
Piscina Molitor / La vida swing de Boris Vian, de Cailleaux y Bourhis
Se dice que aquellos que vivieron una vida intensa están destinados a ser recordados durante generaciones. También se dice que los escritores, al menos ciertos escritores, llevan en su interior, con la simple mención de su nombre, un magnetismo que trasciende más allá de lo imaginable. Boris Vian falleció, en junio de 1959 de un fallo cardíaco en el mismo instante en el que proyectaban una película que adaptaba una de sus obras, y él era parte del público. Quizá sea eso el detalle perfecto para haberle convertido en una leyenda. Pero no es sólo eso: durante su vida, el escritor de La espuma de los días vivió en una época en la que se perseguían las novelas por su temática, en la que el su trompeta acompañaba sus pasos en los bares a altas horas de la noche, en la que la decadencia podía hacer acto de presencia mientras caminabas y, sobre todo, una época en la que corazón parecía no estar preparado para vivir. Se dice, además, que aquellos que nos regalan sus historias son seres legendarios, que están atados con un hilo invisible a cada uno de los lectores que sostienen sus libros entre sus manos. Puede que sea cierto todo aquello que dicen, aunque en nuestro caso, sólo podamos tener la oportunidad de conocer su vida, sus ideas, a través de lo que ellos nos dejaron.