
La falsa amiga, de Christine Drews
Las huellas que dejan los crímenes son muy variadas: pisadas ensangrentadas, llamadas telefónicas a altas horas de la noche, heridas de arma blanca o de disparo, y un largo etcétera. En el juego entre literatura y realidad, el género policíaco ha vivido sus horas altas porque, dentro de lo que vivimos, en un instante, puede cambiar el rumbo de lo que percibimos sin haberlo pretendido. Quizá por ello, yo observo siempre las reposiciones de una de las series que más me gustan: Mentes Criminales. Y aunque parezca que me voy por otros derroteros, creo importante hablar de este tipo de gustos porque tienen mucho que ver, o al menos así me lo ha parecido a mí, con La falsa amiga. No soy de aquellos que alaban el gusto porque sí ya que al menos intento hacerlo desde una argumentación, dando algunas razones que os muestren por qué esta novela interesa, por qué esta novela parece destinada a sacrificar las horas muertas mientras nuestras uñas van minando su largura. Por ello, entremos en materia. Estamos aquí para hablar de libros.
Katrin vuelve a su ciudad natal. El trabajo de su marido absorbe su tiempo, aunque parece que su hijo ha empezado a hacer amigos, y ella conoce a Tanja, que se convierte rápidamente en su mejor amiga. Cuando el padre de Katrin muerte inesperadamente, es cuando Katrin empieza a darse cuenta que Tanja no es la buena amiga que creía ser y que ha puesto un plan horrible para vengarse.