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Cuentos inquietantes

Cuentos inquietantes, de Edith Wharton

cuentos-inquietantesA lo largo de mi vida lectora, me he encontrado con muy pocos autores que me hayan convencido de verdad con el género del relato, cuento o novella. La razón es que ese género da una falsa apariencia de ser fácil, una suerte de sucedáneo o formato menor de la prosa, algo que un escritor hace entre novela y novela o cuando no tiene nada mejor que hacer. Nada más alejado de la verdad: como cualquier escritor que lo haya intentado sabe muy bien, es condenadamente difícil escribir un relato redondo que no deje en el lector la sensación de que el final ha sido demasiado abrupto o precipitado, de que ha quedado una gran parte de la historia fuera de campo y uno tiene que rellenar el hueco con su imaginación o con sus suposiciones, o de que aquello no tiene ni pies ni cabeza y más parece un apaño hecho con retazos abandonados de una novela que el autor abandonó a medio hacer pero cuyo material preparatorio quiere aprovechar. Las sobras, vaya.

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De Cine y Literatura 72

The old maid

De Cine y Literatura 72: La solterona

The old maidla solteronaTítulo: La solterona

Autor: Edith Wharton

Editorial: Impedimenta

Páginas: 144

ISBN: 9788415578734

 

Película: La solterona (Título original: The Old Maid)

Año: 1939

País: EE.UU.

Reparto: Bette Davis, Miriam Hopkins, George Brent, Donald Crisp, Jane Bryan

Duración: 95 min

 

Será que yo soy un nostálgico, y que pienso que ya no se hacen adaptaciones cinematográficas como las de antaño, pero el caso es que cuando veo una película de cine clásico, del de antes, me invade una especie de fiebre que lo inunda todo y que convierte a la película que estoy viendo en una obra maestra. Y es que soy de la opinión que hay historias que ya no seremos capaces de contarlas como antes, por mucho que lo intentemos. Esta es una de ellas y ahí voy.

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La solterona

La solterona, de Edith Wharton

la solterona

Una historia en la que un secreto se convierte en una maldición pegada en la comisura de los labios de dos mujeres

Sucede que, a veces, uno entierra el hacha de guerra y se rinde a la evidencia: no hay nada mejor que las buenas historias que te llegan de improviso, como si no las buscaras, como si fueran ese pequeño tesoro que se encuentra en islas desiertas y que se convierten en tu única posesión. Se dice, además, que serán esos premios que regala la vida los que guardarás como si fueran obras de museo, de arte que se mantienen en perfecto estado tras las vitrinas de cristal para que todo el mundo pueda (ad)mirarlas y convivan contigo mientras la soledad de tu habitación hace acto de presencia y puedas escuchar lo que te susurra su historia. La solterona es un regalo. O quizá dos regalos en forma de novela, en forma de una visión ácida de una vida que se pierde en los resquicios de la realidad y que convierte la podredumbre que se acumula en las casas de las mejores familias en objeto de culto para aquellos que viven la lectura con toda la pasión de los integrantes de algún rito religioso. La lectura es, para mí, la mejor de las religiones. Y es que en cuestión de lecturas volvemos al punto inicial, a la casilla de salida cada vez que se nos abre una nueva puerta y nos topamos, de improviso ya lo he dicho, con lo que estábamos buscando desde hace tanto tiempo. Soy un fetichista de los libros. Y mi adicción no hace daño a nadie. En todo caso, al analfabetismo. Y esa es una lucha que no estoy dispuesto a perder.

Dos mujeres ven sus vidas entrecruzadas cuando decidan guardar un secreto que hará que todo su mundo, toda su apariencia de mujeres de una familia de alta consideración, se convierta en un conjuro de miradas de reojo y de reproches pronunciados en susurros de víbora a punto de atacar.

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