexionar sobre lo que dice en lugar de irritarse porque califique a Tolstói de infantil, aunque lo haga desde el más profundo respeto. Uno podría discutir, podría acusarle de paternalismo o incluso de arrogante, pero sería absurdo por dos motivos, uno que lo que dice es difícilmente discutible (aunque no necesariamente por ello le quite razón a los argumentos de Tolstói) y otro porque sería profundamente contradictorio: defender a Tolstói desde la irritación es discutirle en la práctica.
Por otro lado, incluso desde su reparo a la aplicabilidad de las ideas de Tolstói, Kennan expresa no sólo su respeto sino también su admiración ante la sinceridad de sus ideas y la bondad de su interlocutor. Como les decía es un texto sumamente enriquecedor y a poco interesados que estén en la figura de Tolstói les recomendaría que no se lo perdieran.
Así era Lev Tolstói no es sólo un retrato de uno de los mejores escritores de la historia ni de un relevante pensador, la sabia combinación de puntos de vista logra que además de eso sea un acercamiento a la persona que había detrás del personaje y por eso, por todo ello, es un documento intelectual y emocionalmente imprescindible para quienes nos interesamos por su figura.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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